Últimos estrenos
 
Me he acostado con muchas tías y, tengo que reconocer, me encanta el sexo femenino. La primera vez que me tiré a una piba fue a los 16 años, en la fiesta de fin de curso. Me la llevé a un rincón del local donde la celebrábamos y, poco a poco, como se iba dejando, le metí toda la polla en el coño. Una vez dentro, me corrí al cuarto apretón. A esa edad y dentro de aquella vagina tan estrecha es imposible contener los orgasmos. Cuando introduces el cipote en un agujero sin estrenar, la presión se transmite hasta tus huevos y te hace reventar.

A raíz de que esta Nochevieja varios amigos nos juntáramos para follarnos a la vez a una de la panda, comprobé que la mamada de un tío puede ser tan buena o mejor que la que te haga una mujer. Desde entonces, noto que disfruto más del sexo cuando otro u otros hombres me acompañan.

Hasta la fecha he tenido encuentros en los cuales, mientras la chica con la que quedamos está ocupada con otro, un tío y yo nos entretenemos tocándonos y chupándonos los rabos. En plena excitación, algunas veces he intentado penetrar a mi compañero, pero nunca está de acuerdo ni les apetece hacérmelo a mí. Por el contrario, para mí follar con otro hombre se ha convertido en una necesidad que quiero pronto cubrir. Sé que para gozar a tope tengo que tener mi culo acostumbrado a recibir placer.

Me gusta jugar con mis amigos a algún deporte, luego disfrutar de una ducha colectiva y, después, volver a mojar nuestra piel con sudor y líquidos sexuales. Mis deportes favoritos son el baloncesto y el ciclismo, sobre todo, si los practico en equipos mixtos. Mido 1.85 cm. y soy delgado pero fuerte. Tengo el pelo largo y rubio, y la polla larga y gorda.

Yendo en bicicleta por un pueblo, un día, nos paramos frente a dos chicas que se nos quedaron mirando descaradamente con cara de pedir guerra. Tras hablar un rato y tomar unos refrescos en un bar, nos las llevamos al campo y las estuvimos follando alternativamente. En cuanto les echamos el polvo, ellas se fueron algo apresuradamente. Pero, nosotros no nos quedamos totalmente satisfechos. Entonces, le lamí tan bien la polla a mi amigo que se le enderezó aún mas que antes con las tías. Como ellas no nos habían dejado corrernos dentro, le sugerí a él que ahora podía hacerlo en mi culo, pero no estuvo de acuerdo. Sin embargo, no se negó a eyacular en mi boca. El semen sabe mucho más fuerte que los jugos vaginales, pero yo le cojo rápido el gusto a todo. Por último, estuvimos masturbándonos mutuamente hasta que él consiguió que yo descargara lo que me quedaba.

Otro de mis hobbies es visitar las sex-shop para ojear las películas y revistas, y de paso, meterme en alguna cabina a contemplar una buena escena que me la ponga dura. En cuanto hago una nueva adquisición, junto a los de mi pandilla en mi casa para verla. Cuando traigo revistas, ninguna amiga suele venir, pero si es para ver una película porno, algunas se han apuntado. Mientras vemos la peli, empezamos a meter mano a las chicas y terminamos todos desnudos restregándonos y lamiéndonos. No nos da tiempo a hacer mucho más porque las tías son unas estrechas y, para cuando parece que están decididas a que nos pongamos todos a follar, es la hora en que puede llegar mi madre y nos tenemos que vestir.

Adoro los cuerpos, tanto femeninos como masculinos. Al ver a una tía o un tío buenos en pelotas, no puedo evitar la erección. En una ocasión,  en la playa, observando a una chica en bolas insinuándose con estimulantes movimientos, sin ni siquiera tocarme, hizo que me corriera. Tuve que meterme en el mar para limpiarme, aunque hubiera preferido que la puta me hubiera bebido la leche que me había hecho soltar.

Cuando voy con los amigos a la playa, si podemos, nos quitamos el bañador y nos metemos en el agua sin nada. Entonces, jugamos al tiburón: uno se pone las gafas de bucear y va a por los demás a tirarle del rabo o a mordérselo. Es muy divertido hacer de tiburón para ver cómo cuelgan a tu alrededor las pichas y los cojones de los otros y, más aún, cuando alguno no puede remediar que se le levante con el cachondeo. También tiene sus ventajas ser víctima del tiburón: te soban el paquete y, con un poco de suerte, te lo chupan.

Sin embargo, en nuestros juegos nunca llegamos a darnos por el culo. Últimamente he alquilado unas películas de gays para mí solo. Esos troncos ponen una cara de éxtasis total cuando les están jodiendo. Creo que follar es genial, independientemente del agujero en que la metas.

La Pulga

Volver al Indice de La pulga