Fin de semana (I)
Por Robocos
 
Voy a narrar un fin de semana que pasamos el verano pasado. Fin de semana que recordaré como el mejor hasta hoy, bueno si exceptuamos el que poco tiempo después vivimos en Ibiza... pero eso es otra historia que ya contaré.

Aquella tarde habíamos quedado otra pareja (Antonio y Marisa) y nosotros (Luis y Soledad) para pasar el fin de semana en el chale de la sierra. La cosa prometía ya que en otras ocasiones habíamos estado hablando de la posibilidad de juntarnos los cuatro y practicar alguna de las fantasías que nos llenaban la mente...

Serían sobre las 6 y muy poco de la tarde de un viernes más bien caluroso de finales de junio cuando llegamos al chalé. Antonio y Marisa ya nos esperaban en la puerta. Entramos todos y, una vez aparcados los coches en el interior de la parcela, las chicas nos dijeron que debían acercarse a la estación de tren a recoger a una amiga suya que venía también a pasar el fin de semana. Y allí nos dejaron con dos palmos de narices a Luis y a mí, sin saber siquiera cuándo volverían, teniéndonos que nuestro bien planificado fin de semana se iba al garete.

Nos dimos un chapuzón en la piscina (por cierto que estaba fenomenal). Después de secarnos, entramos a la casa, nos sentamos en el sofá y nos dispusimos a ver una película en el vídeo para hacer tiempo hasta que llegaran las chicas, mientras bebíamos unas cervezas bien frías.

El tiempo pasaba y no aparecían. De pronto, suena la puerta del jardín y se oye el ruido inconfundible de un coche entrando en la parcela. Por fin. Llegan.

Al entrar en el salón la visión que tenemos Luis y yo no pudo ser mejor. Nuestras respectivas novias flanquean a una rubia impresionante. Tal parecía que todas habían quedado para vestirse igual: camiseta y pantalones vaqueros, todo ajustado. Muy ajustado. Nos presentan. La amiga se llama Verónica. Sus tetas, bastante más grandes que las de Soledad o Marisa, estaban rematadas por dos duros pezones que luchaban por escapar de la prisión de la camiseta de tirantes, mientras que por los laterales se podían ver gran parte de ellas.

Antonio y yo les echamos una bronca de campeonato por llegar tan tarde (dijeron que tardarían poco más de media hora). Realmente por lo que estábamos cabreados era porque pensábamos que nuestro fin de semana desenfrenado se había ido a hacer gárgaras. Ellas, las tres, mientras tanto aguantaban el chaparrón. Nosotros sentados en el sofá. Ellas de pie frente a nosotros sin decir palabra, a escasos dos metros.

- ... así que como castigo os tendréis que desnudar completamente delante de nosotros, les dije sin darles tiempo a pensar.

Antonio me miró con ojos atónitos. Todavía estoy haciendo cábalas de cómo pude hablar de esa forma, pero ellas se miraron entre sorprendidas y pícaras, sonriéndose en plan de complicidad. Y se comenzaron a desvestir. Primero Soledad (mi novia). Se quitó los pantalones y después la camiseta de tirantes, quedándose tan sólo con un sujetador beige de los que se abrochan por delante y unas braguitas del mismo color casi transparentes. Después Marisa. Se quitó primero la camiseta dejando ver un sujetador transparente de color blanco que dejaba traslucir unos pezones bien formados y duros, y después los pantalones, muy despacio, dándose la vuelta y moviendo su culo de tal manera que tanto a Antonio como a mí nos puso a cien mil por hora, ya que llevaba un tanga y por detrás se apreciaba en todo su esplendor un culo bien formado y apretado. Verónica tampoco se cortó. Esperó a que sus amigas quedaran tan sólo en ropa interior para comenzar a desvestirse. Primero fueron los pantalones. Sorpresa. Bajo ellos no llevaba nada, apareciendo su coñito totalmente afeitado. Luego la camiseta. Tampoco llevaba sujetador, liberando sus tetas con sus pezones totalmente erectos. Marisa y Sole, visto lo visto, se enfrascaron en quitarse la ropa interior la una a la otra quedándose al fin las tres frente a nosotros totalmente desnudas. Soledad, con sus tetas (las más pequeñitas de las tres) enormemente firmes y con su pubis negro azabache que marcaba un triángulo casi perfecto. Marisa tenía las tetas redondas con las areolas grandes y abultadas, y su pubis negro aunque con un color menos fuerte que el de Sole. Las tres nos presentaron sus pezones totalmente erguidos y preparados para la contienda.

Mi amigo y yo estábamos que no podíamos más, así que casi al unísono nos despojamos de nuestros bañadores, liberando de su prisión a nuestras pollas que saltaron a punto de reventar.

- Ahora, me dirijí de nuevo hacia ellas, tú, Soledad, te vas a colocar delante de Antonio y tú Marisa delante de mí.

Ellas se acercaron y se colocaron tal y como les había dicho, a pocos centímetros de nuestras rodillas.

- Tú, Verónica te vas a colocar entre ellas, un poco más atrás.

Como un corderito, procedió tal como le había dicho.

- Bien. Ahora, vosotras dos abrid ligeramente las piernas y sin arrodillaros, inclinaros para chuparnos las pollas, mientras sujetáis nuestros huevos con las manos. Y tú, mientras tanto, coloca cada una de tus manos en el coño de tus amigas y comienza a jugar con ellos.

Ni cortas ni perezosas Sole y Marisa descendieron sobre nosotros obsequiándonos con sendas mamadas mientras que Verónica procedía a juguetear con sus coñitos, retorciéndose, meneando sus tetas y haciéndolas chocar con el culo de cada una de sus amigas.

- ... y chupadlas bien, ya que si dejáis de hacerlo, Verónica pasará de acariciar vuestros coños a pegaros sendos azotes en el culo.

No habían oído esta amenaza, cuando Sole y Marisa se miraron y dejaron de chupar. Ante nuestras protestas, Verónica pasó a la acción, sometiendo primero un culo y luego el otro a una serie de fuertes azotes que provocaban en ellas verdaderos espasmos de placer. Cuando hubo dado un par de tandas de tres o cuatro azotes a cada una, ambas se volvieron a acercar a nuestras pollas y comenzaron de nuevo a chuparlas. Verónica, se dio la vuelta, se abrió paso entre sus amigas y colocó sus piernas entreabiertas en el borde del sillón. Se abalanzó hacia delante, dejándonos ver su húmedo coñito totalmente abierto y con su clítoris enhiesto. Introdujo varias veces sus dedos en la vagina y uno de ellos, totalmente mojado, por el ano. Nuestras pollas se pusieron aún más grandes. No podíamos más. Retiró sus manos del coño, dejándolo de nuevo a nuestra vista y pasó a sobar los de sus amigas, ahora por debajo y delante. Yo, a mi vez comencé a tocar suavemente su clítoris, haciéndola estremecerse, mientras que Antonio metía uno de sus dedos por el culo y otros dos en la vagina.

Marisa estaba a lo suyo. Lamía mi polla como si en ello le fuera la vida. Primero uno de mis huevos, lo chupa, lo lame, se lo introduce en la boca y lo succiona.... Luego sube despacio por toda mi verga, no dejando ni un solo milímetro sin ser humedecido por su lengua. Después llega al capullo, sorbiéndolo y metiéndolo y sacándolo de su boca primero despacio y después más rápido. Y cuando volví la vista, vi a mi novia que tragaba toda la polla de Antonio, mientras sus tetitas colgaban hacia abajo y su coñito estaba en manos de Verónica. Pensé que era una lástima que esto no lo hubiéramos hecho antes.

De pronto, ya no pude más y solté un chorro de mi leche. Marisa se sacó la polla de la boca y dejó que brotara de mi polla todo el líquido con una fuerza que yo ni yo mismo me creía, mientras ella, sonriente, tragaba todo lo que había quedado en su boca. ¡Qué corrida!. Cuando abrí los ojos contemplé a Sole (mi novia) con toda su cara llena de la leche de Antonio, relamiéndose de gusto, con su polla en una mano y sujetando con la otra sus huevos, con una cara de viciosa increíble que yo no había visto nunca.

Ahora se incorporaron las tres y se comenzaron a magrear entre ellas, lamiendo una a otra todas las partes que habían recibido alguna gota de nuestro semen. La cara, el cuello, y las tetas. ¡Qué espectáculo! Cuando nos dimos cuenta, tanto Antonio como yo ya estábamos de nuevo con las pollas totalmente duras. Increíble.

Pero en esta ocasión fueron ellas las que tomaron el mando.

- Os lo habéis pasado bien, pedazo de cabrones, dijo mi novia. Ahora nos toca a nosotras.

- Tú, Luis, colócate en la alfombra de rodillas mirando hacia la ventana, dijo Marisa.

- Y tú, Antonio ponte boca arriba en la alfombra, dijo Verónica.

Obedecimos sin rechistar, quedándonos tal y como nos ordenaron. Verónica se colocó a horcajadas sobre Antonio. Cogió la polla de Antonio y la apuntó hacia su vagina. De repente y de un solo golpe se dejó caer sobre la polla, introduciéndosela hasta que los huevos de mi amigo tocaban su culo. Dio un grito de placer, quedándose con la espalda totalmente arqueada durante unos segundos. Luego, comenzó a cabalgar sobre la polla de mi amigo, al mismo tiempo que se sobaba sus tetas, jugando con sus pezones totalmente tiesos y estirando de cuando en cuando de ellos, y todo ello sin dejar de gemir y gritar como una posesa.

Marisa, por su parte, se colocó delante de mí, a cuatro patas, y después de masajearse el coño con verdadera pasión, comenzó a recular hacia mi polla. La agarró con dos dedos apuntándola hacia su jugoso agujero. Una vez hubo colocado mi verga de esa guisa, volvió a recular, esta vez de golpe hasta que la entró toda. Mi novia sin perder un momento, se colocó encima de Marisa y reclinando su cuerpo hacia delante, dejó a la altura de mi boca su hermoso coñito que no por conocido yo iba a dejar de chupar. Sorbí con verdadero placer sus jugos, introduje en él mi lengua, lubricando su ano también, mientras ella jugaba a veces con sus pezones, a veces con los de su amiga del piso inferior...

De repente, Verónica dio un enorme grito y volvió a arquear la espalda. Se había corrido como una burra. Pero no se conformó. Una vez relajada, dio otro grito:

- ¡¡¡ Ahora por el culo... !!!

Y sin más, se sacó la polla de mi amigo de su coño y se levantó. Agarró a sus dos amigas y las colocó en la alfombra un poco más allá a cuatro patas. Sacó de su bolsa un tarro transparente que luego supimos contenía vaselina, y comenzó a untar con ella los anos de Marisa y de Soledad. Por fuera y por dentro, introduciendo bien de vaselina en cada uno de los anos de sus amigas. Después hizo lo propio con el suyo. Pero, no conforme con ello, se acercó a mi polla y comenzó a lamerla. No pudo ponerse más dura. Era imposible. Se sacó la polla de su boca relamiéndose de gusto y la embadurnó a conciencia de vaselina. Luego hizo lo mismo con la polla de Antonio. Y sin más, se colocó de nuevo a horcajadas sobre él, aunque esta vez mirando hacia su cara, se colocó la polla apuntando a su culo y se dejó caer de golpe sobre ella. El grito que lanzó fue todavía más grande que el de antes. ¡Qué bestia! Y, pasados unos segundos, volvió a cabalgar a Antonio, que se había a su vez lanzado a juguetear con los labios de su coño, con su clítoris y con sus enormes y duras tetas. ¡Que visión!

En estas estaba yo cuando mi novia se acercó a mí, me levantó y me sentó en el borde de una mesita de madera que había a un lado, quedando mis huevos colgando fuera de ella. Se dio la vuelta y agarrándome el rabo por su base se colocó la punta en su ano. Empezó a bajar, primero muy despacio (creo que debía dolerla, aunque el placer que sentía debía ser infinitamente superior), y cuando se hubo metido el capullo, se lo sacó, repitiendo la operación varias veces hasta que, una vez distendidos los esfínteres, entraba y salía mi polla de su culo como Pedro por su casa. En ese momento, soltó mi polla y se dejó caer sobre ella, aunque no tan fuerte como Verónica y gritando aunque ahogadamente. Se la metió toda en el culo. Yo sentí un placer indescriptible. Soledad subía y bajaba acompasadamente, notando como mi polla entraba y salía de su agujero por primera vez. Y cuando creía que no podría haber nada mejor (yo a estas alturas ya estaba sobando sus tetas y lamiendo su espalda), noté como Marisa se había tumbado en el suelo y mientras con una mano jugueteaba con su clítoris, mojándolo con los jugos que extraía de su vagina, con la otra me sujetaba los huevos, lamiéndolos despacio y a conciencia. Sólo dejaba de chupármelos cuando hacía lo propio con el coñito de mi novia. Yo creía que iba a estallar.

De repente, y casi al unísono, Verónica y Soledad se corrieron, arqueando de nuevo ambas las espaldas y gritando, esta vez sin recato alguno. Mi amigo no pudo más y llenó lo más profundo de Verónica de leche, que salía de su culo y le chorreaba por los huevos...

Ambas se levantaron y Soledad me dijo:

- Tú, no te comportes mal y ahora da por el culo a Marisa. Ella también debe probarlo.

Entre tanto, Verónica se incorporó y tomando unas toallas se llevó a Antonio hacia la piscina.

- Venga no os entretengáis demasiado y venid a pegaros un chapuzón...

Cuando estaba viendo cómo ambos se perdían tras la cristalera, totalmente desnudos hacia la piscina, noté cómo alguien trasteaba con mi polla que por ese entonces estaba perdiendo algo de su dureza. Era mi novia que la estaba masajeando y embadurnando profusamente con vaselina. No pude evitar que volviera a ponerse como una piedra de dura, sobre todo al contemplar cómo Soledad embadurnaba también el ano totalmente abierto de Marisa que estaba tumbada en el sofá, con el culo en el reposabrazos y sujetándose las piernas para mostrar así sus agujeros a quien quisiera verlos. La llenó toda de vaselina, desde el pubis hasta la raja del culo. El vello del pubis estaba pegado como si tuviera gomina, mientras que los labios del coño, totalmente abiertos daban escolta a su clítoris que parecía que fuera a despegar hacia el techo.

Me levanté y caminé hacia ellas con mi polla totalmente dura, meneándose a cada paso que daba a un lado y a otro. Ellas la miraron moverse con el pegote de vaselina en su punta. Y, mientras Soledad no dejaba de sobar las tetas a Marisa, llegué junto a su culo. Soledad tomó mi cipote de nuevo por la parte de abajo, colocando su punta justo en el agujero del culo de Marisa. Me la agarró fuerte intentando introducirla en el ano. Sólo pudo entrar un poco el capullo, consiguiendo un quejidito de dolor de Marisa. Inmediatamente me retiré hacia atrás. Soledad, con cara de enfado dijo:

- ¿Qué haces mamón?. Debes encular a esta zorrita ahora. No creas que se va a ir de rositas. Trae acá.

Se levantó y se colocó encima de Marisa con las piernas abiertas de tal modo que su coño tocaba por abajo con el pubis de su amiga. Me agarró de nuevo la polla y se la restregó por su coño que a estas alturas estaba totalmente mojado de nuevo, introduciéndola en él y moviendo rítmicamente su pelvis para que entrara y saliera así mi polla. Yo notaba cómo con cada movimiento, mis huevos rozaban el clítoris de Marisa que gritaba de placer. En un momento dado, Soledad se sacó mi polla, la volvió a embadurnar de vaselina y la apuntó de nuevo y de la misma forma que antes en el ano de Marisa. Esta vez, empujé un poco más fuerte. Mi polla se hundió en su culo hasta la mitad. Marisa gritó.

- ¿Quieres que te la saque? le preguntó Soledad mientras pellizcaba los pezones de Marisa.

- No. No. Que me la meta toda.... balbució Marisa.

Yo, obediente que soy, extraje un poco mi polla de su culo para volver a clavarla, esta vez hasta los huevos. Marisa gritaba:

- Más... Más...

Y comencé a meter y sacar rítmicamente mi verga de aquel agujero tan abierto y caliente hasta que pasados pocos segundos Marisa se corrió de placer...

Yo ya iba a correrme también cuando Soledad, mi novia, me dijo:

- Espera amor. No te corras aún. Quiero saborear tu leche.

Y sacando mi polla del coño de Marisa, se arrodilló ante mí, regalándome una mamada como nunca antes me había hecho. No pude más y estallé en su boca. Sole, se tragó casi toda mi leche, dejando que algo de ella se escapara entre la comisura de sus labios, resbalando y goteando hacia sus tetas.

Saqué mi polla de su boca y Marisa que había venido hacia nosotros, comenzó a lamer mi verga que ya no daba más de sí junto con Soledad, disputándose sus lenguas cada una de las gotas que podían extraer de mi polla.

Y así, nos levantamos, cogimos otras toallas y los tres totalmente desnudos nos dirigimos abrazados hacia la piscina, donde nadaban y jugueteaban nuestros amigos Antonio y Verónica.

El fin de semana había comenzado. Un fin de semana memorable. Pero eso lo contaré más adelante.
 
 

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