El Viaje  (II)
Por El doctor


 
Por fin habíamos llegado al paraíso, un breve trayecto en coche por un camino de tierra (breve pero suficiente para que ella se vistiera a mi lado) y comenzó la aventura. Nos esperaba el bosque, la oscuridad de la naturaleza.

Hacía años que visitaba aquel lugar y cada vez que lo hacía descubría nuevos y hermosos secretos de aquel vergel, pero esta vez me iba fijando en las piernas de aquella que abría el camino. Sus piernas perfectamente depiladas comenzaron a transpirar y ese sudor hacía brillar sus músculos remarcando la belleza de su cuerpo.

La irregularidad del terreno transformaba los senderos en subidas y bajadas continuas, andaba yo cautivado por sus piernas cuando la inclinación del terreno hizo que su falda dejara de cubrir a la vista su hermoso y.. desnudo trasero.

Ella se paró en lo alto de la colina y se giró para que la siguiera, todo su sexo quedó a la vista, ella debió notar como mi mirada se transformaba en deseo, y se rió. Dio la vuelta y se agachó para enseñar todo su trasero. El brillo de sus piernas y la oscuridad de su sexo eran una mezcla explosiva.

Salió corriendo y en aquel bosque se vivió una auténtica cacería... el pequeño cervatillo tiró la mochila y huyó mientras el lobo la perseguía aullando y acortando la distancia que les separaba.

La espesura de aquel bosque se abrió a un claro, un hermoso y llano lugar, cubierto de hierba corta, circundado por un riachuelo y completamente solo.  Con un gesto de extenuación, el cervatillo paró en mitad del claro y se tiró sobre el césped. Momento que aprovechó el lobo para atacar. El cuerpo de ella temblaba por la agitación de la carrera, y su respiración entrecortada era mezcla de pasión y de cansancio. Aún sentía en su sexo las caricias que había recibido en el coche minutos antes, y su lengua en mi boca me pedía más. Su camiseta sudada desapareció entre la hierba y dos pechos redondos, sonrosados, con pezones húmedos recibieron las caricias de mis labios y de mi lengua. Sus oscuras perlas carnosas fueron tomando cuerpo conforme los iba succionando, a medida que los mordía y jugaba con ellos, fueron endureciendo. Empequeñeciendo... todo lo contrario que mi sexo. Mis manos acariciaban su cintura, una de ellas subió su faldita dejando a la vista la cueva de mis mejores sueños. En aquel momento mientras contemplaba la abertura de sus labios, con una pierna me echó hacia atrás y salió corriendo. Nuevamente el cervatillo trataba de huir, pero esta vez no duró dos pasos la carrera, rápidamente corrí a su lado y la empujé contra el suelo.

- No te vas a escapar de ser devorada – le dije mientras me quitaba el cinturón.

De pié pude ver sus pechos latir, moviéndose con la respiración y sus ojos mirar detenidamente lo que ocurría en mi pantalón. El cinturón cayó al suelo y ella no tardó en desabrochar mis pantalones, al hacerlo acariciaba mi paquete, y pronto los quitó de mis piernas dejándome en ropa interior. Con su lengua recorrió la tela de mis boxer, siguiendo el perfil que dejaba mi pene debajo de él.

- La que te va a comer soy yo – Dijo mientras me bajaba los calzoncillos, y recogía entre sus manos mi sexo duro y caliente.

Su mano derecha agarró fuertemente mi linga desde la base y con la lengua fue recorriendo cada centímetro de él. Despacio, haciéndome cosquillas, su lengua iba subiendo desde la base hasta el glande, suavemente, regando con su saliva cada poro de mi dura carne. Su otra mano acariciaba mis testículos y mi culo, cuando sentí como todo mi glande entraba en su boca y era apretado entre sus labios, y era acariciado por su lengua. Ella hundió mi sexo en su boca y se movió pajeándolo con buen ritmo. Su movimiento cesó en un placentero instante en el que sus dedos jugaban en torno a mi ano, acariciándolo y reteniendo todo el contenido de mi tronco dentro de su boca. Mientras sus dedos me acariciaban, sus labios aprisionaron mi glande y su lengua comenzó a lamer frenéticamente mi frenillo. Una oleada de placer me sacudió y con un brusco gesto retiré mi húmedo sexo de su boca.

Ella con su mano izquierda me sujeto el pene y con la ayuda de su saliva comenzó a masturbarme suavemente, las sensaciones se multiplicaban al ver cómo su mano se movía fluida sobre mi sexo. Su mano derecha acabó con sus dedos entre sus labios, ella los chupaba y los introducía en su sexo, mientras con la izquierda seguía con una fenomenal paja. Sus dedos volvieron a su boca y cesó la paja.

Me atrajo hacia sí y de nuevo comenzó a comer mi polla. Su boca fue receptora de mi calor y yo fui receptor de sus dedos, aquellos dedos que habían recorrido sus labios y su sexo jugaban a la entrada de mi ano. Su ritmo aumentó y sentí como su dedo entraba en mí. Sentí como el calor invadía mi cuerpo y sus movimientos en mi sexo se hicieron más y más rápidos. Se sacó el miembro y comenzó a lamerlo, yo ya no podía más, las cosquillas de su lengua en mis testículos, el calor de su mano en mi culo, su dedo en mi interior, era demasiado y comencé a sentir el orgasmo.

- auuuuuu, auuuuuu – chillé como un lobo mientras mi pene alcanzaba el máximo de su dureza para ayudar en el impulso al semen, que salió a borbotones sobre el pelo y el pecho de la cervatilla.

Conociendo bien mis sensaciones, ya estaba preparada para recogerlo, y el resto de mi líquido encontró cabida en su boca. Su lengua jugó con el líquido caliente entre sus labios y lo esparció sobre mi pene para volverlo a engullir con su boca unos instantes después. Su dedo salió de mi ano y dándome la vuelta, recorrió éste con la lengua, dejando una sensación que nunca olvidaré y que provocó que mi sexo no se durmiera del todo.

- Así que te gusta mi culo, pues vamos a ver cómo esta el tuyo – Dije mientras la giraba sobre el césped. La vista de su culo era muy sugerente... me agaché y comencé a lamer su sexo, sus labios mayores se apartaron al paso de mi lengua y con ella jugué sobre los menores, recorriéndolos de arriba abajo, sin penetrarla, rozando apenas su clítoris.

Abrí sus nalgas con mis manos y goce del espectáculo de sus agujeros a mi alcance. Introduje mi lengua en su vagina, el rosa de su sexo se abrió al paso de mi lengua y la moví en su interior haciendo temblar sus piernas y subir mi polla.

Después lamí su perineo, su ano, con círculos sobre él hice que un suspiro saliera de sus labios. Mis manos alcanzaron con dificultad sus pechos y los pellizcaron y le dije:

- Háztelo para mí -

Ella obedeció y vi como una mano se deslizaba bajo el vientre hasta llegar a su mojado yoni. Sus dedos comenzaron a frotar con fuerza sus labios mientras yo masturbaba mi cada vez menos fláccido pene.

Pero no estaba yo allí para ver espectáculos, bastante había tenido yo en el coche, no, ahora yo iba a jugar también. Acompañé a sus dedos, los lamía, ella seguía boca abajo y seguía dejando a la vista todo su sexo, todo su culo. Ora lamía sus dedos, ora lamía sus labios, ora introducía la lengua en su sexo... y mi sexo cada vez estaba más duro.

Y de golpe entró en su interior, rellené su sexo con un único movimiento de caderas. –aaaaaaa- un quejido salió de sus labios y casi me iba a llamar bruto cuando me moví en su interior y otro suspiro salió de sus labios. Mis caderas tomaron un buen ritmo y mi sexo se endureció del todo cuando comenzó a penetrar con fuerza su coño ardiente.

Mi estómago se golpeaba con su culo, y mis testículos rebotaban al compás de sus pechos en cada nueva embestida. Tas, tas, tas Una larga, una corta, muchas rápidas, mis ritmos cambiaban en función de sus gemidos. Y sus gemidos aumentaron cuando su mano acariciaba su clítoris, y tornaron en gritos cuando el primer orgasmo llegó con mi aumento de ritmo, cuando sus nalgas temblaban ante la fuerza de mis caderas. Todo mi sexo se clavaba en su interior. Toda mi dureza se enterraba entre sus piernas. Hasta que un segundo orgasmo llegó y sus jadeos casi provocaron que me corriera en su interior. No, yo tenía algo mejor.

Mientras sacaba una verga chorreante por los flujos de su interior, me incliné sobre su culo y me puse a lamer su ano, dos dedos entraron en su vagina y los conducí mojados sobre esa otra cavidad. Su sexo estaba húmedo y mis dedos se lubricaron perfectamente para llegar a su interior. Su ano recibió su carne perfectamente, no dudó un instante y se abrió al paso de aquellos que le proporcionaban aquel conocido y extraño placer. Mis dedos salieron y con la lengua deposité un poco de saliva en el hueco que habían dejado. Su carne marrón sentía el blanco suave de mi saliva cuando la cabeza de mi sexo se mojó en él presionando hacia su interior.
Una ligera presión provocó que la punta se perdiera entre sus nalgas...

Y detrás se perdió toda la carne de mi sexo. Un silencio reinó en el bosque. El dolor se mezclaba con el placer en el interior de su cuerpo, pero el primer suspiro obedeció a la victoria del placer. Dejé caer un pequeño reguero de saliva sobre su espalda, que llegó a la zona donde se fusionaban mi cuerpo y el suyo y una mayor suavidad permitió el movimiento de mis caderas introduciendo todo mi sexo en su interior.

Sentía la dureza de la penetración y sentía acercarse el orgasmo, cuando comencé a escuchar sus gemidos, su ronca respiración, mi pulso se aceleró y ella me dijo.

- córrete, ah venga, sabes que mi culo uh espera tu leche, venga, cógeme hh fuerte, más... no me duele, sigue... sigue... ah, folla mi culo, fhollahmee... ahhh -

- ummm – mi pene salió suavemente y los dos nos tumbamos en la hierba, nos besamos con ternura y ella me acarició el pecho mientras un hilo de semen caía de su interior.
 

El doctor
 
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