Nuestra primera vez
 
Mi amiga y yo gozamos plenamente de nuestro sexo, pero ahora nos sentimos ansiosas por tener un verdadero complemento viril en nuestras relaciones. Como ya no nos conformamos con nuestra colección de pichas de quita y pon, queremos un buen pene real y un dueño que sepa manejarlo con gran habilidad.

Las dos tenemos 26 años y unas tetas muy gordas; usamos la misma talla de sujetador, por eso, no tenemos ningún problema en intercambiarnos la ropa interior, pues además nos excita mucho. Si te gusta pasarte por los morros la lencería perfumada de una mujer, imagínate el placer que te dará oler nuestras braguitas usadas por dos conejos. Mi novia, Yoli, lo lleva rapadito. El único pelo que tiene es el de la cabeza: una bonita melena corta caoba. Tiene un cuerpo espectacular, que despierta el deseo de muchos hombres y mujeres. Yo me llamo Leticia y la parte del cuerpo de la que estoy más orgullosa son mis piernas y mi trasero. Mi afición a la gimnasia me ayuda a mantener mis exhuberancias firmes.

A pesar de que no somos vírgenes, ninguna de las dos ha follado nunca con un tío. Ambas nos rompimos el himen mutuamente con nuestro primer consolador. Aún conservamos, en una caja, aquel gelatinoso cipote rosa manchado con la mezcla de nuestras sangres. ¡Lástima que tu tranca no la podamos guardar! No obstante, cuando nos eches tu semen sobre nuestros coños empapados de flujo, nos gustaría hacernos unas fotos para mantener el recuerdo. Aunque, si nos gusta la corrida de un hombre como intuimos, podremos repetir siempre que queramos para no olvidar las cosas buenas de la vida.

En realidad, yo salí con un chico en el instituto. Lo máximo a lo que llegamos fue a masturbarnos con la mano o con la boca, pero nunca dejé que me hiciera el amor. A veces echo de menos el olor a macho que desprendía, el sabor salado de sus huevos y el amargo de su leche. Con él me corría muy bien, pero nunca fue capaz de superar los grandes orgasmos que yo misma me propinaba muy a menudo haciéndome pajas. En aquella época, me lo hacía yo sola todos los días, hubiera o no quedado con mi chico.

La masturbación a solas se acabó cuando conocí a Yolanda en la Universidad. En seguida nos hicimos amigas y nos cogimos confianza. Un día, hablando de chicos y de sexo, ella me contó que, una vez, un chico del colegio la encerró en una clase y la besó metiéndole la lengua entre los dientes. A ella le dió mucho asco y, al subierle él la falda e intentar tocarle el chumino, salió huyendo. Cuando llegó a casa no se lo dijo a nadie y se encerró en su habitación. Aquello le había puesto tan caliente que no tuvo más remedio que meterse un dedo en la vagina y no descansó hasta correrse. Me confesó que, después de lo que ocurrió, nunca se había atrevido a hacérselo con ningún chico, y ella misma calmaba su apetito sexual. Yo le dije que también solía hacer lo mismo, porque siempre necesitaba algo más que lo que me daba mi novio.

Desde que descubrimos aquellas similitudes en nuestra vida sexual, Yoli y yo nos unimos mucho más. Comenzamos a ir la una a casa de la otra para hacernos pajas en compañía. Primero no nos atrevíamos a tocarnos, hasta que un día yo empecé a acariciarla y terminé comiéndola el coño. En un mes nos hicimos unas expertas sobre nuestras respectivas vulvas y nos hurgábamos entre nosotras usando los dedos y la lengua con gran maestría.

Fue en Junio de aquel año, en época de exámenes, cuando mas cachondas estábamos porque quedábamos todos los días para estudiar y algo más, cuando Yoli me vino muy contenta con su nueva adquisición. La tía había ido a un sex-shop y había comprado un consolador rosita para que, al fin, pudiéramos hacernos el amor, como soñábamos. Aquella misma tarde fuimos a su casa, nos acariciamos, nos besamos, nos lamimos el chocho y nos lo rompimos con aquella polla fría. Desde que nos desvirgamos, nos volvimos todavía más viciosas y follábamos como locas con el cipotón de plástico. Aquel curso suspendimos muchas, pero nos pasamos un verano de lo más lujurioso.
Luego, nos fuimos a vivir juntas y, de aquella pequeña picha de 20x4,5, hemos pasado a pollones de todas las dimensiones, colores y sabores. Hasta tenemos uno que incluso eyacula. Pero yo, que recuerdo cuando mi novio explotaba su paquete contra mi cara, reconozco que es más divertido ver estallar una polla real y que su semen caliente se escurra por los labios y se te pegue en el pelo.

No utilizamos exclusivamente consoladores. Hemos probado gran variedad de artilugios para nuestras insaciables vaginas. No sólo nos gusta la sofisticación de lo que puedas encontrar en una sex-shop, sino que también sabemos sacarle utilidad a los objetos cotidianos que nos rodean. Seguro que a tí también se te ocurre algo con lo que rompernos el coño y el culo.

Sí, el sexo anal también nos encanta, aunque para ello sólo empleamos nuestros penes postizos más delgados. Sin embargo, a tí te queremos con una enorme verga y no nos importa si a tu gordo capullo le da por abrirnos el culo, después de habernos reventado el chocho.

Nuestras compañeras de la Universidad, que no saben que somos bolleras, nos hablan algunas veces de lo que les hacen gozar sus chicos. Nosotras no es que tengamos envidia, pero, de tanto escuchar que se te corra dentro un hombre es tan maravilloso, nos ha entrado el gusanillo de ser folladas por un tío. Yo he sido la que he convencido a mi novia, describiéndole lo excitante de ver una erección y explicándole cómo sabe y huele un cipote inflado, de que es mejor volverlo a intentar, ya que esta vez puede deleitarnos.

Ahora pienso que, tal vez, si me hubiera decidido a hacer el amor con mi antiguo novio, me habría gustado la experiencia; al igual que creo que, si a Yoli no le hubiera violentado aquel chico del colegio, habría disfrutado de que le acariciara el chocho, como a mi me daba placer cuando me lo hacían a mí. Lo hemos hablado y estamos decididas del todo a que nos penetre un hombre que nos agrade a las dos. No somos muy exigentes, pero sí ponemos una única condición: que poseas un pollón inmensa para que podamos sentirlo todo completamente. Además, tienes que ser un hombre que comprenda que a dos mujeres también les gusta tocarse entre ellas. Estamos seguras que cuando nos veas en plena acción, no sólo lo entenderás sino que te pondremos muy cachondo de sólo mirarnos. Nosotras estamos impacientes por contemplar cómo se te levanta y te crece el capullo.

En principio, creemos que con un solo tío tendremos suficiente para las dos. Pero, si tienes un amigo que se anime, podríamos quedar los cuatro. De todas formas, lo mejor es empezar poco a poco y ya veremos sobre la marcha si nos apetece incorpora amigos y amigas…
 

La Pulga

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