La Cabaña
 

La imagen parece sacada de un anuncio de café instantáneo. Los cristales empañados no dejan ver la nieve que sigue cayendo. El fuego de la chimenea se avivaba por momentos desprendiendo sonidos agudos. Un color anaranjado inunda las paredes de madera. La taza de café entre tus manos desprende un halo de vaho. La calidez del interior de la cabaña contrastas con el frío día que hace en el exterior.

En tus ojos  el reflejo del fuego dibuja destellos. Solo un ligero edredón cubre nuestros cuerpos. Los ojos hablan por nosotros. El fuego sigue con su música. Notas el calor de mis labios detrás de tu oído. Al contacto de mis labios reaccionas con un pequeño respingo, giras la cabeza buscando mi boca. Delicadamente rozas con tus labios carnosos los míos, retirándolos enseguida. Nos volvemos a mirar a los ojos. En tu cara se reflejan las figuras parpadeantes del fuego. De nuevo buscas con tus labios mi boca, apretándote en un largo beso. Las manos siguen el lenguaje de nuestros besos. Unidos en un fuerte abrazo, nuestras bocas beben de la saliva del otro. El edredón se escurre dejando nuestros torsos desnudos. Noto por tu boca como tu respiración se empieza acelerar mientras mis dedos acarician tu espalda y sin retirar mi boca de la tuya. Tus labios se tornan rosados cuando tu corazón empieza a latir con mas fuerza. Tus pechos aplastados contra el mío me dejan notar la dureza de tus pezones. Tus pupilas se dilatan, empezamos los dos a sudar abrazados. El calor de la chimenea caldea el ambiente. Tus pechos se hinchan mientras mi boca baja entre ellos arrastrando mi lengua. Nuestros cuerpos se enzarzan en abrazos y caricias dejando caer el edredón al suelo.

Me levanto del sofá y cogiendo el edredón lo extiendo sobre la mesa de madera. Tu sigues en el sofá con el cuerpo entregado y deseosa de caricias. Tu mirada sigue mis maniobras. Te sonrío con complicidad. Me acerco de nuevo a ti y tras pasarte una mano por tu espalda y otra por debajo de tus rodillas te levanto y te llevo por la habitación hasta dejarte suavemente sobre  la mesa cubierta por el edredón. Tus carnes blancas han tomado un tono rosáceo. Tu corazón mueve rápido la sangre. La luz del fuego amarillenta la habitación. El vaho empaña los cristales. Fuera todo sigue igual de frío.

Extiendes las piernas pasándolas por mi cintura atrayéndome hacia ti. De nuevo siento el calor del contacto con tu piel. Nuestros ojos se cruzan de en una larga mirada. Mientras, tu cuerpo como un gran manjar reposa sobre la mesa. Mis costados son apretados por tus muslos y me agacho hasta alcanzar con mi boca tu cuello. Estiras la cabeza para ofrecer tu piel a mis besos. Cruzas sobre mi espalda tus piernas aprisionándome. Tu vientre se restriega por mi vientre. Mi boca baja despacio y con cada mano me aferro a tus pechos para después besarlos lentamente.  Dejas caer tu cabeza sobre la mesa y girándola de un lado a otra respondes a los estímulos de mi lengua sobre tus pezones. Tu espalda se extiende por la mesa. Mi boca llega al estomago y arrastrando la lengua dejo un reguero de saliva que sientes como se evapora erizándose tu piel. Mi boca se deleita a la altura de tu ombligo. Tus manos acarician mi pelo. Mis labios siguen bajando, hasta sentir en mi barbilla el vello de tu pubis. Tus músculos se mueven. Tu vientre vibra mientras mis manos separan tus piernas y hundo mi boca en tu ingle. El calor húmedo de tu sexo lo percibo en la mejilla. Coges mi cabeza y la pones entre tus piernas. Mi lengua estirada busca el contacto de tu sexo. Tus labios están carnosos e hinchados. Tus dedos juegan con mi pelo mientras presionas mi cara contra tu sexo tierno. Mi lengua recorre los rincones de tu flor. la piel nacarada de su interior , suave y delicada permite que mi lengua resbale.. Tu vientre y tu pelvis se mueven espasmódicamente buscando el contacto intenso. Mientras mi boca sorbe todo tu sexo, levanto la mirada y veo tu cara entre tus pechos. Cierras los ojos, giras la cabeza, entre abres la boca... mientras tus piernas se cierran aprisionándome. Mi aliento sigue entre tus piernas y mis manos se aferraran tus pechos mientras con suaves pellizcos recorro tus pezones. El vello rizado y oscuro de tu pubis me hace cosquillas en mi nariz.

Fuera siguen sin parar cayendo uno tras otro los copos de nieve que cubren todo con su manto blanco. Retiro mi cara de tu sexo. Tus piernas siguen abiertas. Tu sexo húmedo de mi saliva brilla. Te cojo por la cintura y te desplazo por la mesa hasta dejar tu culo en el borde de la mesa. Cojo un pie con la mano y lo llevo a mi boca. Tú con el otro pie lo pasas por detrás de mi espalda. Mordisqueo los dedos de tu pie mientras con la mano acaricio tu muslo levantado. Mi miembro duro y mirando el techo roza tu sexo. Levantas la cabeza lo suficiente para ver como mordisqueo tus dedos.

Sin retirar la mirada de tus ojos y esperando tu reacción. Con la mano sitúo mi pene en tu sexo.  Abres mas las piernas cuando el glande brillante e hinchado presiona sobre tu vagina todavía cerrada. Aprieto con mi culo hacia a ti. Tu pasas el otro pie también por mi espalda y mueves tu vientre para conseguir que la presión de mi pene acabe por abrir tu vagina. Tu cara cambia de expresión cuando empiezas a notar como mi pene avanza despacio pero sin pausa por tu vagina. Llego hasta el fondo y moviendo mi cintura lo retiro hasta que casi todo esta fuera. Ahora de un golpe seco. Mi pene llena de nuevo tu vagina. Cuando tu lanzas un pequeño gemido...flexionando mis piernas ..Moviendo mis riñones empiezo a entrar y salir de tu sexo. Tu sigues mirandome.. Sonriente. Me aprietas con fuerza con tus piernas contra tu vientre. Mis manos apoyadas a cada lado de tu cuerpo. Me acerco a tu cuerpo con mi cara y beso de nuevo esos pechos hinchados y deseoso de suaves y largas caricias. Por un momento me quedo quito y percibo como tus movimientos consiguen que te deslices por mi pene. Tu vagina agarra y presiona mi miembro. Yo busco la postura más cómoda para que el tronco de mi pene acaricie tu clítoris en cada embestida. La chimenea chisporrotea. El fuego aumenta de intensidad al empezar a arder un gran madero que se había resistido a la combustión. El calor del fuego se mezcla con el calor de nuestros cuerpos. EL viento consigue entrar por alguna rendija y un suave silbido nos recuerda la fuerte tempestad de nieve que esta cayendo.
Me muevo más rápido. Tu tensas los músculos. Las respiraciones se convierten en gemidos. Cada vez más rápido bombeo dentro de ti todo mi miembro. Tus manos arañan mi espalda cuando empiezas a mover la cabeza en todas direcciones. Tiro mi cuerpo hacia atrás y lanzo un largo grito que se confunde con tus gemidos. Al unísono nuestros cuerpos revientan en un aluvión de sensaciones que acaban por explotar como el agua que revienta una presa.
Caigo sobre tu estomago tus piernas se aflojan y cuelgan de la mesa. Acaricias mi cabello. Miro por la ventana y digo:
"- Creo que hemos quedado aislados.....mientras tengamos leña....."
" Mientras nos tengamos a nosotros........nunca estaremos aislados...."
Levantas mi cabeza y besas mi cara.

Alatriste
 
 
 

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