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La carretera estaba sola, marchábamos a buena velocidad, mi padre apretaba el acelerador cuando veía una buena pista.Hola, me llamo Rosa y tengo 23 años, la gente que me conoce, dice que soy muy simpática, alegre y divertida, mis amigos me llaman “La Basinguer” por que me parezco a ella físicamente, tanto en el pelo, como en la cara y el cuerpo.
Mis padres me habían recogido de Salamanca, donde estudio, para pasar las vacaciones de verano.
El día era caluroso y yo llevaba puesto solamente un traje de tirantes con un gran escote por delante que dejaba ver la canal de mis hermosos pechos, el pezón se marcaba ajustado en la tela y con cada bache, se bamboleaban a placer ya que no utilizo sujetador. Paramos junto a un bar de carretera para tomar un refrigerio y después de colocar el coche bajo la sombra de un gran árbol, nos sentamos en unos veladores, el paisaje que se veía era precioso, los montes frondosos y verdes (gracias al agua caída la primavera pasada) y un riachuelo que bajaba, con un agua limpia y cristalina que remansaba, formando un pequeño lago al fondo del barranco.
Justo enfrente de nosotros, descansaba un ciclista sentado en el tronco de un árbol caído, rubio, fuerte, se había quitado la gorra y el pelo le caía por la frente, tendría unos 25 años, tenia una botella de agua en las manos que se pasaba por su rostro, quizás para recoger el fresco de la misma. Se levanto y acercándose a nuestra mesa, le pregunto a mi padre que si podía prestarle un destornillador, para una pequeña reparación. Fernando que así se llamaba el joven, tenia los ojos azules y unos dientes blancos que asomaban a su rostro continuamente en cada sonrisa. Me aleje con mi madre en dirección al lago, mientras los dos hombres reparaban la bicicleta.
Los pinos, altos estaban llenos de piñas que dejaban en él ambiento un olor muy agradable, justamente al salir a un pequeño claro del pinar, los vimos, eran 3 hombres de mediana edad con barba de varios días sucios y con las ropas muy ajadas, se acercaron a nosotros y sin darnos tiempo a reaccionar, de un empujón nos lanzaron dentro de unas jaras, altas que impedían toda posible visión.
Sentía su aliento en mi cuello, me había tendido de cara en el suelo y mientras con una mano me tapaba la boca, la otra se había apoderado de mis muslos y subía con gran rapidez, buscando mis bragas, llego al filo de las mismas y metiendola por el pernil, de un tirón me las arranco junto a varios bellos pubicos. Tenia una fuerza descomunal, pues sin aparente esfuerzo, me dio la vuelta y acercando su boca a mi oreja, me dijo que me iba a quitar la mano, pero que si daba algún grito, jamás volvería a ver la luz, acto seguido, se bajo los pantalones hasta las rodillas y como no llevaba nada mas, dejo ver un cipote largo y grueso que se mantenía totalmente erecto y pegado a su barriga. Me levanto el vestido hasta la cintura y agarrandose la “tranca”, la enfilo hacia la raja de mi coño con mucha tranquilidad, la cabeza efectuó un poco de presión y luego fue entrando con cierta dificultad. Las manos se ocupaban de tocar mis pezones, los cuales se habían puesto rígidos y la sensación de temor, fue poco a poco y muy a mi pesar, desapareciendo.
Sin lugar a dudas sabia echar un polvo a la perfección, ya que no paraba de tocar mis pechos en pequeños y suaves círculos, mientras su poya entraba y salía de mi rajita cada vez con mas holgura, debido a los néctares que corrían por mi vagina.
Su boca me chupaba los labios con furia y su lengua hacia diabluras, el olor a sudor y a hombre, me enardecía y de pronto sentí un gran placer que me recorría toda la espina dorsal y me hacia suspirar y convulsionarme, justo cuando mi chocho se inundaba del esperma que había soltado mi violador cuando se corrió.
Nos quedamos tendidos uno sobre el otro y entonces, recordé a mi madre, levante un poco la cabeza y la vi como a cuatro metros de mí, estaba con los 2 hombres, desnudos totalmente y por sus caras, imagine que lo estarían pasando divinamente.
Mi madre tenia 51 años, en su juventud, había practicado la natación y tenia un cuerpo envidiable, muslos prietos, culo durísimo, buenas tetas y espaldas amplias.
Uno de ellos, le tenia metido el carajo en la boca totalmente y mi madre chupaba con deleite y placer, mientras el otro, estaba metido entre sus piernas y le estaba efectuando una comida de coño intensa.
El tipo que estaba encima de mí, se levanto y subiéndose los pantalones, llamo por su nombre a los otros dos, mientras se alejaba entre los pinos. Una vez que los tres se esfumaran tan rápido como habían aparecido, mire nuevamente en dirección a mi madre y vi que se había vestido completamente, yo termine de arreglarme lo mejor que pude y cogiendola de la mano, subimos en dirección al bar de la carretera.
Mi padre y Fernando, estaban sentados en una mesa, la bicicleta la habían subido al coche y nos estaban esperando. Comentaron que no se podía arreglar y que nos acercaríamos hasta el pueblo próximo que era donde vivía Fernando para dejarlo en su casa. El camino era muy bonito y escarpado, la carretera se estrechaba cada vez mas y por fin después de media hora de marcha, llegamos al pueblo. De nuestra aventura como es normal, no habíamos comentado nada, pero yo estaba deseando ducharme para quitarme ese fuerte olor que tenia. Fernando, tenia una hermosa casa con dos plantas y un patio interior con un huerto y bastantes gallinas. Me dejo sin problemas que usase su cuarto de baño y me subí una de las maletas para poder cambiarme. Mi padre, gran admirador del arte antiguo, fue a visitar la iglesia románica de la villa y su claustro. Mi madre, después de asearse, paso al huerto con Fernando para ver las plantas y legumbres que tenia sembrado.El agua caía por mis pechos, arrastrando la espuma que se depositaba en mi bien poblado chocho, la ducha siempre me había relajado y era mi lugar preferido para masturbarme. Cuando me estaba secando y a través de la abierta ventana que daba al huerto, sentí unas voces apagadas, me asome con cuidado y lo que vi me dejo sin aliento, mi madre, estaba apoyada en la pared del gallinero, con la falda subida, enseñando su hermoso culo, mientras que Fernando con los pantalones bajados, la tenia totalmente empalada por detrás, las manos las tenia metidas bajo el jersey tocándole los pechos mientras que le mordía el cuello. En cada envestida se la metía hasta los huevos y mi madre daba pequeños alaridos de placer pidiendo – mas, mas, mas --.
No lo pude remediar, viendo esos dos culos tan tremendos, mi mano derecha bajo hasta mi coño y metiendome dos dedos, con el pulgar me masajeaba el clítoris, mientras que mi mano izquierda, retorcía mis pezones. Fernando soltando un taco, se envaro y comenzó a soltar leche, poniendo los muslos de mi madre mojados y pringosos, yo solté un gritito y con una enorme sacudida, comencé a correrme, gracias a que estaba agarrada a la tubería, no me caí de espaldas.
Me asome nuevamente con mucho cuidado cuando me repuse ya que sentía ruidos raros y pude ver como mi madre, había puesto una pierna encima de la pila y Fernando, se había colocado entre sus muslos agachado y tenia la boca metida en su chocho comiéndoselo. Mi madre lo tenia agarrado por el pelo y apretaba la cabeza contra su chomino, justo cuando soltando un suspiro comenzó a convulsionarse, señal de que se había corrido, sonó el llamador de la puerta. Mi padre al entrar, venia contentísimo, había descubierto unas tumbas de los condes de Tamariz y pensaba comunicárselo a todos sus amigos.
Mi madre, que estaba radiante y feliz, me miraba con ojos de picarona y me decía que todas las veces que tuviese vacaciones vendrían en mi busca ya que ella veía que mi padre estaba CONTENTO, DICHOSO y que los viajes sobre todo por los montes de PINOS, le sentaban muy bien para su salud.
Fistulo
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