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La verdad es que éste iba a ser un relato que iba a seguir con la línea de mis últimos relatos pero mi vena romántica pudo más. Esta es una excelente página de relatos eróticos y éste lo es, pero tb. Es el relato de cómo una persona, "Mik" consigue un amor correspondido. Habla de esa noche, la primera de todas. Habrá lectores, de los poco que me lean, que quedarán disgustados por el resultado, buscando algo más excitante y más directo al grano pero la verdad es que los relatos eróticos no sólo son un chico metiendo su miembro a su pareja y suspiros de placer. Aún así, espero que disfruten leyendolo tanto como yo disfruté escribiéndolo. Gracias.Fdo: Jack Frost.
La noche fue estrellada. Fue la noche en el día, fue el traje de noche mejor bordado, fue el día en el que el cielo me tocó un instante con sus dedos.
Ainhoa era una dama de gran belleza, voluptuosa como ninguna, rubia de pelo rizado en bucles de ensueño, agradable como pocas personas, simpática... Ni qué decir que me enamoré de ella. Me invadieron unos sentimientos que jamás había conocido.Aquella noche habíamos quedado en un bareto que hay en la playa de Oyambre(Comillas, Cantabria) donde, a veces, podías encontrar buen ambiente y que tenía la ventaja de tener la playa al lado. Esa noche me había decidido a confesarla mis sentimientos.
Cuando ella llegó me sorprendí de encontrarla excesivamente atractiva. No recordaba haberla visto tan bella. Era las estrellas de aquella noche. Llevaba una falda tableteada blanca y una camiseta ajustadísima blanca sin tirantes que terminaba a la mitad de su pecho y que empezaba apenas superado el ombligo, galardonado por un bello y provocativo piércing, una estrella en el universo de su vientre.
La noche fue cálida, un velo a nuestra conversación que se prolongó en temas alejados al que me copaba la cabeza. Y encima de nosotros las estrellas marcando su presencia en los desvelos de nuestras miradas.
Empezamos a bailar unas canciones que pusieron de Gloria Estefan. Yo me retorcía, ella bailaba. El ver bailar a tan bella ambrosía delante de mí, tan sensual, tan voluptuosa, tan mágica empezó a marearme(además de resucitar mi espada) así que salímos al amparo de las estrellas y la arena de la playa.
- ¿Qué te pasa?- me preguntó.
Su voz terminó por enloquecer mis sentidos. Su voz era el mismo mar: cálida y deseable, húmeda y llena de vida. Sin darme cuenta de que estaba hablando hasta que se volvió a hacer el silencio, la desvelé todo lo que sentía por ella, todo lo que mi corazón anhelaba desde hacía tanto y tanto tiempo.
Ella me miró y sonrió. Sus pecas (estrellas de mi noche) inundaron el mar de sus mejillas. Me cogió de la mano. Su sólo contacto hizo que brincase con las vista agachada, avergonzado de mi propia sorpresa por mi repentina revelación.
- "Mik", me han gustado mucho tus palabras.
La utilización de mi apodo(me llamo Mijhäil) y su sonrisa hizo que las lágrimas afloraran en presencia de ese sol, bajo la noche estrellada. Levanté la vista, aún más avergonzado por mis lágrimas.
- No llores, "Mik".- me susurró.
Su mano devoró mis lágrimas y permaneció en mi mejilla aportándome un calor que ningún sol podría haberme brindado.
- Te quiero Ainhoa.- intenté sonreír.- Desde siempre, para siempre.
Fue ella ahora la que tuvo que ahogar las lágrimas y me miró. Entónces dijo algo que me aturdió más que nada hasta el momento.
- Mi corazón también está contigo.
Puede parecer cursi pero eso me inundó el alma. Ví en sus ojos que sus palabras no eran fruto del momento y me sentí el hombre más afortunado de este planeta, de todos los planetas.
Sin previo aviso nuestras cabezas se inclinaron y, al abrigo de la noche, nos besamos. No rápidamente, no con frenesí sino un verdadero beso, suave, despacio, saboreando, disfrutando, sabiendo que no hay por qué darse prisa buscando el siguiente porque el siguiente estará allí, a su tiempo. Tuve tiempo de sentir sus labios, su textura, su sabor, su olor, su grosor. Sentí su lengua como la espada del guerrero hausinkaa, su aliento, el aliento que llevó a la perdición a tantos bravos seres en la historia. Me sumergí en un universo donde sus labios y los míos, su lengua y la mía eran los únicos seres del mundo. Nos besamos con pleitesía, con suavidad y deseo de amantes expertos.
Ella arqueó su cuerpo y mis manos sin pretenderlo, se fijaron en sus pechos, sirviéndose la misma medida que mi boca, deleitándose de tanta perfección en un sólo ser. Mis manos acariciaron sus pezones mientras mi nariz acariciaba la suya. Mis pies navegaron por sus piernas, mis muslos por los suyos y bajo esa noche estrellada nos hicimos un sólo ser.
por The Jack Frost
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