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Me llamo Rafael y vivo en un bello pueblo de la sierra cordobesa, tengo 19 años y la historia que os voy a contar, ocurrio el verano pasado. Trabajo en correos y tengo que hacer largos recorridos por los caseríos de los alrededores para entregar la correspondencia en mi bici. El orgullo del pueblo es su castillo, que se conserva bastante bien y en un ala que tiene amueblada, algunos veranos suelen venir los dueños del mismo, que son unos señores de Madrid. Como ya he comentado, el verano pasado, cuando más calor hacia, se dejo caer por el pueblo, D. Antonio, su segunda esposa Doña Cristina y su hija (fruto de su primer matrimonio) Laurita.D. Antonio, tenia 70 años y el pobre estaba para sopita y buen vino, apenas salía del castillo y estaba todo el día con un libro en las manos. Doña Cristina era una morena de 37 años con un pelo negro peinado en una cola de caballo, grandes pechos y unas piernas fuertes que soportaban un hermoso culo. Laurita, tenia 25 años, una cara preciosa, morena con los pechos no muy grandes y un trasero respingon y duro como las piedras. Yo, todos los días tenia que subir al castillo a llevar el periódico y la correspondencia que Laurita recibía casi a diario de sus amigos de Madrid.
Un día, la verja estaba abierta y pase directamente al jardín, deje la bici, apoyada en un árbol y me dirigía hacia la puerta del castillo, cuando sentí unas risas detrás de los setos que tapaban la piscina de las miradas indiscretas. Me asome sin hacer ruido y la escena que vi fue la siguiente: Laurita estaba totalmente desnuda tendida en una tumbona con las piernas abiertas y María, la hija del fontanero del pueblo que habia sido contratada para hacer las faenas de la casa mientras estuviesen allí, estaba vestida con la cabeza metida entre las piernas de Laurita y por las risas y movimientos, le estaba efectuando una mamada de campeonato.
El pepino se me puso en forma y desabrochándome la bragueta, saque la tranca y siempre mirando entre el seto, empece a hacerme una paja de campeonato. María tenia 20 años y estaba mas bien gordita, no muy alta y con la cara siempre colorada, debido a la buena salud que tenia. María le tocaba los pechos y le retorcia los pezones con furia, mientras la lengua no paraba de trabajar el chichi de Laurita. De pronto Laurita, pego un gritito y con grandes convulsiones, tuvo un orgasmo de primera. María, se levanto con la cara congestionada y mientras se refrescaba en la fuente, yo tuve una gran corrida que dejo el seto blanco como si hubiese caído una nevada.
Laurita, seguía tumbada, tomando el sol, mientras que María se alejaba camino del castillo, yo me aleje de la piscina y cogiendo la bici, salí a toda pastilla en dirección al pueblo. Al día siguiente, estando preparando el reparto, se presento en la oficina Doña Cristina, paso directamente al despacho de mi jefe y después de una breve charla, me llamo para decirme que tenia que acompañar a la señora a su casa de campo para enseñarle un caballo que este quería vender. Me senté en el asiento a su lado y salimos del pueblo, camino del campo.
Doña Cristina, llevaba una minifalda que se habia subido y dejaba al descubierto los muslos, la blusa tenia dos botones desabrochados y dejaban ver la canal de sus pechos. Mi paquete, aumentaba de tamaño y ella que no paraba de hablar, de pronto se dio cuenta y sin cortarse un pelo, coloco su mano en el mismo y dándome un ligero apretón me dijo:
- Tendremos que solucionar esto antes de que se desinfle-.
Yo me quede sin habla y lo único que pude hacer fue sonreír. Aparco el coche bajo una frondosa higuera y sacando una manta del maletero del mismo, nos tendimos detrás del tronco, lejos de posibles miradas. Yo que estaba con el pepino totalmente tieso (19 cm.). Como pude me quite los pantalones y bajándome calzoncillos, mientras besaba a Doña Cristina le intente meter entre las piernas el cipote, pero ella lo agarro y me dijo que no perdiera el tiempo, sin mas se lo puso en la boca y dándome grandes lametones, hizo que me corriera y no dejo caer ni una gota de leche, tragándosela toda. Luego de rodillas, se levanto la falda y bajándose las bragas, me cogió de los pelos y bajo mi cabeza hasta su chocho, que estaba chorreando, el fuerte olor, penetro en mi nariz y empece a darle lamidas a su rajita que estaba totalmente limpia de pelitos. Con las dos manos puestas en sus nalgas, le apretaba el culo y uno de mis dedos se traslado hasta su ano, con gran facilidad entro y Doña Cristina soltó una palabrota mientras que no dejaba de suspirar. Yo le metía la lengua lo mas profundo que podía y de pronto, dando unas grandes convulsiones se corrió en mi cara, mientras que un profundo aroma se escapaba de su vagina. Cuando me disponía a levantarme, me dijo.
-Túmbate en la manta que todavía no hemos terminado -.
El carajo lo tenia en todo su esplendor, totalmente tieso y mirando hacia las nubes, se sentó encima del y se lo trago todo, con mucha tranquilidad, empezó un movimiento de meter y sacar que hacia que las tetas subieran y bajaran con un ritmo tal que parecía que se iban a descolgar. Mientras Doña Cristina se pellizcaba los pezones y soltaba grititos hasta que con un suspiro largo se corrió nuevamente y yo también soltando gran cantidad de esperma que la puso chorreando. Recogimos la manta, nos vestimos y partimos nuevamente en dirección a la finca de mi jefe.
La verdad es que ese verano prometía ser uno de los mejores de mi vida.
Fistulo
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