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No recuerdo bien la fecha pero debió ser por mediados del mes de octubre del 2000.Estaba muy cansada aquel día y como otras tantas veces, para matar el aburrimiento, entre en un chat y elegí un salón de gente de más de 30.
Estuve un buen rato decidiéndome entre todos aquellos nicks para elegir a la persona con la cual iba hablar, me resultaba muy difícil pero hubo uno de ellos que me llamó mucho la atención. Se apodaba “explorador”. Aquel nick me trajo recuerdos de una persona que conocí en una época y en otro momento, hacía mucho tiempo que esa persona despareció de mi vida.Estuve un rato recordando buenos momentos, me puse hasta un poco nostálgica, llegué a pensar que quizás aquel explorador fuera mi amigo.
Le abrí un privado preguntándole si era Fernando – no, no soy Fernando- me dijo- pero soy Valentín ¿te da igual?Había entrado a matar mi aburrimiento, así que por que no Valentín podría ayudarme a cambiar aquel estado en el que me encontraba.
Nuestra primera conversación no se salió de lo normal: nombre, edad, ciudad, estado civil...Nuestras aficiones eran muy parecidas, nos gusta la poesía, la buena música, el había leído algún relato mío y decía que le gustaba lo que yo escribía. Me gustaba aquel hombre pasábamos ratos muy divertidos, me hacía reír hacía que mis penas no fueran tales y que por unos momentos mi vida se transformara en otra.
Todo cambió cuando un día (creo recordar que fue un sábado) recibí algo de él, nadie hasta entonces me había enviado nunca una poesía, además, aquella poesía decía tantas cosas, que mientras la leía cerré mis ojos, necesitaba escuchar su voz acariciando mis oídos con cada una de aquellas palabras que formaban aquel bonito poema.
Descuidada como siempre, la imprimí dejándola encima de la mesa, aquella noche mi marido descubrió la poesía, fue tremendo el lío que se armó.
Nunca olvidaré aquella noche, una noche llena de lagrimas, lagrimas incontroladas, explicaciones y malentendidos. Si dijera que aquella noche dormí algo mentiría, solo deseaba que hubiera algo de luz para poder levantarme y sentarme en mi ordenador y ponerme a escribir, necesitaba contarle lo que me había pasado, necesitaba decirle lo mal que me sentía.Con los primeros rayos que aquel día me dio, me senté dispuesta a escribir cuando cambié de idea, era muy pronto, pero... entre en el chat, quería encontrar a mi “explorador”. Mi gran sorpresa fue que estaba allí. Fue como encontrar un tesoro, entre lagrimas y como pude le conté lo que me había pasado, hasta entonces conocíamos bien poco de nuestras vidas, pero en aquella mañana le conté toda mi historia.
Desde aquel día todo ha sido muy diferente entre nosotros, empezamos a vernos por la red con más asiduidad, intentamos conocernos más como personas, las intimidades fueron surgiendo y creciendo. Un día usando la voz del mesenger me dijo que le leyera uno de mis relatos ¡ qué vergüenza! Una cosa es escribirlos otra es leerlo... me hice la remolona todo lo que pude, creo que a mí también me apetecía leérselo. Terminé haciéndolo causando un gran efecto en él y una gran satisfacción en mi.
Desde aquel mediado de octubre ya han pasado casi dos años y seguimos encontrándonos a través del PC todos los días, estoy muy enamorada de Valen no puedo pensar en pasar mis días sin él sin respirar ese oxígeno lleno de amor y comprensión que me da todos los días.
Hasta ahora no nos conocíamos en persona, no habíamos tenido oportunidad, pero ya ha llegado ese día y nos vamos a conocer.
El esperado día llegó. Después de tanto tiempo esperando y buscando el mejor momento para vernos ese día ha llegado, Valen viene a verme a Barcelona, no sé que excusa de trabajo ha dado a su mujer, solo sé que vamos a estar dos días juntos.
Eran las 9 de la mañana, su tren tenía la entrada a las 9,05 horas, yo estaba muy nerviosa, mi estomago no era un estomago, era lo más parecido a una jaula de grillos solo hacía que moverse arriba y abajo de tanto nervio allí metido, ¡Dios! No sé ni como aguante aquellos 5 minutos de espera, las manos me sudaban, caminaba hacía un lado y otro, me miraba la ropa, quería estar perfecta. Para la ocasión había elegido una falda caqui y una camisa de color crudo, los zapatos eran planos y hacían conjunto con la camisa.
Los altavoces de la estación daban la entrada puntual del tren, como explicar esos momentos, fueron realmente indescriptibles.
El tren entraba por su anden, su marcha se iba reduciendo paulatinamente hasta que quedó parado del todo. Creo que a mí también se me paró el corazón, me dejó de latir.
Las puertas se abrieron y la gente bajaba, apenas si había gente dado las fechas en las que estábamos.
Ya no sabía para donde mirar, no lo veía bajar... miles de pensamientos se agolparon en mi cabeza, ¿pero me habría avisado si no hubiera podido venir?, Me sentía angustiada pero... allí estaba. Mi corazón que había dejado de latir ahora quería salirse de mi pecho, golpeaba fuerte, mis piernas no me respondían, me quedé clavada en el suelo, era incapaz de reaccionar.
Se acercaba, su paso era ligero, corría hacía mi, en la mano llevaba una pequeña bolsa de viaje yo seguía sin poder moverme, solo mis ojos fueron capaces de hacerlo y empezaron a caer lagrimas de ellos. En mi cara se dibujaba una enorme sonrisa. Por fin... mis pies y mis piernas respondieron y empecé a andar, se movían, corrían a su encuentro, cada vez había menos espacio entre los dos. Soltó la bolsa y me cogió en sus brazos levantándome del suelo al vuelo mientras giraba sobre sí mismo, sus labios besaban mis labios en un fuerte beso. Aquel abrazo fue eterno yo no quería que se terminase nunca, me sentía flotar, estaba en una nube, estaba entre sus brazos y era su boca la que me besaba, no paró de besarme, besos y más besos, y más, y más...
Todo desapareció por un momento, por fin juntos, aquello que tanto habíamos deseado estaba sucediendo, no existía el mundo solo nuestros besos, el y yo.
El ruido del tren a ponerse en marcha nos hizo reaccionar, no quedaba nadie en el anden solo nosotros dos y nuestras bolsas. Sus brazos dejaron de abrazarme, me dejó en el suelo mientras sus manos cogieron mi cara y sus dedos limpiaron mis ya abundantes lagrimas. Me era difícil verlo con suma claridad pero si pude ver como por debajo de sus gafas también caían lagrimas.
Después de calmarnos nos dirigimos hacía la salida, me explicó que me tenía reservada una sorpresa. Yo solamente había ido a recogerlo pero no tenía ni idea de cual era nuestro destino.
Salimos de la estación y nos dirigimos a una cafetería allí cercana.
Era alucinante, estaba allí conmigo, le tenía delante y no podía creerlo. De vez en cuando no pude evitar que aquélla emoción se manifestara en forma de lagrimas- ¿brujita ya estas mejor?(Es como él me suele llamar)
-Creo que si, pero no estoy del todo segura
-¿Quieres un café?
-primero un vaso de agua, para que ésta agitación se vaya calmando.
Le pidió al camarero un café para el y un agua para mí. No soltó mis manos desde que llegó, las acariciaba intuitivamente con sus dedos, yo no pude articular palabra en cambio él, más sereno que yo y en su misma línea de siempre con esas cosas tan particulares suyas, hizo que sus palabras me relajaran, entre risas y sorbos de café los minutos fueron pasando.
Ya más tranquila le pregunte:-¿A donde vamos amor?
-¿Quieres saberlo?
-Claro que sí
-Te va a costar algo
-¿Cómo que?
-Un beso
Los besos que nos dimos en el primer instante fueron besos intuitivos, llenos de agitación y desconcierto, besos limpios, besos salidos del fondo de nuestras almas. Ahora... con un cierto recelo me acerqué... en la proximidad los pudores se fueron perdiendo, entreabriendo la boca recibió la mía, en un principio tímido, nuestras lenguas se saludaron y acariciaron aparecieron así los primeros susurros ahogados. Nuestro sueño palpitaba de deseo, labios encendidos y pieles candentes.
No queríamos despertar de aquel sueño pero un ruido hizo que saliéramos de aquel letargo. Sin dejar de mirarnos nos volvimos a acomodar en nuestros asientos.
- ¿ a donde vamos? –dije rompiendo el silencio que nos envolvía
-siempre tan curiosa
-yo he cumplido, te he dado un beso a cambio de información
-no me podías besar solo por que sí
-claro que sí
-pues vas a seguir en la incógnita, ¿vale bruja?
Creo que no me quedaban muchas opciones, además, no pensaba para nada ponerme a discutir con él ni se me hubiera ocurrido pensarlo. Pagó la cuenta y salimos de la cafetería, nos dirigimos hacía la estación de nuevo y entramos en un departamento que alquilaban coches, ya lo tenía todo arreglado dio su nombre y le dieron las llaves de uno de sus coches.
Una vez en marcha parecía, o al menos yo diría, que conocía bien las carreteras de Barcelona. Cogió dirección hacía la costa, hacía un día realmente de verano. Mi ventanilla iba abierta para evitar algún tipo de mareo, el aire golpeaba mi cara, aquel sueño seguía latente, cerré los ojos, no quería que se desvaneciera, pero no, no lo era, estaba allí conmigo a mi lado, le observaba, no quería distraerle. Seguía tan confundida que apenas podía conjugar palabras, de vez en cuando me miraba, sonreía y seguía conduciendo.
No tenía ni idea de a donde íbamos. Pasamos por todos los pueblos de la costa desde el Maresma hasta que llegamos a Tossa de mar. Aparcó el coche junto a la playa, era la 1 del mediodía. Nos bajamos de él. Su mano la llevaba pasada por encima de mi hombro, me sentía tan bien que no me di cuenta que me estaba besando. Nuestros pasos nos llevaban hacía el viejo castillo, solo quedaban algunas ruinas y alguna que otra vieja casa. El olor a mar era muy intenso y él supo agradecerlo mucho, le encantaba el mar.
-Valen- dije- prométeme que no despertaré de este sueño.
-No sé si puedo prometerte que no despertarás, pero si te prometo que nunca lo olvidarás.
Y diciendo esto me volvió a estrechar entre tus brazos, era como estar en el limbo, sentir sus brazos en mi cuerpo y aquel olor a mar.
Subimos por todas aquellas cuestas observando como quedaban a nuestros pies aquellos abruptos acantilados. Que bonita visión teníamos delante, era parte de aquel sueño.
-Sabes bruja, yo creo que en estas murallas vivió algún antepasado tuyo
-no pude evitar reírme y propinarle un suave golpe en su brazo-
-claro que si, aquí se hicieron los mejores conjuros de amor ¿por qué te crees que estas aquí?
No sé porque empecé a correr y él detrás de mí. Me escondí entre los pequeños pilares que aun seguían de pie. Pasamos un rato riéndonos y jugando al escondite, hasta que desapareció, no podía encontrarlo, no sabía dónde se había metido ¿mi magia funcionó? Aquello estaba muy solitario, no había nadie, desistí de seguir buscando y me senté encima de una piedra. Realmente el juego y el correr me había cansado un poco, estaba algo agitada.
El sol quemaba y tenía mucho calor. Aun no había aparecido, mi mirada estaba perdida en el horizonte viendo como la gente hacía vela. Era divertido ver como se caían se levantaban y volvían a caerse. Debieron pasar unos 5 minutos cuando sentí una mano que me tapaba los ojos. Mi primera reacción fue asustarme ya que estaba tan absorta en lo que estaba viendo que no lo escuche llegar.
-¿quien soy...?
-eres, eres... pues... ¡¡caperucita!!
-No, frío, frío.
-eres, eres... ¡¡el lobo!!
-no, estas muy helada
- ¡ Ya se...! ¿Un trapecista taquígrafo?
Empezamos a reírnos. Su mano seguía tapándome los ojos, todo eran risas y más risas. Acercó algo frío y cremoso a mis labios ¡era un helado de nata! Como lo agradecí, mi boca estaba sedienta.
-¿Sabes ya quien soy?
-¿Valen?
-menos mal bruja, pensé que tus dotes de hechicera estaban fallando.
Retiró la mano de mis ojos y me dio a coger el cucurucho. No paraba de mirarme y eso me avergonzaba. Empecé a notar como mis mejillas, ya sonrosadas por el sol, se ruborizaban mucho más, sentía que me iban a estallar.
Le ofrecí cucurucho, se lo metió en su boca y la refrescó. Todo esto sucedía sin que sus ojos dejaran de mirarme. Me ponía nerviosa, yo no sabía para donde mirar. Iba a volver a chupar del cucurucho y le di en la mano, la bola de nata no fue a parar precisamente a su boca, sino algo más arriba. Su nariz estaba toda blanca.
Las risas se convirtieron en carcajadas, las risotadas eran tan estruendosas que a mis pulmones les costaba tomar aire. Me costo mucho volver a la normalidad, no podía evitar mirarlo y reírme...
-vaya bruja, estas muy ágil...
La verdad es que no podía controlar mi risa.
- ¡¿tu te crees como me has puesto¡? ¡Esta me la pagarás!
-no te enfades mi amor- dije balbuceando - estas para hacerte una foto.
-si, para la posteridad ¿no? bueno al menos me lo limpiaras...
-¿limpiarte yo?
-no, le diré aquel que está allí en la barca que venga y me limpie ¿te parece?
Hice el gesto de sacar un pañuelo del bolso, pero me lo impidió con su mano.
- no señora, lo has de limpiar con tu boquita
- ¿con mi boca??
-si con tu boca o con tu lengua, te dejo elegir.
Me acerqué más a él para realizar mi tarea de limpieza. Mi lengua golosa de deseo se recreaba en recoger y lamer la nata esparcida por su cara, se deslizaba de abajo arriba por su mejilla rozando y dibujando el contorno de sus labios. Gozaba cada milímetro de su cara que limpiaba, ávida lamí y limpié su nariz, que sensación más extraña... al rozar su boca para limpiarla no me dejó escapar, abrió su boca y me besó. Tenía una de sus manos por detrás de mi nuca y me atraía hacía él. Ahora era él quien se comía mis labios, nuestras lenguas se anudaron, se enredaron llenas de pasión y amor.
El cielo nos sonreía.
Después de tantas emociones y de aquel beso nuestros estómagos reclamaban comida.
Entramos en un restaurante. Yo estaba, podría decir que en una nube montada, él estaba sentado delante de mí mientras comíamos.
Le observaba, quería guardar cada uno de sus movimientos, de sus gestos, sus miradas. Quería guardar todo aquello que le pertenecía. Acercó su mano a mi cara y con el dorso acarició mi mejilla. Un escalofrío recorrió de nuevo mi cuerpo. Con su otra mano tenía cogida la copa de vino.
Ahora era yo la que le estaba poniendo nervioso, le deseaba y lo veía en mi cara, en mi mirada, en mi cuerpo, como se erizó mi piel al contacto de su mano.-¿Nos vamos? –me dijo
-Sí
Después de pagar salimos del restaurante y nos dirigimos a la habitación del hotel que él había reservado.
Todo lo que habíamos vivido durante aquel tiempo a través del PC se estaba haciendo realidad.
En el hall del hotel no había nadie, se escuchaban nuestros pasos y nuestros corazones latir al compás de nuestras respiraciones agitadas.
Entramos en el ascensor, metió su mano en el bolsillo y sacó un enorme pañuelo y me lo enseñó. Apreté mis labios esbozando una tímida sonrisa, sabía lo que significaba aquel pañuelo. Sin decir nada no quería romper la magia que empezaba aflorar entre nosotros, me puse de espaldas y dejé que cubriera mis ojos anudando el pañuelo a mi nuca.
Si alguna vez habéis intentado andar con los ojos cerrados habréis notado esa sensación profunda del color negro, de su oscuridad y de su gran textura.
Cegada por la penumbra a mis oídos llego el cliclear de la llave girando en la cerradura. Percibí como la puerta se abría y un intenso olor a flores llegó a mí. Era difícil definir a que tipo de flor pertenecía aquel profundo y penetrante olor.
Me llevaba cogida de la mano, a pesar de no poder ver, sentía su mirada fija en mi. Mi mano izquierda hacía presión contra mi pecho, el corazón me iba tan rápido que parecía que se me iba a salir de un momento a otro.
Alguna vez me había contado lo mucho que disfrutaba con el arte de desnudar a una mujer. Ahora me tocaba a mí, y estaba muy nerviosa, demasiado nerviosa, aquella oscuridad acrecentaba más y más todo mi nerviosismo.
- ¡eh, Tranquila! no pasa nada- me dijo dulcemente
Hice un minúsculo gesto de aprobación. Su voz sonaba muy apaciguadora y sobre todo muy tranquila. Cogió mi cara entre sus manos, me besó en la frente y luego en los labios. Sentir el calor de sus besos hizo que empezara a relajarme un poco. Mi corazón ya latía a un ritmo más normal, aunque excitado, pero más tranquilo.
Sus manos desabrocharon cada uno de los botones de mi camisa, todo muy lentamente. Sentía como su mirada se clavaba en mi cuerpo, la sentía recorrer por cada centímetro que la tela iba dejando al descubierto.Mi fantasía se hacía realidad, aquel pañuelo mandaba en el juego, hacía volar mi imaginación. Habíamos hablado de aquello muchas veces y ahora era real.
Pasó sus manos por dentro de la camisa y la retiró lentamente de mis hombros dejándola caer al suelo.
En la callada habitación solo se podía percibir aquella intensa olor que nos extasiaba, el latir de nuestros acelerados corazones y los gemidos ahogados que salían de mi garganta. Todo quedó roto por el sonido de su voz
- No sé que es lo que me imaginaba, pero esto ha superado a mi imaginación.
Ante el se mostraron mis pechos, escondidos detrás de un sujetador blanco, semitransparente. Con un dedo dibujó parsimonioso todo el contorno del sujetador. Desabrochó la falda y la dejó caer.El silencio volvió a envolvernos con su aliento turbador, seguía sumergida en la oscuridad del placer, parada ante el y cierva de las tinieblas sentía su mirada cada vez más ansiosa recorrer mi cuerpo.
Sus manos se posaron en mis glúteos apretando sus dedos contra ellos. Dejó caer un murmullo en mi oído que me hizo estremecer toda. Abandonó mi culo para pasearse por mi espalda, la recorrió lentamente arriba y abajo con sus caricias, haciendo que mis estremecimientos fueran más seguidos.
Aquel vacío era demasiado aturdidor, no había sentido nunca nada tan excitante. Sus caricias cesaron y se separó de mí, sentía su presencia caminar a mí alrededor. Me sentía como la presa ante el cazador.
El silencio se volvió a romper con su voz.
- pase lo que pase no te asustes, estate tranquila.
¿Habéis estado alguna vez en una situación así? Es la única manera en que podéis entender que era lo que yo sentía en aquellos momentos porque son indescriptibles.
No tenía miedo, pero me sentía muy desconcertada con todo aquello.
Empecé a sentir por mis pies unas leves caricias que subían por mis piernas. Se inspiraba mucha excitación, aquel cosquilleo seguía subiendo alternándose por mis piernas. Subía y subía escalando mis muslos. Mi sexo palpitaba a la misma celeridad que mi corazón, partículas de sudor surcaban mi cuerpo marcando el deseo en él.Fuera lo que fuese aquello ahora se paseaba por mi entrepierna dibujando todo el contorno de mis braguitas llevando a mi excitación a unos extremos incontrolables.
Cogió mis manos y estiró de ellas indicándome que me moviera. Mis temblorosas piernas caminaron torpemente hasta que llegué al borde de la cama en el cual me hizo sentar.
Retiró el pañuelo de mis ojos. Estos se incomodaron cuando entraron en contacto con la tenue luz que había en la habitación. En el desconcierto pude ver que toda ella estaba llena de una gran variedad de flores.
Su cara reflejaba felicidad y yo estaba algo desorientada.Su boca empezó a recorrer mi cuerpo llenándolo de besos y despertando conmociones nunca vividas. Desabrochó el sujetador, provocándome un gran estremecimiento al sentir la desnudez de mis pechos. Los cogió con sus manos y los acarició. Acercó su boca, los besó, los lamió y comió de ellos. Mis sensaciones aumentaban en cada movimiento que sus manos y su boca hacían, mis braguitas ya habían perdido toda su textura de estar secas.
Me hizo tumbar en la cama y mi corazón empezó a latir otra vez rápido, muy rápido.
Lenta, pausadamente, como si no tuviera prisa, fue quitándose la ropa hasta que solo se quedó con el slip.
Se puso detrás, de forma que mi espalda quedó pegada a su pecho, retiro el pelo que cubría mi cuello y pasó su dedo por mi nuca, por mi hombro, mi brazo, hasta llegar a mi mano, allí cogió mis dedos y los entrelazó con los suyos. Sus labios besaban mi espalda, milímetro a milímetro, podía notar el calor y la tersura de sus labios recorrer mi piel. Me estaba volviendo loca de placer. Llegó hasta la parte baja de mi espalda y jugueteó con la goma de mi braguita. Soltó mi mano para poder acariciar mis pechos de nuevo. Conque suavidad tocaba, conque delicadeza recorría mi cuerpo, era fantástico. Podía notar la rigidez de su miembro.
En uno de sus recorridos por mi cuerpo decidió que era hora de que mis braguitas debían ir fuera, así que sin más, me tumbó boca arriba y posicionándose encima de mí las fue bajando. Su vista se iba alegrando cada vez que la prenda bajaba más. Cuando ésta desapareció por completo de mi cuerpo, se quitó el slip. Ahora era mi vista la que se estaba alegrando, su miembro permanecía en toda su forma eréctil y apuntaba hacía el techo. Su glande brillaba, estaba mojado. Cogió una de mis piernas y la empezó a besar, subía y subía, lento, pausadamente, acariciándome. Toda mi sangre se había concentrado en mi sexo, bombeaba... bombeaba, cada vez notaba mas calor en mi entrepierna, intentaba controlar mis pulsaciones, mi respiración, pero ésta cada vez era más acelerada.
Sus manos abrieron mis piernas y sus dedos jugueteaban con mi vello pubico. Acercó su cara a mi caliente sexo y su boca empezó a recorrer mis más recónditos rincones, absorbía todos mis jugos, los bebía, los degustaba, los saboreaba. Que placer me estaba dando... su lánguida lengua golpeaba mi ya erecto clítoris y mi cuerpo se movía, se estremecía... gemidos ahogados de placer salían de mi garganta.
Se levantó y se puso detrás, espalda contra pecho. Mi boca buscaba ansiosa su boca. Me dio a probar de mis propios jugos, aquello me excito mucho más, levanto mi pierna y paso su pene por mi sexo. Lo introducía lentamente nadando en los líquidos de mi placer. Podía notar su dureza y su excitación dentro de mí. Un solo empuje y su viril miembro estaba en lo mas profundo de mis entrañas. Seguía besándome, su mano recorría mi cuerpo de arriba abajo, acariciaba mi clítoris, sus movimientos se iban acelerando acompasadamente, ya no podía mas, aquello era demasiado para mí. Nunca nadie me había hecho sentir igual, se movía rápido cada vez más rápido, empecé a sentir algo que jamás había notado, era una sacudida muy extraña, mientras seguía dentro de mi moviéndose, algo me estaba haciendo llegar al máximo del placer, mis piernas se tensaron y mi espalda en un movimiento incontrolado se arqueó, mi vagina se lleno de una serie de contracciones que oprimieron su pene, el encharcamiento era notorio y aquel ardor dentro de mi fue... como tocar el cielo. El no tardó más que unos movimientos en acabar de explotar dentro de mí. El olor de las flores se mezcló con el olor de nuestro placer. Cuerpos cansados resbaladizos mojados por el sudor, jadeos agitados, semen que se escapaba de mis adentros, era la primera vez que hacía el amor.
Nuestras respiraciones se relajaban, se acompasaban. La calma.
Me abracé a él, apoye mi cabeza entre su hombro y su pecho. No pude evitarlo y las lagrimas empezaron a salir, rodaban por mi cara e iban a parar a él. Al contacto de ellas me miro y me beso, con su dedo limpió aquellas lagrimas de felicidad.
-Te amo- dijo susurrante
Por primera vez me había sentido como necesitaba sentirme, una mujer. Y fue él quien lo consiguió. Mientras acariciaba mi pelo y después de tantas emociones juntas debimos quedarnos dormidos.
Al despertar no estaba en la cama. Me asusté, pensé que todo había sido producto de un sueño más, pero no, me incorporé y lo vi sentado en el sillón que había en la terraza. Llevaba puesto un pantalón corto y su dorso permanecía desnudo.
Estaba con la mirada perdida en el horizonte, me acerque a él sigilosamente, no quería que sus pensamientos se desvanecieran. Su espalda se me mostraba tentadora, acerque mis labios a ella y empecé a besarlo desde el cuello hasta llegar a sus hombros. Pude observar como su piel se erizaba. Me cogió y me hizo sentar encima de sus rodillas mientras me decía algo al oído.
-te quiero y soy muy feliz a tu lado
Me abrazó de tal manera que se podría decir que nos fundimos en una sola persona.
- ¿que miras?
- miro el mar, sabes que yo no puedo disfrutar de esta vista, así que quiero llevármela grabada en mi retina.
- ¿y que piensas, que pensamientos pasan por tu cabeza?
-pues... que me gustaría tener esta visión mas a menudo y tenerte a ti junto a mi todos los días.
Podríamos haber seguido en aquella habitación y podríamos haber seguido amándonos y amándonos hasta exhaustar nuestras fuerzas, pero nos apetecía hacer otras cosas.
Salimos del hotel. Empezamos andar sin dirección. Cogidos de la mano acariciando nuestros dedos, hablábamos de esas cosas en las que nunca nos ponemos de acuerdo, pero por las que nunca discutimos.
Calles estrechas de casitas pintadas de blanco. Había cierto movimiento de gente que se paraba en las tiendecitas (las había de todo tipo de ropa, zapatos, bisutería, bañadores, en fin había de todo) En una de ellas nos paramos era de sombreros de paja y había mucha variedad de gorras.
Empecé a ponerle sombreros de aquellos, ni que decir lo extraño que le quedaban, pero estaba monísimo, le hice poner uno de mexicano...
-No te lo quites por favor
-¡Sí y que más!
-déjame hacerte una foto, solo una
No estaba de acuerdo en que le hiciera una foto y menos viendo como me reía tras el efecto que hacía aquel sombrero en su cabeza.
Dejamos la tienda de sombreros y seguimos caminando. Nos paramos en una en la que había todo tipo de bisutería, cogió un anillo de plata: era un aro plano llevaba como unas letras egipcias grabadas, me tomo la mano y lo puso en uno de mis dedos diciéndome algo al oído
-este anillo es para siempre, como mi amor
Reanudamos nuestro caminar, paseamos hasta llegar a la playa, nos acercamos hasta la orilla, descalzamos nuestros pies y los mojamos,
- ¡que fría está!
-ya te estás quejando, es que con una vieja como tu no se puede ir a ningún sitio
- ¿¡ Pero Valen, no digas que no está fría ¡?
-¿Fría?
Mojé mis manos y quise pasarlas por su cara, en el intento de echarse hacía tras para que no lo mojase, tropezó enredado con sus propios pies perdiendo el equilibrio y fue a dar con sus posaderas en el agua.
La verdad es que no pude evitar reírme otra vez, verlo allí sentado... mirando como las desgastadas olas rompían en él mojándolo sin más. La visión era de lo más divertida. Pero...fue muy malo, me cogió de la pierna y me estiró de tal manera que yo también perdí mi estabilidad y fui a parar al lado suyo. Ahora éramos los dos los que nos reíamos, a mi se me saltaban las lagrimas, las mandíbulas me dolían de tanto carcajear, estábamos completamente mojados. Nos quitamos la ropa y la extendimos para que se secara un poco, llevábamos el bañador. El sol empezaba a despedirse de nosotros por aquel día, se escondía desapareciendo por detrás del castillo. En el cielo se pintaron infinidad de colores anaranjados, rosas y violetas. Empezaba nuestro anochecer.
Las ropas seguían húmedas. Tumbados en la arena, me miraba y besaba mi cara. Había algo especial en su mirada, se le veía radiante, muy feliz.
Rompí aquel momento cuando cogiendo un poquito de arena empecé a tirárselo por encima.- ¡ No me llenes de arena ¡ -refunfuñó
- ¿Por que?
- ¡porque me molesta la arena!
- Anda no seas así, si estamos en la playa
Yo seguía en mi empeño de molestarlo y no paraba de tirarle arena y él seguía repitiéndome que no se la echara. Se levantó tan rápido que apenas me dio tiempo de reaccionar y cuando me di cuenta estaba sentado encima de mi barriga. Había cogido mis brazos y me los sujetaba por encima de la cabeza con sus manos. En esa posición nuestras bocas quedaron a escasos milímetros. Sentía su aliento tan cerca que no pude evitar excitarme. Posó despacio sus labios en los míos, un suave roce, humedeció sus labios y a la vez los míos, su lengua se abrió paso dentro de mi boca y buscaba desesperadamente la mía. Investigo todos los rincones, nuestras salivas se mezclaron en una sola, seguía besando con mucha pasión yo le respondía con la misma.
Estuvimos así bastante rato, besándonos mientras nos revolcábamos por la arena.
La brisa fría nos hizo reaccionar.
Volvimos a la habitación. Fuimos directos a la ducha
Dentro, de pie... y desnudos, uno frente del otro, manteniendo fijas nuestras miradas observando el color y la intensidad de nuestros ojos. Los sonidos sobraban, no hacían falta las palabras para detectar lo que allí estaba flotando, emergían los sentimientos, nuestra pasión llena de amor.
El agua empezó a caer y nuestros cuerpos empezaron a sentir como cada gota de agua caliente que caía, provocaba un estremecimiento nuevo, eran las sensaciones de nuestro imposible amor. El agua seguía cayendo impregnando nuestros excitados cuerpos que ansiosos esperaban el momento de la fusión.
Cogió el jabón y lo esparció por sus manos, manos que resbalaban y acariciaban mi espalda. Mis labios buscaban los suyos mi lengua deseosa de encontrar la suya penetro en su boca, era lo que deseaba fundir todo aquel deseo en un suculento beso, en un solo sabor de placer. Llegó a mis pechos los pezones se mostraban erguidos y duros ante aquella placentera situación, esperaban ansiosos ser acariciados por aquellos dedos resbaladizos, su lengua también jugo con ellos. Sus manos siguieron por mi espalda. Era hermoso lo que allí estaba pasando.
Llegó hasta mi más preciado escondite que se le ofrecía altivo y húmedo, sus dedos rozaron todo mi sexo aumentando así mi placer. Llene mis manos de jabón, también querían recorrer su cuerpo que anheloso esperaba mis caricias, empecé acariciando su nuca, su cuello....era un verdadero placer tocar su espalda..., mis manos parecían tener alas, tocaban su cuerpo pero con una suavidad que solo ellas sabían hacer. Sus ojos permanecían cerrados, parecía como si no quisiera perderse ni uno de mis movimientos. Saboreaba cada sensación de placer que mis manos le producían, sus pezones también estaban erguidos, mi lengua pasó por ellos jugueteando y mis labios los chuparon con la mas absoluta delicadeza. El agua seguía cayendo, el calor iba en aumento, mis toqueteos llegaron a su sexo, estaba duro, muy duro... en toda su plenitud. Me puse de rodillas el agua caía por él y por mi lasciva boca, puse mis manos en sus desnudos muslos para afirmarme. Con suavidad, fui probando su pene besándolo y llevándolo lentamente a la profundidad de mi garganta, su cuerpo se contrajo ante el contacto de su pene con mi boca. Era él quien marcaba los movimientos, primeros fueron lentos, luego subió su intensidad, saboreé su mástil y lamí sus pelotas las llene de mi saliva, las apreté con mis labios y mi lengua jugó con ellas. Me sentía oralmente penetrada.
Me ofreció que me levantara y me indicó que bajara mi espalda, quería penetrarme desde atrás. Su pene entró de un solo movimiento, me llegó hasta las más recónditas profundidades de mi cuerpo, éste empezó a recibir sus impulsos de energía y excitación, motivado por mis gemidos de placer aumentó su ritmo. El agua seguía cayendo sus movimientos eran contundentes y rápidos, cada vez más penetrantes, estábamos en el punto más alto de la excitación y en ese momento notando que le quedaba poco me dio la vuelta, me pidió que me arrodillara quedándome a la altura de su sexo. Sacó éste de dentro de mí y empezó a meneársela con energía para alcanzar el máximo placer y correrse encima de mí.
De su pene salió una inmensa cantidad de espeso semen que se vertía sobre mi, resbalaba por todo mi pecho, algunos chorros llegaron a mi boca, con mi dedo los recogí y los metí dentro de ella, seducida por ese licor delicioso fui lamiendo lascivamente mis dedos impregnados de su placer. Se acercó y me besó metió su lengua en mi boca en busca del licor... nos besamos y jugamos con nuestras lenguas que tenían aquel sabor excitante del amor, seguimos besándonos hasta que aquel sabor se diluyó y solo quedó nuestro sabor personal.
Salimos de la ducha nos vestimos y bajamos a cenar.
Me llevaba cogida de la mano. Entramos en el restaurante y pidió por favor si podíamos cenar en la terraza. No hubo ningún problema. No había nadie en ella, se escuchaba una suave melodía que salía de los altavoces, las mesas estaban todas adornadas con unas velas encendidas, buscamos el rincón con mejor vista, desde el se podía observar todo el castillo iluminado y como la luna llena brillaba, parecía que solo resplandecía para nosotros y para su mar, estaba todo iluminado por su reflejo, era como si se estuviera bañando en el. Me miraba mientras acariciaba mis manos.
-¿Que tal el día? Pregunte.
-Bien, muy bien.
-¿Te esperabas algo mejor?
-No, la verdad es que no, ha sido el mejor día de mi vida y espero que también haya sido el tuyo.
-También ha sido el mío. Amor has conseguido hacerme la mujer más feliz del mundo.
-Nos merecíamos este día.
Mientras cenábamos nuestras miradas eran cómplices del silencio.
La música sonaba. De pronto empezó a sonar algo de Donato y Estefano, a pesar de sus pocas dotes musicales la reconoció (era nuestra canción) “Estoy enamorado”. Agarrandome las manos me invitó a bailar -¿nosotros dos bailando?- Me pareció aquello un gran esfuerzo por su parte así que no se lo negué. Apoyé en su hombro mi cabeza y mis manos, sus manos descansaban en mis caderas, entre nuestros cuerpos no podía correr el aire de lo pegados que estábamos. Empezó a murmurarme la canción al oído, sonido por sonido, silaba por silaba y palabra por palabra fue cantando aquélla canción. Aquello era demasiado insólito.La canción terminó y nos volvimos a sentar. La cena ya había concluido
-te apetece pasear o quieres que nos vayamos a descansar?
-Como tu quieras -le dije- Yo estoy cansada y supongo que tu también. Como más te apetezca.
-ya es tarde mejor nos vamos a descansar.
Esperando el ascensor, se acercó y me dijo
-te deseo
Le mire y vio en mi mirada que el deseo era mutuo. Se abrieron las puertas y entramos un poco apurados, queríamos seguir amándonos. Nos besamos con extrema pasión, nuestras manos recorrían ansiosas el cuerpo del otro.
Ansiosos por continuar lo que habíamos empezado en el ascensor entramos afanosos en la habitación. Ágilmente sus manos mientras se apoyaron en mi cintura, me hicieron caminar dirección hacia la pared, levantó mis brazos por encima de mi cabeza y con una de sus manos sujetaba las mías, mientras con su deseosa boca recorría con ganas mi cuello, saboreándolo incluso mordiéndolo.... con la otra mano libre iba abriendo apresuradamente los botones de mi camisa uno a uno mientras no dejaba de pasar sus labios por mi piel. Su boca descendía por mi barbilla, anhelante seguía bajando por mi, besó mis pechos por encima del sujetador. Con un ligero movimiento dejó caer la falda a mis pies. Sentía el calor de su boca en mis pechos, levantó el sujetador dejándolos libres, sus labios los buscaban hábilmente, su cálido aliento postrado en mis senos, su lengua se movía en círculos, los rozaba y mordía hábilmente el pezón produciéndome un leve dolor que aumentaba así mi excitación
Por un momento soltó mis manos y gracias a ello pude coger su cabeza y encaminarla hacía mi sexo, notaba su agitado aliento. Mientras besaba mi vientre sus ágiles dedos entraron por la cinturilla de las bragas y las bajaron por completo. Con un movimiento de mis piernas me liberé totalmente de ellas. Agachado ante mí puso, mi muslo sobre su hombro, mis piernas separadas con mi sexo a merced de su boca. El primer contacto fue muy suave, besos tiernos que lo presionaban, simplemente me rozaba, mis caderas se movían en un rítmico movimiento coital. Su lengua húmeda abrió mis pétalos carnosos y se paseó por mi palpitante flor. Sus manos apoyadas en mi culo seguían el ritmo marcado, atrayéndome hacía el. Su saliva lo estaba empapando todo, sentía la frialdad de la pared en mi espalda. Sus labios buscaban mi clítoris, delicadamente lo rozó... estaba erecto y muy sensible y ávidamente lo golpeo electrificando mi cuerpo de placer.Dejándolo todo se levanto rápidamente y lleno mi boca de todos mis jugos Llena de deseo desabroche los botones de su camisa ansiosamente iba besando su pecho. Desabroche sus pantalones dejándolos caer a sus pies. Volví a quedarme impresionada por su bulto. Lo bese y lo manosee con mucha ansia. Las primeras gotas de deseo empezaban a quedar reflejadas en diminutas manchas en su slip, ayudada por mis dientes le baje dicha prenda de su cuerpo dejando en libertad a su miembro.
Con ganas busque su húmedo glande y lamí aquellas primeras gotas para después engullirlo todo dentro de mi boca, su cuerpo respondió con una fuerte contracción. Deslicé mis labios por él, notando como palpitaba como se movía dentro de mí. Desde mi posición pude ver como cerro sus ojos. Llené mi boca de saliva y con mis labios fui aprisionándolo de abajo arriba, en el movimiento hilos y más hilos de saliva caían mojando mis piernas. Agarró fuerte mi pelo cogiéndolo con una de sus manos, me estiraba marcando los movimientos me hacía daño pero me gustaba, mis dedos se apretaban contra su culo, clavándose en él.
Haciendo un movimiento estirando de mi pelo hacía arriba me puso de pie enérgicamente me apoyó de nuevo contra la pared y termino de quitarme la camisa y el sujetador. Desnudos los dos nos fundimos en un apasionado beso, levantándome de un solo golpe mis piernas quedaron alrededor de su cintura se movió para acomodar su miembro dentro de mi sexo, note una primera presión, me fue dejando caer sobre él, miles de efectos diferentes recorrían nuestros sudorosos cuerpos. Mi cintura ayudada por sus manos, que me subían y me bajaban, iba aumentando su ritmo al igual que nuestras agitadas respiraciones. Sin soltarme me llevó hasta la cama, me dejó caer en el borde de ella. Su ritmo ahora era fervientemente enloquecedor y me avisó de que iba a correrse. Apreté mi vagina y mis espasmos aumentaron de intensidad, nos dejamos llevar por el momento, un momento que se hizo eterno. El calor inundó nuestros cuerpos, nuestros corazones nos iban a estallar, seguimos moviéndonos hasta que al final se desencadenó una sucesión de vibraciones que explotaron con una gran intensidad.
Nos quedamos sin aliento, dejó caer su cuerpo cansado sobre la cama para intentar recuperar la respiración, los dos intentamos armonizar nuestros signos vitales fundidos en un abrazo que nos ayudo a quedarnos dormidos
Ya amaneció, Valen seguía durmiendo, estaba boca arriba.
Una de mis mayores ilusiones era poder despertarle, era algo sobre lo que siempre gastábamos bromas y la cantidad de zapatos que iba a comprar para poder tirármelos cada vez que yo hiciera el intento de molestarlo mientras dormía. Pues no lo hice. Le estuve observando un buen rato y tomé una decisión, no quería despedirme de él, sabía que iba a ser muy dura una despedida así que decidí marcharme mientras seguía durmiendo.Bien entrada la mañana se despertó, yo ya no estaba a su lado, me llamó insistentemente pero nadie le contestó.
Encima de la almohada había algo para el, una rosa, una cajita y una nota.“Siento mucho el haberme marchado sin despedirme de ti, creo que ha sido lo mejor, después de un día tan maravilloso como el de ayer, de poder disfrutar de ti, después de hacerme feliz no hubiera soportado el tener que decirte adiós, ¿recuerdas? Las estrellas como tu no son fáciles de tocar y yo me estoy quemando con este sueño, la realidad queda muy lejos de este maravilloso encuentro. Acepta este regalo y consérvalo para siempre porque es la única realidad de este sueño.”
Abrió la cajita y sacó lo que había: un mechón de mi pelo que estaba atado con un hilo dorado y perfumado. Lo acercó a su nariz y estuvo un rato oliéndolo, luego cogió la rosa, estaba mojada por mis lagrimas. Siguió leyendo
“Cuando hayas terminado de leer esta nota yo estaré en la estación, estaré apunto de coger el tren de vuelta a casa, pronto nos seguiremos viendo a través del PC como hemos estado haciendo durante estos dos años. El día de hoy solo quedará escrito en nuestros recuerdos y en palabras escritas en un relato."
Lo mas parecido a él en aquellos momentos podría ser el último huracán que pasó por el caribe, se vistió tan rápido que no sabría explicar como pudo poner cada prenda en su lugar. La estación estaba solo a pocos metros del hotel, se oía el tren silbar, estaba dando el aviso de su llegada. Me encontraba nerviosa, temblorosa, muy temblorosa. No sé si lo que hice fue lo más correcto, pero era lo que en aquellos momentos me pedía el corazón. No tenía fuerzas suficientes para romper aquel sueño con una dolorosa despedida, yo debía volver a mi casa y a él lo esperaba su esposa en la suya. Subí aquel vagón, repleto de gente. Fue entonces cuando lo vi entrar en la estación, estaba agitado apenas sin aliento. Nuestras miradas se cruzaron. Había algo extraño en ellas igual que en nuestra reacción. Un leve movimiento me indicó que el tren había reanudado su marcha. En un gesto alzo su mano para decir adios. Aquel día había terminado igual que nuestro sueño. El tren se alejaba igual que el de mi, las lagrimas brillaban en nuestros ojos, lagrimas que se clavaban como espinas, eran lagrimas de un verdadero amor.
por La Bruja
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