Me quede sin Butano
Por Fistulo
 
La cama parecía que se iba a desarmar,  José, estaba totalmente desnudo, tenia un buen cuerpo, aunque algo grueso, pero su fogosidad a la hora de hacer el amor, tenia a Elena su mujer contentísima. Estaba amaneciendo y las primeras luces, dejaban entrever los dos cuerpos desnudos encimas de la cama con las sabanas revueltas y las mantas por el suelo. Elena estaba sentada encima de la verga de José y la tenia metida totalmente en su chocho, cabalgaba con gran ímpetu y los jadeos de ambos demostraba que estaban disfrutando del acto amoroso.

José, tenia 36 años, moreno con un cuerpo atlético y según su mujer bien dotado. Elena tenia 34 años, morena con una mata de pelo negrísimo, no muy alta con buenas tetas, buenas piernas y un culo que parecía un pandero, tenia una cara tristona no muy guapa, pero en cambio era muy simpática y habladora.

A José le gustaba ver a su mujer desnuda, pero lo que más le ponía a tono, era verle el coño, ya que tenia mucho vello y los pelos le salían por todos lados. Elena, tenia las piernas abiertas y José, le estaba haciendo una comida de coño tremenda, le tenia metido un dedo en su vagina y le mordía el clítoris, mientras  le pasaba la lengua a lo largo de sus enormes labios. Una tremenda sacudida, seguido de un grito placentero indico que había tenido un buen orgasmo. José, se subió para su cara con la polla totalmente erecta y Elena abriendo la boca, se la trago entera, le chupaba el miembro, mientras le sobaba los cojones con ambas manos.

Habían descubierto el placer, después de casados, se conocían desde niños y en su  juventud allá en el pueblo solamente algún beso que otro y un ligero magreo  por encima de la ropa eran sus conocimientos sexuales. El chorro de esperma que salió de la polla de José, la pillo desprevenida, no obstante no dejo escapar ninguna gota, tragándoselo todo y relamiéndose los labios. Le gustaba darle placer a su marido, estaba muy enamorada y no concebía como algunas mujeres, podían ponerle los cuernos, buscando en otros lo que tenían en casa.

Cuando José se marcha a su trabajo, se metió en la ducha y mientras caía el agua por su cuerpo, recordó que tenia que pedir una bombona de butano, sin poderlo remediar, pensó en Félix el repartidor de butano un chico rubio con 20 años, fuerte como un toro con un pelo largo recogido en una coleta y con una cara de ángel, siempre llevaba pantalón vaquero y se había fijado en el enorme paquete que marcaba, su sonrisa siempre dibujada en su cara y su enorme simpatía, hacia que entre las mujeres del bloque, se avisasen unas a otras cuando tenían que pedir el gas para poder verlo y hablar con el.

Al pasarse la esponja por los pechos, noto que estaban tiesos y desafiantes, esperando una mano que los acariciase, los estuvo tocando y pellizcando siempre pensando en Félix el  butanero y bajando la mano derecha, comenzó a frotarse su rajita, cuando comenzó a calentarse, metió un par de dedos en su vagina, abriendo las piernas `para que pudiesen entrar con mas facilidad, mientras con el pulgar se frotaba el clítoris. De su boca salían palabras incoherentes y suspiros mientras frotaba cada vez con mas energía su chomino. Un grito placentero seguido de unas convulsiones inundados de un inmenso placer, la dejo totalmente satisfecha. Mientras se secaba el cuerpo, se reprocho el haber tenido esos pensamientos y con una sonrisa, se dirigió al teléfono para pedir el gas butano.

Estaba viendo la novela de las cinco, cuando sonó el teléfono, era José que le indicaba que aquella noche llegaría mas tarde, debido a una avería en una maquina de la fabrica que la tenia que reparar. Nuevamente sonó el timbre, pero esta vez de la puerta, soltó un taco y con cara de pocas amigas, se dispuso a abrir. Félix, estaba en la puerta con la mejor de sus sonrisas y con su bombona de gas al hombro. La cara de Elena cambia radicalmente y le dijo que pasara hasta la cocina, al descargar la botella, el pico del mueble platero, le rajo un poco la frente y comenzó a salir de la brecha un poco de sangre.

Félix se coloca un pañuelo en la herida y le dijo que no-tenia importancia, pero ella se empeña en que tenia que curarle por temor a una infección y lo llevo hasta la salita, acostándolo en el sofá de la misma. Elena le había desinfectado la herida y le tenia puesta una gasa que sujetaba con su mano para que no se cayese, se había sentado en un taburete y no se daba cuenta que Félix al  tener la cabeza sobre el brazo del sofá y por lo tanto mas baja, le estaba viendo sus muslos y cuando al hacer algún movimiento, abría las piernas un poco, le veía las bragas y los pelitos del chomino que asomaban por todos lados. El cipote de Félix, había puesto una gran tienda de campaña y la cremallera de su bragueta estaba a punto de estallar. Elena que había observado el bulto, hablaba sin parar y  miraba cada vez con mas descaro presa de un gran nerviosismo, mientras sus manos acariciaban la cara del butanero. Félix que había notado la calentura de Elena, le metió la mano por las faldas y mientras le sobaba los muslos, con la otra mano, se abrió la bragueta, dejando en libertad su tremenda tranca. Elena, colorada como un tomate, miraba atónita aquella hermosa polla, y se dejaba hacer sin oponer resistencia, Félix  le había bajado la mano y se la había depositado en su nabo, indicándole que le efectuara una paja, mientras le tenia metida la mano por el pernil de las bragas y con un dedo colado en su vagina, la masturbaba descaradamente.

Los suspiros que escapaban de su garganta, indicaban que el clímax, estaba próximo, tenia las piernas abiertas y parecía que le habían dado cuerda a su mano, de la forma como pajeaba al butanero. Un grito apagado y un movimiento brusco, fue la señal de que había tenido un buen orgasmo, mientras Félix que también se había corrido, le puso la mano chorreando de un esperma blanco y cremoso. Después de unos minutos de tranquilidad, y una vez que se habían relajado, Félix se levanto del sofá y tendiendo a Elena, le subió las faldas hasta la cintura y bajándole las bragas, le metió la boca en su coño y apartándole los pelos con su lengua, procedió a meterla en su rajita, pasándola de arriba abajo y parándose a darle un mordisquito en el clítoris. Elena, pedía mas y sus manos agarraban la cabeza de Félix, metiendosela prácticamente en su chocho, jadeaba y movía el culo que las manos del mozo trabajaban a conciencia pellizcándolo y magreandolo.

Un gran grito, indica otra corrida de la mujer y sin darle tiempo a reaccionar, Félix que tenia el cipote otra vez en plena forma, se acerco y mientras Elena intentaba cerrar las piernas para impedir la entrada de aquella enorme polla, le abrió la camisa arrancándole los botones y sacándole los pechos del sujetador, se los introdujo en la boca mordiendo ambos pezones que estaban duros y erectos. Elena, como loca volvía a jadear y poco a poco fue abriendo las piernas, momento que aprovecho Félix, para poner la cabeza del nabo en sus labios y de un certero empujón, metersela hasta los cojones. La enorme lubricación de la vagina, permitió que tan enorme cacharro, entrara sin romper nada y mientras le mordía los labios con rabia y pasión, sus manos no dejaban de tocar sus pechos que parecían de goma. Félix, se la metía y sacaba con gran rapidez, mientras que Elena, totalmente abrazada al chico, le introducía la lengua hasta las anginas. La lucha seguio por espacio de varios minutos y los suspiros y jadeos eran cada vez más intensos, una subida de tono indico el final y sudorosos y cansados, terminaron  echados uno sobre otro, mientras se basaban tiernamente acariciándose los cuerpos totalmente.

Elena, fue la primera que se recupero y poniéndole una tirita en la frente, le pago su bombona de butano, dándole una espléndida propina, mientras que ambos en la puerta del piso se despedían con un   “EL BUTANERO SIEMPRE A SU SERVICIO PARA TODO”.
 
 

Fistulo
Volver al Indice de FISTULO