Una natural, muy natural historia
 por Shitsu
El techo de mi cuarto se me hizo opaco al instante. Mi perdida mirada vagó de un lado a otro sin orden. De inmediato, sentí el frío que hacía esa mañana en Bogotá, y más aún a esa hora de la madrugada. Me revolví bajo mis cobijas sin desear tan sólo abandonarlas. En mi casa es la más acogedora, y en verdad, si fuera a uno de esos concursos de expediciones de la televisión, sería lo único que llevaría (no me pregunten cómo la llevaría, ¡esto es una historia!). Sin embargo, el desesperado ruido del despertador me recordaba una y otra vez que me debía levantar al instante. Me conozco bien y sé que si me dijera "...otros cinco minutos...", no me levantaría nunca, por eso recordé mis épocas en el ejército y salté de mi cama de inmediato.

El agua fría de Bogotá a las 4:30 de la mañana seguramente me despertaría totalmente, y me bañé medio congelado por unos cinco minutos. En fin, salí de mi casa faltando diez minutos para las cinco de la mañana, con mi deportiva ropa y mi morral llenó de algo de ropa, comida y líquidos que escrupulosamente había preparado la noche anterior. Llegué al sitio estipulado hacia las 5:10 y sin embargo tuvimos que esperar casi media hora más para partir por fin. 60 personas salíamos de la ciudad y nos dirigíamos a un hermoso parque natural para compartir todo un día de caminatas y hermosos paisajes: todos éramos estudiantes casuales del mismo idioma, aparte de nuestras propias carreras. Sin embargo, éramos todos de distintos niveles; por aquel entonces yo estaba en el tercer nivel, por lo cual me hallaba justo en la mitad.

El día prometía, apenas conocía a unas 15 personas de todo el grupo y en el cielo no se veía, tan temprano, una sola nube. Se dice que en mi Universidad no hay mujeres bonitas, pero si las hay creo que se reunieron todas ese día, ... y no conocía a ninguna!!! Como fuera, partimos por fin alegremente en tres autobuses. El sitio a que nos dirigíamos distaba poco menos de una hora de Bogotá y sin embargo el clima allí solía ser muchísimo más favorable. La alegría se apoderó de todos y casi todos se pusieron de pie en el trayecto, a la vez que se repartían algunas copas con la excusa del frío. Empero, yo suelo ser mucho más calmado y detesto el licor; con todo y el sueño que aún tenía me quedé muy sentado en mi puesto y saque el único libro que llevaba y me dispuse a leerlo. Era un libro de Borges, a quién fervientemente leía en esa época.

Ya les he dicho que no conocía sino a mis compañeros de nivel, pero eso no impedía que muchas otras personas sí me conocieran dado que siempre me mantuve bastante inquieto en tal curso y dirigí algunos proyectos que me hicieron algo popular. En medio de mi somnolencia Borges me conducía con terrible facilidad a un estado de imaginación cercano a un sueño, y de repente, esta mujer salta a mi lado preguntándome si me molestaba que me acompañara.

¡Claro que no me molestaba! ¡Si era bonita!, le dije que no, que me sentía encantado (cuando uno es feo no existe una estrategia de conquista mejor que la galantería). "Mucho gusto, me llamo Bella" y antes que le dijera mi nombre, lo dijo y sonrió. "Si todo el mundo te conoce; eres tan particular..."; no supe si tomar eso como un halago o una burla y se lo hice saber, a lo cual rió francamente y me dijo que en verdad era como le habían dicho. Sentí que pisaba tierra firme y me relaje, y estuvimos hablando todo el camino. No pocas veces mis inmaduros compañeros me hacían gestos de lejos en relación a Bella y yo ponía mi cara de sobriedad para alejarlos.

Llegamos y en definitiva no leí nada, pero Bella había sido una excelente compañía y estuvimos riendo todo el tiempo. Era inteligente y bastante culta, y si bien de baja estatura tenía un cuerpo bastante provocativo, labios agradables, plano abdomen, unos senos bien grandes y un trasero similar. Además la ropa que llevaba la hacía verse bien, y era fácil de quitar según pensé. El sol ya empezaba a salir cuando nos bajamos del autobús y nos dirigimos a la entrada del parque; este era uno de mis sitios favoritos aunque sólo había estado allí otras tres veces. Con propiedad mostré que conocía el sitio: de hecho yo lo había propuesto y empezamos a caminar. Por caminos bien delimitados descendimos alrededor de una hora para llegar a una preciosa cabaña desde la cual partían los distintos caminos que llevaban a los cuatro puntos principales de toda la zona. Los caminos no se encuentran pavimentados sino que se encuentran tal y como los indios chibchas, que ocupaban mi país, los usaban hace más de cinco siglos. Por este motivo, agradablemente tuve que ayudar a Bella, y a una amiga suya que me presentó en el camino - Rocío - a descender sin que se cayeran. Una vez abajo tomamos un delicioso y revitalizante desayuno que debía bastarnos para las hermosas pero agotadoras caminatas que nos esperaban.

Bien, tomamos la primera ruta, que nos condujo a un sitio llamado el "Pico del águila", desde donde se podía obtener una fantástica vista. Otros tomaron otras rutas de forma que hacia allí nos dirigimos apenas unas veinte personas. Rocío tomó otra de la rutas, seguramente por solicitud de Bella y así pudimos charlar aún más todo el camino.

A la vuelta, dos agotadoras pero gratificantes horas después, las distancias entre los caminantes se ampliaron y pronto me encontré relativamente solo con Bella; hablábamos de literatura y me dijo que entre otras le gustaba leer a Anne Rice. Le dije que también me agradaba, y que ella tenía una serie de libros bastante fuertes que alguna vez leí. Pude observar cómo se iluminaron sus preciosos ojos café: recordé que la protagonista de esos libros se llamaba Bella, y dado que son unos libros súper fuertes de sumisión pensé que habría podido ofenderla. "¡Sí, son mis libros favoritos!" dijo ante mi asombro, y en voz baja me dijo "me gusta masturbarme cuando los leo". Tras esto, mi "falo-cerebro" despertó y supe que podía hallar hoy más de lo que creía. "No muchas mujeres son capaces de contar que se acarician" le dije como si le contara algo más cotidiano.

"Pero casi todas lo hacemos aunque lo negamos" - respondió - "Yo recuerdo que alguna vez cuando tenía como 12 años tuve que dormir en la misma cama que mi prima mayor y ella lo hizo justo allí; aunque me hice la dormida pude notar que hacía algo que se parecía a algunos toques que ya yo me daba abajo y por eso intenté saber cómo lo hacía. Al despertarnos en la mañana, cuando estuve segura de que ya estaba despierta empecé a tocarme como creía que ella lo había hecho, con toda la intención de que ella se diera cuenta" - continuó mientras yo seguía absorto por tan imprevista declaración aunque hacía cara de no estar asombrado, ella estaba ruborizada y nerviosa aunque su voz era firme y segura. "Mi prima me levantó con una sonrisa y me dijo que me iba a enseñar algo, nos dirigimos al baño a bañarnos y a mi tía le pareció completamente normal. Yo estaba súper nerviosa por la anticipación; ya allí cerró la puerta y me dijo que me desvistiera para bañarnos: nunca lo había hecho frente a nadie, y a mi corta edad, apenas si me hacía desarrollado.

Aún me sentía un poco asustada por los cambios en mi cuerpo y frente a mí mi prima que me llevaba unos tres años, se desnudó también nerviosa. No había visto hasta entonces a otra mujer desnuda y me asustaron sus senos grandes y lo peludo de su vulva; la mía apenas se empezaba a poblar" Imaginarán ustedes lo fuerte que golpeaba ya mi verga contra mi ropa, y seguí escuchando con atención, Bella apenas me miraba y prefería ver sólo hacia el frente.

"Me dijo que me apresurara y me miró de arriba a abajo (sobre todo abajo) cuando me terminé de desnudar. Luego se sentó y me dijo <Piensas primero en un muchacho que te guste> y la vi cerrar sus ojos y empezar a pasar las manos por su cuerpo, al tiempo que me decía más y más cosas en qué pensar. Todo esto me parecía un gran descubrimiento, su entrecortada respiración, su boca medio abierta y sobre todo cómo se hinchaban sus pezones cuando se los tocaba. Ya estaba yo toda excitada cuando mi prima bajó la mano y abriendo un poco los ojos me dijo que me le acercara mucho y viera bien lo que iba a hacer. Se empezó a hacer una paja en frente mío y yo sólo me asombraba. Ni siquiera había visto bien mi chocho y estaba viendo uno abierto, maduro, mojado completa y claramente frente a mi, y penetrado por unos convulsivos dedos, intentó decirme algo más pero se vino tapándose la boca con la mano y moviéndose toda. Allí fue que aprendí a hacerlo, y mi prima me enseñó muchos trucos". Por fin regresé un poco a la realidad y estúpidamente le pregunté "¿lo haces a menudo? Tomó una profunda bocanada y me dijo que lo hacía una o dos veces por semana.

"Eres la primera persona a quien le cuento todo esto" y el tono en su voz me mostró sinceridad, "simplemente sé que a ti sí te lo podía contar" "¿cómo te sientes tras habérmelo contado?" pregunté y con un guiño me dijo "Casi como tú", y como habíamos casi alcanzado la cabaña corrió a encontrarse con Rocío que ya había vuelto dejándome con la palabra a punto de salir de mi boca.

Esa mañana no hablamos mucho más, pues la dedicamos todos a jugar fútbol y a preparar el almuerzo que era comida típica del país del que provenían nuestros profesores. Tras reír, comer y divertirnos mucho, nos dirigimos a otra ruta, que por acuerdo general iba a ser la misma para todos. Lo lamenté pues hubiera preferido otra ruta en la cual había una deliciosa cascada en la que nos podríamos refrescar. Esto último sin embargo perdió total relevancia cuando vimos el cielo nublado y sentimos las primeras gotas. Cada uno corrió por su cuenta: unos volvieron a la cabaña y otros siguieron por la ruta dispuesta, y yo que llevaba trotando a Bella tomada de mi mano, a la primera oportunidad me desvié disimuladamente y me dirigí con ella por la ruta que prefería. Cuando mire hacia atrás no pude ver a nadie, pero sin embargo la llevé a un paso rápido. La lluvia duró apenas unos cinco minutos y Bella no se mojó pues yo le había pasado mi chaqueta.

Seguimos solos por nuestra vía y una hora y media después habíamos llegado agotados a la cascada que fluía con fuerza renovada tras las lluvias de los últimos días. Soltándola y quitándome apenas los zapatos y medias y la camiseta (polo) que llevaba corrí alegre hacia el agua que caía helada. Temblando de frío pero deliciosamente refrescado me volteé para encontrar que Bella estaba ya casi bajo el agua: sólo se había quitado mi chaqueta y los zapatos y pronto me alcanzó. Tiritando los dos nos alejamos un poco del agua y estábamos empapados de pies a cabeza. Sus pechos se transparentaron sobre su blusa con el agua y no pude evitar contemplar esos delineados pezones por unos segundos, no lo suficientemente pocos como para que ella notara que la miraba lascivamente. "¿Te gusta lo que ves?" me dijo, y avergonzada pero tranquilamente le dije que sí. Se dio la vuelta y se metió bajo el agua otra vez llamándome con la mano. El agua caía de unos 30 metros y se sentía dura y fría como el granizo. Tomó de repente mi mano y la pasó por su vientre y luego por uno de sus senos. La excitación se apoderó de mi al instante y también el miedo a ser descubiertos.

No habíamos visto a nadie en el camino, pero eso no aseguraba que no hubiera alguien cerca. La saque del agua y cogiendo lo que habíamos dejado en el piso busqué un sitio menos descubierto y más cómodo entre los árboles. Tomé una vieja trocha casi imperceptible y quince minutos después hallé el sitio preciso, unas grandes piedras lisas en que nos podíamos recostar. Botamos todo al suelo y nos trenzamos en un largo beso, no uno tierno, sino uno lleno de fuerza y pasión. Casi sin parar recorrí su cuello mientras sus manos resbalaban por mi espalda. La desnudé rápidamente ayudándome de manos y boca.

Frente a mí, sus oscuros pezones se alzaban como dos ojos bestiales y dejé que mis dedos se apropiaran de ellos. Me sentía observado y eso me gustaba, y no pensaba en dar a mi observador invisible una mala función. Bella se encontraba ya acostada en un piedra, y le ordené que se acariciara los senos; ella seguía mis palabras al pie de la letra. Le dije que la miraban, que debía mostrarse más dispuesta, más plena. Le abrí las piernas y observé su oscura grieta recubierta por una amplia mata de suave vello. Le dije que se dejara penetrar por las miradas, que exhibiera su ser completo, su centro entero, que abriera su vagina para que el mundo depositara en ella su semen titánico, y ella gemía acariciándose las tetas y abriendo aún más las piernas. Me desnudé al instante, pero como no llevaba preservativos ni ella tampoco decidí que no debía penetrarla.

Sin embargo, acrobáticamente trepé la roca por el extremo opuesto y me dirigí hacia sus pies desde su cabeza besando y mordiendo toda la piel que iba pasando bajo mi cuerpo. Pronto llegué a su raja dispuesta y caliente y me hundí en ella lamiendo su rosado y sobresaliente clítoris. Mi lengua resbaló hasta su interior y siguió conociendo alternativa y ávidamente toda su naturaleza femenina. Entre tanto mi pene se movía parado frente a su boca y le dije que se la tragara, para lo cual ella debió girarlo, algo dolorosamente, hasta una posición mejor. Sin embargo no pudo colocar allí más que la hinchada punta, y sin embargo lo lamía de extremo a raíz, mostrándome poca experiencia pero sí muchos deseos.

Su lengua no fue buena y se detuvo a menudo para darle paso a su conejo que ocupaba toda su atención. Tuvo un orgasmo silencioso en el que se quedó como paralizada, exhalando finalmente un único y profundo suspiro. Tras haberla satisfecho me senté a su lado y le llevé la cabeza directo a mi vara entumecida. Sus inexpertos movimientos me causaban morbo sin embargo, pues estaba seguro que estaba desvirgando su boca sedienta. Cuando le dije que iba a terminar no se retiró y mi leche salió por las comisuras de sus labios con los ojos satisfechos. No obstante, una cercana voz femenina me paralizó de inmediato, al escuchar tras de mi a Rocío que se acercaba. "Bueno, bueno" dijo, y al voltearme y verla pude ver que caminaba incómoda pues su mano derecha se encontraba bajo su pantalón y se movía despacio arriba y abajo. "Bella, me prometiste que me ibas a dejar algo, no te lo acabes todo".
 
 

por Shitsu
 
 

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