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Aquella tarde de viernes fue monumental. Después del baño en la piscina del chalé los cinco nos vestimos y nos dirigimos en mi coche hacia el pueblo donde cenamos en un restaurante muy pequeño donde nos conocen y por lo tanto comimos fenomenalmente. Luego, y dando un paseo, nos acercamos a una terraza donde pedimos unas copas. Entre bromas y risas cómplices se nos hizo tardísimo. Nos dirigimos a casa de nuevo y nos acostamos. Todos estábamos exhaustos después de todo lo que habíamos vivido desde poco después del mediodía.Serían poco más de las 8 de la mañana cuando Marisa nos despertó a Sole y a mí.
- Perdonad, pero nos han llamado al móvil y Antonio, Verónica y yo debemos marcharnos. No es nada importante pero debemos marcharnos.
Y de esa forma nos quedamos mi novia y yo solos en el chalé. Cuando oía el ruido del coche de nuestros amigos alejarse por el camino no pude evitar pensar que se me acababa de estropear lo que parecía el comienzo de un fin de semana memorable.
A mi lado en la cama dormía plácidamente Soledad. No se había enterado de nada. Lo cierto es que tiene un sueño profundo y debía estar bastante cansada. Yo confieso que no me podía ni levantar... Sole estaba tumbada de lado mirando hacia mí. Totalmente desnuda, como yo. Sus tetitas apuntaban directo hacia mí, y entre sus piernas unidas asomaba el pelo rizado de su pubis. Es preciosa. Noté cómo se me empezaba a poner dura mi polla. Pero no. Estaba demasiado cansado, así que me dormí de nuevo....
A eso de las 12 me despertó el ruido de la ducha en el baño. Sole estaba dentro. Al poco salió envuelta en una toalla blanca y secándose el pelo con otra toalla. Me levanté, y después de una reconfortante ducha nos dirigimos al hiper a comprar ya que el frigo estaba bajo mínimos.
Se nos hizo la hora de comer en el hiper y en un McDonalds tomamos una hamburguesa. Mientras estábamos en la mesa, una chica con melena rizada e intensamente negra, vestida con ropa de campamento (camisa de manga corta, pañuelo anudado al cuello, pantalón corto y botas de montaña), se acercó por detrás a Soledad. La tapó los ojos y
- ¿Quién soy?
Marisa, con la boca llena de hamburguesa apenas podía balbucir algo, así que se retiró las manos de los ojos y se volvió para comprobar quien había roto su tranquilidad. Inmediatamente se levantó y se abrazó a la recién llegada. Resultó ser una antigua compañera de trabajo que estaba junto con un grupo de gente en otra mesa. Mi novia nos presentó. Su nombre era Eva. Como quiera que comenzaron a hablar entre las dos, yo la invité a que se sentara con nosotros. Se acercó a su mesa por su comida y la terminó en nuestra compañía.
Hablando y hablando, sus compañeros la llamaron. Debían irse ya pues debían comenzar una marcha hacia no sé que sitio. Soledad propuso a Eva que se quedara con nosotros lo que restaba del fin de semana en lugar de irse con el grupo. Ni corta ni perezosa, Eva se levantó, tomó su mochila (muy grande, por cierto) y se despidió de su gente.
Después de cargar el coche con la compra, nos dirigimos de nuevo al chalé. Allí, después de colocar cada cosa en su sitio y de rellenar el maltrecho frigorífico, Sole propuso que nos fuéramos a la piscina a tomar un rato el sol, descansar y darnos luego un chapuzón. A Eva le pareció bien y yo tampoco puse ningún impedimento.
Mientras yo colocaba el coche dentro del garaje, ellas se cambiaron de ropa y se fueron directamente a la piscina que se encontraba al otro lado de la casa. Subí a mi cuarto y me puse el bañador. Lo cierto es que debí tardar bastante pues cuando bajé a la piscina me encontré a ambas charlando animadamente. Estaban recostadas cada una en una tumbona y.... totalmente desnudas. Yo alucinaba. Sole estaba magnífica, como siempre. Sus pequeñas tetitas rebotaban a cada aspaviento que hacía al hablar, mientras dejaba entrever los labios de su coño pues sus piernas estaban entreabiertas. Eva, era algo descomunal: morena con el pelo rizado que llegaba a la mitad de su espalda, sus pezones totalmente de punta coronaban unas enormes tetas que no tenían ninguna intención de sucumbir a la fuerza de la gravedad, su pubis aparecía totalmente afeitado, dejando ver perfectamente su clítoris y los labios que partían de él ya que estaba bastante abierta de piernas.
Según me iba acercando a ellas noté como mi verga iba entrando en acción, cosa que me hizo estar algo incómodo por lo que Eva si lo notaba podía pensar... Al llegar a su altura me fui a recostar en la tumbona que había junto a Soledad. Cuanto estaba colocando la toalla y me disponía a echarme, mi novia se volvió hacia mí y me dijo:
- Pero Luis, desnúdate, no seas tan recatado.
Se volvió hacia Eva y después de unas risitas cómplices continuaron con su animada conversación. Me despojé del bañador y me tumbé a tomar el sol, cerrando los ojos. Debí quedarme dormido, pues me despertó un chapoteo en el agua. Ambas estaban jugando en la piscina y me llamaban para que me uniera a ellas. Así lo hice. Fue un rato exquisito. Eva se acercaba sin tapujos a mí, rozándome con sus tetas. Mi polla se puso dura y ella se rozó (creo que adrede) con ella en varias ocasiones. Poco después ellas dos salieron de la piscina y se secaron. Yo debí esperar algunos minutos a que mi verga perdiera su potencia o al menos parte de ella, antes de salir del agua. Me sequé y Eva nos indicó que iba a la casa para sacar sus cosas de la mochila. Se alejó hacia la puerta meneando su culo, con el bañador en la mano.
Soledad me pidió la acompañara. Cogimos los bañadores y nos dirigimos a nuestra habitación. Cuando entramos mi novia me pidió que entrara con ella en el baño.
- ¿Dónde tienes la espuma y la maquinilla de afeitar?, me preguntó.
Le indiqué el cajón del armarito donde estaban. Tomó una toalla de baño y la colocó en la encimera, una vez apartó todos los objetos que allí había. Dejó junto al lavabo la maquinilla con una cuchilla nueva y se subió encima de la encimera, apoyando su espalda en el espejo colocó el pie derecho encima de la toalla y estiró su pierna izquierda hacia arriba. Cogió el spray de la espuma de afeitar y se embadurnó a conciencia con ella todo el pubis y los labios externos de su coño. Yo estaba allí, de pie, desnudo y con mi polla apuntando directamente al techo. Sole se sonrió al verme y me pidió:
- Cariño, aféitamelo totalmente, como Eva.
Con unos calores que no se pueden narrar, procedí a lo que me había pedido. Comencé a retirar su rizado vello, primero por arriba y poco a poco hacia abajo. Con cada pasada iba apareciendo su piel con un color ligeramente más claro que el resto. Por fin terminé al afeitar sus ingles a ambos lados del coñito. Fue entonces cuando comprobé como rezumaba, signo inequívoco de su excitación. Limpié a conciencia todo lo que había afeitado y lo sequé con otra toalla. Coloqué entonces sus piernas bien abiertas con sus pies encima de la encimera, de modo que me presentaba su conejito totalmente abierto hacia mí. Con mis dedos procedí a abrir los labios del coño y a lamer despacio esa abertura que se me ofrecía. A cada lamida, que acababa siempre en un jugueteo en el clítoris, ella correspondía con una mueca de placer, mientras jugueteaba con sus pezones.
Al poco rato retiró mi cabeza de entre sus piernas, se colocó a cuatro patas sobre la encimera y me hizo levantar. Se reclinó ligeramente, agarrando mi polla con su mano derecha y llevándosela a la boca, me obsequió con una soberbia mamada. En el espejo yo podía, mientras tanto, ver su culo, abierto, y su coño, totalmente libre de vello, también abierto, No pensé nunca vérselo así. Abierto, jugoso, precioso. Podía ver sus tetas rozando a cada vaivén con la toalla, poniendo sus pezones totalmente duros.
De pronto soltó mi verga y me apartó. Se bajó de la encimera y dándose la vuelta, subió su pierna izquierda colocándola encima de la mesa, reclinándose hacia delante, hasta recostar su pecho en la encimera. De este modo me ofrecía su coño totalmente abierto. No lo dudé. Apunte mi polla en su coño y de un empujón se la metí totalmente. El grito que profirió no recuerdo habérselo escuchado antes. Comencé a meterla y sacarla, notando en cada empujón cómo mis huevos chocaban con su muslo derecho. Mientras tanto ella jugueteaba con su teta izquierda, masajeándola, pellizcando su pezón.... No pude más. Solté toda mi leche al tiempo que ella se corría gritando sin ningún miramiento.
Nos dimos una ducha rápida y bajamos al salón. Allí estaba Eva. Seguía totalmente desnuda. Yo me había puesto unos pantalones de deporte y Sole llevaba una bata bastante ligera. Al llegar al sofá donde Eva reposaba, Soledad se retiró de golpe la bata y mostrando su coño totalmente afeitado le dijo:
- ¡Mira Eva! ¿Qué te parece?
Eva abrió mucho los ojos y levantando la espalda del respaldo del sofá exclamó:
- Fenomenal. Eso hay que celebrarlo.
Yo estaba como alucinado. No esperaba eso de mi novia. Soledad dejó caer la bata y se sentó junto a Eva. Se miraron de forma cómplice y mi novia me dijo:
- Bien. Ayer me castigaste junto con mis amigas por mi tardanza. Hoy serás tu castigado. Esta tarde nos hiciste esperar en la piscina y eso lo vas a pagar.
Yo no sabía qué hacer. De pie. Frente a ellas. Debía tener una cara bastante cómica. De repente Eva me dijo:
- Quítate los pantalones.
Así lo hice. Siguió:
- No la tienes muy dura (lo cierto es que pese a no estar totalmente relajada, estaba bastante decaída). Ponte de rodillas ante nosotras y bajo ningún concepto te la toques.
Obedecí. Ellas entonces comenzaron a magrearse. Se besaban. Yo veía como sus lenguas se entrelazaban entrando en una boca o en la otra, mientras sus manos recorrían sus cuerpos, deteniéndose en los pezones, la parte baja de sus tetas, sus coños totalmente afeitados, introduciendo sus dedos en las vaginas y en sus anos. Mi polla había crecido de forma descomunal y apuntaba directo a las estrellas. Hice un amago de masturbarme. Eva me gritó:
- ¡Te he dicho que no te tocaras!. Has de sufrir un castigo. Súbete a la mesita y ponte encima a cuatro patas.
De nuevo obedecí. Tomó el cinturón de la bata de Soledad y comenzó a atizarme en el culo con él. A cada golpe ellas reían y yo me ponía más cachondo, si cabe. En el espejo del salón veía las tetas de Eva ir y venir a cada movimiento que hacía para flagelarme. Eran increíbles. Mi novia entre tanto continuaba jugueteando con su recién afeitado coño. Una vez consideró que me había dado suficiente, Eva soltó el cinturón y acercándose a mí, recostó su teta sobre mi espalda al tiempo que me agarraba la polla por la parte de abajo, cogiendo al tiempo parte de mis huevos.
- La próxima vez que me desobedezcas te lo corto...
Así me dejó y se alejó hacia el sillón donde se retorcía de placer Soledad. Ambas se sentaron con sus piernas abiertas y Soledad me ordenó:
- Levántate de la mesa y túmbate boca arriba en la alfombra.
Así lo hice. Mi polla estaba totalmente enhiesta. No estaba totalmente vertical, pero casi. Soledad le dijo a Eva algo al oído y se levantaron. Vinieron hacia mí. Eva se abrió de piernas y se quedó así de pie justo encima de mi polla. Soledad hizo lo mismo sobre mi cabeza. La vista desde abajo era inmejorable. Sus tetas vistas desde abajo presentaban una visión inimaginable mientras que sus coños afeitados dejaban ver perfectamente sus labios abiertos y la entrada a sus vaginas. Soledad acercó a Eva el famoso tarro transparente de la vaselina. Eva se comenzó a embadurnar totalmente el ano con ella y sometió al mismo tratamiento a mi verga, incluyendo los huevos. Eva se agachó sobre mí. Cogió mi polla por abajo y la apuntó a su ano. Bajó un poco más. La punta entró. Se volvió a levantar. Y así, un poco más cada vez, le fue entrando. Cuando ya consiguió meterse toda la polla excepto el tramo que sujetaba su mano, la soltó y con un grito de placer se dejó caer sobre ella. Comenzó entonces a juguetear con su clítoris y sus tetas.
De repente algo se interpuso en la visión de tal maravilla. Era el coño de Soledad que se acercaba a mi boca. Comencé a lamer todo lo que se me ponía al alcance. Bien su coño, bien su culo. Introducía mi lengua en sus agujeros. Lamía aquí y allí, mientras sujetaba sus muslos con mis manos. Metía mi lengua en su vagina al tiempo que mi nariz se intentaba introducir por su ano. Entre tanto, ellas se magreaban una a la otra y se besaban. Jugaban la una con las tetas de la otra. Se pellizcaban. Cuando Sole se reclinaba hacia delante para acercarse a Eva, los labios de su coño se abrían como una rosa y yo podía introducir dos o tres de mis dedos por dentro. Los sacaba y chupaba. Sabía de maravilla.
Con un movimiento rápido, Eva se sacó la polla del culo y se la introdujo por el coño. Estaba muy caliente y húmedo. Creí que iba a correrme. Pero no. Comenzó a moverse arriba y abajo y en pocos momentos gritaba de placer. Se había corrido. Según estaba gritando, también noté un estertor en Soledad y un grito menor pero igual de placentero. Se corrió también. Me inundó la boca con sus jugos. No podía con todos ellos, dejando que algunos se escurrieran alrededor de mi boca.
Al unísono, ambas se levantaron. Mi polla totalmente dura necesitaba descargarse pronto o reventaría. Ellas debieron adivinarlo. Se tumbaron una a cada lado mío y mientras una se introducía la polla en la boca, la otra recorría con su lengua lo que de mi tranca aún quedaba al aire, o mordisqueaba mis huevos, De cuando en cuando se cambiaban y la que antes mamaba ahora mordía. Creía que me iba a morir de placer. Mientras yo utilizaba mi mano derecha para jugar con el pezón de Eva y la izquierda para hacer lo propio con el de Soledad. El pezón de Eva no parecía distinguirse del resto de su teta. De su mismo color, lo único que le diferenciaba era su textura y que acababa en una punta dura, inmensamente dura. El de Soledad, sin embargo, muy bien conocido por mí, era de color marrón oscuro. Duro como una piedra también. Perfectamente erguido desde la areola. Lástima que en mi posición no pudiera lamerlos.
Cuando ellas pensaron que yo ya estaba a punto, apartaron sus caras un poco y comenzaron a masturbarme con sus manos, hasta que yo no pude más y solté toda la leche que tenía. Bien es cierto que en bastante menor cantidad de lo que yo estaba acostumbrado, pero entre la tarde anterior, la sesión posterior al afeitado del coño de Sole y ahora esto, la verdad es que me sorprendí gratamente a mí mismo. Lamieron con profusión todo mi jugo allá donde cayó. Y una vez se acabaron todo, ambas se dieron la vuelta, colocando sus cabezas sobre mi pecho y abdomen y reposando durante un buen rato los tres.
Aquella tarde nos dimos otro chapuzón en la piscina, cenamos unos sandwiches y vimos una película. Por supuesto en ningún momento nos vestimos. De cuando en cuando yo observaba como ellas se hacían comentarios al oído mirando directamente a mi polla, que la pobre no daba para mucho más. Eso al menos creía yo.
Por la noche dormimos los tres en nuestra habitación. Yo en medio. Fue una gozada sentirte en medio de dos mujeres que sabían extraer de mí todo el placer. Sentir sus tetas junto a mí. No sé ni como me pude dormir.
Mis últimos pensamientos antes de caer rendido fueron las fantasías que se me ocurrían que podríamos hacer realidad al día siguiente. No tenía ni la menor idea de lo que me esperaba....
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