El novio de mi hermana (V)
Por Pluvioso
 (El novio de mi hermana IV)

Pasó una semana sin tener más noticias de Raúl. Durante ese tiempo las relaciones con mi hermana, su novia, cambiaron completamente. Dejó de portarse conmigo como una borde y pasó a ser extraordinariamente amable. Es como si estuviera a punto de pedirme algo. Está claro de que el hecho de que me viera mientras yo se la metía a su novio por el culo había cambiado completamente la imagen que ella tenía sobre mí.

Una tarde estábamos en casa los dos y comenzamos a jugar pegándonos. Mitad en broma mitad en serio nos agarrábamos luchando, nos hacíamos cosquillas e incluso nos golpeábamos. Esta vez, a diferencia de otras, yo notaba que mi Susana buscaba el contacto cuerpo a cuerpo. Sentía como procuraba restregarse contra mí. Con tanto magreo se me acabó empinando, y como llevaba un pantalón corto de deportes se me puso que parecía una tienda de campaña.

A pesar de mi evidente erección seguimos con el juego. En un determinado momento mi hermana paró y me dijo:

- Jorge, eres un guarro. Mira como se te ha puesto. Eres un vicioso. Se lo voy a decir a mamá

Me dejó plantado y se marchó al cuarto de baño. Estaba muy claro que no tenía la menor intención de decírselo a nadie.

De cara al fin de semana me llamó Raúl.

- Oye, el sábado estarán mis padres fuera toda la tarde. ¿Te apetece venir a mi casa?
- Sí, por supuesto
- Les he pillado a mis padres una peli  porno.
- De puta madre
- Oye, he pensado en invitar también a tu hermana
…..Bueno. ¿Y sabe ella que iré yo?
- Si claro. Ya se lo había preguntado antes. Le parece muy bien

Bueno, esa tarde podría ocurrir algo grande. Mi hermana, su novio y yo viendo una película porno, después de lo que cada uno sabíamos de los otros. Desde luego, la combinación era explosiva.

Al llegar la tarde Susana y yo nos fuimos juntos caminando a  casa de Raúl. Prácticamente, durante todo el camino no abrimos la boca. Los dos nos sentíamos muy cortados ante a perspectiva de lo que podría suceder esa tarde.

La película en cuestión era Las Edades de Lulú. Sin llegar a ser porno tiene una carga erótica tremenda. Nos pusimos a verla en su habitación. Los tres evitábamos hacer comentarios de lo que estábamos viendo. No obstante, era obvio que no nos resultaba indiferente. La tensión llegó a su máximo en unas escenas en que entre el novio y el hermano se follan a la protagonista, uno por delante y el otro por detrás. Estoy seguro que los tres nos pusimos a cien contemplando esa escena.

Raúl y yo lucíamos una erección de campeonato. Susana se metió con nosotros:

- Joder, todos los tíos sois unos salidos. La tenéis los dos empinada
- Ya, habría que ver como tienes tú de mojado el chichi, le dijo Raúl
- Pues yo lo tengo muy bien, gilipollas

Cuando terminó la película Raúl tomó la iniciativa y nos propuso jugar a la botella. El juego consistía en que nos sentáramos en círculo e hiciéramos girar la botella en el medio. El que estuviera más cerca de la boca cuando esta se parara debería quitarse una prenda. Si se quedaba orientada a alguien al que ya no le quedaran prendas tenía el derecho de pedir a los otros que hicieran lo que él quisiera.

Para mi sorpresa mi hermana no puso ninguna objeción al juego, por lo que comenzamos a jugar.

Poco a poco fueron volando las prendas. La primera maravilla a la vista fueron las tetas de Susana. Por segunda vez en mi vida puede observar  esas fantásticas pirámides coronadas por unos oscuros y erizados pezones. Pronto estuvimos los tres  desnudos, Raúl y yo con nuestros atributos apuntando al cielo.

Cambió entonces la dinámica del juego. Le tocó la boca de la botella a Raúl y él debería ordenarnos algo a Susana y a mí.

- Pues tienes que cogérsela a Jorge y bajarle la piel hasta que le salga toda la punta

Mi hermana delicadamente me la agarró y deslizó la piel hacia abajo. Era la primera vez que Susana me la tocaba. Con sus delicadas manos me hizo sentir en la gloria. Los segundos que tardó en descubrirme el glande se quedarán para siempre grabados en mi memoria.

Le tocó el turno de ordenar a mi hermana y le ordenó a Raúl

- Pues tú tienes que chupársela durante un minuto

Raúl empezó a mamármela. Mientras me moría de gusto no dejaba de mirar fijamente a los ojos de Susana. Nos estábamos diciendo con la mirada lo que nos deseábamos el uno al otro.

Me tocó el turno a mí.

- Tienes que chuparle el chichi durante un minuto, ordené a Raúl

Esta vez era Susana la que se estremecía de placer mientras que no apartaba su mirada de la mía.

Y de nuevo era Raúl el que ordenaba. Esta vez el mandato fue expeditivo:

- Tenéis que follar

Yo me quedé  paralizado. Mi hermana, al contrario, se levantó decidida y se tumbó en la cama con las piernas abiertas. Yo fui tras ella y me tumbé encima. Le coloqué la polla a la entrada de la vagina y sencillamente la penetré.

Susana me abrazaba con brazos y piernas mientras que yo entraba y salía de su vientre. Miré hacia una lado y me encontré con Raúl, que nos miraba con los ojos fuera de sí mientras que se hacía una paja, meneándosela con la velocidad del rayo. En segundos se corrió, salpicando de semen nuestras caras.

Mi hermana y yo nos miramos divertidos. Yo lamí el semen que había aterrizado en su cara y ella me lamió el que había acabado en la mía. Nos dimos un beso a tornillo y continuamos copulando hasta alcanzar el orgasmo exactamente los dos simultáneamente en un alarde de máxima compenetración. Para algo éramos hermanos.

Esa tarde hubo más orgía y los tres nos lo pasamos muy bien, varias veces cada uno. Las relaciones con mi hermana cambiaron radicalmente. Pasamos de estar discutiendo y pegándonos a cada momento a no perder un solo instante cada vez que nos quedábamos solos en casa para echarnos el uno en brazos del otro.

Pasado algún tiempo Raúl desapareció de nuestras vidas. Hoy día, Susana y yo seguimos follando en cuanto tenemos ocasión, incluso ahora que tiene novio formal y que está a punto de casarse. Evidentemente él no sabe que su futura esposa encuentra en su querido hermano una fuente de íntimo consuelo que le alivia sus calores cada vez que él está ausente.

Que sea por mucho tiempo así.

Pluvioso
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