¿Quién Fue?
por 18778

 
 
Los rayos de la luz del alba asomaban por la ventana, a través de la cortina se abrían paso buscando mi cara, mi imperturbable sueño llegaba a su fin. Mientras me desperezaba sentía una rigidez pero a la vez sensación placentera en todo mi cuerpo, pronto noté como mis manos se movían torpemente, estaban pegajosas. Me incorporé rápidamente, mi mano se cruzó con mi vista, era sangre, sangre seca; pero también brillaba, había partes de mi mano que parecían estar recubiertas de un sutil esmalte, ¿sería semen acaso?. Pronto advertí que mi desaliñada cama estaba cubierta de estos divinos fluidos, una mancha de semen aquí, unas gotas de sangre allá... Pero ahí no acababa la cosa, no tarde mucho en advertir el húmedo tacto de mi sexo, pronto arrastre la mano hacia allí, ¡mmmmm!, no pude evitar  emitir ese gemido y es que cuando mi mano alcanzó su meta y vi como se deslizaba suavemente entre aquel entonces frió y a la vez caliente liquido a expensas de mi voluntad, sentí  un placer sutil y evocador sobre el que poco pude hacer con respecto al control de mi cuerpo.

Toda mi entrepierna estaba mojada, mi vello púbico se enredaba entre mis angostos dedos, al tacto del fluido con mis manos  desencadenaba una sensación en mí que hacia que mis pezones se erigieran y provocaba una reacción casi viciosa que me impedía dejar de hurgarme la vulva.

Mientras  me levantaba de la cama alcanzaba una toalla que hacía viajar a través de mi cuerpo deshaciéndome así de las múltiples manchas que se esparcían a sus anchas por todo mi relieve femenino, sin contar con las gotas de sudor frió que asomaban por mi frente y llegaban a mis orificios nasales el olor del fuerte hedor de mi cuerpo, aun mas marcado que el de la mezcla explosiva que formaban la sangre y el semen.

Ya bajo la ducha, envuelta en un alo formado por el delicioso vapor de agua me relajaba con el tonificancia sonara del agua al caer e intentaba poner en pie qué había pasado en mi cuarto, en mi cama, aquella noche; Lo cierto es que no puedo recordar mas allá de mi despertar. Pasé minutos bajo la ducha, dejando caer violentamente el agua sobre mi cara dividiéndose ésta en múltiples y diminutas gotas que dibujaban mi cuerpo, mientras yo, impertérrita, intentaba recordar algo; eso si, me sentía incapaz de dejar acercar mi mano hacia  mi sexo, rico placer aquel.

Una vez fuera de la ducha, al llegar a la puerta de mi cuarto pude contemplar en toda su extensión la magnitud del asunto, la panorámica era aterradoramente gratificante, y es que toda desordenada, con sabanas en el suelo, envuelta en sangre, con escalofriantes manchas de manos sangrientas, que se correspondían casi con toda seguridad a mis manos, y pude contemplar como en una de las mesitas de noche se encontraba una cuchilla, cuyo color metálico había tornado rojizo, descansaba en el centro de un pequeño charco del vital liquido rojo, y es que no tenia que hacer mucha memoria para recordar la pasión casi enfermiza que sentía por la sangre, no podía faltar en una de mis relaciones sexuales, provocándome casi, el orgasmo inmediato al verla emerger bajo la hendidura de Una certera pasada de un utensilio afilado, lo siento, no puedo remediarlo.

Pero mientras, no podía obviar la sensación provocada en mi pubis, que seguía latente, y cuya explicación no podía ser otra que la de un tremendo y punzante falo al penetrar en mi vagina, deslizándose virulentamente una y otra vez rasgando mis labios internos mientras se reflejaba en mis ojos  el rojo intenso, pero a la vez pálido color de la sangre emanando de un orificio provocado por mi sed de sádico y cruel placer.

En la otra mesilla hacia acto de presencia un diminuto bote blanco, tumbado, con el frasco abierto del que asomaban algunas pastillas, y en el que su débil textura de plástico se veían marcadas las huellas dactilares de unos dedos, huellas provocadas por supuesto por sangre. Su uso excesivo  debía ser el causante de mi  deliciosa amnesia parcial, debía de haber sido una noche muy larga.

Pero aun seguía martilleando en mi cabeza la principal duda, quien fue mi partener nocturno, mi victima sexual, quien compartió conmigo momentos de placer y dolor, quien ha osado corromper mi intricado gusto sexual con su arma fálica mientras yo cumplía mis mas enrevesados y atormentados anhelos sexuales,... ¿fuiste tú acaso?
 
 
 

18778

 

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