Evasión de la rutina
 

    Me encanta que los hombres me llamen Sandy, aunque mi verdadero nombre es Sandra, porque si me comes como un helado, notarás lo dulce que soy.

Tengo 31 años y soy ejecutiva en una consultora financiera desde hace 6 meses. Mi trabajo me ocupa mucho tiempo y me estresa demasiado. Creo que tanta descarga de adrenalina durante mi jornada laboral es lo que provoca que me encuentre tan deseosa de sexo.

No pasa ni una noche en que, después de darme una ducha relajante, me quede unos minutos contemplándome en el espejo, y mi mente me hace verme rodeada de hombres con las pollas bien erectas, que me manosean y me lamen. Me sobo las tetas y el coño, cerrando los ojos para creer que son esos hombres imaginarios los que me tocan. Mi conejo rápidamente empieza a chorrear. Me abro los labios delante del espejo para contemplar fascinada lo inflado que se me llega a poner el clítoris. Me doy la vuelta y me pongo a cuatro patas, abriéndome bien la boca de la vagina con las manos, para ver cómo brilla el flujo de su interior con la luz amarilla del baño. En esos momentos sé que podría satisfacer a un hombre y a un regimiento.

Os deseo a vosotros: hombres jóvenes que pueden aguantar la furia vaginal de esta mujer, alta, rubia, estilizada, elegante, cintura fina, anchas caderas, piernas esbeltas y pecho grande, pero no desmesurado, que demanda vuestros penes y lenguas incansables. Pero, también adoro a los hombres maduros que saben tratar a las mujeres en todas partes, incluido en la cama o donde más morbo te dé.

Estoy separada desde hace 1 año, pero sigo acostándome con mi ex-marido, llevando casi la misma vida sexual que en el matrimonio. Hasta hace un tiempo me sentía satisfecha  haciendo el amor con él de forma más o menos regular y no me apetecía serle infiel. Pero, desde que conseguí el ascenso, ya no me conformo con follar siempre con el mismo hombre. Mis fantasías sexuales se salen de lo normal y se han convertido en inconfesables incluso para él o mis amistades de más confianza. Siento la necesidad de encontrar verdaderos amigos con los que poder intercambiar estos pensamientos, que parecen salir mojados directamente de los genitales hacia la cabeza para ponerme caliente. Necesito gente que me escriba contándome lo que podría hacerme para calmar mi ardor.

Aunque llevo varios meses pensando en llevar a la práctica mis sueños más eróticos, todavía no he hecho nada con nadie que no sea mi ex-esposo. Por eso, pido que en vuestras cartas tengáis un poco de tacto, pero a la vez, que consigáis excitarme al leer vuestras sugestivas ofertas, para que pueda atreverme con vosotros a entrar en el vicio. Cachonda ya estoy. Sólo me hace falta un empujoncito...
Estoy harta de masturbarme yo sola. Pero, si no quieres contacto físico, sí me apetece que me mires mientras lo hago. Algunas veces, en mi casa o en el chalet del campo, jugando con mi cuerpo y mi consolador de 24x5, he imaginado que alguien me observaba a escondidas y, así, me he corrido mucho más rápido.

Confieso que soy algo exhibicionista, pues los fines de semana soleados, suelo ir a una explanada cercana al chalet a tomar el sol desnuda. Cuando mi ex-marido me acompaña, siempre terminamos haciendo el amor, a pesar de que a él nunca le ha gustado que pueda vernos alguien. Por el contrario, a mí es justamente esa posibilidad la que me incita todavía más a follar. Y cuando él no viene, en muchas ocasiones, he soñado con que algún vecino me descubría y se echaba encima de mí. Mi moreno realza aún más mis curvas. Me parece muy insinuante verter un poco de agua refrescante sobre mis oscuros pezones, y que resbale desde mi ombligo, por mi plano vientre, hasta mi conejo dorado al sol.

Que no haga buen tiempo no impide que me vaya al campo los fines de semana, que es cuando puedo olvidarme un poco del agobio del trabajo. Me escapo a algún lugar apartado y me hago unas pajas en plena naturaleza. A veces pienso que me gustaría que algún hombre lograra ponerme tan húmeda que pudiera meterme la mano entera y encontrar mi punto G sin dificultad.

Sin embargo, no son los dedos ni los masturbadores de plástico los que más orgasmos me provocan. Mi verdadera pasión es el sexo oral. Como podéis deducir de lo que he dicho nada más empezar, me vuelvo loca cuando me lamen el chocho. Para hacerlo más apetecible, me lo depilo regularmente, dejando sólo un pequeño triángulo rubio en el pubis. En cuanto siento una lengua vivaz acariciando mis labios afeitados, me descontrolo. Con unos cuantos lametones por mi vulva, puedes lograr que empalme múltiples orgasmos. De este modo, a veces, he eyaculado, y éstas han sido mis corridas más inolvidables.

Seguro que tú eres capaz de chuparme el coño hasta que se seque. Si lo logras, te recompensaré con la mejor mamada que hayas tenido nunca. Puedes verter tu leche en mi boca o esparcirla por mi cuerpo. Por muy grande que tengas la polla, te aseguro que puedo tragármela entera. Mi garganta está lo suficientemente entrenada para ello. Y si, aún así, no cupiera, yo tengo otros agujeros donde seguro que sí podría hacer un hueco.

Uno de mis hobbies es introducirme en la vagina cualquier cosa que tenga aspecto de picha y rozarme la vulva con lo que tenga a mano. Con unas frutas, dulces, botellas de buena bebida, etc., podemos divertirnos mucho, antes de saborearlos con la mezcla de nuestros jugos y corrernos a la vez haciendo un 69. Una buena comida es el complemento ideal para una velada íntima, en la que podemos llegar a penetrar a fondo el uno en el otro.

También soy una fan de la lencería fina. Mi sueldo me permite comprarme algunos caprichitos muy sexis. Como mantengo la línea, todo lo que me pongo me queda fenomenal. Normalmente utilizo tangas porque son más cómodos para sacar en cualquier momento el culo y la raja, con lo que puedo estar preparada en cualquier momento para que me coman y dispuesta a que me follen. Cuando llevo algún top, no me pongo sujetador, porque de este modo pienso que, si algún chico me lo levanta, puede avalanzarse sobre mis tetas directamente, sin perder tiempo. No obstante, un sujetador bonito tiene mucho encanto sobre unas buenas tetas como las mías y merece la pena enseñarlo. Por eso, tengo muchas blusas transparentes que, cubiertas astutamente con una chaqueta, son ideales para ir a trabajar o salir. Y si sé con certeza que voy a tener ocasión de follar con mi ex, me visto con un body o un corpiño de encaje o me pongo un liguero. Así, siempre estoy deseando que me quite la ropa y que, al ver lo que llevo debajo, no pueda aguantar la erección y me la meta. Espero que a ti te pase lo mismo cuando me pruebe delante de tus ojos mi colección de ropa interior. Tú mismo podrás abrocharme y desabrocharme el sujetador, apretarme el corpiño para alzar mis tetas y ajustarme bien las bragas en el chichi.

Me doy cuenta que tengo mucho que ofrecer a los machos y no voy a perder más tiempo en pensar sin pasar a la acción. Mi mente es una fuente de ideas de placer y mi cuerpo sirve para darles cauce. Si crees que serías capaz de saciarme, atrévete...
 
 

La Pulga

 

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