El ladron me encanto
Por Fistulo
 
Hola, me llamo Pepi y soy de una bella ciudad de Andalucía, tengo 32 años y por fin después de consultar con mi marido, me atrevo a escribir esta historia que me ocurrió el verano pasado.

Trabajo en una tienda de decoración, situada en un centro comercial y mi marido es el técnico de la misma, los dueños son 2 hermanos de 62 y 64 años, solteros y entre los cuatro, reparamos, montamos, limpiamos y vendemos, en una palabra, llevamos el negocio entre todos.

Jacinto, mi jefe, es un pícaro viejo verde y continuamente le tengo que parar los pies, desde luego es muy simpático y divertido y me conoce desde que tenia yo 20 años, en cambio su hermano Rubén, es más serio y jamás se ha pasado conmigo ni de palabra y mucho menos de hechos.

Mi marido, tiene mi misma edad y es muy fogoso, cualquier momento y hora es bueno para levantarme la falda y echarme un polvo.

Aquella noche, cuando llegamos al piso, Antonio (mi marido), me dijo que se acostaría temprano puesto que al día siguiente, tenia que salir con uno de mis jefes (Rubén) para hacer un presupuesto en un nuevo hotel en Marbella.

Cuando termino la película del Canal Sur, me dirigí al cuarto de baño, para darme una ducha ya que el calor era insoportable, al pasar por el dormitorio de matrimonio, escuche los ronquidos que daba mi marido y pensé que esa noche, tendría que consolarme yo solita.

Me quite la blusa y los dos pechos quedaron al descubierto, hermosos, sonrosados, firmes y prietos con una aureola más oscura en el centro y unos pezones pequeños, me los miraba en el espejo y poniéndome de lado, comprobé que se conservaban levantados y mirando al frente.

Luego la falda cayo al suelo, la barriguita, lisa sin grasa ninguna, unas piernas largas y unos muslos morenos y redondos, acababan en un culo prieto y respingon, apenas tapado por unas braguitas azules que dejaban escapar por los lados, parte de mi abundante pelambrera del chocho, una fina raspa de bello, salía por la parte delantera que me llegaba hasta el ombligo.

Varias veces había intentado depilarme, pero a mi Antonio, le gustaba mirarme el chocho y decía que lo ponía a 80 cuando veía mi melena.

Totalmente desnuda, me metí en la bañera y deje caer el agua sobre mi cuerpo, un escalofrió de placer me inundo cuando mi mano enjabonada, recorría mi cuello y posándose sobre los pechos, comencé a sobarlos en círculos cada vez más pequeños hasta llegar a los pezones que pellizcaba y estiraba.

Los suspiros, se escapaban de mi garganta, mientras que los pezones que habían adquirido un tamaño considerable, seguían siendo atacados por mis manos.

Tenia las piernas abiertas y me había apoyado sobre una esquina, mientras el agua que caía directamente sobre los pechos, bajaba por la cintura y después de visitar mi hermosa pelambrera, caía sobre la bañera.

Baje una mano hasta mi chocho y deslizando un dedo sobre mi rajita, lo pasaba a todo lo largo durante unos minutos, luego introduje un par de dedos en la vagina, mientras con el pulgar me frotaba el clítoris.

Tenia el pelo sobra la cara, mojado, mis movimientos en la bañera se hacían peligrosos, debido a la espuma, de mi garganta escapaban suspiros y mis dedos seguían entrando y saliendo de mi coño, cada vez con mas furia, había dejado mis pezones tranquilos y doloridos, y la otra mano, sujeta a la barra, impedía que me fuese al suelo.

Un intenso placer, seguido de unas convulsiones, me inundaron las entrañas, mientras de mi boca escapaba un gritito, durante varios minutos, me quede totalmente quieta, dejando el agua correr por mi cuerpo.

Al día siguiente, cuando desperté, Antonio no estaba en la cama, el teléfono que sonaba insistentemente, había interrumpido un agradable sueño.

Jacinto (mi jefe) me dijo que pasaría a recogerme con el coche y que me invitaría a desayunar.
 
Durante todo el recorrido, no me quito ojo de las piernas, es mas una vez nos tragamos un semáforo en rojo que a punto estuvo de costarnos un disgusto.

Para la ocasión, me había puesto un vestido de tirantes rojo, ajustado al talle con un generoso escote y con la falda de vuelo, por encima de las rodillas, los zapatos también rojos con un fino tacón y el pelo recogido en un moño cordobés, hacia que todos los hombres volvieran la cabeza para mirarnos y yo divertida los veía con el rabillo del ojo, imaginando sus aviesas intenciones.

La oficina, ocupaba el hueco de la escalera y cada vez que subía a la entreplanta para sacar algún articulo, de la estantería, yo sabia que jacinto me veía los muslos y que estaría pasando un calenton de campeonato.

Poco antes de cerrar, sobre las 2, entro un joven como de unos 23 años, moreno, alto, con un cuerpo bien formado que quería ver él catalogo de las lámparas ya que dijo que se quería casar.

Estaba buscando otro catalogo de espaldas, cuando sentí unos brazos que me rodeaban la cintura y un pañuelo que me tapaba la boca y la nariz, un olor dulzon y penetrante, me fue invadiendo y perdí el conocimiento.

Al despertar, me dolía un poco la cabeza, estaba atada en una silla y en la boca tenia puesta una mordaza, Jacinto estaba a mi lado en otra silla en la oficina también atado, mientras el joven que había cerrado la tienda, tenia todos los cajones de los muebles sacados y el suelo lleno de papeles, estaba muy tranquilo y cuando me vio despierta, me dijo que no me asustara que no me iba a hacer daño y que solo quería el dinero.

Yo estaba muy asustada y sabia que en el sótano, tenían los jefes un cuarto con dos camas y un baño, ya que en verano muchas veces se quedaban durante las horas de mediodía  para no tener que subir a su casa  en  la sierra, y en un armario con doble fondo, guardaban siempre la caja del día anterior.

Jacinto con la cabeza, me dijo que si y después de desatarme, me cogió del brazo con fuerza y me pidió que le diera el dinero.

Bajamos al sótano y por el miedo y los tacones que tenia, estuve a punto de caerme, él me cogió del talle y colocándose a mi espalda, me llevaba en volandas, yo sentía su poya clavada en mi culo y un ligero nerviosismo se apodero de mí.

Después de contar el dinero, dijo que me había portado muy bien y que me merecía un premio, me sentó en una cama y con mucha tranquilidad, me quito los zapatos, comenzó a acariciar mis pies, mientras me decía que no me iba a hacer ningún mal, luego me fue sobando las piernas y poco a poco fue subiendo por mis muslos, mientras que yo suplicaba que no siguiera que estaba casada, notaba como en sus pantalones, se había formado una cosa enorme que palpitaba con gran energía, no pude evitar pasarme la lengua por los resecos labios.

Luego me levanto de la cama y poniéndome frente a el, me saco el vestido por los brazos, dejándome solamente en  braguitas, se quedo sorprendido, cuando vio el enorme bulto que hacían mis labios mayores y mi bello púbico, los pelitos rizados, como siempre se salían por el pernil.

Después de decir  --Coño, que hermosa estas, te voy a follar como nunca—

Se desnudo totalmente y pude ver un cuerpo fuerte, tenia el pecho tatuado, un pelo ensortijado, le cubría el tórax y lo más importante, tenia un cipote que estaba totalmente tieso y que mediría 19 centímetros.

Se apodero de mis labios y los mordía con rabia, mientras me introducía su lengua, sus manos tocaban con delicadeza mis pechos, que respondieron inmediatamente, me arrime a su cuerpo que estaba caliente y con la poya metida entre los muslos, me restregaba, sintiendo que su potente pepino, cada vez estaba mas duro, luego me tendió en la cama y abriendo mis piernas totalmente, se fue dejando caer lentamente, introduciéndome su cipote hasta  los cojones, que fue entrando sin dificultad, gracias a que mi vagina estaba bien lubricada.

Me decía palabras obscenas al oído mientras se movía entrando y saliendo con una maestría que me dejo sorprendida en un joven de su edad, yo suspiraba y me mordía los labios para no gritar y decirle que no parara, que me estaba volviendo loca de gusto.

Su cuerpo olía a una colonia fuerte, me chupaba el lóbulo de la oreja y de vez en cuando me metía su lengua en el oído.

Sus manos retorcían los pezones y de pronto, soltando un grito, con una gran convulsión, sentí como un chorro salía por mi coño, mientras un placer mayor me llenaba toda.

Cuando él sintió que había tenido un orgasmo, la saco y me dijo que quería que se la chupara para correrse en mi boca, sin dejarme protestar, arrimo el enorme glande a mis labios y me dijo que le diese mordisquitos y besitos, el olor me gustaba y disfrute cuando sentí aquella enorme poya, llenarme la boca, le tocaba los cojones que los tenia como 2 bolas de billar, el se envaraba y por su cara, supe que estaba a punto de correrse, así fue con una grito salvaje, aquella manguera, comenzó a soltar un esperma tibio y abundante que no pude tragar en su totalidad.

Luego muy lentamente, fue besándome y oliéndome todo el cuerpo, al llegar a mi coño, comenzó a pasarme la lengua por toda mi rajita, apartándome los pelitos con la nariz, me metía la lengua por la vagina y me daba bocaditos en el clítoris, sus manos masajeaban mi culo y me daba pellizcos, luego mientras seguía comiéndome el chocho, sentí como un dedo se apoyaba en mi esfínter, haciendo presión para meterlo dentro, intente no dejar pasar al osado dedo, pero un palmetazo en las nalgas, me hizo desistir, tenia el cuerpo envarado y el clítoris hinchado de los lengüetazas, el dedo índice se había abierto paso y me producía una mezcla de dolor y placer.

Nuevamente sentí un placer inmenso cuando un tremendo orgasmo me sacudió por todo el cuerpo, dejándome totalmente rendida, cerré los ojos y me quede un rato adormilada.

Un portazo me despertó y vistiéndome, subí a la tienda donde el pobre de Jacinto con el miedo metido en el cuerpo, seguía atado, lo desate y mientras llamábamos a la policía, pensaba  que EL LADRON ME ENCANTO.

Fistulo
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