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por Ariak
Alicia caminó con lentitud al colegio pensando en qué podría regalarle a su novio, un chico llamado Nakor.En la puerta se encontró con Vanessa. Era una chica guapísima aunque no parecía tener mucho éxito entre los chicos. Nunca lo había visto con ninguno. Aun así se sorprendía de que no tuviese novio... conocido.
Vanessa era la menor del grupo con el que salía Alicia. Dieciséis años recién cumplidos que rebozaban sensualidad allá por donde iba. No sabía los efectos que su cuerpo provocaba en los hombres. Aún así tenía sus propias manías. No la gustaban las discotecas grandes. Prefería, sin dudarlo, los bares pequeñitos.
Al cabo de un mes se convirtieron en las mejores amigas y no había nada que una no supiera de la otra, su cariño era casi envidiable, al igual que la profundidad de su amistad, llegó el punto que verse podía calmarles una depresión o bien, sacarles una enorme sonrisa. Típica amistad de colegio.
Llegó un viernes que se había antojado lejano el mismo jueves. En la calle caía una tromba de agua como los viejos no recordaban haber caído. Además reinaba una oscuridad y una sensación de frío que hizo que Vanessa se quedase en casa. Sus padres la intentaron animar para que saliera pero finalmente fueron ellos los que decidieron marcharse a casa de unos amigos.
Al rato sonó el timbre de la entrada.
-¿Quién puede ser con la que está cayendo?.- se preguntó dubitativa.
Delante de ella, apareció Alicia, llorando y toda mojada por la lluvia que caía. Una de sus playeras parecía desgarrada. Vanessa la invitó a pasar con prontitud.
-¿Qué te ha pasado?
Fueron al baño y allí se lo contó todo mientras Vanessa la quitó la ropa mojada y la secaba como si fuese su hija. Absortas por la historia ninguna de las dos se dió cuenta del hecho de que Alicia estaba en ropa interior y chorreando agua por todas partes.
Por pura casualidad, Alicia había descubierto en la discoteca a Nakor dándose el palo con toda lujuria con otra chica, tocándola con afán desmedido. No sólo se había sentido engañada y ultrajada, sino también había sentido una vergüenza y una tristeza dispares. Se había acercado a él y le había insultado. Un sólo taco.
Pero él había montado en cólera diciendo cosas como que podía acostarse con quien quisiese y ella callar porque era una mujer. Y sintió vergüenza de serlo.
Había escapado llorando a casa de su amiga.
Se abrazaron, Alicia mostraba una mirada que entristeció mucho a su amiga. Alicia estuvo en casa de Vanessa hasta que la secadora secó su ropa. Después se la volvió a poner con ausente mirada.- ¿Por qué no te quedas a dormir aquí hoy? Con la que está cayendo, sería una locura que volviese a salir. Cogerías una pulmonía.
Alicia sonrió con dulzura:
- No he traído pijama. Y tus padres...
- Por eso no te preocupes. Yo tengo pijamas y puedo convencer a cualquier padre.- rió con doble intención pero se le escapó a Alicia.
Llamaron a los padres de Alicia y estos aceptaron a la primera. La cena fue enorme: arrasaron el frigorífico.
Después se fueron a la habitación y metiéndose juntas en la cama, encendieron el televisor.
Al hacerlo, Vanessa sintió el suave olor que despedía su amiga, la respiración entrecortada, la suave piel, el calor que despedía y vio las sombras que hacían su pelo sobre su cara, la suave curva de sus labios, los pómulos sonrojados... La cogió de una mano y la acarició con dulzura. Alicia se volvió y le estampó un sonoro beso en la mejilla. Entonces Vanessa sintió cómo se excitaba lentamente. Jamás habría pensado que se iba a excitar al contacto de Alicia.
Y sin saber que hacía, se arriesgó y metió las manos bajo la parte de arriba del pijama prestado, acariciando el abdomen de su amiga con total libertad, masajeándolo con firmeza, admirando su perfección con las manos. Como en un sueño se fue acercando presa de un impulso desconocido e incontrolable y dejó caer su cabeza en el hombro de su amiga. El corazón de Vanessa estaba muy acelerado, creyendo que Alicia estallaría en protestas y huiría a toda velocidad.
Alicia cerró los ojos con un suspiro. Sabía lo que estaba haciendo su amiga y le gustaba. No podía creerse lo que estaba pasando pero sólo sabía que no quería que aquel momento terminase. Pero, ¿y si no era lo que pensaba?. La repuesta llegó al sentir los labios de Vanessa en su cuello, deslizándose, simplemente acariciándola, explorando, acompañados por la alterada respiración. Tras haber dado unos besos en el cuello y otros más en la nuca, sus labios la besaron en el mentón. Alicia se echó sobre la cama y miró a Vanessa.
- ¿Qué estamos haciendo?.- preguntó Vanessa.
- Lo que deseamos, ¿no?.- la respondió su amiga.
Vanessa se inclinó de nuevo sobre su amiga y siguió con los besos cuando empezó a sentir cómo se le humedecía la vagina.
Los besos en su nuca se empezaron a hacer más sonoros, más firmes y las caricias más insinuantes. Se abrazaron. Alicia levantó un poco la cabeza y se dieron un tierno beso en los labios. Iba a ser rápido pero el beso se prolongó. Las lenguas aparecieron buscando esas nuevas sensaciones. Las manos de ambas empezaron a explorarse, aún por encima de la ropa, acariciándose, buscando el gemido, el placer tintineante de la otra. Vanessa metió las manos, entonces, debajo de la camisa del pijama y las apoyó sobre los sujetadores de Alicia que se arqueó con un jadeo gozoso. Las manos de ésta, entonces, se dirigieron hacia el cuelo de su amiga. Pasaron entonces de los suaves besos a besarse con furia, besos de placer desesperado, con desenfreno y pasaron de acariciarse a magrearse, retorcerse y moverse la una sobre la otra. La saliva de ambas había sellado la boca donde sus lenguas se agitaban como serpientes. Las manos de Vanessa desabrocharon el sujetador de su amiga y empezaron a tocar con avidez los pechos de su amiga mientras que está había deslizado furtivamente sus manos a la entrepierna de su amiga y la acariciaba el chocho con deleite. Ambas gemían y se agitaban en medio del sudoroso ambiente de la noche.
Poco tiempo después, las dos estaban con la boca en los pechos de la otra y masturbándose con una lujuria tan poderosa y grande como nunca habían siquiera imaginado. Era la lujuria misma. Eran dos lolitas sentadas a horcajadas una sobre la otra, restregándose la una sobre la otra, entregándose a ese embriagante éxtasis. Ambas gritaban ya con el éxtasis desenfrenado envolviéndolas en una aureola invisible, cercanas al primer orgasmo con otra persona del mismo sexo de su vida.
Las manos subieron hasta los pechos, a pellizcarlos con ternura, a devorarlos mientras sus cocos se frotaban entre sí aumentando la excitación y los gemidos del placer más intenso que habían vivido. Vanessa sintió entonces unos espasmos en su vagina y con un grito de placer alcanzó el orgasmo más maravilloso de su vida. Poco después Alicia arqueaba su cuerpo para dejar escapar su orgasmo entre jadeos y un fuerte abrazo a su amiga.
Se quedaron tumbadas, suspirando y recuperándose.
- Menos mal que tus padres no han aparecido de repente. Habrían montado una.
Vanessa rió como si eso fuese lo menos importante de su vida. Poco después se levantó y abrió la ventana para airear la habitación. Se vistieron y se quedaron dormidas juntas, abrazadas. Cuando llegaron sus padres, cerraron la ventana con ternura. Su hija no les había dicho que Alicia se quedaría a dormir pero eran tan amigas que ¿qué importaba?
¿Qué importaba?
por Ariak
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