|
|
Hola, me llamo Estrella. Esto pasó cuando tenía 21 añitos. ¡¡¡Fue la mejor semana de mi vida, jejeje!!! Yo soy pelirroja natural, mido 1´69, soy pecosa, tengo los labios carnosos, unas esponjosas mejillas y una cara de niña, o eso me dicen.Sábado 17 de Agosto.
Resulta que yo y mi novio decidimos hacer algo especial para el fin de semana y decidimos celebrar una fiesta en su casa. Apollonia(que en realidad se llama Alicia) propuso que la fiesta fuese de disfrazes y en unas horas ya habíamos invitado a todos los amigos y amigas. ¿De qué podría disfrazarme? La respuesta cayó por su propio peso. Me disfrazaría de "Xena, la princesa guerrera". Tengo que decir que me excitaba el pensar cómo me mirarían cuando me pusiese ese traje. Mis medidas son bastante aceptables(95-61-91) y embutidas en un traje tan ajustado... Sonreía al pensarlo, vaya que sí. Mi novio, por el contrario, decidió disfrazarse de Darth Maul, un personaje que le encantaba.
Busqué por todas las tiendas de disfrazes pero en ninguna encontré lo que yo buscaba hasta que entré en un sex-shop. El ambiente rojo era cálido y majestuoso. Me acerqué lentamente al mostrador. A mi izquierda, un hombre echaba monedas en una cabina. A mi derecha, en un televisor la actríz Silvia Saint se arrodillaba sobre T.T. Boy con voluptuosidad, masajeando su pene con dulzura lasciva.
-¿Desea algo?- me dijo una voz.
Sorprendida, me dí la vuelta dejando atrás el profundo beso de Saint, y me encontré con una mujer guapísima y en exceso atractiva. Era rubia y sus atributos no dejaban lugar a dudas de que se trataba de una mujer explosiva. Cuando la conté, disimulando mi balbuceo lo mejor que pude, lo que quería, ella se rió con una risa que ya querría tener Cupido para sus flechas.
Se metió en la trastienda y salió con un traje evuelto en plástico transpaente. ¡Justo lo que buscaba!
-¿Hay algún probador en la tienda?-pregunté inocente.
- No, pero te lo puedes probar en la trastienda. Por ser tú.- rió otra vez.- Me llamo Martha.
-Yo me llamo Estrella.- nos inclinamos y nos dimos dos besos. Noté cómo la lengua de Martha se deslizó un segundo por mi mejilla.
Entré en la trastienda del sex-shop y empezé a desnudarme lentamente, un poco nerviosa. Me desnudé hasta que sólo estaba en braguitas. El sujetador me lo quité puesto que el traje ya llevaba realze.
- Te queda muy bien.- dijo Martha a mi espalda.
Me volví toda roja de vergüenza sin acordarme que tenía mis pechos al aire. Ella se rió y me dijo que no tenía de qué preocuparme. Se acercó a mí y yo inspiré con sorpresa pero ella se dirigió al traje y se ofreció para ayudar a ponermelo. Empezamos con la faldita de cuero. Sus manos rodearon mi cintura mientras me ajustaba la faldita. Yo cerré los ojos suspirando(algo que ella sin duda notó y que yo no pude reprimir). Me ajustó la falda y la cerró con un suave broche. Sus manos no se apartaron sino que empezaron a acariciar mi cintura lentamente. Yo me volví para preguntarla que hacía aunque ya lo sabía y una parte de mí lo deseaba pese a tener novio. Pero cuando me volví ella selló mis labios con un apasionado beso que me dejó atontada de lo fogoso que había sido. Su lengua paseo por mi boca y empezó a saborear mis labios, mi lengua... ¡Estaba saboreándome! Eso me excitó como nunca lo había conseguido mi novio.
Nos besamos con fuerza sin dar crédito yo a lo que estaba viviendo hast qeu noté sus manos acariciando mis pechos, tomándolos, pesándolos y pellizcando mis pezones. ¡Hummm!!!
Yo aún me estaba deleitando de la intensa saliva de Martha cuando esta se agachó y me bajó las braguitas. Nunca había hecho y pensé que ibamos demasiado rápido pero si tuve ganas de refrenarla, pasaron en cuanto la punta de su lengua acarició mi clítoris. Abrió los labios de mi vagina y empezó a besar mi coño. Yo atrapé su cabeza con mis manos y la acrequé a mi punto débil mientras arqueaba involuntariamente la espalda lo que la falicitaba el trabajo. Pasó de besarme a mordisquearme. Yo jadeaba y gemía cada vez más audíblemente y notaba cómo se acercaba mi orgasmo. Entónces me metió tres dedos de golpe en el interior de mi agujerito pero sin dejar de saborear el salado sabor de mi entrepierna y ya no lo aguanté más. Tuve un delicioso orgasmo que hizo que me temblasen las piernas y cayese al suelo. Cerré los ojos, inconsciente de placer, abrazada a mi nueva amante y así habría seguido si ella no me hubiese zarandeado.
- No te quedes dormida, mi niña.
La miré y supe que me gustaba muchísimo y que había peligro de que me enamorase de ella. Aun así la pregunté si podía hacerla lo que ella me había hecho. Se le encendieron los ojos y rió con una dulzura indescriptible:
- Hausinka.
-¿Qué?
Ella volvió a reir. Me dijo que había en su bloque pisos un escritor medio loco sino loco del todo, pero con gran sentido poético que, utilizaba ese término para decir que se quería devolver un favor de amor a una persona a la que quisieses mucho. Ahora lo entendí y repetí la misteriosa palabra.
Ella aguantó más, suopongo que estaba más acostumbrada a que le comiesen el clítoris pero puedo decir que pasamos dos horas fantásticas tras las que quedé agotada.
Cuando llegué a casa de mi novio ya era casi la hora de comer. No notó nada(o tal vez sí) pero sabiendo lo que pasaría después, entiendo que estuviese nervioso por darme tal sorpresa como me dió.
Y llegó la noche como debería llegar. La casa de mi novio era una casa de tres pisos, sótano y desván(el dinero no le faltaba) con ascensor y todo.
Esa noche memorable mi novio me retrasó en su habitación del piso superior, estando ya disfrazada de Xena(y acordándome aún de la deliciosa Martha), haciéndome fotos, besándonos y magreándonos muy muy muy lentamente lo que me puso a mil. Pasado un rato decidimos bajar con el resto de nuestros amigos. Os podeis imaginar cómo se clavaron las miradas en mí. El traje me quedaba un poco estrecho, además de que era pequeño, además de que enseñaba mucho, además de que mis pechos subían y bajaban rápidamente debido a la excitación. Apollonia(que es como llamaba a mi amiga Alicia) me miró sonriente y en seguida se perdió en la marea de mis pechos subiendo y bajando. Era muy bonito ver a hombres y mujeres bailando al ritmo de AC/DC, la kabra mekánika, Estopa o Seguridad Social, con los disfrazes puestos y a mi novio metiéndome mano de cuando en cuando.
Nunca sabré ni cuantas veces bailé aquella noche. Pero me divertía mazo cuando algunas veces descubría quien era la que me acompañaba, sobre todo cuando era una mujer con la que bailaba. Después del encuentro con Martha ya me daba igual que fuese hombre o mujer. Incluso me sorprendí estudiando y desnudándo con la mirada a varias de ellas.
Cuando hubieron llegado las tres de la mañana, víctimas del alcohol y la necesidad de bailar algo tranquilo, bajamos la música y empezamos a bailar los famosos "lentos". Yo, con la cabeza ligeramente abotorgada por el alcohol ya no buscaba bailar con mi novio sino con alguien sin distinguir muy bien quien era, ni de hecho si era hombre o mujer.
En cierto momento fuí al baño y cuando regresé creí que todos los presentes habían estado aguardando anhelantes mi regreso. Tal vez fuese egocentrismo provocado por el excesivo alcohol que había bebido pero después de que los hechos se desarrolaran como lo hicieron, me creo la sensación que tuve.
Empezé a bailar muy sinuosamente como una streeper, balanceando mis caderas ya acariciándome los pechos. Y me dí cuenta, esta vez sí que lo supe a ciencia cierta, que todas las miradas estaban fijas en el bamboleo de mis grandes senos.
No sé por qué lo hice pero a medida que bailaba empezé a desnudarme y cual fue mi sorpresa cuando ví que tanto hombres como mujeres hacían lo mismo que yo. Intenté ver a mi novio pero no le ví. Mejor, así no sentiría celos.
Me acababa de quitar la faldita de cuero, estando ya sin sujetador y con un tanga azul claro cuando ya estaba entre los brazos de un desconocido, que me llevaba en armonía con el compás de la música. Ni siquiera habíamos dado un par de vueltas cuando el excitado personaje disfrazado de soldado empezó a acariciar mis pechos desnudos que subían excitados, desbordando por todas partes sus gruesas manos. Y noté el pesado calor del miembro del soldado acariciándome por encima de la tela del pantalón. Esta vez, a pesar de no saber quien era el tipo que me sobaba, decidí dejar que siguiese con su juego.
Casi en seguida, empece a notar como unas ansiosas manos, distintas a las de mi fogoso acompañante, amasando los pliegues de mi cuerpo. Multitud de manos. También les deje actuar.
Viendo mi completa pasividad pronto me encontré rodeada de muchos viciosos galanes, que lo mismo besaban mis labios, que jugaban con mis senos desnudos, o acariciaban mis nalgas, explorando a fondo su oscura separación, penetrando cada vez mas en ella.
A ninguno pareció importarle que mi baile se volviera torpe y descompasado cuando los dedos de mis amantes encontraron la estrecha abertura de mis orificios, y la recorrieron a placer, profundizando en su interior con unas ansias animales, con unos deseos voluptuosos y de desenfrenada lujuria. Tuve dos orgasmos brutales antes incluso de que me penetrasen, hasta que las piernas se me quedaron tan débiles que no me podían sostener. ¿Dónde estaba mi novio mientras?
Luego uno de ellos me cogió en brazos ante la protesta de los demás y me tumbó en la moqueta ante la mirada de lo que me parecieron millones de hombres y mujeres deseándo desgarrarme las entrañas y llevarme a miles de millones de orgasmos.
El grueso aparato del que me había cogido en brazos, entró dentro de mí de un sólo golpe, lo que me dolió sobre manera pero a la vez me excitó como jamás había estado. Me penetraba rítmicamente mientras el resto de los mirones me miraban y se tocaban. Sus múltiples manos me torturaban y mataban de placer por igual, al tiempo que obligaban a las mías a hurgar dentro de sus disfraces y acariciar sus aparatos.
Lo que pasó a continuación fue un desfile continuo de miembros buscando algún orificio por donde penetrarme; recurriendo, al final, a mis labios, para depositar su esperma en mi boca, como si de un preciado regalo se tratara. De vez en cuando, incluso almejas y pechos inundaban mi boca recubierta de leche.
Tuve multitud de orgasmos hasta que cerré los ojos y me dormí aun penetrandome tres pollas al mismo tiempo. Pero yo ya ni lo sentía. Y entónces llegó el domingo en el que sucedieron más cosas pero que forma parte de otra historia que sin duda contaré otro día. Un beso queridos y queridas lectores/as..
por The Jack Frost
Volver al Indice de The Jack Frost