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Era una tarde calurosa, no era de extrañar teniendo en cuenta que nos encontrábamos a mediados de Junio. Había quedado con mi chico como tantas otras veces. Esa tarde lo vi, lo besé, y agarrados de la mano nos dirigimos aun bar.Nunca habíamos ido a aquel bar juntos. Era un bar decorado como un teatro, pedimos y nos sentamos en el segundo piso que constituía un símil a palco, ahí buscamos un sofá y nos sentamos.
Empezamos a hablar y hablar y cuando nos dimos cuenta, el resto de personas que nos rodeaban habían desaparecido.
Entonces empecé a besarle como a él sé que le gusta, empecé a recrearme en sus labios, en sus mejillas, en su frente, besándolo, mordisqueando suavemente el hoyito que adorna su mentón, después fui bajando hasta su cuello, pasando por su oreja, metiendo en mi boca el pequeño trozo de carne que forma su lóbulo.
En ese instante, él guardaba silencio por primera vez en toda la tarde.
Le miré a los ojos, los tenía cerrados, le besé los párpados, y empecé a desabrochar cada uno de los botones de su camisa. Retiré hacia atrás la tela que la formaba, para hacerme dueña de su atlético torso.
Comencé a acariciarlo, a besarlo, a lamer cada centímetro de esa delicada piel tan suave como siempre.....
En ese momento sus ojos se abrieron, con sus manos buscó mi barbilla y cogiendo mi cara, la llevó hasta la suya y me dio un beso apasionado que contenía más significado que un diccionario abierto.
Me sentó en sus rodillas, yo allí sentada recosté mi espalda en la suya, de forma que mi cabeza llegaba a la altura de su corazón, seguí trabajándome su tórax mientras él me acariciaba el cuello, yo dejé de besarle, y él continuó acariciándome, después pasó a besarme el cuello, a chuparlo, y siguió bajando, hasta llegar a mis pechos, bajó el escote de mi veraniega camiseta de tirantes y me acarició por encima del sujetador, después se abrió paso entre el mismo y se adueñó de mis pechos, jugaba con mis pezones, los apretaba, los besaba, los chupaba...En ese instante mis ojos empezaban a torcerse, me gustaba lo que me hacía, y él lo notó. Llevó mi cabeza hacia la suya y nos fundimos en un largo y apasionado beso.
Me deslicé suavemente sobre él, quedando tumbada en su pecho, con las piernas estiradas sobre el sillón, besándonos intensamente, sus manos no dejaban de recorrer todo mi pecho hasta que llegaron ala cintura, y él empezó a bajar sus manos, comenzó a acariciar mi sexo, suavemente, muy suave, por encima del pantalón.
En ese momento le miré fijamente a los ojos, y le dije con la mirada cuánto le deseaba.
Su mano empezó a desabrochar el botón de mi pantalón, después la bragueta y se aventuró hacía mis adentros, primero rozando mi sexo aún cubierto por mi diminuta ropa interior, y después consiguió también deshacerse de esta pequeña prenda y comenzó a acariciarme, ahora más intensamente. Notaba su suave piel, sus dedos moviéndose ágilmente pero con gran suavidad.Eso me gustaba realmente, y el placer que estaba proporcionándome se veía reflejado en los gemidos que empecé a emitir. Llevó mi cara hacía la suya de forma que mi boca quedaba a la altura de su oreja, quería oír de cerca mis gemidos, fruto del placer que él estaba haciendo brotar por mis venas.
Cada vez más y más húmeda, poco a poco fue introduciendo su dedo corazón en mi vagina, lo que hizo que mis gemidos intensificaran el ritmo que hasta ahora habían llevado, y él cada vez más cerca de mí, consciente de ello.
Al poco tiempo llegué al orgasmo, y dándole un profundo beso en esos labios tan suaves que me vuelven loca, comencé a acariciarle el paquete suavemente pero con decisión.
Después de un rato, esas mismas caricias estaban repitiéndose sin tela de por medio. Su sexo se endurecía cada vez más, quería ser liberado, y quería ser mío. En ese momento pese a que estábamos en un bar, yo sólo podía oír a nuestras respiraciones, y a nuestras almas diciendo a gritos que querían entregarse, querían entregar nuestros cuerpos el uno al del otro.
Sorprendidos por un camarero tuvimos que parar, eso es lo que tiene montárselo en un lugar público.
Ahora, cada vez que pasamos por la puerta de aquel bar, nos miramos y con una leve sonrisa, nos ponemos a pensar qué habría sido de nosotros de no llegar el camarero......
por Courtney Love
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