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Era un fin de semana como cualquier otro, sábado para ser más concretos, y el grupo de amigos de siempre en el pub habitual. Normalmente salíamos en parejas, y ese día no era una excepción, aunque el ambiente estaba un poco revuelto por un incidente externo al grupo, pero que estaba dando de que hablar.
Yo estaba hablando con una amiga, Sonia, mientras mi novia estaba con otras chicas comentando el suceso. Por otra parte, el novio de Sonia, Javier había ido a comprobar el aparcamiento de su coche, era nuevo y le parecía que en cualquier lugar le podía pasar algo. Sonia era una chica bastante atractiva, melena larga y morena, delgadita y alta, más aún con las botas altas que llevaba.
Entre nosotros siempre había un rollo especial, porque hacía unos años estuvimos apunto de enrollarnos en serio, pero al final cada uno seguimos caminos por separado, aunque una química especial seguía existiendo.Esa noche me llamó especialmente la atención, porque aunque solíamos hablar, tenía una actitud diferente, que me recordó mucho al pasado. Cuando hablaba se acercaba mucho a mi, ya que la música estaba bastante alta y cada vez su cuerpo se aproximaba más hasta llegar a rozarme. La verdad es que me empecé a poner un poco incómodo, ya que mi novia estaba prácticamente al lado, pero en ese momento comencé a percibir su intenso perfume.
Era lo peor que me podía haber pasado, porque tengo una debilidad especial por los perfumes, así como por los zapatos de tacón, y Sonia esa noche cumplía ambos requisitos, por lo que un poco embriagado, decidí seguirle el juego, ya que al haber tanta gente en el pub mi novia no se daría cuenta.
- Creo que estás jugando con fuego Sonia, y te puedes quemar
- Eso quisiera yo, quemarme
- Pero bueno, es que no tienes bastante con Javier
- Pues la verdad es que si, pero no se porqué me estás poniendo muy caliente esta noche
- Tu estás mal de la cabeza, pueden vernos.
Y en ese momento llegó el novio, le dio un beso y volvió a conversación con sus amigos. Ahí Sonia dio un paso más y muy disimuladamente comenzó a acariciarme el pantalón que ya estaba un poco abultado por los roces anteriores.
- Sonia... Sonia, te estás pasando
- No, estoy muy caliente y mi novio muy ocupado para atenderme, además creo que es el momento de probar lo que no hicimos en su momento.
- Estás loca, pero podemos quedar algún día y se te va a quitar la curiosidad.
- No, quiero que sea ahora mismo, vamos al aseo.
- Se te va la cabeza, hay 300 personas aquí
- Yo voy, ya, solo te esperaré 1 minuto, si no has entrado perderás tu oportunidad
Sin decir nada más, se dio la vuelta y moviendo sublimemente su culo contorneado por una falda a la altura de las rodillas, se dirigió al aseo. Cuando estaba llegando se dio la vuelta, me miro y guiñó un ojo. La verdad es que me había puesto muy caliente y tenía que comprobar si iba de farol o realmente estaba caliente. Sin pensarlo más me dirigí allí y sin mirar atrás entré dentro y cerré la puerta con el pestillo.
En ese momento, y sin mediar palabra se arrodilló frente a mi, me bajó salvajamente los pantalones y el slip y comenzó a lamer todo mi pene. No me dio tiempo ni a asimilar lo que estaba pasando. Cuando lo tenía bien mojado se lo fue introduciendo poco a poco en la boca. Por otros amigos yo ya conocía de su especial habilidad para chupar falos y no había exagerado ni un ápice. En un segundo lo tenía enterrado hasta la garganta y entraba y salía con un ritmo frenético. Me tenía cogido por el culo y ella orientaba con sus manos el movimiento de caderas para la follada oral. Subía y bajaba y con una mano pasó a acariciarme los huevos, que no tardó en meter también en su boca. Tal habilidad estaba apunto de provocarme un orgasmo y ella lo sabía, pero no había mucho tiempo, por lo que me senté en el WC y le ayudé a subir su falda para arriba, hizo el tanga hacia un lado y puso mi pene justo en la entrada de su coño. Sin pensarselo mucho, fue bajando hacia abajo despacio hasta meterselo por completo. Uuuuummm, estaba mojadísima y no costó nada, due como cortar mantequilla con un cuchillo caliente.
Muy lentamente fue subiendo y bajando, mientras yo le subí el top ajustado que llevaba puesto y ante mi quedó una talla 100 de sujetador. Le fui besando sus pechos por encima y sus pezones, que ya por aquel entonces estaban como piedras. Después le bajé las copas del sujetador y aquellos descomunales pero firmes pechos quedaron a mi total disposición. Le chupaba los pezones y los succionaba en mi boca mientras ella seguía cabalgando sobre mi polla cada vez más rápidamente.
- Vamos zorra, que bien follas, ya tenía yo ganas
- Si verdad cabrón, te gusta como te follo, eh?
- Si, sigue moviendote así
Empezó a curvar su espalda de placer, en gran medida por lo excitante de la situación, estabamos follando en el aseo de un lugar público, pero tambien porque mi pene trabajaba muy bien dentro de su coño. Cuando se hacía para atrás su clítoris quedaba totalmente a mi vista, por lo que me decidí a acariciarlo, lo cual aceleró en ella el orgasmo. En un instante se puso a gritar como una verdadera puta y tuvo un orgasmo bestial. Mi pubis estaba totalmente mojado por la gran cantidad de fluido que estaba echando.
En ese momento sacó mi polla de su coño y poniendose nuevamente de rodillas la volvió a chupar, si cabe más violentamente que la primera vez.
- Vamos cabrón, dame toda tu leche, damela ya.
- Si, toma, tragatela toda zorra
Y en ese instante mi polla comenzó a dar sacudidas dentro de su boca, inundándola por completo de semen. Ella tragaba ávidamente, pero no pudo evitar que algo se le escapara por la comisura de los labios. Lo cogía con un dedo e impregnó su clítoris con el semen.
- Follas como una verdadera puta, Sonia
- Y tu tienes una polla deliciosa, por lo que siempre que me de la gana te voy a follar, donde y como quiera
De la manera que lo dijo, parece que quedó bastante satisfecha. Nos pusimos la ropa rápidamente y ella salió primero. Yo espere unos minutos, y cuando salí fuera estaba sumida en un profundo beso con el novio, lo cual me provocó otra tremenda erección, ya que hacía menos de dos minutos que me había derramado en aquella boca. Así que no tuve más remedio que inventarme una escusa, coger a mi novia y perdernos en un descampado para sofocar nuevamente mi excitación.
Así fue mi primer encuentro con Sonia, pero hubos más que ya les iré relatando....
Geoffmen
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