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Aquel domingo nos despertamos bastante entrada la mañana. Era lógico. Después de dos días tan agotadores era normal. Fui el primero en despertar. Sole, mi novia estaba tumbada en la cama a mi izquierda, abrazada a mí. Totalmente desnuda. Su muslo izquierdo reposaba directamente encima de mi polla, dejando solamente libres los huevos por debajo. Eva estaba a mi derecha. Desnuda naturalmente. Entre sus piernas tenía presa la pantorrilla de Soledad de modo que la rozaba el coño. También se abrazaba a mí. Yo notaba sus tetas enormes en mi axila y no pude por menos que sentirme en el séptimo cielo.De repente sonó el timbre de la puerta exterior. No habíamos oído llegar coche alguno, supongo por el cansancio. Me levanté y me puse unos pantalones cortos. Bajé a la puerta y recorrí los escasos 20 metros que la separaban de la puerta de la parcela. Al abrir me encontré a Roberto, mi compañero de trabajo. Como no tenía otra cosa mejor que hacer pensó en pasar a invitarnos a comer, ya que su novia estaba de viaje. Le invité a entrar. Cuando entramos en la casa ya estaban en la cocina Eva y Soledad. Hice los honores y le presenté a Eva, ya que a Sole ya la conocía.
Desayunamos todos juntos. Como era bastante temprano, propuse acercarnos al cercano embalse y alquilar allí una motora para hacer tiempo hasta la hora de comer. A todos les pareció bien. Las chicas subieron a ponerse los bañadores y Roberto y yo hicimos lo mismo. Media hora más tarde estábamos zarpando en una motora de cuatro metros hacia el centro del gran pantano cercano a mi chalé.
En cuanto nos alejamos del puerto deportivo, las chicas se despojaron de los pantalones cortos y de las camisetas. Nosotros quedamos también en bañador. Ellas se tumbaron sobre la cubierta anterior para poder tomar el sol. El bikini de Sole era minúsculo. Yo se lo regalé y le tapaba bastante poco la verdad. El sujetador poco más que los pezones y la braguita que habitualmente dejaba escapar parte del vello de su pubis ahora, con él depilado, exclusivamente tapaba su raja. Eva tenía un bañador que no era bañador ni bikini. De su minúscula braguita (aún más pequeña que la de mi novia) que permitía contemplar el comienzo de su coño salían dos cintas de no más de un par de centímetros de grosor anudadas al cuello, que intentaban, sin conseguirlo, tapar sus pezones. Era una visión magnífica.
Puse rumbo hacia una cala apartada que yo conocía y cuya única forma de llegar era en barco. Unos minutos más tarde la motora estaba con su proa encima de la arena y totalmente detenida. Bajamos a la playa y extendimos allí unas toallas. Roberto, se quitó sin mediar palabra alguna su bañador, dejando salir de su cárcel una polla no más grande que la mía en estado de semierección. Me llamó la atención que no tenía en su pubis ni en parte alguna de testículos e ingles ningún vello. También estaba depilado. Se dirigió al agua y se zambulló. Las chicas no se cortaron tampoco y rápidamente se despojaron de sus bikinis lanzándose tras él al agua. Yo, por no ser menos, también me quité el bañador y fui hacia el agua. Fue un rato realmente divertido. Sin tapujos, sin nadie que pudiera vernos nos divertimos muchísimo.
Cuando salimos del agua nos sentamos en las toallas a tomar el sol y secarnos y comenzamos a charlar. En un momento dado, Roberto y yo nos levantamos y fuimos a dar un paseo por la orilla. Ellas se quedaron hablando. Cuando volvíamos hacia ellas me fijé en que estaban cuchicheando en voz baja y nos miraban las entrepiernas mientras se sonreían y volvían a cuchichear. La verdad es que tanto Roberto como yo teníamos los cipotes bastante pequeños en esos momentos ya que el agua estaba fresquita. Les preguntamos de qué reían, pero no quisieron contestarnos.
Se hacía tarde. Nos vestimos y nos dirigimos a dejar la motora. Comimos en un restaurante cercano y después de un café y una animada sobremesa volvimos al chalé. Nada más entrar, y una vez cerré la puerta exterior, me dirigí a la piscina. Allí estaban los tres como Dios los trajo al mundo. Charlaban animadamente.
Nada más verme Eva y Soledad se levantaron y agarrándome cada una de una mano me llevaron al baño de mi habitación. Eva tiró hacia abajo de mis pantalones, apareciendo mi polla que descansaba encima de los huevos. Soledad abrió el armario y sacó la espuma de afeitar y la cuchilla. Creo que entonces supe lo que estaban a punto de hacer. Eva tomó un banco alargado de madera y lo colocó dentro de la bañera. En tono firme me ordenó:
- Túmbate boca arriba en el banco. Sin rechistar.
Yo obedecí. Ambas entraron en la bañera y Soledad tomando la ducha nos empapó de agua a los tres. Yo miraba cómo sus pezones, se ponían duros y no pude evitar que mi polla empezara a endurecerse. Sole miró a Eva y la dijo algo como que todo iba como ellas querían. Eva cogió cada una de mis piernas colocando los pies cada uno en un borde de la bañera y llevándolos hacia arriba, haciendo que mis rodillas quedaran casi totalmente flexionadas. Me embadurnó el pubis, los huevos, las ingles y el culo de espuma y procedieron primero una y después la otra a rasurarme completamente todas estas partes. Mientras y para evitar que mi polla quedara fláccida, me obsequiaban por turnos con suculentas mamadas que desde luego consiguieron mantener la polla bien dura. Una vez acabada su labor, me lavaron a conciencia los huevos, la polla y el culo. Debo indicar que Eva, la muy zorra, cuando me lavaba el culo introdujo de repente y hasta dentro uno de sus dedos en mi ano. Yo me sentí violado pero no me dolió. Me gustó.
Eva cerró la ducha y como estaba por encima de mi cabeza, al ir a salir tuvo que abrirse de piernas poniendo su coño abierto a escasos milímetros de mi boca. Sin poder evitarlo, la agarré de los muslos y lamí con ansia aquel conejo tan jugoso. Soledad, al ver aquello se abrió de piernas encima de mi polla, la agarró apuntando directo a su vagina y de un solo golpe se dejó caer sobre ella. Sentí como su culo espachurraba mis huevos.
Pero no duró mucho. Se levantaron ambas y Soledad me dijo:
- Vamos levanta. Roberto está solo. Hay que hacerle compañía.
Nos secamos como pudimos y bajamos las escaleras hacia el jardín. Allí estaba Roberto, sentado con una cerveza en la mano. Nada más verme exclamó:
- ¡Ah cabrón! Ya sé por qué habéis tardado tanto. Mira sin pelos como nosotros.
Nos acercamos a él y las chicas que hasta ese momento se habían mantenido abrazadas a mí, se soltaron, se acercaron a él y comenzaron a besarle en la boca al tiempo. Vi como su polla comenzaba a tomar vigor y sentí que a la mía le ocurría otro tanto.
Como si ya estuviera todo preparado, se levantaron, y de pie las dos comenzaron a darnos instrucciones.
- Tú Roberto, dijo mi novia, túmbate en el banco boca arriba, con las piernas colgando a cada lado.
- Ahora tú, Luis, dijo Eva, colócate en la misma posición que Roberto de forma que vuestros huevos queden juntos. Entrecruzáis las piernas para que no se estorben.
Primero Roberto y luego yo obedecimos. Cuando, una vez tumbados ambos, nos acercamos para que nuestros huevos quedaran juntos, noté por primera vez en mi vida el contacto de los huevos de otro hombre contra los míos. Fue una sensación muy extraña.
Soledad se acercó a nosotros, pasó una pierna sobre nosotros quedando abierta de piernas encima mismo de las pollas mirando hacia mí. Eva se acercó. Se agachó y me agarró la polla por la parte de abajo. Hizo una seña a Soledad que fue bajando despacio hasta que se introdujo mi polla en su coño. Después de unos instantes se levantó un poco, lo justo para que no se le saliera la punta de mi polla y se inclinó hacia delante. Eva entonces llenó de vaselina el culo de Soledad. Agarró la polla de Roberto y apuntando directamente al ano de Sole la hizo una seña. Mi novia se levantó lentamente. Al tiempo que se levantaba la polla de Roberto iba entrando en su ano. Cuando estuvo totalmente derecha, se dejó caer, entrándola de golpe las dos pollas, una por cada agujero. El grito que dio fue tremendo. Eva se lanzó sobre los pezones de Soledad y comenzó a chuparlos, mordisquearlos, mientras que hacía lo propio con sus propios pezones. Soledad subía y bajaba, metiéndose y sacándose las pollas, disfrutando.
Dado que Eva estaba ligeramente hacia mí introduje rápidamente dos de mis dedos en su vagina que estaba totalmente mojada. Lejos de oponer resistencia se abrió más de piernas para permitir que yo jugueteara con ella. Soledad, mientras tanto se corrió entre gritos y jadeos entrecortados. Eva entonces, de un salto, levantó a Soledad de su asiento dejando al aire nuestras pollas. Retiró a su amiga y se colocó ella misma en la misma postura que estaba Soledad. Esta vez el culo me lo dio a mí. Eva no necesitó los preliminares de Sole. Agarró con cada mano una polla y se la apuntó al agujero que le correspondía: la mía a su ano. Sin ponerse vaselina se dejó caer sin siquiera introducirse primero las puntas un poco. Nuestras pollas entraron en su interior suave pero salvajemente. Eva comenzó a subir y bajar rítmicamente mientras se magreaba sus propias tetas, no dejando a Roberto que la tocara. Nos utilizaba como si fuéramos consoladores. Soledad se fue hacia Roberto y le introdujo una de sus tetas en la boca para que al menos disfrutara de algo. Roberto se corrió y poco después Eva. Yo, aunque estuve a punto, conseguí no hacerlo.
Eva se levantó y dirigiéndose a Roberto le conminó:
- Eres muy rápido. Ahora por correrte tan pronto, levanta y ve a aquella tumbona. Quedas castigado. Nos verás pero no nos catarás.
Me hicieron levantar y nos fuimos los tres hacia la tumbona que estaba al otro lado de la piscina. Allí, Eva que llevaba el mando de toda la operación, hizo que Soledad se tumbase boca arriba. Ella se abrió de piernas sobre la cabeza de Eva y agachándose un poco la colocó todo su coño abierto en la boca. Soledad se puso a lamerlo con ansia, mientras Eva se retorcía de placer. Soledad levantó sus piernas hacia arriba, bien abiertas, mostrándome los labios de su coño perfectamente abierto. Fui hacia ella y sentándome a horcajadas en la tumbona le metí mi polla hasta dentro. Eva se reclinó hacia delante para agarrarse a las tetitas de mi novia, tomando entre sus dedos sus pezones y jugueteando con ellos.
Como quiera que a Eva le colgaban sus enormes tetas bamboleándose de tanto en tanto, siguiendo sus movimientos de placer, yo las agarré con mis manos, sobándolas y retorciendo suavemente sus pezones. Volví la vista y al otro lado de la piscina comprobé cómo Roberto se agarraba con una mano sus pelotas y con la otra se masturbaba su dura polla. De repente arqueó la espalda y vi como de su verga manaban dos chorros, bastante escasos ya, de semen.
Al mirar de nuevo a mis compañeras, pude comprobar como Soledad había introducido por el ano de Eva un objeto que no alcanzaba a ver pero que provocaba en ella oleadas intensas de placer. Eva se corrió con un espasmo que la recorrió todo el cuerpo. Pocos instantes después se levantaba y acercándose a mí con el consolador metido por el culo aún me hizo levantar, así como a Soledad.
Hizo tumbar a Sole en el suelo y a mi me arrodilló entre sus piernas. Levantó la pelvis de mi novia de forma que su culo quedara a la altura de mi polla y ordenó:
- Métesela por el culo. Pero ya, cabrón.
Obedecí y de un empellón se la metí hasta que mis huevos hicieron tope contra las cachas de su culo. Soledad gimió de dolor y placer. Mientras se la tenía metida podía contemplar el coño de mi novia totalmente abierto y lleno de sus fluidos. Estaba totalmente excitada. Sus pezones estaban duros como piedras. Parecía que fueran a saltar de las areolas. Su clítoris totalmente tieso me pedía que lo masajeara. Sin dejar de meter y sacar por el culo, separé cuidadosamente los labios de su coño y con los dedos de la otra mano comencé a masajear su botón del placer.
Eva se sacó el consolador del culo, y apartando mi mano del coño de Sole, se lo introdujo sin miramientos hasta el fondo. Sole no pudo más y estalló en un orgasmo enorme.
Eva me retiró del culo de mi novia. Me agarró los huevos con una mano y con la otra comenzó por mi glande hacia abajo y arriba hasta que no pude más y me corrí. No salió mucha leche. El depósito después de los tres últimos días no dio para más. Al abrir mis ojos después de correrme comprobé cómo se disputaban entre las dos las pocas gotas de mi semen. Soledad aún conservaba dentro de su coño el consolador.
Aquella noche cenamos de nuevo algo ligero. Por supuesto continuamos siempre desnudos. Vimos una película en el vídeo y nos marchamos para la ciudad.
Roberto acercó a Eva a su casa y yo a Soledad a la suya. Dormimos todos como niños. Fue un fin de semana memorable...
Robocos
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