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Mis reuniones de negocios |
El maldito despertador sonó a las 6:00. Me hubiera quedado en la cama todo el día, restregándome contra mi marido para entrar encalor. Pero, no podía entretenerme porque tenía una reunión muy importante en la oficina.
Me levanté con muy mal ánimo, sobre todo porque desde la noche anterior tenía unas ganas locas de follar y, sin embargo, mi marido sólo fue capaz de correrme una vez con el dedo antes de quedarse dormido cansado por el trabajo. Yo también trabajo y llego agotada a casa por las noches, pero cuando me meto en la cama, no puedo dormirme a gusto sin antes no haber echado fuera todo el estrés acumulado en el día follando como una salvaje.
Desnuda,fui corriendo a la ducha. Con el vapor del agua empecé a calmarme un poco, pero no se calmaron mis ansias de disfrutar de mi sexo. Comencé a frotarme con el gel y al llegar a mis pechos, con los pezones endurecidos por el frescor de esa gelatina aromática, mi coñito empezó a humedecerse, y no precisamente debido al agua de la ducha. Metiéndome un dedo en la vagina comprobé que estaba muy empapada y caliente.Vertí un poco de gel en mis manos y volví a meterme el dedo,mientras con la palma de la otra mano me rozaba enérgicamente el clítoris. Me apoyé en la pared de la ducha y empecé a mover mi pelvis de alante a atrás de una forma frenética. Abrí las piernas y sentí cómo mi corrida se deslizaba por ellas lentamente, mezclándose con la espuma. Me froté el pelo del pubis con la mezcla y me aclaré con agua fresca. ¡No hay como una buena ducha nada más levantarse de la cama para despejarse!
Lleguéun poco tarde al despacho. Todos los ejecutivos ya estaban sentados en la sala esperándome para presidir la reunión. Una vez en mi sitio, la joven azafata empezó a servir café a aquel grupo de caballeros, que me desnudaban con la mirada. De entre todos me fijé en un chico nuevo, a quien el traje le quedaba realmente sexy. Le pregunté a mi compañero de la derecha que quién era y me contestóque había entrado a mi cargo justamente la semana pasada. Sin más dilación, di comienzo a la reunión, dándole la palabra al jefe de finanzas. Desconecté un poco para alegrarme la vista con el nuevo y atractivo empleado. Él tampoco estaba atendiendo,sino que me miraba de una forma atrevida y sonreía. Así pues,me pareció que lo conveniente sería presentarnos e introducirle en la situación.
Su nombre era Sergio y me empezó a contar su curriculum. Pero, yo en lo único que podía fijarme era en su abultado paquete y en sus musculosos brazos. Aquel tío tan imponente era lo que me faltaba para estimular aún más mis fantasías sexuales contenidas. Imaginaba cómo se desnudaba en frente de mí, empezaba a lamerme el cuello, me desabrochaba la chaqueta y la blusa, y empezaba a lamerme las tetas, me lamía bajando por todo el esternón y bajando...
Noté cómo se me estremecían todos los labios del chichi y el ardor me subía desde ahí hasta el rostro. Para disimular mi calentura me puse a hablar de la empresa. En medio de la conversación, el chico me puso la mano en la pierna y rápidamente empezó aacariciarme por debajo de la falda. Miré a los demás, pero nadie parecía haberse dado cuenta. Así que le cogí la mano y se la coloqué encima de mi coño. Él empezóa apretarlo, con la uña me rasgó las medias, deslizó su dedo por entre mis braguitas, y me lo metió en mi ya húmeda vagina. Cuando lo hizo, yo le agarré el paquete, que casi le hacía estallar el pantalón. Le bajé la cremallera, le agarré la polla y se la saqué. No pude remediarlo y me agaché debajo de la mesa para poder comérmela. Mientras me la metía y me la sacaba de la boca, él me apretaba las tetas y me las sacó fuera de la blusa.
De repente, todos se callaron porque el jefe de finanzas había finalizadosu discurso. Me asomé por encima de la mesa, me abroché apresuradamentela blusa, sin darme cuenta que uno de mis puntiagudos pezones sobresalía por el escote descolocado de la blusa, y, mientras me limpiaba discretamentelos jugos de la boca, les dije que continuaran con lo que estabamos haciendo.
Entonces,el viejo de al lado, se abalanzó sobre mis tetas y los que se sentaban enfrente me bajaron la falda a la vez que ellos se bajaban la cremallera. Me desnudaron sobre los papeles de la mesa. Sergio se desnudó delantede mí, como minutos antes yo había imaginado, y me volvió a meter su cipote humectante en la boca.
El jefe de finanzas me lamía el pelo del chocho y los demá sme pasaban sus pegajosas lenguas por todas partes. El administrador empezó a hurgarme con sus dedos dentro del coño. Los sacó totalmente mojados y se los metió en la boca, chupándolos como él deseaba que le chupara la polla. Sergio apartó a los que se peleaban por meter su lengua en mi vulva, me dio la vuelta y me clavó su nardo, cada vez más hinchado, en el culo. No pude evitar gritar,pero no quería que parase porque me gustaba.
En esa posición, veía a los demás disfrutando como fieras con la azafata. Era una chica espectacular. A mí también me entraron ganas de comerme sus grandes tetas y lamerle su rubio coño. Le pedí que se acercara y abriera sus piernas.
-¡Después de tanta polla en la boca, un chocho te sabe riquísimo!
Sergio se puso mucho más cachondo al ver la lujuria con la que la rubia y yo nos besábamos, por lo que empezó a follarme más deprisa el culo. Quería verle eyacular, así que le tumbé sobre la mesa y me puse encima para que me penetrara hasta el fondo. Notaba contra las paredes de mi vagina el pene de Sergio a punto de estallar.El jefe de finanzas aprovechó y me introdujo su pluma estilográfica por mi, todavía abierto, agujero trasero. La múltiple excitación hizo que llegara al tercer orgasmo de la reunión y cuarto del día. Mis convulsiones hicieron correrse a Sergio, que sacó la polla y me la llevó rápido a la cara para que viera y de gustara su corrida.
Fue un orgasmo multitudinario, pues a mi alrededor los demás remataban sus faenas y se corrían encima de mis tetas, chocho y boca, al igual que sobre los respectivos encantos de la rubia azafata. Al final, los papeles quedaron hechos un asco, pero todos sentíamos que la reunión había sido un éxito.
Desde entonces, cuando me meto en la cama ardiendo de ganas de que me follen pero mi marido está demasiado cansado para calmar mi fuego, llamo a mi secretario Sergio y convoco reunión para mañana a primera hora.