Los cuernos de mi sargento ( y II)
Por Rigodón
 
Y así fue. A los pocos días, Maica se enteró de que mi mujer tenía que ir el fin de semana a su pueblo, para arreglar unos papeles con su madre. Cuando me vio en el patio, se acercó a mí y me dijo:

- Acepto tu oferta. Este fin de semana que se va tu mujer, le diré a mi marido que me voy a ver a mi hermana y que pasaré la noche del sábado en su casa. Podrás llevarme a un hotel -.

- ¿No querrá ir contigo a ver a tu hermana? -, le pregunté yo, no muy convencido.

- No. Él tiene servicio el sábado por la tarde y el domingo por la mañana. Además hay fútbol en la tele. No creo que quiera venir. Me vendrá bien, porque así él se queda con los niños -, me explicó.

- Está bien. Esta tarde iré al pueblo de al lado a comprarte ropa. Pero prométeme que te pondrás todo lo que te compre -, le dije yo.

- Te lo prometo -.

- Bien, pues apúntame en un papel todas tus tallas, tanto de sujetador, bragas, como de pantalones, camisa, etc. -.

- ¿Es que me vas a comprar la tienda entera? - bromeó.

- Por si acaso -.

Una vez ella me dio todas sus tallas, me inventé una excusa para ir al pueblo de al lado a comprar ropa. Estuve mirando toda la tarde en un sitio y en otro, hasta que por fin me decidí.

Una muchacha muy amable me enseñó varios vestidos de la talla que yo le había dicho. Todos eran muy bonitos y sexy, pero me decidí por uno blanco. Me dijo que ese vestido era muy ajustado y que era conveniente llevarlo con tanga, así que le compré uno bonito.

Después me fui a una tienda de lencería y tras largo rato intentado decidirme, le compré un conjunto muy excitante que seguro le quedaría muy bien.

Sólo me faltaba el hotel. Así que fui a una agencia de viajes y compré un talón canjeable por una habitación doble en un hotel de cinco estrellas. Me informé de que hoteles había en la capital de la provincia, y me recomendaron uno muy lujoso, que estaba en pleno centro de la ciudad. Pedí que me dieran el teléfono, y desde mi móvil, reservé una habitación de matrimonio para el sábado por la noche.

Cuando volví al cuartel, guardé todo lo que había comprado en el maletero del coche. No quería que nadie lo viera, y allí era un buen escondite.

Por fin llegó el sábado. Mi mujer se fue muy temprano y me dijo que volvería el lunes. Yo le dije que la llamaría por las tardes, para ver como estaba. Después de comer, cuando escuché al Sargento y a otro compañero, como salían con el coche patrulla y se iban de servicio, cogí todas las cosas que compré y se las subí a Maica.

Ella me abrió y me dijo que pasara. Sus hijos estaban viendo la tele, así que me dijo que la acompañara a su dormitorio. Una vez allí, cerró la puerta y yo fui abriendo cajas.

- Mira que vestido te he comprado -, le dije mientras se lo enseñaba. Ella se quedó asombrada, no creía que fuera verdad todo lo que le había dicho. - Te lo tienes que poner con este tanga y con estas medias. También te he comprado los zapatos -.

- ¡Qué bonitos son!. Me encanta el conjunto. -, dijo ella.

- Pues esto no es lo mejor. Mira que conjunto de lencería más sexy, para por la noche -.

- Es un poco atrevido, ¿no? -.

- Me dijiste que te pondrías lo que te comprara. También he reservado una habitación en el Hotel Miguel Ángel en Salamanca -.

- ¿A Salamanca vamos a ir?. Si está a más de una hora de aquí -.

- Sí, pero así nos aseguramos que nadie nos conozca -.

- Está bien, a qué hora quedamos. Me tengo que duchar -.

- A las siete ya es de noche. Así que te esperaré a esa hora en el garaje. Intenta que no te vea nadie, y que no se te olvide echar el bolso con la lencería -, le dije.

Pasé el resto de la tarde muy nervioso. Me iba a acostar esa noche con la mujer del Sargento, y ella estaba muy buena. Además, a mis veinticinco años, era la primera vez que me iba a follar a una mujer diez años mayor que yo. Era un plan bastante arriesgado pero muy excitante. Me duché y me afeité. Me vestí casi una hora antes. Esperé a que anocheciera y que dieran las siete de la tarde. Y justo en ese momento, cogí un pequeño bolso con mis enseres personales, y me dirigí al garaje para meterlo en el coche.

Justo cuando me disponía a abrir la puerta, sentí tras de mí el ruido de unos tacones. Me giré y apareció Maica, que con solo mirarla me puse a cien. Ella se acercó a mí y me dijo:

- ¿Qué tal me queda?-.

Estaba muy sexy. El vestido era blanco, anudado al cuello y dejando toda la espalda al descubierto. A la altura de la cintura se volvía a unir, y bajaba hasta abajo muy ceñido, pronunciando su hermoso culo y sus caderas. Le llegaba hasta casi las rodillas. Tenía un escote de pico, que acababa más abajo de sus pechos, por lo que no podía llevar sujetador. Debajo llevaba puestas las medias que le compré, que eran de red y de color carne. Los zapatos le quedaban muy bien. Eran también blancos, tipo sandalias, con tacón, dejando los dedos al descubierto y atado con lazos.

- Creo que te has colado un poco. El vestido casi me deja al descubierto las tetas por los laterales. Además, con este escote no me puedo agachar mucho -, me dijo ella.

- No te preocupes, a donde vamos no nos conoce nadie -, le dije yo, para tranquilizarla un poco. Metimos los bolsos en el maletero y nos subimos al coche. Me di cuenta de que iba maquillada muy natural y muy guapa. Al montarse ella, el vestido se le subió un poco, dejando al descubierto unos bonitos muslos que rápidamente acaricié.

- ¡Vámonos rápido de aquí, antes de que nos vea nadie! -, me sugirió ella.

La hora y pico de viaje la hicimos hablando y tocándonos, lo que podíamos claro. Yo intentaba acariciarle las piernas, con aquellas medias de red, subirle el vestido poco a poco, pero antes de que llegara al tanga, me cogía la mano y me la quitaba. - ¡Presta atención al coche! -, me decía. Pero yo no podía, con aquel escote, con sus senos saliéndose del vestido por los laterales...

Llegamos a Salamanca y me dirigí inmediatamente al hotel. Recogimos la llave en la recepción y subimos los bolsos a la habitación, antes de bajar a cenar un poco. Cuando entramos y encendimos la luz, vimos un lujoso dormitorio, que aquella noche sería para nosotros. La cama era grandísima, tenía el suelo enmoquetado y estaba adornada con unas preciosas cortinas. Muebles lacados en blanco y un gran cuarto de baño.

Maica se quedó impresionada. Me confesó que nunca había pasado una noche en un hotel de cinco estrellas. Le dije que yo nunca faltaba a mis promesas y la cogí por la cintura. Ella me besó tiernamente en mis labios y yo subí su vestido blanco hasta la cintura, me retiré un poco y la miré de arriba a abajo. Estaba muy sexy. Llevaba puesto el tanga en forma de uve, blanco y de encaje que le compré. Y los pantys de red color carne que le llegaban hasta la cintura. Ella se bajó rápidamente el vestido y me dijo:

- Vamos a cenar y a divertirnos un poco. Luego habrá tiempo para todo -.

Bajamos al comedor y cenamos. Comimos demasiado y nos bebimos varias copas de vino. La verdad es que causaba sensación con aquel vestido, ya que noté como todas las miradas masculinas se fijaban en ella.

Una vez terminamos la cena, pasamos al pub que había en el hotel. Ponían buena música, y había algunas personas bailando. Nosotros no fuimos menos. Maica se movía al compás de la música de una manera muy sensual. A su escote afloraban sus pechos, que intentaban escaparse. Pero ella rápidamente los devolvía a su sitio. Sus caderas se movían frenéticamente, y su cintura trazaba unos círculos muy sugerentes. A veces, yo la abrazaba por detrás, y le clavaba mi polla tiesa a través de su vestido y mis pantalones, mientras le besaba el cuello. Entonces, subía una mano hasta sus pechos y notaba como se le ponían los pezones duros.

Tras un buen rato de baile, decidimos tomarnos una copa tranquilos. Nos pedimos unos cubatas y nos sentamos en un rincón del pub, algo oscuro. Allí comencé a cortejarla. Mientras ella me hablaba, yo ponía mis manos sobre sus piernas, y se las acariciaba. Ella cada vez se acercaba más a mí, hasta que sus palabras casi topaban con mis labios. Una de las veces, me rozó con su lengua la boca, a la vez que cruzó las piernas y me dejó mi mano atrapada entre sus muslos. Además, se pasó unas gotas de agua del vaso del cubata por el escote y estas se perdieron por su estómago.

Esto me excitó bastante y decidí secarle la gota con mis dedos. Metí la mano por su escote y la bajé hasta su ombligo, donde había llegado el agua. Ella me besó. Yo subí la mano otra vez, y como no llevaba sujetador, la posé encima de su pecho. Acaricié la areola y le pellizqué el pezón. Se puso algo nerviosa, ya que comenzó a besarme con furia.

Comencé a masajearle el pecho, mientras me di cuenta de que algunas personas que estaban en el pub, nos miraban. Pasé mi mano a su espalda desnuda, y fui bajando poco a hasta que metí la mano por debajo de su falda, de sus medias y de su tanga. Ella alzó un poco una pierna para dejarme llegar mejor. Yo le metí la mano todo lo que pude, hasta que encontré el agujero de su culo. Se lo acaricié y ella comenzó a morderme los labios y la cara.

Volví a sacar la mano de allí y la dirigí a sus rodillas. Le descrucé las piernas y fui subiendo por la cara interna de sus muslos hasta que le puse la palma entera sobre su pubis. Ella soltó un pequeño gemido y yo le acaricié lentamente su sexo por encima del tanga y de las medias, y noté una humedad y un calor que me revelaban el estado de excitación que Maica tenía.

Ella separó las piernas más, para dejarme maniobrar mejor, y vi como todo el personal del pub la miraba. Bajé los ojos, y vi como ella tenía toda la falda del vestido subida, y mi mano tapando su sexo. Ella también miró, y al darse cuenta de que la gente la observaba, se bajó el vestido y se incorporó.

Me cogió de la mano y me sacó del pub, en dirección al ascensor. En él nos buscamos como dos animales en celo. Nos besamos, nos mordimos, nos rozamos. Entramos a la habitación y ella dijo que se iba a cambiar, que la esperara en la cama. Le di la bolsa, con la lencería que le había comprado y se metió en el cuarto de baño.

Yo aproveché para desnudarme del todo y tumbarme en la cama. Hacía calor. Cogí una caja de preservativos que había en mi bolsa de viaje, y la metí en la mesita de noche. A los pocos minutos, sentí la puerta del baño y salió Maica, enfundada en el precioso body-tanga negro, que yo le había comprado. Éste era semitransparente, y se le veía perfectamente el vello del pubis con él puesto. La parte que cubría los pechos llevaban encaje, y allí era más difícil adivinar lo que había debajo.

- Es muy bonito el body, Tino. Gracias - dijo ella.

- Te queda muy bien. Tienes un cuerpo precioso para lucir la ropa - le dije yo.

Mi polla había empezado a ponerse dura otra vez ante aquella visión. Ella se acercó a la cama y se sentó junto a mí. Me besó y me acarició el torso. Después, bajó su mano hasta mi miembro, y éste se terminó de poner tieso.

- Estás muy excitado. Voy a descargarte un poco - dijo ella. Y comenzó a chupármela suavemente. Primero el capullo, luego el tronco y por último, se la tragó entera. Una vez más, la mujer del Sargento me la estaba mamando. Lo hacía muy bien, se notaban esos quince años más que mi mujer que tenía. Mamaba y mamaba cada vez más rápido, hasta que estuve a punto de correrme. Entonces ella se tumbó boca arriba y me hizo poner de rodillas a su lado. Siguió meneándomela hasta que mi leche cayó sobre su pecho y sobre su cara.

Después, con una de sus manos, se la extendió por el cuello y resto del pecho, y finalmente se chupó la palma de la mano.

- ¡Mmmm, está rica tu leche! - me dijo. - Ahora cómete mis jugos, por favor -. Y diciendo esto se desabrochó los corchetes que unían por la entrepierna el body, y quedó al descubierto su sexo, con un vello muy bien recortado. Con los dedos índice y corazón de su mano derecha, se separó los labios de la vagina.

Yo me agaché entre sus piernas y comencé a pasarle la lengua por el coño. Al principio, tan sólo le chupaba el centro de los labios, después fui ampliando el recorrido y pasaba la lengua por su culo y volvía a subir hasta su clítoris, que ya estaba muy duro. Ella empezó a gemir, y yo cada vez iba chupando más rápido. Al cabo de un rato, yo ya le pasaba la lengua por todo el coño, se la metía dentro, le mordisqueaba con mis labios su entrada, y ella no paraba de emanar líquidos espesos y jugos que yo me bebía encantado.

Maica gemía y se retorcía cada vez más. Decidí chuparme el dedo pulgar de una mano, y se lo metí muy ligeramente en la vagina. Comencé a describir círculos con él, cada vez más rápidos, mientras le chupaba el clítoris. Ella me cogió la cabeza, y me la hundió más contra su sexo. Su cuerpo empezaba a convulsionarse, y arqueaba la espalda para que yo llegara mejor a mi objetivo.

- ¡ Así, Tino, cómetelo todo. Ahh, no pares ahora, ahh, mueve tu dedo más rápido, que me corro! - gritaba ella.

Yo me afané más en mi labor, hasta que los músculos de Maica se tensaron, su coño atrapó mi dedo en su interior y ella dio un grito enorme, que se tuvo que sentir en todo el hotel. Se había corrido. Seguí chupando hasta que poco a poco se le fueron pasando los efectos de su orgasmo.

Al ver como Maica gritaba y se corría, mi polla se puso tiesa otra vez. Así que me tumbé boca arriba y le dije que se pusiera a horcajadas encima de mí, y que se metiera todo mi miembro dentro de su jugoso coño. Alargué una mano, abrí el cajón de la mesita y saqué la caja de preservativos.

- ¿Para qué quieres eso? - me preguntó ella.

- ¿No los usas? - le pregunté yo.

- Tira eso. Llevo dos años tomando la píldora. Quiero sentir bien tu polla, así que me la vas a meter sin condón -  afirmó ella rotundamente.

Y así lo hizo. Se puso encima de mí y se bajó los tirantes del body para dejar su pecho al descubierto, que no era muy grande, pero que era muy bonito, con un pezón muy duro y negro, a juego con su piel morena. Ella cogió mi polla y la acercó a la entrada de su concha. Una vez, mi capullo estaba apuntando hacia dentro de ella, Maica dejó caer su cuerpo y mi polla entró hasta que mis huevos tocaron con sus nalgas. A la vez, ella lanzó una exclamación de placer.

Comenzó a moverse encima de mí, poco a poco. Sus ojos entrecerrados, mientras se mordía el labio inferior, delataba una cara de placer y de viciosa, que nunca le había visto y que a mí me excitaba muchísimo. Estaba inclinada hacia atrás, con sus manos apoyadas en mis rodillas, por lo que yo podía ver mi polla entrando y saliendo suavemente de su sexo. También podía ver su clítoris, por lo que no tardé en comenzar a acariciárselo.

- Eso, Tino, así. Umm, eso me gusta - decía ella. Y comenzó a acelerar el ritmo. Al rato, se inclinó hacia mí, dejando mis pechos cerca de mi cara. - ¡Cómetelos! - me ordenó. Yo le obedecí, y chupé sus duros pezones, mientras ella aceleraba más y más el ritmo. Se los mordía, se los succionaba y ella parecía delirar.

- ¡Así, así ,ahh, ahh, qué placer, qué gusto! -. Su ritmo había llegado a ser tan rápido y tan salvaje, que sus tetas se movían arriba y abajo, y a mí me costaba trabajo coger sus pezones con mis labios. - ¡Ahhh, me voy a correr otra vez, ummm, siiiiii.!

- ¡Sí, venga cariño, que nos vamos a correr los dos a la vez! - le estimulé yo.

- ¡No, tu todavía no, aguanta un poco por favor! - me dijo ella mientras le sobrevino un soberbio orgasmo, que la hizo temblar y agitarse como una loca. Mi polla se resbalaba sola dentro de su coño, de lo mojado que lo tenía.

Cuando terminó de correrse, se sacó mi verga.

-¿Qué haces? -le pregunté yo.

- Una vez te dije que mi marido no me hacía sexo anal. Házmelo tu -.

- Por supuesto, ahora mismo -le dije yo. Y ella se puso a cuatro patas, sujetándose al cabecero de la cama. Separó bien sus piernas y me dijo:

- Aquí tienes a tu perra. Disfrútala -.

Yo no aguanté más y tras meter un dedo en su vagina, empaparlo bien y lubricar algo su culo, me puse detrás de ella. Mis muslos rozaban la parte de detrás de sus piernas, y moví mi capullo desde su vagina, hasta algo más arriba de su ano. Maica no paraba de emanar líquidos. - Vamos, no te hagas de rogar -me dijo.

Pero yo se lo quería hacer muy despacio. Metí mi capullo en su vagina y lo restregué bien contra sus paredes para empaparlo más de lo que estaba. Una vez bien lubrificado su culo y mi polla, apunté con ésta hacia su entrada estriada. Y poco a poco la fui penetrando. Su culo estaba muy cerrado, parecía que fuera virgen. A mí me excitaba mucho cómo las paredes internas del ano ponían resistencia a mi verga.

- ¿Te duele, Maica? -le dije yo.

- No, tranquilo. Es que hace muchos años que nadie me penetra por ahí. Pero adelante, me gusta mucho.

No me lo pensé dos veces y clavé mi polla muy adentro. Ella gritó y yo ya no paré de metérsela y sacársela. La cama se movía, ella metía su cabeza entre su pecho para intentar ver la polla que la estaba penetrando. Yo le acariciaba las caderas, le cogía las tetas, le agarraba los muslos.

- Umm, Maica. ¡Qué bien, no voy a poder aguantar mucho más! -le dije yo, casi sintiéndome el semen en la punta de mi capullo.

- ¡No, aguanta un poco más. Quiero volver a correrme!. ¡Dame más rápido, hazme daño! .¡Ahhh, así, más, más...! -.
 
Al poco, su cuerpo se volvió a tensar y su culo agarró mi polla. Le vino otro estertor y gritó como una loca. Yo, que tampoco pude más, me corrí muy a gusto dentro de su culo, y fui desacelerando el ritmo, muy poco a poco, hasta que mi polla perdió su erección. Al sacársela, el semen le brotó de su culo como si ella se estuviera corriendo por allí, y le bajó por las nalgas abajo.

Caí tumbado a su lado, y ella quedó de rodillas, rendida, complacida por la reciente enculada.

- Ha sido muy bueno, Tino. Me encanta la penetración anal. Que pena que mi marido no quiera hacérmela - dijo ella.

- No te preocupes. Cada vez que te apetezca a partir de ahora, yo te la puedo hacer. A mí si que me gusta -.

- Todavía queda mucha noche, y mi culo estará dispuesto para ti todo el tiempo. Pero ahora quiero que me folles por el coño y sentir tu leche aquí, muy adentro

- Espera un poco que descansamos, Maica. Y enseguida te doy por donde tu quieras -le pedí yo, porque estaba extenuado.

Ella asintió, y acto seguido, se puso en cuclillas encima de mi torso. Se recogió el body un poco por debajo y dijo:

- Bueno, mientras esperamos voy a hacer algo que siempre he querido -.

Y justo en ese momento, un líquido caliente comenzó a caer a mi pecho y a resbalarse por todos lados. Le miré el coño, y descubrí con fascinación que se estaba meando encima de mí. Regó todo mi pecho y mi estómago, y la orina me salpicó hasta en la cara. Nunca había visto esto, pero me excitó bastante. Ella me sonreía plácidamente y tras terminar su tarea, me cogió mi mano con la suya, y me la pasó por su sexo para que se lo limpiara. Noté que volvía a estar mojada de algo más que de orina y también descubrí orgulloso, que mi polla, tras dos corridas muy seguidas, volvía a estar tiesa como si de la primera vez se tratara.

Maica la miró y dijo:

- Veo que ya te has recuperado - soltando una carcajada. Y me la volví a follar, y así hasta que nos dio el alba.

Uno de los últimos polvos lo echamos en el balcón viendo amanecer, los dos de pie, haciéndolo muy suavemente, mientras nos mirábamos y nos besábamos. Ese creo que fue el mejor de la noche para mí. El tiempo era muy agradable, y mi polla entraba y salía de su coño con mucha facilidad, muy lenta, notando como su vagina la agarraba y le ofrecía resistencia para que no saliera. Y ahí estábamos los dos, de pie. Ella delante de mí, apoyada en los barrotes del balcón y yo penetrándole su sexo por detrás. Los dos muy juntos, mojándole el cuello con mi lengua, pellizcándole los pezones y viendo el sol salir. Ahí nos corrimos los dos a la vez. Muy despacio.

Ya de mañana, después de dormir un rato los dos desnudos, decidimos ducharnos. Nos metimos en la gran bañera que tenía el cuarto de baño de la habitación, y nos mojamos mutuamente con el agua caliente que salía. Jugueteamos debajo del agua como dos niños pequeños. Nos dimos masajes muy relajantes, y en una de las ocasiones yo le dije:

- Ahora vamos a probar otra cosa -. Y le pedí que se arrodillara delante de mí. Como ella tenía mi polla a la altura de su boca, creyó que yo quería que me la mamase y se dispuso a metérsela en la boca, pero yo no la dejé.

- No, eso no es -le dije yo.

-¿Entonces? -preguntó ella. Y de repente, notó como un líquido caliente le caía a sus pechos, miró y vio como yo también me orinaba encima de ella. Maica sonrió.

- ¡Umm, me gustá! -dijo. Yo agarré mi pene, y corregí la trayectoria que describía mi orina y se la acerqué a su boca, que ella abrió muy gustosamente y dejó que le salpicara en los labios y en su cara. Tras mi meada, ella quedó muy excitada y comenzó a mamarme la polla como una fiera, por lo que acabamos follando una vez más bajo el agua caliente de la ducha.

Y así terminó aquel fin de semana. Así que, a partir de ahora, cuando a la mujer del Sargento le apetece sexo anal, me llama a mi y yo gustosamente, acudo a ella.
 

Rigodón
 
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