Acompañante para todo (II)
Por Maxmasters
A las 13,50 h. Entrábamos en un lujoso hotel de la Castellana, donde Laura había quedado con unos clientes para un negocio, llegábamos temprano, al preguntar Laura por su cliente, nos acomodaron en una mesa reservada del restaurante, la mesa estaba preparada para seis comensales, nos sirvieron de beber y charlamos mientras esperamos al resto.

Unos minutos tuvimos para charlar un rato cuando apareció el resto de los comensales, los cuales eran tres caballeros y una señora, (o eso pensaba yo) a los que Laura me presenta como un compañero de trabajo, dos de los caballeros mientras comíamos, charlaban largo y tendido con Laura, mientras que la pareja quedaba un poco al margen de la charla junto a mí, y los tres charlamos amigablemente por nuestra parte, la señora quedaba entre el otro caballero y yo, y todo su afán debía ser el saber lo fuertes que tenía yo las piernas puesto que en toda la cena No dejó de meterme mano bajo la mesa, Laura se debió de dar cuenta del tema pues varias veces la vi que me miraba y sonreía mirando también a la señora en cuestión.

La que incluso me deslizo en un momento de descuido de los demás, una tarjeta en el bolsillo de la chaqueta.

La comida transcurría de aquella "guisa", mientras Laura a los postres ya tenía a los dos tipos comiendo de su mano y tras un café y unas copas ya había concretado el negocio y nos despedíamos de ellos.

Cuando salimos del hotel, Laura estaba eufórica de alegría y me comentó que había hecho un negocio redondo y le comenté que se había ganado un premio, mí mirada debía de ser de niño malo pues Laura me dijo.

- ¡Esto hay que celebrarlo de una forma muy especial, donde me vas a llevar!

- ¿Tienes vértigo? La pregunte mientras la miraba a los ojos.

- ¡No, pero! ¿En que estas pensando?

Sin responderla la tomé de la cintura y tomamos un taxi, y a los pocos minutos circulábamos por la calle Pintor rosales, y Laura intrigada no hacia más que querer sonsacarme el lugar hacia donde nos dirigíamos. Y le comenté que estabamos llegando.

Paramos junto a un parque y bajamos una cuesta que se internaba dentro de este, el camino terminaba en una edificación no muy alta, al llegar a la entrada, en una taquilla saque dos boletos, Laura cada vez estaba mas intrigada, pues con la arboleda no había visto, de que se trataba.

Entrando en el interior del edificio, la dije:

- ¡No pensaras que te vas a ir de Madrid sin verlo todo bien visto!

Y según le comentaba esto, vi que los ojos se le abrían como platos de asombro, al igual que la boca, al ver lo que teníamos delante, estabamos entrando en el Teleférico de Madrid.

Las cabinas venían desde la Casa de Campo y eran engullidas por el edificio, girando sobre el soporte del mecanismo volvían a ser despedidas como si al edificio no le gustaran esas cajas de metal y cristal.

Laura reía como si fuera una chiquilla disfrutando de lo que estabamos por ver.

- ¡No tengo palabras! ¡Se te ocurren unas ideas, Willy!

- ¡Tu déjame a mí, verás como no te olvidas tan fácilmente de Madrid!

No habíamos salido dos metros de la boca del "gigante" cuando dando un grito nervioso Laura se agarro a mí y mirándola a los ojos la bese en los labios, nuestras lenguas parecían jugar al perro y el gato buscándose la una, a la otra, una de mis manos se afanaba en perderse por entre su falda, Laura en un reflejo instintivo abrió las piernas dejándome el paso libre por el fondo de su falda, enseguida hice contacto con su tanga el cual escondía la perla que buscaba, que notaba caliente, caliente y ansiosa por ser acariciada, por ser lamida, por ser penetrada, y no me lo pense mas, me coloque en cuclillas frente a ella y la dije.

- ¡Tu disfruta del paisaje que yo voy a estar un poco ocupado!

Y la fui subiendo la falda hasta que levantando ella el culo para facilitar la maniobra me dejo su tanga a la vista, en unos segundos se lo quitaba y guardaba en uno de los bolsillos de mí chaqueta, la hice sacar el culo hasta quedar al borde del asiento y fui pasando mis labios por el interior de sus muslos mientras ella abría sus piernas y se estremecía suspirando palabras ininteligibles, y mientras le iba besando los labios y le lamía el clítoris le dije:

- ¡Has hecho el amor alguna vez a cincuenta metros del suelo!

Me respondió que no con un hilo de voz mientras soltaba una risa nerviosa, sus manos me agarraban la cabeza para que no dejara de lamer y se frotaba las tetas sobre la ropa totalmente descontrolada, sin importarla que alguien la viera desde otra cabina, la verdad es que la mayoría de ellas estaban vacías y en alguna había alguna parejita haciendo lo mismo que nosotros.

No nos quedaba mucho para llegar al final del recorrido y tenía que darme prisa, me incorpore y me quite la chaqueta y sentándome a su lado la metí la mano entre las piernas continuando con mí labor y la tape las piernas con la chaqueta.

Estabamos entrando por la estación de la Casa de Campo y en ella había cinco o seis personas esperando para coger alguna cabina, al mirarme el operador del teleférico le hice una señal que continuábamos La vuelta y no paro nuestra cabina, mientras con el morbo de la situación yo seguía en mis "quehaceres clitordianos", y Laura seguía suspirando y abriendo las piernas todo lo que podía;

En cuanto estuvimos suficientemente lejos de la estación hice que Laura se colocara de rodillas apoyada en el asiento y colocándome detrás de ella me saque el pene y sin muchos miramientos se la metí de un solo golpe, comenzamos un frenético mete y saca mientras Laura arqueaba las caderas y daba empujones con su culo para no perder ni un centímetro de polla, los suspiros se fueron volviendo gritos, y yo le agarraba las tetas sobre la ropa Laura estaba totalmente encharcada y cuando pasábamos sobre el río Manzanares, Laura dio un grito corriéndose estrepitosamente, la saque la polla de su húmedo "conejo" y me senté junto a su cabeza con la polla todavía fuera y Laura sin levantarse de rodillas me la agarró brindándome una suculenta mamada, no aguante mucho mas tiempo estaba apunto de reventar y la avisé y ella continuó con el aparato en la boca hasta que la solté todo en la boca.

Se sentó a mí lado, mientras yo me colocaba la ropa, y se acomodo colocándose la falda y la camisa mientras relamía lo que le salía por la comisura de los labios y nos dimos un largo beso mientras entrábamos a la estación.

En un quiosco junto al teleférico, tomamos un refresco y comentamos la situación que acabábamos de vivir:

- ¡Que te ha parecido el viaje! La dije

- ¡El mejor en mucho tiempo! Me respondió entre risas ¡pero no he visto nada excepto el techo de la cabina y el asiento! ¡Además voy sin bragas!

Y riéndonos de la ocurrencia nos dirigimos hacia el Hotel de Laura.
 

( Continuara.....................)
 
 

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