Noche de sabado
Por Serido
 
Hacia tiempo que no veía a mi amiga Carmen, así que cuando me llamo por teléfono para citarnos no puse ningún reparo. Quedamos para vernos aquel mismo sábado, saldríamos a cenar y luego tomaríamos alguna copa.

A mi marido no le gustó mucho la idea de pasar el sábado por la noche solo en casa, pero lo tuvo que aceptar. La cena fue inmejorable, dos viejas amigas hablando de lo divino y lo humano, del pasado y del futuro. Siempre nos habíamos compenetrado mucho y teníamos gustos similares, nos atraíamos mutuamente y lo pasábamos de maravilla hablando de nuestras cosas.

La cena se nos alargo más de lo esperado, además habían caído dos botellas de buen vino, es decir estabamos más achispadas de lo normal. Habíamos planeado ir a tomar otra copa a un pub cercano, pero en el último momento decidimos ir a casa a tomar la copa, nos resultaría más cómodo y si se alargaba la velada no habrían prisas para marcharse. Como ya era tarde le propuse ir a mi casa, pues por la hora suponía que mi marido estaría durmiendo, así que podríamos estar a solas en el salón.

Llegamos a casa y abrimos con mucho cuidado la puerta del piso para no hacer ruido y no despertar a mi marido. Caminamos despacio por el pasillo, yo delante y ella detrás, al llegar a la puerta del salón me quede de piedra, Carmen detrás de mí también se quedó parada ante la sorpresa. Mi marido aún no se había ido a dormir, estaba tirado en el sofá viendo la tele, no se había dado cuenta de nuestra llegada y estaba viendo una película porno. Carmen y yo no nos movíamos para que no se diese cuenta de nuestra presencia , Carlos, mi marido, estaba con el albornoz de la ducha entreabierto y se estaba acariciando el pene. Lo tenía semierecto y se adivinaba que su intención era hacerse una paja lentamente. Mi primer impulso fue darle un grito y avisarle de nuestra presencia, pero el vino que había tomado y la morbosidad del momento me hicieron callar, me giré y le puse la mano en la boca a Carmen para que no dijese nada. La visión de Carlos haciéndose una paja me estaba excitando. El seguía ajeno a todo, en este momento la erección era total y se estaba acariciando el glande suavemente, lo tenía brillante por los jugos presemianles. Yo a mi vez me estaba excitando y por el color sonrosado de las mejillas de Carmen adiviné que ella también estaba disfrutando del espectáculo. Noté como mi coño empezaba a humedecerse, y me quedé de piedra cuando Carmen puso una de sus manos sobre mi seno.

Yo nunca había tenido una experiencia lésbica y Carmen tampoco, pero aquella situación nos estaba excitando y llevando a considerar aquel momento como de placer por placer. Carmen me susurró en el oído que estaba disfrutando por aquel momento y que la visión de Carlos le había puesto cachonda, y que quería ver como mi marido se corría. Yo no le había apartado la mano de mi pecho y ella se atrevió a más dándome un pellizco en uno de mis pezones. En ese momento Carlos empezaba a jadear, paro de frotarse el glande y se cogió los huevos con la mano izquierda masajeandolos, lo que ni Carmen ni yo nos esperábamos es que Carlos se llevase el dedo indice de la mano derecha a la boca para chuparlo y untarlo de saliva. Se levanto los huevos y empezó a acariciarse el esfinter. No tardo mucho en introducirse un dedo en el culo al tiempo que el pene le palpitaba con fuerza. En ese momento no pude más y le grité desde la puesta, “cabrón, córrete de una vez que nos tienes …”.

El pobre se quedó petrificado, blanco, intentó taparse como pudo y masculló alguna disculpa que no entendí. A todo esto Carmen se partía de risa y ya abandonada a su propio deseo me levanto la falda y me puso la mano encima de mi sexo. Carlos se quedo mirando embobado sin atinar a decir nada. Y yo solo pude adelantarme hasta Carlos abrirle el albornoz y agarrarle el miembro, que en ese momento estaba flácido. Le di un par de sacudidas y volvió a endurecerse como antes.

¿Así que te gusta meterte un dedo en el culo?, pues hoy vas a saber que se siente cuando me enculas a mí. Le quite el albornoz y le puse a cuatro patas en el suelo, Carlos se dejaba hacer y no ponía ninguna resistencia, me coloque detrás suyo, le hice abrir las piernas y le agarré el pene por detrás al mismo tiempo que le lamía las nalgas buscando su orificio anal. Carmen se había quitado los pantalones y sin disimulo tenía una mano dentro sus bragas, había empezado a masturbarse mientras nos observaba. Le ensalivé el ano a mi marido, para que no se fuese hacia delante tiré de su pene haca atrás y despacio pero sin pausa le metí el dedo hasta el final, no dijo nada pero el pobre se le saltaban las lágrimas por el dolor.

Carmen se había desnudado del todo y colocándose detrás de mi empezó a quitarme la blusa, el sujetador, desabrocho mi falda, y me dejo en bragas. Pasó sus manos bajo mis axilas y me cogió los pezones, pellizcándomelos. Yo seguía con las dos manos ocupadas, una agarrando el pene de mi marido, y la otra con un dedo en su culo. Carmen soltó uno de mis pezones y bajó la mano hasta la entrada de mi sexo, me acarició con dulzura el clítoris y note como las paredes de mi vagina se contraían haciendo que mis flujos aparecieran sobre los dedos de Carmen. Se untó dos dedos y me apartó de detrás de Carlos. Ahora se colocó ella en la misma posición que yo tenía, pero en lugar de coger el pene de mi marido, le abrió las largas todo lo que pudo y le metió los dos dedos que había mojado en mi sexo. Carlos no decía nada, tenía la cabeza agachada entre sus brazos y respiraba con mucha fuerza. Por mi experiencia noté como había pasado la fase de dolor intenso y empezaba a gozar del placer. Ahora nadie le estaba masturbando,

Carmen se limitaba a meter y sacar sus dedos del culo de mi marido. Aunque Carlos me follaba el culo de vez en cuando yo nunca había llegado el orgasmo sin estimularme al mismo tiempo el clítoris, por lo que supuse que él tampoco llegaría a tener un orgasmo solo con dos dedos metidos en el culo. Carmen estaba totalmente desinhibida, me acerque a ella por detrás, ella estaba de rodillas en el suelo detrás de mi marido, yo nunca había tocado los senos de otra mujer, pero en esa situación me apetecía hacerlo, eran medianos, no muy grandes pero con unos pezones muy erizados, se los acaricié suavemente y dio un pequeño gemido al tiempo que su cuerpo se contraía. Tampoco había tocado nunca el sexo de otra mujer y ahora sentía una fuerza irresistible que me llevo una mano a su monte de venus. No lo tenía depilado pero si recortado. Baje un poco más la mano, ella separó un poco las rodillas y tuve acceso a sus labios vaginales, estaban húmedos, encontré su clítoris, era más grande que el mío, se podía coger entre las yemas de dos dedos, lo hice y presione con dulzura, le fui dando pequeños apretones, suaves, cambiando el ritmo, echo la cabeza hacia atrás, su espalda se arqueó, su vientre se contrajo, emitió un pequeño gruñido y note como su orgasmo naciendo en el interior de su vientre se desplazaba por todo su cuerpo, tuvo pequeñas convulsiones que le hicieron caer hacia delante sobre la espalda de mi marido, que quedó tendido en el suelo boca abajo sin atreverse a mover.

Carmen se giró sobre si misma y quedó sobre el suelo mirando hacia el techo, con las pupilas dilatadas, y un sonrisa de felicidad pintada en la boca. Me acerque a ella puse un pié a cada lado de su cara y sin mediar palabra me fui agachando hasta quedar en cuclillas sobre su cara con todo mi sexo palpitando, expuesto, ofrecido, entendió, y sin dejar de sonreír entreabrió la boca, sacó la lengua y la deslizo con cariño por mi sexo. Al igual que un minuto antes ahora fue mi orgasmo el que se escucho en aquel salón.

A mi pobre marido lo teníamos allí, abandonado, no decía nada se limitaba a mirar sin creer nada de lo que veía. Tenía una erección considerable, nunca se la había visto tan tensa, creo que estaba a punto de eyacular sin siquiera tocársela. Pero esa noche era la noche de Carmen y mía y yo estaba determinada a que Carlos sintiese lo que siente una mujer cuando la enculan o le obligan a tragar semen solo por satisfacer el ego o placer de un hombre. Lo pusimos otra vez a cuatro patas sobre el suelo, y mientras Carmen le vaciaba medio tubo de vaselina en el culo, fui a la nevera a buscar alguna hortaliza que cumpliese las funciones de un pene. Sabía que le iba a doler más que antes y apiadándome de él solo cogí una zanahoria mediana. Se la pase a Carmen y sin más preámbulos se la metió por el culo, la verdad es que estaba bastante dilatado y no le dolió demasiado. Carmen con la otra mano le cogió los testículos como queriendo ordeñarlos, yo me eche en el suelo debajo de Carlos y me metí su capullo en la boca, con la lengua le fui acariciando glande y en un instante empezó a eyacular como un animal, creo que nunca había soltado tal cantidad de semen. Me lleno la boca y siguió tirando chorros de semen sobre el suelo. Estaba agotado, con el pene amoratado y todavía erecto. Mientras Carmen le sacaba la zanahoria yo le di la vuelta le tape la nariz y le abrí la boca, creo que esto no se lo esperaba, tal como abrió la boca, le aplique la mía y ayudándome con la lengua le fui traspasando su propio semen, no protestó ni hizo amago de escupirlo, me cogió con una mano por la nuca y metió su lengua en mi boca buscando mi lengua, nos fundimos en un largo beso que empezó obsceno y acabo lleno de amor, cariño y ternura. Y es que cada día que pasa nos queremos más.

A pesar de que era bastante tarde, la realidad es que cada uno de nosotros había tenido un orgasmo y la tensión sexual que había en el ambiente no había disminuido lo más mínimo. Así pues la noche siguió con bastante desenfreno. Carmen tuvo dos orgasmos más, provocado el primero por la lengua de mi marido y con una automasturbación el segundo mientras miraba como Carlos me follaba de pie contra la pared. Yo solo tuve otro orgasmo fruto de la follada de mi marido y este a su vez se corrió por segunda vez haciéndose una paja frente a nosotras como la que se estaba haciendo cuando llegamos a casa hará un par de horas. En ningún momento llegamos a estar los tres revueltos, y tampoco lo hemos repetido, aunque si que lo hemos comentado en alguna ocasión, y solo el recuerdo nos ha excitado. Con mi amiga Carmen me he vuelto a ver y hemos hablado de lo que pasó aquella noche sin que se haya estropeado nuestra relación por ello. De hecho me ha confesado que con cierta frecuencia se ha masturbado pensando en mi marido y yo. A quien no se ha atrevido a decirle nada es a su propio marido, pero que espera poder repetirlo alguna vez conmigo y con él.

Serido
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