La exhibicionista
 por The Jack Frost
¿Desde cuándo me gusta exhibirme? Pues creo que desde que tengo sé lo que mi cuerpo provoca en los hombres y mujeres. Soy pelirroja, de pelo largo en trenzas, mido 1´73, tengo 97 de pecho y un culito respingón.

Lo que más me ha excitado siempre es ponerme una minifalda rosa que tengo y que es muy ajustada y muy muy corta. Eso y no llevar braguitas debajo. Poder enseñar y lucir mi y poder disfrutar de él a la menor oportunidad. Y lo que más me gusta después de eso es que mientras me toco, algún hombre o una mujer me mire y se excite conmigo. Eso me excita aún más. Y, si encima, está muy bueno...

Hoy me levanté tarde y me vestí apresuradamente con la primera ropa que ví. Me puse una faldita verde, una blusa blanca y una pequeña cazadora, regalo de Buzzer, un amigo.

Tenía que llegar a tiempo al trabajo. Trabajo en una oficina y hoy tenía varias reuniones. Decidí tomar el metro puesto que mi coche tenía el coche con el depósito casi vacío. Cuando me senté en el metro, descubrí con temor que mi blusa había perdido un botón, el superior. Disimuladamente me puse contra la pared y me abroché la cazadora, pensando que nadie lo había visto, pero descubrí que había un chico que no paraba de mirarme fijamente. Primero al pelo, luego a mis pechos, de nuevo al pelo, y a mis piernas. Era moreno, con una descuidada perilla y unos bonitos ojos marrones. Reí disimuladamente y decidí ver hasta dónde llegaba el chico. Dejé caer la carpeta verde que tenía en el regazo y me agaché al suelo para recogerla; no tuve más remedio que abrir un poco las piernas, no exenta de provocación, cuando me di cuenta que aquel chico de la perilla estaba mirando entre mis piernas.

Cuando hube recogido la carpeta, fingí mirar hacia otra parte pero pude comprobar el gran bulto que había entre sus piernas. No me extrañó que se hubiese excitado tanto, mis braguitas eran muy provocativas.

Cuando llegué al trabajo, me encerré en mi despacho y le dije a mi secretaria que no me pasase llamadas. Me senté en mi sillón de cuero y me baje la falda y las braguitas de algodón. ¡Estaba excitadísima!

Mis manos comenzaron a recorrer todo mi cuerpo, cerrando los ojos para poder recordar lo ocurrido y desabrochando mi cazadora y mi blusa. Hecho esto, comencé a estrujar mis pechos con mis manos, acariciando mis pezones. Hacer esto me convertía en un animal en celo, me ponía tremendamente cachonda.

Después, una de mis manos bajó por mi vientre, abrí suavemente las piernas y toqué mi clítoris con la yema de mis dedos. No me sorprendió estar mojada pero si me sorprendió estarlo tanto.
Sin pensar en lo que hacía, comencé a masturbarme, a acariciar mis labios vaginales, a meterme varios dedos en mi vagina, a acariciarme el clítoris...

Mi mente recordó al chico de la perilla, imaginé como sería recorrer con mis labios su gruesa polla, sentirla golpeando mis muslos, entrando y saliendo de mí, humedeciéndose con mis fluidos, gritando de placer, su polla de nuevo dentro de mí, de nuevo fuera, destrozándome las entrañas con un placer tan grande que resultaba incapaz de sentirse del todo.

Cogí con los ojos ciegos de placer, un grueso rotulador rojo y, metiéndolo dentro de mí, comencé a moverlo en mi interior, a sacarlo y meterlo en mi vagina. Me imaginaba que me estaba follando, que me metía su dura polla en mi interior. Con una sacudida eléctrica de placer, llegué al orgasmo.

Temblé de placer con el orgasmo y mi visión se volvió borrosa durante unos instantes.
Cuando abrí los ojos, ví a mi secretaria toda sonrojada, recomponiéndose la ropa.
Entonces, me animé y fui más lejos pero esa ya es otra historia. Besos.
 
 
 

por The Jack Frost
 

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