HOLLYWOOD : La historia de R. P.
por Ix de Benn
Siempre me han dicho que he tenido suerte.

Y yo digo que no creo en la suerte, solo en los cruces de destinos.

Nací en Europa ahora ya hace mucho, tenía trece años cuando Hitler se creía capaz de todo, cuando le dejaron hacer de todo. Mi familia era judía. De la noche a la mañana nos sacaron de casa y nos metieron apretujados en

HadzDaus, un gueto al este de Cracovia. Viviamos quince personas en un diminuto piso.

"Aún seguimos vivos, decía mi abuelo, estamos de suerte." ¿Suerte?, pensaba yo, la suerte es poder ir dónde quieras, y me agarraba a la valla que nos separaba del mundo. Una valla de tres metros con alambre de espinos en la cima. Esa era la jaula. En el gueto no había nada, la comida nos llegaba por la gente, a través de la valla, o por amigos de amigos que tenían amigos fuera, al otro lado; ellos podían entrar, pero nosotros no podiamos salir.

No sé podía hacer nada, no había escuela, podías aburrirte en casa, o aburrirte en la calle. Mi amigo-hermano Darius y yo solíamos parapetarnos en una esquina, cerca de la puerta custodiada por media docena de oficiales alemanes, y veíamos entrar a la gente. Había dos puertas, una era pequeña, por allí entraban y salían los "visitantes", otra, el triple de grande estaba siempre abierta, e iba entrando gente, desde las seis de la mañana hasta la medianoche, gente y más gente. Y esa mañana, sobre las once o así, bajo una fina capa de lluvia de un cielo plomo, con el hambre y el frío metidos dentro, la ví.

Era una morena de pelo largo, delgada, metida en ropa que le iba grande y con una maleta que era todo lo que tenía

-Bah! -dijo Darius, mi amigo-hermano. -gitanos. Los van a meter aquí, con lo que apestan.

Pero a mi no me pareció que apestarán, y me acerqué a ese río de gente que se iba perdiendo por las calles. Ninguno de ellos tenía más de lo que llevaba encima, no sabían dónde ir, ni qué les iba a pasar.

Ella destacaba entre el grupo. No ví a nadie más, solo a ella, era muy, muy guapa.

-Hola. -le dije.

-Comida. -dijo ella.

-No tengo. -mentí.

Ella achinó los ojos cómo si pudiera ver atráves de mi abrigo, la manzana que escondía en el bolsillo, mi comida para todo el día. No sé cómo, pero la vió. Dejó caer la maleta y se acercó, me cogió de la solapa del abrigo, cómo si fuera a soltarme una hostia, y metió su mano hasta el bolsilo. Me rendí, saqué la mano y ví cómo le brillaban los ojos; tras zamparse la manzana, nos sentamos en un cubierto de un descampado. La gente iba y venia, fumaban, se calentaban en las hogueras en plena calle y hablan del futuro, los que aún creían en eso llamado, futuro.

-¿Cuantos años tienes? -me preguntó.

-Quince. -mentí.
Me miró con desprecio. Cómo si ella fuera muy adulta y yo un crío.

- Es verdad. -dije.
Sin previo aviso, acercó su mano a mi cintura, y luego a mi entrepierna. Me acarició los pantalones.

-No. -dijo.- No los tienes.
Siguió acariciandome, y tuvé una erección.

-¿Te corres? -preguntó. No sé porqué, supongo que los nervios, entendí que preguntaba si me masturbaba. Cómo había dicho Darius, eso era cosa de hombres. Y yo era todo un hombre, así que tartamudeé: - Pues claro.
Ella se echó a reír.

-No -dije, intentanto arreglarlo- ahora no.. quiero decir...suelo..
Me desabrochó el pantalón y deslizó su mano bajo las ropas. Yo quería tocarla, besarla, follarla.

Me la agarró, y la sacó, entonces, de repente me suelta y se aparta asustada.

-¿Qué? ¿Qué ocurré? ¿Qué pasa? -preguntaba yo con mi miembro al aire.

-Te falta... -y la señalaba.
Yo me la miraba y no echaba nada de menos. La mía era igual que la de Darius, bueno, quizá un poco más gruesa.  Me la miré de nuevo, cómo si no nos conocieramos, y percaté en algo de las viejas clases de religión. Por una vez en la vida, lo que decía el rabino, me servía para algo: circumsición.

-Es que soy judio. -dije - nos cortan aquí. -y le agarré la mano y se la acerqué al miembro. Ella lo tocó con cuidado, primero con un dedo, luego otro, al final la encerró con su mano.

-Vamos. -le dije cerrando los ojos.

Ella sabía lo que tenía que hacer, se apartó el pelo de la cara mientras con la otra mano, la frotaba.

-Hace semanas que no me meto algo caliente en la boca. -dijo. Y se agachó sobre ella. Y se la introdujo cómo si fuera a tragarsela. Yo quería tocarla, besarla, follarla, pero poco me dejó hacer. Me la lamía desde la base hasta la punta, se la frotaba por las mejillas, frías cómo la nieve, yo quería que aquello durara y desviaba la vista, procurando pensar en otra cosa, pero ella empezó frotar con su mano derecha en la base, mientras babeaba y relamía la punta.Yo sentía que iba a correrme ya. Ya. Ya. Ya.

Esa misma tarde nos besamos y le metí la lengua hasta al fondo, cómo decían que solían hacer los franceses. A la semana se la llevaron. A ella, a mi madre, a mi tia. A todas las mujeres. Esa noche, mi padre me llevó a la valla y me dijo: -vete.

No pude rechistar. Me levantó sobre su cabeza y me obligó a saltarlaa, caí al otro lado, lleno de arañazos, y eché a correr. Cómo me había dicho, sin mirar atrás. No lo ví más.
Años más tarde me dijeron que al día siguiente, se los llevarón a Auswitz.
Dijeron que yo tuve suerte.

Emigré a América. Acabé en casa de unos amigos de unos amigos de unos primos de algún familiar de mi madre. No sabía mucho de ellos. No me importaba. Allí está a salvo.

Lo primero que aprendí a decir en América fue Fuck you (Que te jodan). Lo decía a todas horas. Lo había oído en los muelles, los marineros se pasaban el día diciéndoselo, yo pensaba que era algun tipo de saludo. Aprender que no lo era, me valió un guantazo.

Tenía dieciocho años, era rubia y de ojos azules, yo ya notaba que me miraba mientras yo descargaba cajas; en un descansó me acerqué a ella, y le dije, orgulloso, todo lo que sabía en su idioma americano:

-Fuck you.

Me dio una hostia que casi me arranca las muelas de cuajo. Se fue airada, caminando firme sobre sus zapatitos caros, no la ví hasta una semana más tarde. Para entonces yo había aprendido otras palabras y ella me había perdonando. Acabamos en la casa de sus padres, en su habitación, follando en unas sabanas que olían casi tan bien como su pelo. Conocí a su padre, dueño de una tienda de fotografía. Su madre, que era maestra, me enseñó a hablar ingles.

-Es buen chico, es buen chico. -decía.

Cuando sus padres se iban, follábamos. Ella quería, yo quería, fue la mejor época de mi vida. Ella me llevó al cine por primera vez, y quedé fascinado. Por la noche, estaba tan prendado de aquellas imagenes en movimiento que no podía ni hacerlo. Ella supo captar mi atención de nuevo, ví desde primera fila, qué hace una mujer cuando está con ganas y está sola en casa. Observé a milimetros cómo su dedo acariciaba su clítoris, cómo se humedecía, noté su cuerpo estremecerse sin hacer yo nada. Cómo se frotaba con la almohada, cómo se humedecía los dedos y se los introducía despacio, muy despacio, en la vagina, y cómo luego, se introducía esos dedos, húmedos de nuevo en la boca.

Y yo me estaba allí, más fascinado que en el cine, sin poder moverme, extasiado tan solo de verla.

Aprendí mucho esa noche, ella me enseñó dónde, cuando, cómo, por dónde y a qué frecuencia.

Tomé buena nota.

Nos casamos al poco tiempo. Entré a trabajar en la tienda y aprendí los secretos de la fotografía a más velocidad que el idioma, que se me seguía trabando. Ibamos al cine siempre que podíamos, yo la obligaba a ir, y cuando no quería, yo iba solo. El cine me fascinaba. Para entonces yo ya conocía cómo funcionaba el proyector, me enseñaron a usarlo. Aquello era mágico. Un día el tipo del cine, me llevó a los estudios, a ver cómo se rodaban las películas. Fue increíble.

Por aquella época mi vida sexual bajó en picado. Trabajaba en la tienda, llevaba todo la parte técnica del cine, cuando el encargado se jubiló; y solía dejarme caer por los estudios, dónde hizé de chico de los recados, de extra, de ayudante, de decorador, de electricista, de secundario. Tanto ajetreo acabó con nuestra cama. Antés que la cosa fuese a más, ella enfermó y se murió. Había pillado la sida.

Aún no sé sabía muy bien qué era, no tenía nombre; pero lo era.
Un representante de la Nikon se la cepillaba mientras yo estaba en los estudios. Lo supé cuando ya se había muerto. Me supo mal que muriera, no la culpé de buscarse un amante, era muy lanzada y yo la había dejado de banda, el matrimonio nos hundió. Yo la quería, era muy buena persona, fue una lástima. Si en los ultimos meses hubiesemos follado, quizá yo hubiese pillado la sida y me hubiese muerto tambien. Pero cómo apenas nos hablabamos tan siquiera...tuve suerte.

A principios de los sesenta, me contrataron en los estudios cómo ayudante del director de fotografía, y dejé la tienda. Me gustaba el mundo del cine y me pagaban bien. Tenía un pisito en el centro, y de vez en cuando volvía al cine del barrio, a ver pelis, o a ver el director. De los cines de esa época me acuerdo de las "pajeras". Eran mujeres que se sentaban solas, en las últimas butacas de los cines y a cambio de unos doláres, te hacian una paja mientras veías la película. Solo eso: una paja.

Entonces había vigilantes en las salas, pululaban con la linterna y si te agachabas a recoger las llaves o la bolsa de caramelos,te echaban del cine, porqué decían que se la estabas mamando al de al lado, aunque no hubiese nadie en la butaca del lado.

Las pajeras no se contrataban como a una prostituta. Cuando salían del cine, hacían cómo si no te conocieran, aunque unos minutos antés, te la estuvieran meneando. Sus clientes solían ser viejos.

Los ancianos, se sentaban en la penultima fila, e iban pasando uno tras otro. Yo los veía desde arriba, desde los proyectores, me quedaban justo debajo; el anciano se sentaba agarrado con fuerza a los antebrazos de la butaca, ya con la polla tiesa, porqué antes de ir hacia la pajera ya se la habian estado tocando. En la pantalla estaban la Garbo, la Stanwyck, la Dietrich, la Gadner... Y esos viejos cuando la pajera les agarraba la polla, se corrían. Así, de golpe. Frust-frust, oía yo.

Se corrían, se subían los pantalones y volvían a su asiento. Enseguida se sentaba otro, tieso y con los pantalones en las rodillas. Ella cobraba, alargaba la mano y "frust-frust". El siguiente.

Fue en 1964 cuandó volví a tener suerte. Yo era ayudante del director de fotografía, hacíamos una película, una comedia con una chica que era, o decía ser, sobrina de Bela Lugosi, el actor ese que había hecho Drácula. Sobrina nosé, pero húngara si era. Y claro, nadie la entendia. Se pasaba el día gritando y no la entendíamos. Se memorizaba el texto, porqué se lo habían trasnscrito fonéticamente; no tenía idea de lo que recitaba, pero lo recitaba bien.

¿Porqué la habían contratado? Por Marilyn Monroe o por Jane Mansfield.
Eran mitos sexuales. Desde que habían aparecido desnudas en Playboy, toda chica que aparecía desnuda en Playboy era un diamante en bruto para el cine. Playboy era la cantera de actrices de Hollywood.

-Tú. -me dijeron los jefazos. - ocupate de ella, que no habla ingles.

-Pero si yo soy de Polonia, y ella de Hungria. -me quejaba yo.

-Pues eso. -me decían.- Entendeos.
Y nos tuvimos que entender. A la semana de conocernos, ya nos acostabamos juntos. En mi casa, en mi cama, que era de esas con baranda de hierro; ella se agarraba a la barra, y empezaba a saltar sobre mi polla, frenética y loca. Gritaba tanto que los vecinos se quejaban.

-Es que me he comprado un gramófono y escuchó rock -decía yo.- y són los Beatles. - Pero no eran los Beatles, era ella, saltando y gritando. Yo no entendía que decía, pero se lo pasaba bomba. Y yo también. Hablabamos por signos, por gestos y por indicaciones; me aproveché un poco y una noche, decidí provar de follarla por el culo. Me entendió enseguida, emitió uno de sus gritos, que más tarde supé que era una especie de "yuhuu" a la húngara, y se agarró el culo con las manos.

Mi polla se desplazó con tanta facilidad en su culo que comprendí que no era el primer colonizador de esa zona. Al principio yo solo pretendia excitarme penetrandola, pero empezó a sacudirse tanto, que me acabé corriendo dentro de su culo. Ella cuando se dió cuenta se giró hacía mi, y me miró fijamente. Pensé que estaba cabreada. Se levanto, se encerró en el baño durante cinco minutos y cuando volvío a salir, volvimos a hacerlo. Saltó a la cama, se pusó a cuatro patas y me miraba esperando. Hablaba, yo no la entendía, empezaba a tocarme los huevos, y estaba claro lo que quería. La penetraba, nos sincronizabamos, nos corríamos. Ella se levantaba, iba al baño, se encerraba durante cinco minutos de reloj y salía dispuesta a jugar de nuevo. Me agarraba las manos, me las pasaba por sus tetas hasta que volvía a empalmarme, nos volvíamos a revolcar por la habitación, y así cada día. Y cada noche, cuando se vino a vivir conmigo.

Una mañana el director estaba hasta las narices que ella no dijera "Lou, tenemos que salir de aquí" cómo tenía que hacerlo. Y se pelearon. Fue divertido verlos insultarse, ella era húngara, y el director francés. El equipo de rodaje estabamos allí, sin entender ni a uno ni a otro, y nos reíamos.
Pero la cosa fue grave, tan grave que el director plegó, dejando la peli a medias. Vinieron los jefes y cómo a mi, era al único al que la actriz estrella hacía caso, me pusierón al frente de la película.

Era el noviembre del sesenta y cuatro, cuando dirigí mi primera película.
En los dos años siguiente rodé dos más. Las dos, con mi novia cómo protagonista. Tuvieron bastante éxito, y empezé a subir en la escala del éxito de Hollywood. Ella aprendió algo de inglés, y estaba muy buena, lo qual hacía que nos invitaran a fiestas. Empezamos a codearnos con la gente importante, ya me entiende, empezamos a beber champagne en todas las cenas, whisky en las comidas, y cafe, mucho cafe en el desayuno. Nos mudamos a Beverlly Hills, justo al lado de la mansión de un actor drogadicto que había trabajado con grandes directores cómo Lang o Wilder.  Fue él, quien nos pasó por primera vez cocaïna.

En el sesenta y ocho yo ya estaba colgado. Tenía un proyecto de peli que se me había ocurrido mientras vomitaba en un water, durante una fiesta, en la que iba hasta las cejas de droga. Era la historia de una chica que ve el futuro pero no sé la creen, y la toman por loca, pero sus prediciones se van cumpliendo. La iba a protagonizar mi novia, y otra chica que nos habia prestado la Paramunt.

Aquello no podía terminar bien, era de locos, cada vez que conseguiamos una toma buena, nos haciamos unas rayas. Tenía un guionista que tenía los brazos llenos de agujeros de chutarse. Medio equipo era alcoholico, y o venian bebidos o caían tras los focos, o en pleno set. Y empezó a circular un rumor que mi novia y la otra actriz se lo montaban a escondidas. Yo estaba tan chutado durante los rodajes, que no me enteraba de nada, inclusó rodaba escenas con ellas, en que ninguna de las dos estaban en el plató.

Terminamos la peli, pero fue un fracaso enorme. Pero no nos importaba, cada noche todo el equipo se venía a mi casa y bebíamos, nos flipábamos y follábamos. Aquello si eran fiestas. Todo el mundo iba tan "ido" que no sabías con quien te acostabas, solo con quien te levantabas.
Una noche, decidí comprobar si mi novia y la otra chica, que tambien había salido en bolas en Playboy, y tenía un par de tetas de aquí te espero, se lo montaban. Llevé a mi novia a nuestro cuarto, estaba borracha o drogada, o las dos cosas a la vez, cerré la luz y la puerta. Luego me bajé a la piscina, dónde la tia de las tetas descomunales estaba con un tipo, nuestro vecino el actor drogadicto. Me la llevé y empezé a meterle mano bajo el vestido, a ella no le pareció importar ya que enseguida echó un trago y empezó a restregarse conmigo. La subí a la habitación. La deje ante la puerta y le dije que esperara un poco, y luego entrara. Y me metí dentro, y me escondí.

Tras unos minutos ella entró, a tientas y en la oscuridad vió la sombra en la cama y hacía allí fue. La de la cama era mi novia, y yo lo veía todo en la sombra.  ¿Se daria cuenta que no era yo? ¿Follarían? Me excité tanto que antés que se quitara el vestido y se metiera en la cama, yo tuvé que agarrarme al armario para no saltar a la cama y follarme a las dos. Empezé a ver, bajo la luz de la luna que se filtraba por el balcón, cómo se metían mano. Empezaron a gemir levemente. Entonces, tieso cómo un palo, encendí la luz, y las pille besandose en bolas. Ni caso.
Pero ni caso, ¿eh? Acababa de encender la luz y pillar a mi novia con otra, y ninguna de las dos paro, ni pareció importarles, así que hizé lo único que podía hacer: meterme en la cama yo tambien.
Era la primera vez que era conciente que organizaba un trio, y que no tuve que dar explicaciones, ni decir nada. Yo me metí en medio, y empezé a tocarle el chocho a mi novia, mientras acariciaba el culo a la otra. La tía estaba muy buena, y mi novia medio zombie; nos dimos cuenta, y decidimos ir a por ella.
Ella le tocaba las tetas y la besaba, tenía un lengua larga, caliente y mojada. Yo decidí penetrarla.
Mi novia, tenia la mayor parte del tiempo los ojos cerrados, no gritaba, ni saltaba, estaba zombie ya digo. La tia le soltó una hostia, y le mordía los pezones, pero ella seguía tan ida que era como follar una muñeca. Gemía, se humedecía, pero no colaboraba en nada.
Pensé que seguramente creería que lo estaba soñando.
Cómo no se acababa de despertar, agarré a la otra, y follamos un rato. Y allí estaba yo, sacundiendome contra la tia, sobandole las tetas, metiendo mi polla hasta al fondo, con mi novia al lado de la cama, desnuda y atontada por yo que sé qué. La tia agarraba la mano de mi novia, y se la frotaba por las tetas.

Tener a mi novia al lado me exctiaba un montón y cuando yo ya estaba a punto, la tía va y dice:

-Espera, corramonos sobre ella.
Me pareció tan fuerte, que nada más sacar mi polla de su coño, ya me corría, la tía me ayudo levantando la cabeza de mi novia. Zas ! y me pude correr en su cara. Me agarraba la polla y seguía sacundíendomela, y no paraba de correrme, la frotaba por sus tetas, y me corría a gusto. Mientras, la tia se sentaba sobre su cara y se corría tambien sobre ella. Y mi novia ni caso. Era tan absurdo, no se enteraba de nada. La tia de las tetas enormes, que era una guarra, se le ocurrio algo aún más heavy. Me lamió la polla y los huevos hasta que se me volvió a poner dura, entonces tumbo a mi novia encima mío, con sus tetas en mi cara, la abrío de piernas, la abrío tanto, que pensé que iba a romperla, se subió a mi polla, y empezó a meterle los dedos por el culo y la vagina. Fue fantastico, era cómo follarme a mi novia, porqué eran sus tetas las que sobaba y correrme en otra mujer. Fue el mejor polvo que hicimos ni novia y yo, y ella tan siquiera se enteró.

Esa misma noche, tuvé una pesadilla terrible. En el sueño revivia esa orgía, y al final cuando la tía y yo nos corríamos sobre mi novia, descubriamos que estaba muerta. El sueño era tan real....

-Sobredosis. -gritaba la tia y yo no podía parar de eyacular, agarraba mi novia muerta y la intentaba despertar, y mi polla seguía eyaculando sobre su cuerpo frío y estático. La zarandeaba y le gritaba, la otra tía corría por la habitación mientras le botaban las tetas, y mi polla que seguía escupiendo y dejándolo todo pringoso. Fue horrible, me desperté gritando.
El cuerpo de mi novia estaba allí, tumbado a mi lado, bocabajo. Esta muerta, pensé, si no estaba muerto antes, se ha muerto ahora, ahogada con la cabeza hundida en la almohada.

Fueron unos segundos de una angustia horrible, estaba tan seguro que estaba muerta que ni siquiera me atrevía a tocarla. La cabeza me dolía un montón, no sé oía nada en la casa, ni en al barrio. Yo temblaba, le juro que temblaba, alargué la mano hacia ella y de repente, a lo lejos, en las afueras sonó una sirena de la poli. Dios, me cagué de miedo.

No sé cuanto tiempo pasé antes que pudé alargar la mano y notar que seguía caliente. Fue como quitarse la soga del cuello ¿sabe?. Agarré su cuerpo y lo giré, no fuera a ahogarse, lo divertido es que tenía la almohada pegada a la cara. Se la quité, y estaba echa un asco, le brillaba la cara al igual que brillan las baldosas cuando ha habido una carrera de caracoles la noche anterior, cón todos esos hilillos de babas o lo que sean.
Mi corazón volvió a calmarse y pude dormir. A la mañana siguiente me desperté de un grito. Y tuve que explicarle a mi novia porqué tenía la cara pringosa, y porqué había mierda en la cama. Le dije la verdad:

-Cariño.. no tengo ni idea.

La peli cómo he dicho fue un fracaso en América, pero en Europa les gustó. El verano del año siguiente fuí a Berlín a recoger un premio del cine independiente, el film no era independiente, pero era tan cutre que allí se lo tomarón cómo si fuera de unos novatos.; fuí yo solo porqué para entonces ya no teniamos nada, aparte de una gran casa vacía y deudas con nuestros camellos. Pensaba conseguir algún dinero lamiendo a algun productor europeo. En esa época muchos directores europeos de la nueva ola triunfaban en América. La verdad es que estaba arruinado, me gasté todos los ahorros en el billete a Europa. Mis amigos dijeron que estaba loco, que total, podían mandarme la jodida estatuilla por correo, y ahorrarme un viaje, pero yo quería volver a Europa, y nosé, tenía que alejarme un poco de todo el mundo en el que estaba metido.
Durante años he pensado que irme a Berlín fue un error. Quizás ni hubiera pasado lo que pasó.

La noche del seis de setiembre de ese año, el sesenta y nueve, unos cacos entraron en mi casa.

Estaba mi mujer, sola. No podiamos ni pagar a la criada, y menos a un vigilante. Ella estaba en la cama durmiendo, cuando rompieron una ventana de la planta baja y se colarón dentro. Cómo he dicho, estabamos arruinados, y no teniamos nada. Casi ni muebles, y desde luego nada de obras de arte o joyas o dinero. Así que una vez estuvieron dentro no vieron nada para llevarse, solo se encontraron a mi novia en camisón. Y claro, la violaron.

Ella bajó a mirar qué era ese ruido, la agarraron, le quitaron el camisón, le arrancaron las bragas, sacarón sus pollas sucias, y se las metieron. Los dos a la vez, y mi novia en medio. Ella grito y pidió auxilio. Pero nadie hizo nada. Allí la cada uno va a su bola, y los vecinos o no estaban o no querían estar. Ni siquiera subieron a la cama, se la follaron allí mismo, en el suelo, sobre el parqué. La golpearon y la follaron, tantas veces como quisieron. Uno, luego otro, luego los dos. Luego la mataron.
Llegué a mi casa, encontré facturas en el buzón, la ordén de embargo pegada a la puerta, y el cadaver de novia en el suelo de parqué del comedor.
Si yo hubiera estado en casa, quizás no hubiera pasado , o quizás yo tambien estaría muerto.
Alguien me dijo esa vez, que tambien había tenido suerte.

El banco se quedó con la casa, yo viví en el coche. No tenía familía, mis parientes ya se habían muerto. Deambulé por casas de amigos, aquí y allí. Mi vida era un desastre, no tenia trabajo, y todas la puertas de los estudios, estaban cerradas para mi. Intenté algunos proyectos, esa vez si que eran independientes, pero fracasaron. Es muy dificil hacer una peli sin dinero. Intentaba desengancharme de la droga, pero tampoco fui muy bueno en eso. Una noche, recorría Sunset Boulevard en coche, sin rumbo, y sin querer volver a casa. En realidad era solo una habitación que me prestaba un amigo, aquello no era mi casa.

Estaba allí ante un semáforo asqueado y maldiciendo mi suerte, y se me acercó una puta. No era fea del todo, y la subí. No tenía dinero pero si heroïna, y cómo ella estaba tan enganchada cómo yo, llegamos a un acuerdo. Paré el coche en un callejón oscuro. Nos fuimos al asiento trasero, se quitó las bragas, yo agarré mi polla y se la froté por el culo. Ella era una profesional, y antés de tocarla, ya estaba húmeda, húmeda es poco, aquello chorreaba como una bañera llena. Intenté tapar los escapes con mi herramienta pero no acababa de ponerme tieso, creo que estaba tan deprimido que no lograba centrarme en el trabajo que nos ocupaba. La había penetrado un par de veces, ella gemía como un asno, pero yo estaba lejos de correrme, cuando una potente luz me cegó.

-Eh, usted, baje del coche, las manos arriba y subase los pantalones.
Era la poli. Me detuvieron.
Llevaba heroïna en el coche, había alquilado los servicios de una prostituta y la estaba sodomizando. Tres delitos según las leyes de ese estado. Menudo juicio nos esperaba a mi abogado de oficio y a mi.
Alegué que era extranjero, que no entendía muy bien el idioma; lo qual era cierto. Alegué que el coche no era mío, y por tanto yo no sabía nada de la droga;  lo qual tambien era cierto, pues mi coche, me lo había vendido hacía meses, el que llevaba era del amigo que me prestaba la habitación.
Alegué lo tópico : - Señoria, yo no sabía que fuera prostituta.

Y alegué que fue ella, la que insistió en "realizar practicas contranatura" (eso me obligó a decir el abogado en lugar del "follar por el culo" que yo pensaba ). La chica no sé presentó al juicio, solo hubo dos testigos, el policia, y yo. Me impusieron una fianza baja, pero que no pude paguarla.
El abogado, que pese a ser de oficio era un lince, dijo que había tenido suerte. Que la puta podía haber sido menor, que el coche se demostró que no era mío, y qué si bien yo era drogadicto no había  traficado nunca, y qué por suerte en ese estado, la sodomía, pese a ser mal vista, no era tan terrible como en otros estados, dónde te pueden caer años por hacerlo. Y que a excepción de alguna pequeña detención por alteración de ordén público, estaba limpio.

Pasé unos días en una cárcel de mínima seguridad, y durante el primer permiso de fin de semana, me largué. Lo qual no era muy buena idea, porqué sabía que entonces sería puesto en la lista de "busca y captura", porqué aún me quedaban algunos meses de cárcel, que desde luego no pensaba cumplir.

Salté de amigo a amigo hasta dar con un barco de vuelta a Europa. Volví a mi Polonia natal, dónde conseguí llegar hasta Darius, mi amigo-hermano del gueto, que me contó como mi padre, y mi familia había muerto en los campos, y cómo él mismo se había salvado de milagro, escondiendose durante dos días en una fosa de cadaveres, bajo gente que conocía y que ya estaba muerta.

Qué vivió la liberación del campo por parte de los americanos, y que quería a América. Dijo que yo había tenido mucha suerte, y que me envidiava. Suerte ! y no puedo volver a poner un pie en territorio de los Estados Unidos, porqué me quedan seis meses por cumplir de una condena por medio follarme a una puta a la que pagué con drogas porqué estaba arruinado.

-¿Cómo voy a creer en la suerte? -me dijo.
Yo me quedé callado. Él esnifó ruidosamente con la nariz.

-Lo he dejado. -dijo. - ¿Dónde está el dinero? Tengo un poco de prisa.
Abrí el cajón y saqué el sobre. Se lo pasé por sobre el magnetofono dónde había quedado gravada su extraordinaria historia.
Abrió el sobré y pasó los dedos por los billetes. Asintió.

-Si tuviera dinero - dijo, y brandió ante mi el sobre - mucho más dinero.Yo mismo rodaría una peli con mi vida.  Pero.. ahora ya no quieren nada de mi. Fuí una estrella ¿sabe?, y ahora me cierran las puertas de los estudios, y de su país. Tengo casi setenta años, vivo en un jodido asilo, y tengo que vigilar que no me roben la puta manta. Yo fuí un director de Hollywood ¿sabe? Me codeaba con los más grandes, con las tias más buenas, y conducía un descapotable. Yo, el mismo crío que saltó la valla del gueto de HadzDaus, y ahora...estoy en otro gueto. Entonces, en ese jodido sitio rodeado de vallas de espinos y nazis, sabiamos que tarde o temprano Hitler iba a morir. ¿Ahora qué puedo esperar? ¿Quién tiene que morir para qué caigan los muros del gueto en el que estoy? Soy un viejo olvidado, encerrado en otro gueto, no tengo nada que hacer, solo me queda morirme. Y es lo que quieren.

Me miró fijamente, con los ojos inchados y rojos. Yo no dije nada. El se metió el sobre en una americana vieja y sucia que le iba pequeña y salió de mi despacho.

-Adiós. -dijo y cerró la puerta tras de si. Yo paré la gravadora, y rebobiné la cinta. Agarré el rotulador y le pusé sus iniciales, R.P., cómo título.
 

Ix de Benn

 

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