Trió Internacional
Por Rigodón
 
Aquella tarde estaba esperando a mi amigo alemán. Hacía pocos días que había llegado a la ciudad, y no sabía muy bien desenvolverse por ella. Llegué a pensar que se había podido perder, y que debí haberlo acompañado. Máxime, cuando yo no tenía nada que hacer aquella tarde. Estudio tercero de Derecho y vivo solo en el segundo piso de un bloque. Ya hacía tiempo que había acabado los exámenes más fuertes, y no tenía mucho trabajo. Lo que pasa es que aquella tarde no tuve muchas ganas de ir con Paul, el alemán, a visitar museos y monumentos y decidí quedarme en casa viendo alguna buena película.

Pero él si se fue, y me dijo que a las ocho de la tarde estaría de vuelta para cenar. Y eran ya las nueve, y aún no había aparecido. Debido a mi creciente preocupación, decidí salir al balcón para esperarlo y de paso tomar un poco el aire, porque la tarde era muy soporífera. Y desde allí lo pude ver. Estaba en la entrada al bloque, inmerso en una animada conversación con Juan Carlos y Sonia, un joven matrimonio que viven justo encima de mi piso, y que por lo que luego me contaron, se cruzaron por casualidad con mi amigo cuando los tres iban a entrar al edificio.

Intenté llamarles la atención desde arriba, y los tres miraron.

-¡Hola!. ¡Paul es tarde!. ¡Te estaba esperando! -les grité.

-¡Perdona Andrés! ¡Es que nos hemos encontrado con tu colega aquí y nos hemos entretenido un poco! -me dijo Juan Carlos.

-¡No importa!.¡Voy a ir preparando la cena!.¡Hasta luego! -me despedí de mis vecinos.

A los pocos minutos llamaron a la puerta. Era Paul, acompañado de Juan Carlos y Sonia.

-Perdón -me dijo mi amigo alemán.

-No importa. Es que no sabía si preparar ya la cena o no. Como dijiste a las ocho. -le dije yo.

-Es que hemos estado hablando un buen rato con él abajo. Es muy simpático y nos ha estado contando cosas muy interesantes - me aclaró Sonia.

-Sí, es que le gusta mucho conocer a gente nueva. Tengo una idea. ¿Por qué no entrais aquí con nosotros y nos tomamos unas cervezas y algún aperitivo? -les dije a mis vecinos.

-No se, es que mañana tengo que trabajar. Pero muchas gracias -dijo Juan Carlos.

-Venga hombre, si no estaremos hasta muy tarde -le dije, intentando convencerle.

-Sí cariño, si de todas maneras tenemos que cenar, que más da en un sitio que en otro -le dijo Sonia a su marido.

-Bueno. Ahora, si acaso, bajamos un rato -dijo Juan Carlos.

-Bueno, pues aquí os esperamos. Hasta ahora -les dije.

Cuando entramos, Paul y yo nos sentamos en el sofá. Me volvió a explicar que se había encontrado con ellos por casualidad.

-Ella es muy guapa. ¿Cuántos años tiene?- dijo en un español más bien escaso.

-Sí, muy guapa. Tendrá unos veintiocho años- le dije yo sonriendo, pensando que no era raro que se hubiera fijado en ella, puesto que mi vecina es muy atractiva, con unos ojos azules que encantan a cualquiera, un pelo castaño largo rizado bellísimo, unos labios gruesos muy sensuales y un cuerpo de infarto.

-¿Ellos dos están casados? -me preguntó.

-Sí, desde hace ya algunos años- contesté.

-¡Oh, vaya!- dijo, algo apesadumbrado.

-Sí, lo siento. Ya me hubiera gustado a mi que fuera soltera -dije, mientras ambos esbozábamos una sonrisa cómplice.

-Además, te diré un secreto.

Muchas noches, cuando estoy aquí solo viendo la tele con el volumen muy bajo, se les escucha hacer el amor, sobre todo a ella- .

-¿Síiii? - -Te lo prometo. Es que tienen el dormitorio justo aquí encima. Y se escucha bastante bien los gemidos y los gritos de ella, tanto, que uno puede imaginarse hasta la postura que tienen, y no puedes dejar de ponerte cachondo. Casi todas las noches me masturbo con los gritos de Sonia. Es algo increíble -le dije.

-¡Oh, eso es muy excitante!. La verdad es que tiene pinta de ser muy buena en la cama -dijo Paul.

-Por las cosas que yo he hablado con su marido, debe de serlo.

Alguna vez me ha contado que ella no le deja que se ponga condón, porque dice que le gusta sentir bien la carne, y cuando él se va a correr, tiene que sacarla y echarle todo el semen en su pecho y estómago, para que ella después se lo unte bien por todo su cuerpo, y terminar lamiéndose la mano para eliminar los últimos restos -le dije yo.

 -¿Todo eso te cuenta el marido? -me preguntó.

-Después de haber tomado juntos unas cuantas cervezas, sí. Porque yo le provoco la conversación, contándole cosas que hacemos mi novia y yo en la cama -le aclaré.

-¡Uff, eso es bastante excitante!. Creo que necesito una ducha -dijo con una estruendosa carcajada.

-Sí, será mejor. Mientras voy a ir preparando algo para picar-.

Preparé bastantes aperitivos, pensando en que quizás podrían bajar mis vecinos a acompañarnos. Era increíble lo que le conté a Paul sobre Sonia, pero rigurosamente cierto. Juan Carlos me lo había contado en alguna ocasión. Por lo que yo tenía entendido, a parte de ser una mujer muy atractiva y gustarle mucho el sexo, era una fiera en la cama., y a juzgar por los gritos de placer que yo escuchaba algunas noches, gozaba mucho con su marido.

Mis pensamientos se vieron interrumpidos por el timbre de la puerta. Supuse que eran ellos y mi sorpresa fue, que cuando abrí, sólo estaba Sonia al otro lado.

 -Hola Andrés. Lo siento pero no podemos bajar. Mi marido tiene un fuerte dolor de cabeza y se ha acostado. Yo he bajado tan sólo a tirar la basura y a decírtelo -me comentó ella.

 -¡Vaya, es una pena!. Había preparado algo para tomar. Pero bueno, pasa tu, te pondré una cerveza -dije yo.

 -¡No no, no te molestes!. Déjalo, ya bajamos otro día -dijo ella.

-No es molestia. Pasa, mujer, ven y ayúdame a llevar ésto a la mesa -dije.

-Que no, que no, que es igual. No voy a dejar a Juan Carlos solo -.

-¿Qué más da?. Si ya se ha acostado, pronto se dormirá y no te necesita ya para nada. Si tu te vas a aburrir sola viendo la tele, pues nos tomamos aquí algo y nos aburrimos los tres juntos -le dije, intentando convencerla, mientras le cogí por la mano y la conduje hasta el salón.

-Bueno, venga, pero sólo una cerveza -consintió ella.

-Las que tu quieras, Sonia -.

Llevé varios platos de aperitivo y dos cervezas a la mesita de café que tengo delante de los sofás. Ella se sentó en uno y yo en el otro. Mientras Sonia cogía su cerveza no pude dejar de mirar su indumentaria. Llevaba una camiseta roja, de tirantes, bastante escotada, que dejaba ver su canalillo, unos vaqueros, muy ajustados, que perfilaban su culo y sus caderas, y unos zapatos de sandalia negros.

-¿Dónde está el alemán? -preguntó ella.

-Ha ido a tomar un baño. Tardará un poco aún -dije yo.

-Es muy simpático, nos ha contado sus planes para sus vacaciones aquí en España -.

-Sí, es buena gente. Me ha estado preguntando por ti. Dice que eres muy guapa -le dije.

-¿Eso te ha dicho? -preguntó sorprendida.

-Si, y que si estabas casada y la edad que tenías. Veintiocho le he dicho yo -.

-Bueno, casi aciertas. Tengo veintinueve. ¿Él cuantos tiene? -.

-Él tiene veintiséis -dije.

-¿Y tu? -me preguntó.

-Yo veintidós -contesté.

-Ah, pues aparentas algunos más. ¿Y para qué quería saber el alemán si yo estaba casada? -preguntó intrigada.

-Pues no se, supongo que para intentar ligar contigo. Es lo que haría yo -le dije riendo.

-¿Ah si? -.

-Sí. Está muy interesado en ti. Le he dicho que eres la mujer más guapa del bloque -dije.

-¿Y es verdad eso? -preguntó ella con curiosidad.

-A la vista está. Eres guapísima y tienes un cuerpo muy hermoso. Vamos, que estás buenísima -le aclaré yo.

-Gracias -sonrió, -no sabía que tuvieses tan buen concepto de mi -dijo.

-Pues ya ves, creo que eres la mujer diez, tienes que tener unas medidas perfectas -.

-Ah no, no es para tanto. Tengo mis “defectillos”. Y las medidas, pues no lo se, hace mucho tiempo que no me las tomo -dijo Sonia.

-Pues eso no es problema. Ahora mismo salimos de dudas. Tengo yo por aquí un metro de esos de modista que se dejó mi madre -le expliqué.

-¿En serio me vas a tomar medidas? -dijo riéndose.

-¡Claro!. Ponte de pie, y verás -le dije yo

-¡Estás loco! -me dijo mientras se ponía de pie.

 -Vamos a ver. Primero el pecho. Abre los brazos -dije, mientras le pasaba el metro por la espalda e intentaba cerrarlo por delante, lo más ceñido a su pecho. -¡Ves!, noventa justo de pecho -le dije mientras que con mis dedos rozaba un poco sus bonitas tetas. -Y además las tienes duritas -le dije, mientras le quitaba el metro y le cogía sin ningún pudor y con toda la naturalidad del mundo un seno. -¡Umm!, muy duritas -dije.

-Ahora la cintura -me animó ella.

-Vamos a ver, separa otro poco los brazos -le dije mientras colocaba el metro justo en su cintura. -¡Vaya!. Sesenta. ¡Bonita cintura!. Y ahora por último, las caderas -le coloqué el metro atravesando horizontalmente su culo, y cerrándolo cerca de su sexo. -¡Bingo!. Noventa justos.

 -¿No me lo puedo creer?. ¿De verdad tengo 90-60-90? -dijo ella algo incrédula.

-Tu misma lo acabas de ver. Eres perfecta. Y además tienes un culo muy bien puesto -le dije mientras le daba la vuelta y se lo acariciaba ligeramente por encima del vaquero. -Y unas piernas muy bonitas, que más de una vez te he visto con falda y lo puedo asegurar -.

-Vaya, pues no me imaginaba esas medidas. Hacía mucho tiempo que no me las tomaba -dijo ella.

-Pues ya ves, físicamente eres perfecta, y si me lo permites, te diré que pienso que en la cama también lo debes de ser, lo cual te convierte en una mujer muy deseable -le dije.

-Me alaga que me digas eso. Tengo que confesarte que el sexo es una de las cosas que más me gustan en la vida y de las que más disfruto -me aclaró ella.

-No me cabe ninguna duda. ¿Sabes?. Algunas noches te escucho gritar de placer mientras lo haces con Juan Carlos y me pongo muy cachondo -le confesé.

-¿De verdad?. ¡Uff, que vergüenza!. Me sorprende que me digas eso. Lo siento mucho si te molesto, pero es que no lo puedo evitar. Es algo que me sale de dentro y no lo puedo parar. Es mucho el gusto que me da cuando me penetran -dijo ella.

-No te preocupes. No me molesta. Al contrario, me pongo tan cachondo imaginándote, que no me cabe más remedio que hacerme una paja mientras te escucho -le dije yo. -Anoche por ejemplo, lo hicisteis, ¿verdad? -.

-Sí, fue fantástico -confesó ella.

-Te escuché, y también escuché las cosas que le decías. Y ahí, justo donde tu estás sentada, me masturbé, imaginando en que postura estarías y pensando que lo que decías me lo estabas diciendo a mi -le dije yo.

-Nadie me había confesado nunca que se había masturbado pensando en mi. Me alaga. ¿Y qué postura te estabas imaginando? -me preguntó ella.

-Imaginé que estarías montada encima de él, cabalgando como una posesa, moviendo tu cuerpo arriba y abajo para darte placer, que hasta la cama tuvo que hacer un esfuerzo para aguantarse y no romperse en pedazos -le dije yo a ella, intentando adivinar.

-Bueno, esa postura también me gusta mucho. Pero anoche concretamente teníamos otra. Yo estaba de pie junto al borde de la cama -me explicaba a la vez que se ponía de pie y me repetía la postura allí en el sofá -entonces yo tenía una pierna así puesta sobre la cama, como ahora la tengo sobre el sofá, y él se ponía detrás de mi, mientras me la metía desde atrás -me aclaro ella.

-¿Por el culo? -le pregunté intrigado, a la vez que me puse de pie y me situé detrás de ella.

-No, esta vez no. Me estaba penetrando por el coño, mientras con la mano izquierda me acariciaba un pecho, y con la otra me separaba más la pierna que tenía sobre la cama -me indicó ella.

Yo , mientras escuchaba lo que ella me iba diciendo, pegué mi pelvis contra su culo y con mi mano izquierda le agarré un seno, y la derecha la puse sobre la cara interna del muslo que tenía sobre el sofá, muy cerca de su sexo.

-¿Así? -le pregunté yo.

-Sí, así -dijo, mientras comenzó a moverse lentamente hacia delante y hacia detrás- y de vez en cuando, llevaba su dedo a su rajita y me acariciaba el clítorix- y acto seguido cogió mi mano derecha, la que estaba posada sobre su muslo, y me la llevó a la entrepierna.

-¡Uff, que calentito lo tienes!- le dije, mientras se lo comencé a sobar por encima del pantalón.

-Es que mi vagina lubrica muy rápido, y con nada, ya la tengo caliente -me aclaró Sonia.

-¿Estás excitada? -le pregunté.

Ella se volvió hacia mi y me contestó:

-Un poco, ¿y tu?-.

 Yo no pude más, y me bajé el pantalón, dejando todo mi vergajo al descubierto. -¿Tu qué crees?- le dije yo.

-¿Te gustaría follarme? -me preguntó ella violentamente.

 -Me encantaría -le contesté yo.

-Pues pídemelo -me dijo.

-Quiero follarte Sonia, quiero que te desnudes y que me des tu coño, para que yo te pueda meter mi polla hasta el fondo y hacer que te corras como nunca -le dije.

-¡Umm!, sigue, sigue, me excitas- me pidió ella.

-Quiero que me enseñes tus pechos, para yo poder meter mi polla entre ellos hasta correrme, y que te untes con mi semen -le dije, mientras ella, animada por mis frases lascivas, se iba quitando la camiseta roja, dejando al descubierto un bonito sujetador de encaje color violeta.

-Quiero que te quites esos pantalones y me enseñes tus bragas mojadas, y que yo pueda oler tu coño, y comerme tus jugos -y ella se bajó los vaqueros y se los sacó, dándose una vuelta para que yo la contemplara en ropa interior, con aquellas bonitas bragas violetas, a juego con el sujetador, y también de encaje, muy estrechas por la parte del culo, y que transparentaban parte de su vello púbico por delante.

-Precioso cuerpo. Necesito abrazarlo -le dije mientras yo, ya desnudo, la estreché entre mis brazos, notando perfectamente la presión de sus pechos, y el calor húmedo de su entrepierna en la punta de mi sexo.

Con cuidado la empujé al sofá y ella cayó con las piernas abiertas. Yo me acerqué hasta ella de pie y mi pene quedó a la altura de su boca.

-¡Mámalo como si fuera el de tu marido! -le ordené, y ella no se hizo de rogar. Me la cogió con una mano y procedió lentamente a limpiarme la polla.

-¡Uff, así así!. ¡Qué bien la mamas!. Lo que yo digo, eres perfecta. -le dije, mientras ella se tragaba una y otra vez mi vega dura.

En pocos minutos tuve que pedirle que desistiera de la operación, porque estaba a punto de llenarle la boca de semen.

-Ahora a ver como lo mamas tu -me dijo, mientras separaba sus muslos. -Agachate ante mi y dame placer -.

Yo no lo dude ni un minuto. Me agaché entre sus piernas y comencé a oler sus bragas. Estaban mojadas. Le mordí el interior de sus muslos y pase mi lengua por ellos y por encima de sus bragas.

-Come aquí, que lo estoy deseando -me dijo, al tiempo que echaba las bragas a un lado y me mostraba su raja, casi afeitada por completo, a excepción de un poco de vello que tenía muy bien recortadito y arreglado en lo que se llama Monte de Venus. Después, se separó sus labios por completo, hasta que me mostró su clítorix.

Empecé a chupar de abajo a arriba, acababa en su clítorix y bajaba otra vez por toda su raja, hasta llegar a su culo, le metía la lengua en él, y volvía a subir. Así muy despacio. Luego me centraba en la entrada de su vagina, me bebía sus jugos, subía al clítorix de nuevo, y ella estaba en un completo extasis, se movía al ritmo de mi lengua, y apretaba su pelvis contra mi boca. Se retorcía de placer, y como no, gemía como una loca, gritaba, me pedía más. Hasta que se corrió.

-Levántate -me pidió. Quedé delante de ella, con mi nabo empalmado, mientras ella se quitaba el sujetador. Sus tetas eran perfectas con unos pezones claros y duros que tenía debido a la excitación y al reciente orgasmo. Luego, se quitó las bragas, y se quedó con las piernas abiertas y ella se separó sus labios vaginales con las manos y me dijo: -¡Fóllame!-.

La cogí por los muslos y coloqué mi polla junto a su coño, empujé y se la clavé de un golpe hasta el fondo. Ella comenzó a gritar otra vez, y a retorcerse, mientras mi polla entraba y salía constantemente..

-¡Ahhh, así, Andrés, muévete más rápido!.¡Ahh, dame, dame, dameee! -gritaba.

Tenía el coño muy, muy mojado, y mi polla se deslizaba dentro y fuera, con mucha facilidad, produciéndome un grandísimo placer, mientras yo le sobaba las tetas y se las chupaba, succionaba sus pezones, y se los mordía, y ella me pedía que no parara, que siguiera, pero era mucho placer para mi y tuve que sacarsela, para hacer un poco de tiempo y que mi semen aguantara un poco más su brutal salida.

Aproveché la ocasión para pedirle que cambiáramos la postura y se pusiera como la noche anterior la había follado su marido. Así que se incorporó, puso un pie sobre el sofá y se inclinó hacia delante, hasta que yo pude ver su coño.

-Te la voy a meter otra vez -le grité.

-¡Hazlo por favor!.¡Desgárrame! -me pidió.

Se la metí por su coño, mientras con la mano izquierda le sobaba sus tetas, y con la derecha le acariciaba el muslo que tenía sobre el sofá, y el clítorix, que en esa posición lo tenía muy a mano.

-¡Ahh, ohh, así, así era como me folló él!. ¡Pero tu lo estás haciendo mejor!. ¡Ahh, ahhh, sigue, que estoy a punto otra vez, ahhh , ahhh!

 -¡Me encanta tu coño Sonia, córrete otra vez más, vamos, disfrutame, eres un encanto, ohhh!-.

Y se volvió a correr, lo noté porque comenzó a dar unos espasmos impresionantes, a la vez que aceleraba sus movimientos y a mi me ponía la polla hirviendo de tanto entrar y salir, y gritó como nunca había escuchado a nadie. Debido a nuestra placentera labor, no nos habíamos dado cuenta de que nuestro amigo alemán estaba en la puerta del salón, totalmente desnudo, con el cuerpo todavía mojado, mirándonos con deseo.

-¡Ven aquí alemán!.¿No quieres participar tu también?.¿No decías que te gustaba mucho?.¡Aprovechate de mi! -le dijo Sonia sin perder la posición y mientras seguía estando penetrada por mi.

-Ya lo creo que quiero participar -dijo él.

Sin dudarlo ni un momento, se puso delante de la cara de Sonia. Su polla, aunque muy fina, ya empezaba a estar morcillona. Ella, sin variar ni un ápice su postura, se la cogió con la mano derecha y se la comenzó a tragar.

Mientras, yo seguía penetrandola. La cara de mi amigo reflejaba el gran placer que empezaba a experimentar. Aquella situación me sobrepasó. Sin poderlo evitar más, tuve que correrme dentro de Sonia. Fue un placer máximo.

-¡Ahí te dejo mi leche, Sonia! -le dije mientras se la sacaba. Paul, en un español apenas comprensible, le dijo a ella:

-¿Ahora me dejas a mi? -.

-¡Adelante, lo estás deseando! -contestó. Y acto seguido se giró hacia mi, dándole el culo a él.

-¿Me dejas por detrás? -le preguntó Paul.

-Sí, por favor. Hace tiempo que no me lo hacen por ahí -contestó ella.

Paul le metió los dedos en el coño, y con sus mismos flujos vaginales, le lubricó el culo. Después, con su polla ya bien erecta, procedió a penetrárselo.

-¡Ahh, despacio. No me hagas daño. Con cuidado, que lo tengo muy cerrado! -le gritaba ella.

Pero mi amigo no le hacía caso, y cada vez se la metía más fuerte. Ella, cada vez gritaba más, ya no estoy seguro si de dolor o de placer o de las dos cosas a la vez. Con esta escena yo me empecé a excitar otra vez así que decidí que Sonia me la chupara mientras, para que no se me pasara el efecto.

-¡Cómete ahora la mia, cielo! -le dije.

-¡Dámela! -respondió. Y comenzó a pasar su lengua por mi capullo, y por todo mi pene, hasta que se la tragó antes de que yo pudiera darme cuenta. A la vez que Paul le penetraba el culo, ella me la chupaba, cada vez con más ganas y más salvajemente. No tardé en estar otra vez totalmente empalmado y a punto de correrme.

Entonces yo, le levanté la cara a Sonia y le dije: -¿Te queda algún agujero libre por ahí abajo, donde yo pueda meter mi polla? -.

-¡Claro! -me dijo ella sonriendo. Acto seguido, me sentó en el sofá y ella y Paul se acercaron hasta mi, sin que él se la sacara. Cuando pude tener el coño a mi alcance, le metí mi polla hasta el fondo y ella se fundió entre nosotros dos, gimiendo y gritando de placer.

-¡Ohhhhh! ¡Que bieeeen, ufffff, dos pollas a la vez!.¡Ésta es la primera vez que me pasa una cosa así!.¡ Ahhhh, ohhhhh, así, seguid, seguid, clavádmela así de bien! -gritaba ella.

Mi amigo y yo seguimos penetrándola hasta que terminó corriéndose. Debido a los grandes gritos y gemidos que dio durante su orgasmo, mi amigo y yo no pudimos resistir más, y también nos corrimos, él en su culo, y yo, nuevamente, en su coño. Cuando acabamos, ella se puso de pie.

-¡Bufff!.¡Increíble!.¡No me lo puedo creer!. ¡Ésto hay que repetirlo! -decía ella, mientras por sus piernas caían dos grandes chorreones de semen.

-Eres única follando, Sonia. No sabía que fueras así de salvaje -le comenté.

Mi amigo alemán también tenía una cara de gran satisfacción y nos confesó que había sido la experiencia de su vida hasta ese momento. Al día siguiente, al salir de mi puerta me encontré con Juan Carlos que también bajaba hacia la calle.

-¡Vaya que bien os lo pasasteis tu amigo y tu anoche con alguna zorra!, ¿verdad?. Estaba acostado y hasta mi cama llegaban los gritos de ella. ¡A ver si me la presentais, porque debe de ser genial! -me dijo él, sonriente.

-Sí, algún día te la presentaré. Porque estoy seguro que tu nunca has follado con una mujer como esa -le dije mientras le echaba la mano sobre el hombro y nos dirigíamos hasta las escaleras. ¡Si él supiera!.
 
 

Rigodón
 
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