Que cosas te trae la vida
por Web
 
El día que Mario celebró su cumpleaños yo no tenía muchas ganas de salir, más que nada porque el día antes había estado también de juerga con las compañeras del trabajo y tenía una resaca tremenda. Pero mi novio, Antonio, me convenció para ir. Todo por no verle quejarse diciendo que salía más con mis amigas que con él, cosa que empezaba a ser cierta. A él le gustaba salir poco, pero este cumpleaños le apetecía porque vería a sus amigos de toda la vida. Mario era su mejor amigo y hacía poco menos de un año que se había casado con Marta, una chica muy guapa y muy introvertida. También iban a ir Tomás y su novia Esther, una pareja que no pasaba por sus mejores momentos, ya que a Tomás le gustaba ir de flor en flor. Con este panorama llegamos temprano al pequeño piso que el matrimonio tenía en el barrio de Salamanca, en Madrid. Levábamos una botella de cava y pasteles, aunque no creía poder comer ninguno de ellos, debido al malestar que sentía.

-No deberías haber bebido tanto cariño- me dijo Antonio en tono condescendiente.

Yo le dediqué una sonrisa fingida.

Al llamar a la puerta del piso nos recibió Mario, todavía se estaba abrochando los botones de la camisa y antes de que pudiera taparse pude vislumbrar su imponente torso, musculoso y al parecer sin un solo pelo.

-Si que venís pronto chicos- dijo mientras nos saludaba.

-Así ayudamos a preparar algo, antes de que vengan los demás- sugerí todavía algo impresionada por la visión.

Dejé la botella de cava y los pasteles en la cocina y me dispuse a sacar copas y algunos platos. Antonio se sentó en el sofá y hablaba con Mario a gritos, ya que este se encontraba en su habitación, terminando de prepararse.

Marta salió de uno de los baños, perfectamente maquillada y vestida con un elegante y discreto traje de noche. Antonio se levantó al momento a saludar.

- ¡Caramba Marta, estás magnifica!.

Eso me dolió un poco, por que a mi nunca me decía esas cosas.

Yo saludé también a la apocada chica, que al contrario que a Antonio si me dedicó una amplia sonrisa.

- Hola Sara, estas muy guapa.- me dijo dándome dos besos.

Yo sonreí, muy complacida por el halago y mirando de reojo a Antonio, como para que se diera cuenta de que un halago de vez en cuando no hacía daño, pero este se había levantado y se encontraba en la cocina, preparando unas copas.

Me senté en el sofá con Marta y empezamos a hablar de cosas triviales...el trabajo, la casa...pero notaba que Marta cuando hablaba conmigo se distendía bastante y le costaba menos superar su natural timidez, que a las personas que no conocía podía parecerles un poco arisca, cosa que conmigo no era en absoluto.

Éramos ya un grupo casi cercano a la treintena, preocupados de pagar hipotecas y letras de muebles, lo que no dejaba mucho lugar a divertimentos, así que aprovechábamos al máximo estas raras ocasiones en las que, casi siempre por el cumpleaños de alguno, nos reuníamos. Me fijé en Marta y la vi realmente guapa y simpática, pero al volver Antonio de la cocina con varias copas su semblante pareció ponerse más serio.

Y llamaron a la puerta.

Llegaron Tomás y Esther. El primero estaba muy contento y no paró de mirarme las piernas. A Esther se la veía algo triste, pero se las arreglaba para mantener la compostura.

En ese momento ya estábamos los seis en el salón y nos dispusimos a cenar.

En el transcurso de la cena hablamos bastante, excepto Marta que entre bocado y bocado sonreía y me miraba fugazmente. Tomás se sentaba a mi lado y no paraba de hacer bromas conmigo insinuando lo buena que estaba, todo esto mientras Antonio se reía a carcajadas. Siempre se reía sonoramente y se lo tomaba todo a broma. Esther miraba a Tomás con desprecio y a mi me dedicaba algunas miradas de reproche. Al ver que no conseguía despertar el interés de su novio cambió radicalmente de actitud y se dedicó a reírse con mi novio El único que mantenía una agradable conversación y fluida era Mario.

Al terminar la cena nos sentamos alrededor de una pequeña mesa, frente al amplio sofá blanco. Nos habíamos bebido dos botellas de vino en la cena y ahora tomábamos una copa, con lo que empezábamos a reírnos por tonterías y a hablar de cosas picantes.

- En un reportaje que vi la semana pasada en la tele estuvieron hablando de los juegos eróticos, ¿no lo habéis probado nunca?- preguntó Tomás.

Todos negamos y le preguntamos a Tomás en que consistían esos juegos.

- Pues veréis, hay muchas clases, los hay con tablero, como si fuera un parchís u otro juego de mesa parecido, pero en los que hay que hacer pruebas cuando te toca.- explicó con la sonrisa continuamente instalada en su cara.

- ¿Qué clase de pruebas?.- preguntó Mario intrigado.

Tomás pareció ruborizarse momentáneamente.

- Pruebas eróticas...o sexuales.

Nos sorprendimos, aunque no nos escandalizamos. Antonio parecia mostrar un interés inusitado por el tema.

- Pero...explícate mejor tío.

- Por ejemplo, hay juegos como el de la carta más alta que si te toca pues... debes hacer lo que pone en un papelito que previamente tienes que escoger. Estos papelitos primeramente se escriben con los mandatos que tiene que cumplir el que le ha tocado la carta más alta...pues cosas como...besar al que tienes en frente, o tocarle los pechos al de al lado...cosas así- explicó Tomás tranquilamente.

- ¡Venga ya! ¿y si te toca que tienes que darle un beso al de al lado, y es otro tío?- preguntó Mario riéndose.

- Hombre eso es ya como quiera la gente, si se juega al “todo vale” pues tendrías que hacerlo fuera hombre o mujer, pero las reglas las pone la gente y se puede poner una que diga que eso no vale.-explicó Tomás ya poniéndose más serio.

- Yo creo que si se juegan a esas cosas no debería haber limitaciones de ningún tipo- añadió Marta, que nos sorprendió a todos, ya que desde que habíamos terminado de cenar no había dicho nada. Y a mi me asombró que tuviera una actitud tan liberal.

- ¡Ja!- exclamó Antonio.- Pero imagínate que me toca chuparle el rabo a Tomás o a ti Marta te toca lamerle las tetas a Sara-. Antonio iba ya algo bebido y hablaba de forma burda, aunque no pareció molestar a nadie.

Todos nos reímos, pero Marta añadió mientras me miraba:

- Si se hace un juego hay que cumplir con las reglas, te toque lo que te toque y si me tocara lamerle las tetas a Sara..pues tendría que hacerlo.

Reconozco que en ese momento me estremecí pensando en Marta mientras me lamía los pechos. Y me gustaba.

Hablamos del tema cada vez con más atrevimiento y empezamos incluso a escribir las pruebas para un hipotético juego. Nos habíamos tomado unos tequilas y empezábamos a perder cualquier tipo de vergüenza, incluso los chicos bromeaban con la idea de hacerse una felación entre ellos si les tocaba.

- Como Antonio la tiene pequeña, que lo se por el gimnasio, pues no creo que me afectara mucho.- dijo Tomás entre las risas incontroladas de todos.

- Oye, ¿y por que no nos dejamos de fantasear y jugamos?.- propuso Esther, que se la veía muy excitada.

Uno a uno todos fueron accediendo. Yo miré a Mario y me imaginé haciéndolo con él.

- Por mi bien, pero...¿no nos pondremos celosos al ver como nuestro novio o novia hace cosas con otro?-

- Yo creo que no, porque todos nos vamos a aprovechar de esto.- respondió Tomás que ya tenía una pequeña caja de madera en la mano, donde había metido todos los pequeños papeles donde estaban escritas las pruebas.

- Si, pero es que hemos escrito verdaderas burradas de pruebas, que ya no solo es besar a otro u otra, es bastante más.- dije algo nerviosa, ya que veía que todos estaban de acuerdo en jugar, incluida Marta que estaba muy animada a causa de las copas y había dejado aparcada su timidez.

- Por eso hay que decir ahora si jugamos o no, ¿estáis dispuestos todos a lo que sea?, ya habéis visto que clase de pruebas nos puede tocar.- dijo Mario con la baraja de cartas en la mano.

Todos accedimos y con una copa de tequila más que nos servimos para dejar el lógico corte a un lado, nos sentamos en el suelo, haciendo un círculo en torno a la pequeña caja de madera. Mario encontró un par de barajas.

- Que preferís, la baraja francesa o la española.

- A mi me gusta lo francés- bromeó Mario, que por un segundo me miró a mí directamente a los ojos al decir esto.

Yo aparté la mirada al instante. Empezaba a sentir cosquilleos en todo mi cuerpo. No podía creerme todavía que estábamos a punto de hacer esto. Desde luego que si hubiéramos sido tres parejas con relaciones sólidas nunca se nos ocurriría terminar así, pero por diferentes motivos no pasábamos ninguno de nosotros por nuestro mejor momento. Mario y Marta, a pesar de llevar menos de un año casados, no parecían estar muy enamorados y rara vez se los veía mostrarse públicamente algún tipo de afecto como un beso o alguna caricia. Tomás y Esther tenían problemas de infidelidad y se notaba que no durarían mucho con esa situación. Y Antonio y yo sufríamos la rutina y el aburrimiento de una pareja que lleva muchos años juntos sin que nada excitante ocurriera en nuestras vidas. Éramos el grupo ideal para este tipo de juegos.

- Ahora que estoy pensando. Antes de empezar y para romper un poco el hielo deberíamos quedarnos desnudos ¿no?.- sugirió Antonio.

Nos mostramos de acuerdo y nos volvimos a levantar y a empezar a despojarnos de nuestras prendas. Ahora si que empezaba a estar algo nerviosa, aunque llevaba ya mucho tequila bebido.

Los primeros en desnudarse fueron Tomás y Esther. Esta tenía un cuerpo algo rellenito con unos pechos enormes coronados con dos pezones igualmente grandes. Me llamó la atención la exuberante mata de vello púbico que tenía.

A Antonio al parecer también le sorprendió su visión, ya que estaba experimentando una pequeña erección al verla, pero se controló al instante. Mario se desnudó y pude ver su formidable cuerpo, musculoso y dotado de un pene circuncidado que lo hacía más bello, como una estatua griega. El cuerpo de Marta me llenó de admiración, ya que esta siempre se había vestido con ropas amplias que no realzaban las increíbles curvas que poseía. Se notaba que había hecho mucho gimnasio para conservarse así. Sus pechos eran algo pequeños, pero muy firmes e inhiestos, con pezones pequeños y oscuros, estaba casi totalmente depilada, salvo un pequeño triangulito en la parte superior de su vagina. Una auténtica belleza.

Yo fui la última en desvestirme. Noté que había cierta expectación, ya que, modestia a parte, siempre he cuidado mi cuerpo bastante bien. Por eso no me extrañaron los halagos que me dedicaron todos al verme completamente desnuda. Incluso Marta dejó escapar un casi inaudible suspiro al verme.

Nos volvimos a sentar, pero no sabíamos como ponernos así que tomamos la decisión de ponernos un número cada uno y hacer otro montoncito con papeles con nuestros respectivos números para cuando a alguien le tocase la carta más alta elegiría al azar una de las pruebas que tendría que hacerle al poseedor o poseedora del número que sacara.

Mario escogió seis cartas consecutivas y las barajeó. Nos dio una a cada uno y lentamente vimos lo que nos había tocado.

El tres de tréboles. Me alegré de no haber sido la que inaugurara el juego. Todos fueron descubriendo sus cartas. Esther había sacado el as de trébol. Había perdido...o acaso ganado?.

La leyó primero para si misma y se llevó una mano a la boca para reirse después a carcajadas.

- Pero no puedo hacer esto.- decía entre risas.

- Léela Esther, que dice la prueba.- mandó Tomás muy excitado, quizás por la perspectiva de ver a su novia retozando con otra persona.

- Pues dice que tengo que lamerle el trasero a alguien.

- Pero si esa es de las más suaves, de que te quejas.- se rió Mario.

- Ah, pues de eso mismo.- sonrió maliciosamente.

Acto seguido sacó un número de la otra cajita que contenía las seis cifras.

- ¡El 5!,¡quien es el afortunado o afortunada!- exclamó como si estuviera en el bingo.

Antonio dio un pequeño salto de sorpresa.

- ¡ Soy yo!.

Los dos se apartaron un poco del grupo para que todos los viéramos.

- Vamos túmbate boca a bajo que te lamo tu culete.- explicó Esther entre risas.

Esther se agachó y empezó a lamerle el trasero a mi novio. En un principio lo hacía como si le diera grima pero al cabo de unos segundos se la notó empezar a disfrutar, y más a Antonio, que al levantarse tenía ya una ligera erección, hecho que resaltó Tomás.

- Venga Antonio no te reprimas y empálmate.

- Sabes que te digo, que tienes razón.- replicó mi novio, y al sentarse de nuevo ya estaba completamente erecto. Los demás hombres optaron por no contenerse y experimentaron sus erecciones con mucho desparpajo. Tomás tenía un pene algo pequeño pero muy inclinado hacia arriba, tanto que casi se tocaba el vientre con el. Mario, en cambio, poseía un miembro muy grande y debido al tamaño lo llevaba algo colgando.

- ¡Vaya pedazo de polla que te gastas!.- exclamó Antonio.- Venga hombre caballo, reparte otra vez.

En la siguiente ronda le tocó a Marta. Y su prueba estaba echa a su medida.

- Tengo que chuparle los pechos a....- dijo mientras sacaba un número.

- Al número 2.

Esa era yo. Marta al ver que era a mi a quien tenía que lamerme los pechos sonrió y abrió los ojos muy animada.

- Bien, un numerito lésbico.- dijo Tomás que se apoyó en Antonio para ver mejor el espectáculo.

Marta se sentó frente a mí y se agachó lentamente buscando mis pechos. Cuando noté la lengua de esta recorriendo mis turgentes pechos no pude controlar un pequeño suspiro de placer. Marta me miró en ese instante y sonrió de nuevo. Luego procedió a besarme los pezones e introducírselos en la boca, mientras con su ágil lengua rodeaba mi pezón, provocándome oleadas sucesivas de placer. Ya no estaba pendiente de lo que los demás pudieran pensar así que cerré los ojos y me dejé hacer. Marta era una maestra en esto y sabía perfectamente arrancarme gemidos de goce. Hubo un silencio tan grande que abrí los ojos. Pero allí estaban todos observando la escena. Todos muy excitados y expectantes.

- Vale ya chicas que hay que seguir.- interrumpió Mario.

Marta le dedicó una mirada cargada de furia, por haberla interrumpido y se levantó algo enojada.

- Hay que poner un tiempo ¿no?, y me refiero a uno mínimo.

- Tampoco vamos a esperar hasta que uno se corra ¿eh?.- dijo Mario visiblemente molesto por la actitud de su mujer.

- Venga chicos no os enfadéis ahora que esto iba bien. Que dure unos cinco minutos para estas cosas y para las más fuertes hasta que se corra el que se lo hacen ¿vale?.- sugirió Antonio.

Todos estuvimos de acuerdo y volvimos al juego.

Tomás fue el que sacó la más alta y sacó el número 5, que era de Antonio.

- ¡No me digas que te la tengo que chupar!.- exclamó con cierta resignación.

Antonio se puso en posición con las piernas abiertas y completamente erecto su miembro. Tomás se acercó y se agachó, dispuesto a empezar la tarea.

- Hasta que se corra no lo olvides.- le recordó Esther, que se la veía disfrutar con la situación de ver a su novio a punto de “mamársela” a otro hombre.

Tomás agarró el pene de mi novio y empezó a masturbarle.

- Que tienes que chuparla.- dijo Marta riendo.

Tomás se agachó aun más y se metió primero el glande de Antonio. Y en contra de lo que cabría esperar Tomás empezó a lamer con fogosidad el pene. Pasados los primeros apuros lamía y se introducía con más ardor todo el miembro de Antonio en la boca, cosa que a este le estaba resultando muy placentera, ya que no paraba de jadear. A mi me excitaba enormemente ver a un hombre haciendo una “mamada” a otro, y más si era a mi novio.

- Ya...va...va...- decía Antonio cuando estaba a punto de eyacular. Tomás se la sacó de la boca y siguió mastubándole mientras este eyaculaba copiosamente. Varias gotas salpicaron en la cara de Tomás y en el brazo de Esther, que ante la mirada de todos lo lamió con mucha deleitación.

El juego siguió. Y me tocó a mí la carta más alta. Pero ya no estaba nerviosa. La lujuria se había apoderado de mí, al igual que a los demás. Ya no era raro ver a Antonio darse algún beso de vez en cuando con Esther. O a Marta al lado mío constantemente dándome besos y acariciándome.

- Tengo que chuparle a alguien sus genitales y tragármelo todo.- expliqué tras terminar de leer la nota.

Como las pequeñas notas de los números estaban ya algo deterioradas y no muy dobladas pude vislumbrar el número 1, que era el de Mario. Sin pensarlo dos veces lo saqué.

Mario pareció alegrarse. E incluso llegó a insinuar que iba a ser la primera vez que se la chupaban. Marta también llegó a insinuar que le gustaba chupar otras cosas.

El caso es que me acerqué a Mario, que tenía una erección sobrecogedora. Nunca había visto un pene tan grande en mi vida, y eso que yo había visto bastantes, sobre todo en mi época universitaria, en la que tenía fama de devora hombres, aunque después de conocer a Antonio me calmé bastante, pero ahora notaba que esa parte de mí volvía a resurgir. Y sin ningún asomo de rubor o vergüenza me metí gran parte de ese poderoso miembro en mi boca. Notaba su glande perfectamente en mi paladar y con mi lengua hacía auténticas virguerías que le volvían loco. Cuando estaba a punto de eyacular me la saqué de la boca para ver la gran cantidad de semen que de allí salió. Atrapé un poco en el aire y empecé a limpiarle el pene, tragando con deleite su preciada leche.

Cuando volví a mi sitio Marta me miraba desilusionada. Ella no esperaba que hubiera disfrutado tanto con un pene, más que con ella.

- Tranquila cariño.- le dije al oído.- Me gustan las pollas, pero gracias a ti se que podrían gustarme otras cosas. Y le puse la mano en su vagina. Ella me sonrió de nuevo y me abrazó. Antonio me miraba de forma poco amigable.

- Vaya, a ver si ahora te vas a volver lesbiana.- me reprochó Antonio al verme besar a Marta con pasión.

Le miré y con aires de condescendencia le dije que a falta de cosas excitantes en casa bien se podía buscar otros alicientes. Antonio me miró furioso y se levantó.

- Venga, ¡vámonos, es muy tarde!- gritó enrabietado.

- Vete tú, yo prefiero quedarme aquí.- dije mientras agarraba a Marta con un brazo y con el otro asía el miembro aun erecto de Mario.- Aquí hay cosas que me quedan por hacer.

- Si te quedas aquí no te molestes en volver.

Antonio hablaba bien en serio, pero a mi me daba igual. Después de lo pasado no podía volver a la vida insulsa con el.

- Sara se puede quedar aquí lo que quiera, ¿verdad Mario?.- preguntó ilusionada Marta, ante la perspectiva de estar siempre conmigo.

Mario que también estaba ilusionado ante esa misma idea se mostró conforme.

- Mira Antonio, ya se que no te ha gustado ver a Sara hacer estas cosas con otros, pero ya sabes cuales eran las reglas, y por si lo has olvidado tu también has disfrutado de ello, deja a los demás pasarlo bien.

Antonio se vistió y se marchó. Tomás y Esther se pusieron de parte de este y se marcharon con el.

- Dejémosles, no los necesitamos, hoy he comprendido que lo que me faltaba en la vida erais vosotros. He descubierto lo que una mujer puede darme.- dije mirando a Marta. – y también la pasión que puede darme un hombre.

No me quedé a vivir con ellos, pero solía pasar mucho tiempo en su casa e, incluso, preparábamos las próximas vacaciones los tres para pasarlas juntos. Las relaciones de Marta y Mario habían mejorado mucho, tanto que volvían a besarse en público y mostrarse afecto mutuamente. La llave de aquello era yo, que compartía cama y sentimientos con los dos a partes iguales.

De Antonio no supe mucho más. Se marcho de casa y se fue a vivir a otra ciudad. Tomás y Esther terminaron separándose. Incluso oí alguna vez que Esther se había enamorado de Antonio, pero este prefería a Tomás.

Que cosas te trae la vida.
 

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