Las Pantimedias de Batman 
 por Antonio
PARTE VII

Como toda una hembra

Pasaron varios días y Batman fue llevado por las mujeres nuevamente a la recámara donde días antes había estado encerrado. Siguió con la rutina de dormir, bañarse, comer un poco. Su traje ya no estaba. Tenía que vestir ropa interior femenina y batas suaves, de las que había varios modelos en su recámara. A Gatúbela no la había vuelto a ver. En una ocasión, al despertar, encontró un paquete en la cama, a su lado. “Con afecto, de tu doctor”, decía una tarjeta. Lo abrió y se encontró con unas finas medias, una pantaletita, un liguero, un brasiere pequeño, un vestido y unas zapatillas.

Arrojó todo al suelo y se metió a bañarse, donde estuvo por casi una hora. Cuando se bañaba se quitaba la máscara, ya que lo único que habían respetado era su identidad. Mientras se bañaba acariciaba su cuerpo y sin querer tuvo una erección. Se excitó inexplicablemente. Al salir del baño recogió la ropa y se la probó. Se arregló como una mujer: se pintó los labios, se pintó sus uñas naturales, que ya le habían crecido un poco, hasta las uñas de los pies, debajo de las medias, estaban pintadas de color rojo. Empezó a caminar de un lado a otro como si fuese una dama. En eso estaba cuando fue sorprendido por el doctor, que entró de improviso a la recámara.  Batman se ruborizó y trató de tapar el vestido con sus manos, que lucían uñas rojas.

“Veo que te quedó bien”, le dijo acercándosele un poco.

“Yo no te haré daño”, le dijo al oído mientras le abrazaba con suavidad.

Batman se retiró de inmediato y cayó sentado en la cama. Entonces el doctor se desabotonó la camisa y lo que vio Batman le dejó sorprendido; en el pecho el delgado médico tenía una gruesa alfombra de vellos. Batman se quedó inmóvil, mientras el doctor sonreía, sabiendo el efecto que le iba a provocar, y continuaba quitándose la camisa.

“Ven”, le dijo tomando su mano, “toca”, y puso la mano en su velludo pecho. Batman estaba confundido, se sentía excitado. No pudo evitarlo y su mano recorrió ese pecho varonil. Sus dedos, con uñas rojas, recorrieron los vellos con suavidad, mientras su pene brincaba debajo de la pantaleta.

El doctor se fue acercando hasta que eran las dos manos de Batman las que acariciaban esos excitantes vellos. Sintió las manos del doctor recorrer su espalda y abrir el cierre de su vestido. Sintiéndose cada vez con menos dudas, las manos de Batman se extendieron más allá del pecho, recorriendo los velludos brazos del médico y acariciando la espalda y los hombros.

Batman sintió cuando le desabrochó el brasiere y quedó al descubierto su pecho. Enseguida, el médico se desabrochó el cinturón y cayó el pantalón, quedando a la vista una tanga rodeada de vellos.
Los muslos, la cintura, el abdomen, estaban llenos de vellos. Tan sólo de imaginar pasar el pie por aquella alfombra le hizo brincar más el miembro, que ya quería salir de la pantaleta. Ambos se acostaron después de que el médico le quitó el vestido. El le abrazó estando acostados y no hizo nada por evitar el beso que le dio. Sintió la lengua dentro de su boca y cómo le chupaba el lápiz labial. No había marcha atrás. Batman ya se había decidido y palpó el pene sobre la tela de la tanga. Se la quitó y empezó a acariciar el miembro, que era de tamaño regular, pero muy duro.

Las palabras sobraban. Los labios del doctor le chupaban los pezones y él, con una mano acariciaba el cabello, la espalda y los brazos de su doctor, mientras con la otra le acariciaba el miembro. Después de un rato él se acostó boca arriba y Batman empezó a besarle el velludo pecho. Le escurría miel del miembro sólo de sentir esos vellos entre sus manos y labios. Con la boca en el pecho, pegaba una pierna a los muslos del galeno y subía la obra hasta tocar su pene. ¡Qué sensación de ese cuerpo y las finas medias!.

Fue recorriendo con la boca el pecho y el abdomen, hasta que se acercó a la entrepierna. Un fuerte olor a macho le llegaba y se acercó a observar de cerca el miembro. Con una mano lo tomó y se acercó a olerlo. El aroma lo embriagaba y le dio un rápido beso a la cabeza, que dio un brinco de excitación. Luego le dio otro y otro. Después tomó con la lengua una gotita que escurría de aquel miembro rosa. Se decidió y empezó a besar largamente la cabeza y el tronco.
 
Acordándose de las películas que veía cuando se masturbaba pensando en batichica, y de cómo las amantes que había tenido le besaban el miembro, trató de imaginarse ser una mujer que quería satisfacer a su hombre y se metió el miembro una y otra vez en la boca, bombeándoselo con la mano mientras que con la otra acariciaba el bajo vientre, la cintura, los muslos y los testículos de aquel doctor. Por primera vez en su vida estaba comiéndose un miembro y lo estaba gozando. Cuando empezó a venirse en su boca empezó a tragar y tragar, tratando de dejar leche en la boca para saborear por primera vez el esperma de un macho.

Al terminar se sintió un poco cohibido, pero las manos acariciando su espalda y su trasero le terminaron de despejar las últimas dudas.

PARTE VIII
Todo adentro

Acostados los dos, él le pegaba el pecho en la espalda, acariciando desde atrás el pecho y los muslos de Batman, quien se sentía más excitado al sentir esa rica alfombra de vellos en su espalda, su trasero y sus enfundadas piernas. Durante un rato sintió las caricias en todo su cuerpo, hasta que una de las manos le embadurnaba el trasero con una especie de crema y le dio miedo.

“No te lastimaré, los disfrutarás, te lo prometo”. Le dijo para convencerle.

Se acostó boca arriba y le dijo a Batman: “ven, querida”.

Batman no lo pensó dos veces, se incorporó y se sentó a horcadas en el vientre del médico, sintiendo los vellos en sus depiladas nalgas. Levantó el trasero y con una mano tomó el miembro y colocó su cabeza en la entrada de su gruta. Estuvo haciendo movimientos circulares para dilatar el ano. Por fin se decidió y se introdujo la cabeza.

“Nnnnnhnnnnn, mmmmmhmm”, gimió cuando le entró toda la cabeza. Se deslizó un poco hacia abajo y le entró un poco del tronco.

“Dejaré que tu delicioso trasero se acostumbre a mi tranca, tesoro”, le dijo él, sujetándole suavemente de la cintura.

Batman empezó a subir y bajar, despacio, sintiendo con cada pliegue de su tracto anal cada milímetro del miembro masculino al que se entregaba, esta vez por voluntad propia. Empezó a acelerar el ritmo y puso sus manos en el pecho que tanto le excitaba. Las manos de él recorrían su cintura, su espalda y sus piernas. A los pocos minutos Batman estaba brincando, entallándose hasta la raíz el miembro que a su vez salía al encuentro del trasero del superhéroe. Cuando entraba todo, el trasero de Batman se cerraba apretando con fuerza aquella tranca como si fuera un guante.

“Que rico, que ricoooo”, “aahhh”, gritaba Batman ya desinhibido totalmente.

Brincaba con fuerza y se enterraba toda aquella tranca. De repente el médico le inclinó y empezó a quitarle la máscara.

“Nooo”, le dijo. Pero sus manos no hicieron nada por impedirlo, ya que se negaban a dejar de acariciar ese pecho que le subyugaba. Le quitó la máscara y Batman, ya conocida su identidad por el doctor, siguió brincando con fuerza, clavándose una y otra vez esa tranca que tanto placer le estaba dando.
Cuando sintió que aquel tronco crecía más dentro de su trasero le dijo:

“síi, síi, lléname de leche, fóllame, cógeme, dame tu lechita, papi, macho, mi machooo, ayyy, ayyy...”

Casi al mismo tiempo terminaron; cuando sintió que le llenaba los intestinos de leche, empezó a eyacular con fuerza, enviando su esperma hasta el suelo y al velludo pecho de su doctor. Terminó con tal fuerza que cayó agotado en el pecho lleno de semen, sin separarse de la tranca, que perdía despacio su erección aún dentro de Batman.

“Mhhmmm, qué rico”, le dijo mientras, ya por su iniciativa, le besaba en los labios.

Cuando el miembro perdió totalmente la erección el médico se retiró y abrazó a Batman.

“Quiero que seas mi hembra y te olvides de Batman”, le dijo.

Esas palabras le recordaron su identidad, su compromiso para velar por la justicia, su posición como Bruno Díaz.

“No puedo, debo continuar mi trabajo”.

“Entonces te transformarás en una mujer para poderte sacar de aquí sin que nadie se dé cuenta de que eres tú; totalmente disfrazado y maquillado nadie te reconocerá nunca; pero sólo si prometes que nos veremos constantemente”.

“Claro que sí, ¿cómo podría privarme del placer de tu cuerpo, después de que me hiciste gozar tanto?, jamás imaginé el placer de ser mujer”.

”Seguiré mi vida normal pero tendremos un lugar secreto al que iré transformado en toda una dama, para ser tu novia, tu hembra, tu mujer, tu puta...”

Así hicieron y desde entonces Batman siguió luchando por la justicia pero evitó volver a cruzarse con Gatúbela; con frecuencia se transformaba totalmente y se entregaba con pasión a su galeno, aunque siempre que vestía con su personalidad de Batman, debajo de su batitraje llevaba pintadas las uñas de los pies y vestía sus pantimedias, de las que nunca se separaba.

 por Antonio
 

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