Sola y sin llaves
Por Raúl
 
Hola, tengo 19 años, mis iniciales son R.E.G. y soy de una localidad de la provincia de Segovia. Soy muy dado a leer esta clase de historias porque me excitan mucho, sin embargo siempre creí que todas eran fantasías, pamemas que la gente se inventa y que sueña con que le pase. Hace apenas tres días, el pasado Sábado 6 de Octubre de 2001 me di cuenta que algunas podrían ser verdad. No voy a deciros cómo soy físicamente ni nada de eso porque creo que no tiene relevancia en esta ocasión.
 
El Sábado mencionado, mis padres tenían una boda en S. Pedro de la Rivera, un pueblecito del Norte, creo que en Asturias, por lo que quedé todo el fin de semana solo en casa. Tenía la casa llena de revistas y vídeos porno. Cada vez que me apetecía me masturbaba, siempre que estoy solo lo hago. Bueno, pues ese sábado volví pronto a casa porque eran las fiestas de un pueblo cercano y casi todos mis amigos se fueron, los que nos quedamos nos fuimos a las 3:30h a casa.

Cuando me acerqué caminando hasta mi portal vi dos sombras que me resultaron familiares, era mí vecina (de 16 años y de la que no voy a dar el nombre) y su novio. Era raro el Sábado que no les encontraba por ahí agarraditos, y muchas veces les encontraba también en el portal besándose y eso. Por cierto, su novio tiene 20 años, uno más que yo. Sin más les saludé, abrí la puerta y llamé al ascensor.

Mientras esperaba, al cabo de unos 20 segundos la puerta del portal se abrió, era ella que iba para casa. Le abrí la puerta del ascensor y le invité a pasar caballerosamente sin poder evitar fijarme en el precioso culito que tiene. En realidad ya me había fijado varias veces, pero así tan de cerca, y con esos pantaloncitos ajustados rojos. Lástima que no llevase tanga, que fallo chica! pero bueno.

Cuando subimos al ascensor nos sonreímos, nos preguntamos qué tal la noche y eso y pude observar que una ligera cantidad de alcohol hacía estragos en su calidad de expresión, tartamudeaba, tergiversaba las palabras... En fin, ella vive dos pisos más abajo que yo, así que cuando bajó del ascensor volví a fijarme en ese pedazo de culito, mmmmmmmm. Terminé de subir y me acercaba a mi puerta pensando en masturbarme de nuevo cuando oí una voz que con un tono muy bajo para no alarmar a los vecinos me decía:

- Raúl, espera -. Me asomé por las escaleras abajo y vi a mi vecina subir medio corriendo.

-¿Qué te pasa?-. Pregunté preocupado por la cara que traía -.

- Se me olvidó coger las llaves y mis padres no llegan hasta mañana -.

La invité a que pasara a mi casa presa de la excitación del momento que podría acaecer posteriormente, los dos solos, ella un poco borracha... pero no aceptó, me pidió que le acompañara a casa de una amiga suya a por un juego de llaves que guarda allí para estos casos.

-¿A estas horas vas a molestar a sus padres?, por que imagino que ella no estará aún, ¿no?-.

- Es verdad, ¿y qué hago yo ahora?

La oportunidad me volvía a venir:

- Pasa, no seas boba. Te tomas algo y si quieres luego te acompaño a buscar a tu amiga, pero cuando te tranquilices un poco. Esta vez sí acerté. Pasó a mi casa, le invité a que se sentara en el sofá del salón y le pregunté qué quería tomar.

- Coca-cola -. Dijo.

Le puse lo que me pidió pero con un poco de condimento, concretamente ginebra, que es lo que ella solía beber. Se dio cuenta, porque lo cargué quizá demasiado, pero no dijo nada, se lo tomó tan a gusto. Ahí estaba, sentada, con las piernas cruzadas y repostando su espalda en el sofá dejando sus pechos casi en punta. La blusa que llevaba, blanca y lisa, dejaba ver los encajes de su sostén por un bondadoso y enorme escote. Me estaba poniendo a mil. Estábamos viendo la típica publicidad de los sábados a esas horas, cacharros de esos para trabajar los abdominales sin esfuerzo y eso hasta que me preguntó si no tenía nada grabado, películas, programas de humor.... mi madre grabó uno de chistes el Viernes, y le dije que mirara en el vídeo mientras yo iba a ponerme una copa para mí. Fui a la cocina a por un vaso y me masturbé. Me corrí como un loco pensando en ella: rubita, ojos claros y cuerpazo de quitar el sentido. Me puse la copa y volví al salón donde me llevé una grata sorpresa: No me di cuenta que tenía dentro del vídeo una peli porno, y ella la estaba viendo.

No pude más y mi pene entró en una bestial erección. Ella me miró y me dijo que nunca había tenido la oportunidad de ver una de esas. Lo dijo manteniendo una inquietante sonrisa que me puso aún más caliente. No sabía cómo reaccionar, tragué saliva, suspiré y dije:

- Bueno, pues...yo, eh...yo tengo unas cuantas, je, je -. Pensando lo que había dicho, sin saber casi ni cómo pude decirlo, me sentí tan ridículo que me apresuré a sacarla del aparato de vídeo, pero ella me paró. Me dijo que quería verla, que la picaba la curiosidad. Me senté a su lado en el sofá y me di cuenta de que la peli acababa de empezar, aún no había habido nada interesante. Me sabía esa peli de memoria, así que a medida que se iba acercando el momento del primer polvo me sentía incómodo pero a la vez muy excitado. No sabía cuál sería su reacción, pero imaginaba que diría ¡¡¡qué guarrada!!!!!, que asco, o algo parecido; pero no. Apenas se inmutaba mientras una actriz mamaba un enorme miembro. Ella permanecía sentada a mi lado sin ni siquiera pestañear, sin mover un solo dedo. Bueno, uno sí movía: yo no prestaba atención casi a la tele, le prestaba más atención a ella, la miré de arriba a bajo de nuevo y al llegar a la zona de su sexo pude observar cómo tenía la bragueta bajada, dejándome ver parte de sus blancas braguitas, y una mano metida por debajo de estas, moviéndose suave y rítmicamente. Quedé absorto, anonadado, sin poder retirar la mirada de su mano masturbándose. Tan estupefacto estaba que no caí en que ella me estaba mirando. Cuando mis ojos coincidieron con los suyos, no pude articular palabra alguna, solo la miraba y ella me miraba a mí.

-¿No te excitan estas pelis ? -. Me dijo mientras me miraba mordiéndose el labio inferior en un gesto de puro placer. No contesté. Solamente me desabroché la bragueta y comencé yo también a masturbarme.

- Ya veo que sí. Trae -. Me cogió suavemente mi pene y comenzó a masturbarme despacito, muy despacito, pero cada vez lo hacía más fuerte. Era fantástico. Me relajé y me recosté sobre el sofá, casi tumbado. Cada vez me excitaba más y más, hasta que no pude más y me corrí. Fue una corrida intensísima, tanto que le cayeron varias gotas de mi semen a ella en el brazo.

- Lo siento -. Dije. Ella no dijo nada y recogió todas y cada una de las gotas con sus labios. Luego sonrió y siguió masturbándome aún más despacio que antes, hasta que rápidamente tuve otra erección. Ella esperó ese momento para besarme el pene suavemente, para después metérselo poco a poco en la boca. Primero el glande, que lo saboreó una y otra vez como si de un caramelo se tratase. Luego fue bajando por el tronco hasta metérsela casi entera. Era increíble: mi vecina me la estaba chupando, y de qué manera. Siguió mamando y mamando durante casi cinco minutos más, hasta que me volví a correr. Cuando salió el primer borbotón de semen la tenía dentro de su boca, pero pronto se la sacó poniendo mala cara. Le dio una arcada, pero luego se la volvió a meter y se tragó casi toda mi leche. Todo menos parte del segundo borbotón que le salpicó en el carrillo. Ella lo sabía, así que lo recogió con su mano y lo chupó. Mi pobre pene estaba exhausto. Pero me lo volvió a endurecer jugando con su lengua. Cuando ya estaba apunto, me levante, la puse a ella sentada y comencé a besarla el cuello mientras con mis manos acariciaba sus firmes pechos. Les cogía ambos con la plenitud de la palma de mi mano, y pude notar como sus tiernos pezones intentaban abrirse camino hacia arriba. No paraban de crecer. Le quité la blusa e introduje mi mano por dentro de su sujetador, llegando a la meta de sus pezones. Jugué con ellos con dos de mis dedos, intercalando algún que otro beso, o unas succiones. Estaba excitadísima, me lo demostraba sus ascendentes suspiros y sus casi inapreciables contracciones. Pronto le quité el sujetador y pude contemplar sus pechos saliendo a la luz. No paré.

Mientras seguía jugando con sus pezones, baje por su vientre con mi boca hasta llegar a sus braguitas. Le quité el pantalón y acaricié su sexo por encima de ellas. Las contracciones eran más notorias. Bajé un poco sus braguitas y besé apasionadamente su monte de Venus. Seguí con mi vertiginoso descenso notando su bello púbico haciéndome cosquillas primero en mi barbilla y luego en mis labios. Acerqué hasta allí una de mis manos, y con el pulgar me propuse excitar poco a poco aquella zona. Le pasé primero por los labios inferiores, carnosos, rosáceos, un poquito húmedos ya por el naciente flujo vaginal que en pequeñas cantidades lubricaba su sexo. Luego acaricié sus labios superiores. Arriba, abajo. Así hasta que su clítoris despuntaba tímido todavía, como si se acabara de despertar de una siesta de dieciséis añitos. Creo que era la primera vez que alguien le exploraba esa zona. Cuando lo vi aparecer, con ese aspecto carnoso, gordito, irresistible para cualquiera, metí mi dedo índice en su boca y ella lo chupo con una fuerza espléndida fruto de la excitación. Luego, impregnado llevé el dedo hasta su botoncito y lo restregué muy suave por él, a la vez que lo excitaba aún más con la  puntita de mi lengua. El flujo vaginal crecía por instantes, y las contracciones eran ya más bien fuertes. Me metí su clítoris por completo en mi boca y noté su enorme temperatura, casi ardía.

Succioné y acaricié su cima con la lengua. Apenas podía aguantar mi tarea con las terribles contracciones que le venían. Introduje dos dedos en mi boca, los mojé bien y se los puse dentro, moviéndolos suave para mayor gozo de ella. Un increíble río resbalaba por su interior, así qué seguí excitando su clítoris con mis dedos y pegué mi boca a sus labios, absorbiendo para recoger tan delicioso manantial.

Tragué todo lo que pude, pero no todo lo que salió. Era la primera vez que tenía un orgasmo y fue brutal. Inmediatamente volví a introducirme en la boca su pequeña montaña, esta vez solo succionando, nada más, hasta que poco a poco sus contracciones disminuyeron y quedó tumbada en el sofá, extasiada. Levanté la vista y la vi con los ojos cerrados, sudorosa pero feliz, muy feliz. Un buen trabajo, sin duda.

Mi pene estaba medio caído, como triste porque me había olvidado de él, así comencé a acariciarlo. Pronto se alegró. El sexo de mi vecina aún brillaba, e incluso expulsaba alguna gotita de su miel, así que me dispuse a metérsela. Puse la puntita en la entrada de su sexo y la miré, buscando su aprobación. Ella asintió con la cabeza y no lo dudé más. Despacio, para no producirla mucho dolor, mi pene fue resbalando dentro hasta encontrar el tímido obstáculo de su himen, que superó con relativa facilidad, aunque produciendo en ella una reacción de pequeño dolor mezclado con mucho placer. Cuando encontré fondo, saqué mi pene despacito hasta la mitad.

- Me duele -. Suspiró. Entonces dejé mi pene medio metido en su sexo y comencé a acariciarle de nuevo el clítoris, hasta que gimió de nuevo de placer. Reanude mi exploración metiendo y sacando con una velocidad progresiva mi miembro. Nos fundimos en un intenso abrazo aderezado con apasionados besos al ritmo de un baile increíble de emociones nuevas para ambos. Pasaron cinco minutos hasta que ella se volvió a correr, esta vez en menor cantidad, con mi pene dentro, lo que precipitó que yo también alcanzara un fenomenal orgasmo. Antes de correrme en su interior logré sacarla y derramarlo por su cuerpo.  Tanta fuerza acumuló en su acogedora morada que salpicó casi hasta su cara: el exterior de su sexo, su monte de Venus, su vientre, sus pechos...

Luego la besé. Los dos estábamos sudando. Mi muslo rozaba ligeramente su sexo y notaba como aún se describían ligeras contracciones en su humedad. Mi prepucio estaba aún muy duro acurrucado en su vientre. Ella lo cogió con su mano y lo acarició cariñosamente mientras sonreía. Me levanté. Ella se sentó en el sofá y siguió masturbándome. ¡¿Quería más?!. Se puso de pié y me besó mientras me masturbaba. Pronto se dio media vuelta y se agachó.

- Tú me has dado algo que no había tenido nunca. ¿Has tenido tú esto alguna vez?-. Quedé asombrado viendo como su culito, ese que tanto había deseado, a mi disposición. Pero me eché atrás.

- Esto te puede doler mucho, ¿lo sabes?-. Asintió con la cabeza y alargo su brazo para llevar mi pene hasta la entrada de su irresistible trasero.

- Espera, voy por algo para lubricarte, te dolerá menos- le aconsejé.

Pero ella no soltó mi miembro. Volvió a darse media vuelta y comenzó a mamarlo de nuevo. Dos o tres veces solamente, lo suficiente para empaparlo de su ardiente saliva y dejarlo perfectamente lubricado. Le puse de espaldas contra el sillón y puse la cabeza de mi pene en su agujerito. Empujé muy despacio para abrir camino. Ella apretaba fuerte, casi hasta hacerme daño. Pero no cesé. Mi herramienta resbalaba sin prisa pero sin pausa en el virgen culo de mi vecina.

Apenas pude disfrutar de aquel nuevo placer. Pronto me corrí en su interior. Sin embargo, no era capaz de sacarla e ahí. El roce de mi glande con las paredes ardiendo de su trasero y la sensación que me producía sentir esa mezcla de mi semen, su saliva y el sudor al deslizarme dentro de ella.. ¡Era fantástico!

Pero por fín terminó ese momento esplendoroso. La volví a besar. Nos abrazamos y nos sentamos a ver la tele juntos. Cuando me desperté la tenía a mi lado, abrazada, desnuda tal y como la dejé antes de dormirme agotado. La besé en la frente y despertó. Esa mañana desayunamos juntos, hicimos algunos juegos eróticos a mediodía y volvimos a hacer el amor después de comer. Fue genial. Espero que algún día podamos repetirlo

Raúl
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