UNA PIZZA POR FAVOR

 
Una pizza por favor -¿Es la Pizzería?....Bien, me mandas dos hamburguesas completas....Ah!, Claro, que es la pizzería y no hacéis hamburguesas.

Ella se echó a reír.

La había conocido esa noche y ya estábamos en la cama completamente desnudos. Después de haber dormido seis horas teníamos hambre, y como tengo el teléfono al lado de la cama, llamé a la pizzería. Creo que todavía nos duraba algo de la borrachera de la noche anterior.

Me desperté yo primero. Vi en el despertador que era la una del mediodía de un domingo soleado pero muy frío, y sin despertarla me fui al baño y me di una ducha.

Al volver a la habitación y levantar las mantas para meterme en la cama, me quedé mirándola. Estaba durmiendo boca arriba, y pude ver todo su cuerpo.

Tenía unos pechos preciosos, con unos pezones grandes y claros que casi se confundían con el color de su cuerpo. Un cuerpo precioso, lleno de curvas, con una piel blanca y suave. El bello era abundante, y al tener las piernas una junto a la otra, hacía que su bello formase un triángulo perfecto, me entraron ganas de acercarme y comenzar a jugar con sus pelitos rizados, de darles pequeños mordiscos acompañados de besos. Pero me quedé mirando su cara. Tenía el pelo largo y rizado, un mechón de su pelo se colaba entre sus labios, lo cual la hacía aún más sexy. Su boca me volvía loco, grande pero con unos labios finos que me hicieron recordar el día anterior cuando estábamos de bares y miraba su boca, mientras yo le hablaba y ella se reía. Tuvo que darse cuenta que estaba siempre mirándole a los labios.

Al tenerla destapada se despertó por el frío. Abrió los ojos, y se estiró para terminar de despertarse, después me miró y me sonrió dulcemente. Se levantó y me dio un beso en la mejilla, me dijo que iba a ducharse.

Al cabo de cinco minutos apareció corriendo por la habitación, sujetándose los pechos con una mano. Levantó las mantas metiéndose rápidamente en la cama, abrazándome fuertemente para coger calor.

Decidimos llamar a la pizzería. Después de que el chico que estaba al otro lado del teléfono me dijese que no tenían hamburguesas, le pedí una pizza familiar.

-Una mariachi, con su pizquita de picante.

Le miré a ella, y asintió con la cabeza, seguido de un mordisco en el hombro. Yo me reí.

-¿¡Eh!?. Perdona, ¿qué me decías?

Le dije al chico de la pizzería.

Mientas el chico me preguntaba si quería algo para beber, ella empezó a pasar su lengua por mis pezones, cuando notó que ya estaban duros siguió hacia abajo.

-Sí, dos Coca Colas.

La miré a ella, muy cerca de mi entrepierna estaba jugando con mis piernas, lamiéndolas y haciendo pequeños círculos. Sin mirarme volvió a asentir con la cabeza. Yo que solo podía ver su melena rizada, notaba su lengua jugando, su saliva sobre mi piel me estaba poniendo a cien. Sin dejar de mirarla seguí hablando con el de la pizzería.

-Oye, ¿puedes traerme también un paquete de Chester?

Justo entonces comenzó a mordisquearme los huevos y luego a lamérmelos. Acerqué mi mano a su cabeza, aparté su pelo para poder ver como me lamía. Abría su boca, sacaba la lengua y me lamía de abajo a arriba.

-Pero tío, como que no tenéis tabaco. Venga, enróllate.

Justo entonces comenzó a lamerme la polla. Primero por los lados, muy poco a poco, y luego introduciéndola en la boca. Notaba como de vez en cuando me rozaba con sus dientes.

-Mira no es cuestión de que te cuente mi vida, pero te diré que desde que me he independizado no me he comido un torrado, y hoy estoy con una chica estupenda que además está de muerte....Ya sabes, un cigarro siempre apetece en estas ocasiones.

Entonces ella paró, se rió, y acercándose me dio un beso. Luego volvió a bajar y comenzó a acariciarme con sus tetas, notaba como sus pezones endurecidos rozaban con mi glande.

-Ves como no te miento. Habrás oído el beso.... pues eso tío, con el frío que hace y lo agustito que estamos en la cama, ¿no me harás levantarme para bajar al bar a por tabaco?

Noté como ella paraba y se reía, pero esta vez sin sacársela de la boca, lo cual me hizo reír a mí también.

-Venga, ¿te enrollarás?....¿Sí?....dile al repartidor que le daré una buena propina....si, la dirección es Paciano Arosa 23, 2º izquierda.....y por favor que se de prisa que tenemos mucha hambre....adiós, adiós.... y muchas gracias.

Colgué el teléfono, le agarré la cabeza con las dos manos y echándola hacia atrás sin decirle nada, la tumbé boca arriba, puse las mantas sobre nosotros y totalmente a oscuras metidos entre las mantas, comencé a besarla mientras yo estaba de rodillas. Tenía una mano en su cara y la otra pasando primero sobre uno de sus pechos y luego recorriendo su cuerpo lateralmente, notando con mi tacto su cuerpo, bajando luego a su culo, apretándole con firmeza, y notando como el beso se volvía mas apasionado. Dejé de besarla y comencé a chuparle los pechos mientas mi mano se dirigía a su sexo. Le metí el dedo con delicadeza para no hacerle daño, pero estaba tan mojada y dilatada que entró fácilmente, entonces se lo saqué y metí dos dedos. Ella que movía su cadera, excitándose y excitándome a mí también, apretó con sus manos mi cabeza sobre sus pechos, haciendo que cambiase mis lametones al otro pecho.

Saqué mi mano de su sexo y aparté las mantas, tenía ganas de verla. De ver sus pezones duros como piedras y su cuerpo moviéndose. Dirigí mi mirada a su entrepierna, me tumbé boca abajo sobre la cama, le aparté las piernas y metí mi cabeza. Comencé a lamerle su sexo poco a poco, tal como lo había hecho ella antes conmigo, de abajo a arriba. Ella se incorporó un poco y amarrándome del pelo impuso un movimiento algo más rápido. Miré para arriba, estaba mirándome con la boca abierta. Cerró los ojos, vi como se mordisqueaba la punta de la lengua mientras la sacaba y la metía.

Me incorporé, me levanté, la cogí en brazos agarrándola con las dos manos por el trasero. La levanté sobre mí, me rodeó con sus piernas, cogió mi pene y lo situó en su sexo, la apreté hacia mí y entré dentro de ella. Con sus codos en mis hombros y sus manos rodeándome la cabeza comenzó a moverse arriba y abajo. Al cabo de un rato comencé a andar hacia la entrada, nos reímos cuando tropezamos con el zapatero del pasillo. Al llegar a la entrada me situé enfrente del enorme espejo que ocupa toda una pared del recibidor. Me puse a ver su cuerpo que estaba de espaldas al espejo, viendo el movimiento de su trasero. Me acerqué un poco mas al espejo y comencé a apretarle y acariciarle el culo. Ella giró la cabeza mirando hacia el espejo. Al ver que yo no quitaba ojo del espejo comenzó a lamerme la oreja, de forma que yo viese como sacaba la lengua, me lamía y luego me mordía.

Me giré colocándome de espaldas al espejo, la apoyé a ella sobre la pared, y comencé a hacer que los movimientos fueran más bruscos, ella estaba mirando al espejo. Me miraba a mí, se miraba a ella misma, y volvía a mordisquearme la oreja mientras se contemplaba haciéndolo y mirándose en el espejo.

La recliné un poco hacia atrás para contemplar sus pechos, luego la levanté un poco para que mi pene quedase algo a la vista, y poder mirar los dos como entraba y salía. La volví a acercar hacia mí y la apoyé nuevamente contra la pared. A pesar de tenerla atrapada contra la pared, comenzó a moverse arriba y abajo. Pasó un brazo por debajo de mi sobaco y la otra mano sobre mi trasero, apretándome fuertemente hacia sí. Me giré colocándome lateralmente al espejo para que los dos nos mirásemos en él. Tardamos muy poco en corrernos los dos mirando al espejo, ella soltó varios gemidos al compás de nuestros movimientos.

Justo es ese momento sonó el timbre de la puerta. Todavía con ella encima me acerqué a la puerta, miré por la mirilla y le dije que era nuestra pizza. Ella sonrió. Aún estábamos respirando fuertemente, nuestros corazones latiendo a cien por hora.

Acerqué mi mano al pomo de la puerta. Me miró sorprendida, le sonreí y me correspondió con otra sonrisa mientras me asentía con la cabeza.

Abrí la puerta, la cara me era conocida. El repartidor abrió los ojos sorprendido, se quedó con la boca abierta, y al cabo de un rato me dijo:

-Hola Juan

Entonces me di cuenta. Cerré la puerta de un portazo, y bajándola a ella al suelo le dije que el repartidor era el hijo de una vecina de mi madre.

Me puse una bata, abrí la puerta. No sé cual de los dos estaba pasando mas vergüenza. Le pagué y le di mil pesetas de propina.

A pesar de la propina se enteró mi madre, todo el barrio de mi madre y todos mis amigos.

Una ciudad tan grande como es en la que vivo, y el repartidor de pizzas tenia que ser el hijo de la vecina de mi madre.ue con ella no jugase.

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