|
|
Todo empezó un sábado por la noche, en su casa, una casa muy bonita, algo antigua pero con unos gruesos muros que conservaban todo el calor durante invierno y la refrescaban en verano.Nos habíamos reunido en su habitación para estudiar un examen que íbamos a tener el lunes de filosofía, una asignatura que no me gustaba nada pero que a ella se le daba de miedo. Además tendríamos la casa para nosotras dos sólas, o casi. Su hermano, un chico moreno y un poco infantil tb. Se iba a quedar aunque ahora no estaba allí sino persiguiendo pelirrojas, como decía su hermana. El principal problema era Platón. Yo no entendía que tenía que ver el mito de la caverna con Demiurgo y ni siquiera sabía quién era ese. Estando concentrada en tan titánico problema(o eso me parecía a mí), Berta, que así se llamaba mi amiga, me cogió de los brazos y me los puso a la espalda. Yo reí creyendo que era una broma e intenté desasirme.
-¿A que no puedes?.- dijo riendo.
- Ya verás si puedo.- exclamé riendo.
Empezamos a forcejear entre risas y resoplidos hasta que caí al suelo y ella encima de mí.
- ¡Te he ganado, Nadia!.- exclamó triunfosa ella.
- Ni lo sueñes.
Seguimos forjeceando, pero ella volvió a ganarme y me inmovilizó en el suelo, cara contra cara. Eso me hizo fijarme en ella. Tenía la cara infantil propia de nuestra esda(teníamos 16 años entónces) y su rostro estaba repleto de burlonas pecas que le conferían un aspecto de lo más guapa. Sus finos labios estaban entreabiertos, recuperando el aliento. Sus ojos, de color miel, me excitaron aún para mi sorpresa.
Estaba yo reflexionando sobre esto cuando de pronto agachó su cabeza y me dio un dulce y suave beso en la boca. Yo me quedé anodada, sin saber que decir ni cómo reaccionar mientras que sus labios se fundían con los míos y su lengua exploraba mi boca, buscando anhelante mi lengua, placer que, en ese momento no la concedí.
¿Qué haces?- conseguí preguntar.- ¿Por qué me has besado?
- Te he besado porque me gustas y quiero hacer contigo mil locuras.
- Estás loca.- dije insegura.- Déjame levantarme.
- Tranquila.- dijo sin levantarse.
Y volvió a inclinarse regalándome con otro de sus increíbles besos. Yo intenté desasirme pero la presión que su cuerpo ejercía sobre el mío hacía que esto fuera imposible. De repente, tomé conciencia de mi cuerpo pegado al suyo y noté con asombro que empezaba a calentarme. Dejé de resistirme. No sé por qué pero hoy me alegra haber actuado así. Sus manos se apartaron de mis muñecas y bajaron hacia mis pechos. Cuando tocó mis pezones dí un gémido extraño, ronco. Mis pezones estaban erectos. ¡Estaba excitándome con los besos y las caricias de otra chica! Cuando dejó de besarme y, para su sorpresa, la devolví el beso con pasión; nuestras lenguas se tocaron por primera vez y ambas gemimos. Nos besábamos pero a la vez sonreíamos. Bueno, más que besarnos, nos devorábamos explorando cada centímetro de piel que no hubiese sido tocada aún. Mis manos se acercaron tímidamente a sus pechos. Ella reaccionó cogiendo mis manos y estrujándolas contra sus pechos. Después sus manos bajaron buscando mi sexo. ¿Quería llegar tan lejos? La respuesta fue involuntaria. Me arqueé para ser tocada cuanto ántes. Llevaba una faldita plaixada que arremangó contra mi cintura y, después, sus dedos bordearon mis braguitas rosas. Se levantó ligeramente y susurrándome en el oído, me dijo:
-Voy a bajarte estas braguitas para que estemos más comdas, ¿te parece?
Yo no respondí. Busqué sus pechos de nuevo como si fuese una droga y yo tuviese el mono. Mis braguitas acabaron en mis tobillos y ella contemplando mi vagina.
-¿Eres vírgen?-me preguntó.
Yo asentí con un suspiro.
-Lo vamos a llenar todo de sangre.
Negué con la cabeza y entre susurros la medio expliqué que cierto día, estando en el baño tocándome y metiéndome un dedo, había roto el hímen. Ella puso cara de sorpresa y excitación al mismo tiempo. Su lengua recorrió lentamente dos de sus dedos y de un golpe me los metió en el coño. Yo grité y sonreí. Empezó a follarme con dos dedos mientras mi boca volvía a comer sus deliciosos pechos. Acercó su boca a la mía y nos fundimos en un salvaje beso mientras su mano aceleraba el ritmo en mi vagina. Yo estaba mojadísima jadeando de placer ora sí ora también. De repente se detuvo y se levantó.
- No pares ahora, Berta.- gemí.
-Tranquila. Voy a hacerte algo mucho mejor y que nadie te ha hecho.
¿Qué había mejor que lo que tantísimo placer me estaba dando? era un placer indescriptíble, un placer poderoso, un placer que movería mundos si pudiese hacerse físico. Pero entendí a que se refería cuando bajó su cara hasta mi coño y comenzó a lamerlo poco a poco, primero los labios con la lengua metida la mitad dentro de mí y luego hasta el fondo, llegando al clítoris, lamiendolo lentamente al principio y luego con un deseo y una lujuria irrefrenables. Yo me convulsionaba(no sé expresar mejor todo lo que sentía) y me agitaba. Cerré los ojos porque sentía tanto placer que el mundo se desenfocaba de mis ojos. En ese instante, mi cuerpo se agitó como un latigazo que me recorrió entera y me corrí como nunca lo había hecho, gritando entre susurros, enajenada de placer, arrojada del mundo durante unos larguísimos e irrepetibles instantes.
Berta iba a seguir pero la dije como en sueños:
-Espera, Berta. Déjame descansar o me desmayaré. Y quiero devolverte todo el placer que me has dado.
Esas son las palabras que rondaron por mi mente pero, en el estado en que estaba, no creo que fuese eso lo que dijese. No obstante, ella se detuvo y me miró sonriente, con la cara bañada de mi orgasmo.
Cuando por fin pude volver a abrir los ojos, ví que estaba desnuda delante de mí, ansiosa, anhelando el contacto de mi lengua sobre su piel.
Con un baile excitante, acercó su sexo a mi boca. No sabía cómo hacerlo pero me limité a disfrutar. Mi lengua entró en ella y empezé a besearlo, a darle pequeños mordisquitos. No sabría decir si fue bueno pero al poco rato, noté cómo se corría. Suspiramos con deleite mientras nos tumbábamos juntas.
Al rato volvímos a estudiar puesto que había un exámen que debíamos aprobar.
Yo saqué un cuatro y medio pero el profesor me dijo que me pondría un cinco pues había mejorado. Berta sacó un nueve.
Después de aquel día no volvió a faltar un fin de semana que no pasaramos juntas hasta que tres años después ella se marchó. Y vivímos situaciones realmente excitantes pero las contaré otro día puesto que recordarlas me han excitado y...
por The Jack Frost
Volver al Indice de The Jack Frost