La Manifestación
 

     A las seis de la tarde, me reuní con todos mis compañeros en el aparcamiento de la fábrica para manifestarnos contra la congelación de sueldos que llevábamos sufriendo desde hace un año. A pesar de que no me convencía mucho la idea de situarme a la cabeza de los manifestantes, ya que no quería meterme en ningún lío, lo hice porque casi todos mis amigos iban en primera fila.

Cuando llegó la policía, sucedió lo que yo me temía. Una pareja de polis bajó del coche; el tío se puso a interrogar al amigo que tenía al lado y la mujer me ordenó que la acompañara a comisaría para hacerme algunas preguntas. Yo no me resistí porque, a parte de ser la autoridad, la chica era muy atractiva y, sobre todo, me llamó la atención su descomunal delantera. Me dejé esposar, me metió en el coche, sentándome en el lugar del copiloto, y nos alejamos del lugar.

Mientras la poli conducía, me di cuenta de que la chaqueta del uniforme no le cerraba del todo, con lo que se podía ver algo de las tetas, pues encima no llevaba sujetador. También la falda le estaba algo estrecha y, al estar sentada, podía contemplar gran parte de sus muslos. Aquella visión me estaba poniendo extremadamente cachondo. La miré discretamente a la cara y me fijé en que tenía unos labios carnosos. Imaginando lo dura que aquellos labios podrían ponerme la polla, tuve que poner mis manos esposadas sobre mi paquete para disimular la erección.

En ese momento, paró el coche. Miré por la ventanilla y vi que no estábamos en ninguna comisaría, si no en un descampado. La pregunté que dónde estábamos y ella me recomendó que me callara si no lo quería pasar mal. Yo iba a quejarme, pero entonces ella puso sus gruesos y dulces labios sobre los míos. Me metió la lengua y recorrió toda mi boca con ella. Mi polla iba a estallar. Deseaba abrirme la bragueta. Quería que me liberará de las esposas, así que le pedí que me ayudara. Ella asintió con su mirada y me agarró las manos, pero, en vez de desesposarme, me bajó lentamente la cremallera del pantalón. Mi rígida verga salió al descubierto sin dificultad. Bajó su cabeza y se dispuso a comerme la polla. Sus labios calientes rodeaban la sonrosada punta de mi cipote. Mientras, su lengua se paseaba alrededor del glande. Con mis manos, todavía esposadas, le quité la gorra.

Tenía el pelo corto y teñido de rubio platino. Le acariciaba el cabello, mientras ella seguía pasando su lengua y aquellos grandes labios por toda mi verga. Metió la mano en el pantalón y comenzó a tocarme suavemente los testículos. Terminó por sacármelos también. Me miró con sus ojos de color miel, mientras mis pelotas descansaban sobre su lengua. Algunas gotas de semen empezaron a brotar del pequeño agujero de mi picha y ella se apresuró a extenderlas sobre el glande con sus dedos. Siguió deslizando la mano a lo largo de mi tranca. Cuando llegó a la unión con mis huevos, estirando bien la piel de mi pene, se lo metió entero en aquella gran boca. Su cabeza rubia subía y bajaba con ritmo veloz. Sus labios resbalaban por mi polla, que estaba empapada de su saliva y de las babas que rezumaba mi glande. Ya no pude contenerlo más y mi leche inundó su garganta. La poli se lo tragó todo.

Levantó la cabeza y me miró relamiéndose. Yo descansaba la cabeza en el asiento del coche, recuperándome de aquella intensa corrida. Pero, la tía no me dejó reposar. Empezó a lamerme el cuello. Me quitó la camiseta y continuó, besándome el pecho, chupándome los pezones y metiendo su lengua entre mis sobacos. La chavala estaba consiguiendo ponérmela tiesa otra vez. Me bajó los pantalones y los boxer hasta los pies, para sentarse encima de mí. De nuevo, le rogué que me abriera las esposas. Esta vez sí lo hizo encantada. Mientras me chupaba los dedos, como antes había hecho con mi cipote, me las quitaba. En cuanto terminó, abrí su chaqueta con fuerza, saltando los botones. Sus voluminosos pechos quedaron al aire. Me masajeé un poco las muñecas e inmediatamente me puse a acariciar aquellas tetas gordas. Las levanté y las junté para comerme juntos sus rosados pezones, también extensos y redondos. Los tenía duros y erectos, tanto como mi polla, que ya estaba pidiendo a gritos el meterse en el coño de aquella mujer.

Le desabroché la falda y metí las manos en las braguitas para amasarle el culo. Sus nalgas estaban prietas y se estremecían cada vez que mis dedos pasaban cerca de su conejo. Ella tomó mi pene hinchado, se apartó un poco las bragas y se lo colocó entre los labios del chocho. Movía las caderas con rapidez para que mi verga restregara bien su vulva. El flujo espeso que salía de su vagina humedecían aún más mi polla y mojaba el pelo rizado de mi pubis. La tía me cogió fuertemente de los hombros, acercándose y alejándose de mí rápidamente, según su chocho patinaba sobre mi estirado cipote. De repente, me clavó las uñas en la espalda y empezó a correrse como una loca, la muy puta.

Aproveché su orgasmo, para introducir mi polla en su chorreante coño. Ahora, la zorra cambió de movimiento, saltando de arriba a abajo, insertada en mi picha. No pasó ni un minuto desde su último orgasmo, cuando ella volvió a correrse. La sujeté por la cintura y la apreté contra mis cojones, para que no se moviera más, porque si seguía así, iba a correrme y yo quería disfrutar un poco más de aquella vagina caliente.

Le dije que se fuera a su asiento y lo reclinara. Sospechando que ella también lo iba a pasar bien con lo que yo tenía pensado, no se opuso a lo que le mandé. Una vez tumbada, fui yo el que me puse sobre ella, pero esta vez le metí la tranca entre sus enormes tetas. Ante aquella postura, ella sabía muy bien lo que hacer. Estrujó sus pechos contra mi pene y mis huevos, y comenzó a frotármelos con ellos. Cuando mi verga casi alcanzaba su cuello, agachaba la cabeza y sacaba la lengua todo lo que podía para llegar a lamer la punta de mi polla.

Ya sabía que era muy buena follando con su boca, su coño y sus tetas; era hora de comprobar si sabía hacerlo tan bien con su culo. Cogí la porra que llevaba colgando del cinturón de la falda y se la di para que la lamiera. Le quité las bragas y me quedé observando detenidamente su coño. Lo llevaba cuidado y perfumado. Me puse de rodillas y metí mi cara entre sus piernas, para saborear su coñito, que estaba pringado aún con los jugos de sus anteriores corridas, aunque estaba seguro que no iban a ser las últimas ni para ella ni para mí. Separé los labios, cubiertos de pelo negro pero muy rapado, con los pulgares. Me ponían muy cachondo los gemidos que lanzaba mientras le comía el clítoris. Pasé a introducir mi lengua puntiaguda en su vagina, para beber el líquido salado que manaba. Continué lamiendo su chocho como si fuera un helado. Separé aún más los pulgares para estirar su vulva, de forma que la boca de su vagina permaneciera bien abierta y que su clítoris quedara empinado. De tal manera, comencé a golpear de prisa su pepitilla. Ella, a su vez, chupaba la porra. Gemía cada vez más alto. Al rato, dio un grito y mordió con ganas la porra. Su vagina escupía algo similar a mi leche y ella se estremecía en cada escupitajo.

Cuando acabó aquella corrida tan húmeda, le ayudé a darse la vuelta en el asiento, para que me enseñara su culo redondo. Le quité la porra de la boca y empecé a pasársela por la raja del culo. Ella todavía seguía jadeando por el pedazo de orgasmo que acababa de tener, y no parecía notar lo que le estaba haciendo. Humedecí la porra sumergiéndola en su chocho y, a continuación, se la introduje lentamente por el agujero trasero. Sus jadeos se convirtieron otra vez en gemidos de placer, que aumentaban conforme empujaba la porra más adentro. Con la otra mano, no paraba de manosearla el coño. Con los movimientos rápidos de la porra en su culo, no tardó en volver a tener otro orgasmo. La poli estaba resultando ser una perfecta puta.

Era el instante apropiado para cambiar la porra por la polla. Le saqué la porra del culo y, antes de que su agujero se cerrara, lo penetré hasta el fondo. Mi cipote estaba ya, a esas alturas, tan gordo que, a pesar de la follada trasera con la porra, su culo permanecía demasiado estrecho para mi pene a punto de reventar. Tuve que meterlo y sacarlo unas cuantas veces antes de poder follar su culo cómodamente. A la guarra de la policía también le gustaba que le rompiera el culo. Tras unos cuantos mete y saca, me corrí a lo bestia, dentro. Una vez que había descargado del todo, saqué la polla y unos cuantos chorros de semen bajaron hasta los pelos del coño, mezclándose con su flujo.

Se dio la vuelta y se puso a lamerme la picha. Estuvo durante un buen rato chupándola como un chupa-chup, pero yo ya estaba extasiado y no me subía apenas.
Entonces, ella cogió las esposas, poniéndomelas de nuevo, me subió los pantalones y me hizo salir del coche, para echarme en el asiento de atrás. Yo estaba demasiado cansado para decir nada, así que me limité a tumbarme. La chica se vistió con el traje de policía, sin incluir las bragas. Se puso una camiseta, que sacó del maletero, para poder llevar la chaqueta abierta. Los pezones puntiagudos se clavaban en la camiseta semi-transparente. Se colocó la gorra y unas gafas de sol negras. Arrancó el coche y me di cuenta que volvíamos a la ciudad. Tumbado en el asiento de atrás, podía ver reflejado en el espejo retrovisor su chocho, aún hinchado. Si seguía provocándome de ese modo, en pocos minutos iba a estar preparado para volver a gozar con la poli cachonda.

De repente, paró el coche. Me hizo bajar y vi, con sorpresa, que estábamos frente a la puerta de la comisaría. Le pedí explicaciones y me contestó: ¡Te vas a enterar del puro que te voy a meter por haberme dejado insatisfecha, tío mierda!
Estuve dos días en la cárcel. Ella me hacía visitas muy a menudo para disfrutar de mi cuerpo como le apetecía. La verdad es que, a pesar de estar preso, lo pasé fenomenal. Con esa poli he experimentado orgasmos inolvidables, que ya contaré en otra ocasión.

El problema de los salarios en la fábrica en que trabajo sigue sin solucionarse. Por ello, vamos a organizar una manifestación próximamente. Ésta va a ser sonada. Seguro que vendrá mucha policía. Entonces, yo estaré en primera fila para exigir mis derechos a ser interrogado por una poli como manda la ley.
 

La Pulga

 

callejon.oscuro@mailcity.com Volver al Indice de la Pulga