|
|
Este es un relato que escribí junto a una gran persona: Ashy. Escribimos los dos lo mismo y espero que les guste.
Yo siempre creí que eso del amor a primera vista era una bobada pero me he dado cuenta que sólo existe cuando te topas con esa persona única en el mundo. Yo me topé con ella. Y se llamaba Natalia.
Cuando me levante esa mañana, no podía imaginas que mi vida iba a cambiar por completo, me disponía a pasar un día tranquilo así que me fui con mi toalla a la playa para pasar el día y aprovechar la calma que allí se vivía para pensar en cuales serian mis planes para la noche.
Cuando llegué allí me encontré con el típico bullicio de una playa pequeña. Por instinto busqué un sitio en la playa que me ofreciese algo de tranquilidad sin niños tirando arena constantemente a mi toalla.
Al llegar allí me tumbé cuan largo era y cerré los ojos. Estuve así un buen rato.
- Si el botellón lo haremos el martes.- me decía.- tal vez hoy podamos bajar al pueblo.
Entonces abrí los ojos y la vi. Sólo la vi a ella, sólo existía ella. Al menos para mí.
Supuse que el mismo objetivo que el mío, había llevado a esas jovencitas a ese lugar tan apartado en la playa, la tranquilidad. Parecían indecisas, y por fin decidieron acomodarse al lado de unas rocas a pocos metros de mí. Yo trataba de disimular pero no podía evitar dejar de mirarla; había algo en ella que no me dejaba apartar la vista.
Había descubierto que algunas mentiras no son tal. Ella ejercía sobre mí una atracción absoluta. De repente, sólo mirarla era lo único que me importaba. Atrás habían quedado el suave murmullo de las olas, los niños revoltosos y los golpeteos de las tablas del juego de playa.
El sol se reflejaba en su pelo, rubio trenzado en bucles perdidos que reflejaban un brillo cegador que caía sobre sus hombros desnudos. Su fina figura se adivinaba bajo una camiseta que ocultaba un bikini rosa que reflejaba el paso de los años. Sus ojos verdes oscuros, rubís en medio de su delicada piel se inclinaron hacia bajo y con manos hábiles y movimientos lentos comenzó a quitarse su camiseta con la mayor de las dulzuras.
Su amiga, me miro y yo aparte la vista, pude ver como se acercaba a ella y susurraba algo en su oído ella rió y escuchar la música de su voz me conquistó del todo. Era una melodía de sirena que una vez te hubiera atrapado no dejaría a su presa. La vergüenza me consumió pero al final pudo más esa atracción que me había inyectado y volví el rostro hacia ella.
Desde ese mismo instante supe que tenia que hacer algo, no pude quedarme ahí quieto, no comprendía esa sensación que estaba recorriéndome de arriba hacia abajo, nunca tuve problemas con las chicas, mas bien eran ellas quienes se me insinuaban, pero esta vez estaba nervioso, no sabia que hacer, pero tenia que hablar con ella.
Vi que era ella la que me miraba ahora con una sonrisa esbozada entre sus labios carnosos. Las pecas que adornaban su cara y la daban un aire infantil parecieron bailar ante mi cara. Su sonrisa, esa sonrisa que tanto recordaría el resto de mi vida... Mar de mares, lanza entre lanzas, mundo entre mundos era su sonrisa.
¿Era eso una señal? Me acercaría hacia ella, si, ella también quería hablar conmigo, pero allí se encontraba su amiga, con la que no paraba de hacer bromas. Eso me mantuvo quieto. ¿Qué podría decirla? Ella se levantó y se dirigió hacia mí; mi corazón comenzó a acelerarse, ¡Realmente estaba caminando hacia mí! Tal vez hubiese leído mi mente sin embargo, de repente, comenzó a correr pasando por delante de mí, ante mi asombro. Se encaminó hacia el mar. Ante mi asombro descubrí que no se dirigía hacia mí sino que el agua era su meta. Sin saber cómo yo ya estaba de pie caminando hacia el agua, caminando hacia ella. Quizá podría surgir una conversación y...
Antes de llegar el recuerdo de su fugaz paso se abrió camino en mi mente. Recordé su melena al viento, el brillo de sus ojos, el mareante bamboleo de sus pechos, redondos y firmes, él...
De repente ya estaba a su lado.
Ella se giró, adivinando mi presencia y sus ojos verdes cayeron sobre mí. Cuando pude observar su rostro de cerca, me quedé aún más asombrado si cabe ante tanta belleza siendo incapaz de abrir la boca. Fue ella, como no, quien, con su dulce voz se dirigió a mí:
- ¿Tú eras el que me mirabas allí atrás, no?-Asentí, incapaz de responder- Mi amiga me lo dijo. ¿Cómo te llamas?
¿Cómo me llamaba? En su presencia había olvidado hasta mi nombre. Rebusqué hasta que lo encontré.
- Me llamo Jaime. Es cierto que te miraba. Lo siento.
- No pasa nada. Si me gusta que me miren, y si es un chico tan guapo como tú, mejor. Yo me llamo Natalia.
- Natalia. Poesía en un nombre.
- ¿Eres de aquí, Jaime?
- No. Vengo aquí de veraneo a ver a los amigos de verano. ¿Y tú?
- Yo también soy de fuera.
Me animé y la sonreí.
-¿Bajarás esta noche al pueblo?
Ella sonrió con picardía.
- Hummmm... no sé. Lo teníamos pensado pero, a lo mejor si bajamos las dos solas nos aburriríamos.
La miré un instante y enseguida centré mi atención en mi dama:
- Podríais uniros a nuestro grupo.
- ¿A ti te gustaría?.- me preguntó con una voz tan dulce que derretiría hasta el acero.
No sé cómo respondí o si alguien lo hizo por mí pero oí.
- Más que nada en el mundo.
- Eres muy amable, Jaime. ¿No les importaría a tus amigos?
- No creo. Y si es necesario, me iré yo sólo.
- ¿Eso harías por mí? Si me acabas de conocer...
- Eso es lo que haría. Me gustas mucho, Natalia.
¡Qué bella ironía se presentó a mis ojos! Y cuanta sinceridad. No me imaginaba así.
-Pero no creo que mis amigos tengan problema en que nos acompañéis. Qué mejor que ir con dos bellas señoritas.- dijo Jaime
Jaime se fijó entonces en sus pechos, redondos, firmes y muy voluptuosos.
Notó como su viejo amigo se levantaba.- ¿A qué hora quedamos?- susurró Natalia sabiendo a donde miraba Jaime
En eso llegó la amiga de Natalia y Jaime, violento por la situación, la dijo el garito en el que siempre solía quedar con sus amigos. Ella lo conocía ya que el pueblo era pequeño y se oía hablar de él. Le dijo que estaría ahí desde las 10 de la noche y que ellas podían aparecer cuando quisieran.
Jaime decidió vestirse lo más guapo posible. Natalia era muy guapa y quería que todo saliese perfecto. En las siguientes horas sólo pudo pensar en la curvatura del pecho, en los labios, en los ojos, en el cuerpo, en lo bella que era su Natalia.La tarde transcurrió lentamente, quería que llegase la noche lo mas pronto posible, solo pensar en ella le estremecía el cuerpo, su silueta bajo el sol... A sus amigos les gustó la idea de quedar con dos "tías"
La noche se presentaba muy animada. Jaime llego de los primeros ese día. Tenía unas ganas locas de reencontrase con Natalia.
Tomó unas copas con sus amigos de siempre mientras hablaban de cosas banales, pero él no les prestaba mucha atención mirando constantemente la puerta del local, esperando ver lo que tan ardientemente deseaba, cada vez con mas impaciencia.
De repente apareció Natalia.
Iba vestida con una minifalda muy corta, negra brillante y una camiseta de tirantes blanca muy ajustada, marcando sus atributos. El pelo estaba recogido en dos coletas que caían sobre sus pechos.
Tras las presentaciones se sentaron dejando premeditadamente un sitio a Natalia al lado de Jaime, y a su no menos sexy amiga entre los demás amigosHabían pasado algunas horas cuando miraron el reloj. Todos querían ir a un garito llamado Biscuit Game, por cambiar de ambiente. Jaime, por el contrario, no quería irse. Estaba muy a gusto ya que había entablado conversación con Natalia en más de una ocasión y sus piernas se rozaban inevitablemente por debajo de la mesa. Entonces ella se giro y le dijo:
-¿Te apetece ir a dar una vuelta?- preguntó Natalia.- Me gustaría dar un paseo por la playa.
Jaime sonrió, cada vez más excitado.
- Vamos si quieres.
Se levantaron y se despidieron de sus amigos. Jaime dijo que enseguida volvían pese a que era obvio que iban a tardar un buen rato.
La playa estaba desierta. Las olas rompían contra la arena y el ambiente era relajado pero a la vez se notaba la atracción entre los dos.Jaime no entendía la procedencia de su nerviosismo cuando estaba claro que esas situaciones no eran nuevas para él, pero esta vez algo la hacia especial. Miró a Natalia y pudo observar como bajo la tenue luz de la luna su rostro parecía incluso más bello. La tomó de la cintura con firmeza tratando de parecer seguro se sí mismo.
Natalia se giró hacia él y bajo la luna se dieron un largo beso. Jaime notó para su sorpresa que ella introducía su lengua dentro de él. Sus lenguas entrechocaron con furia y se recorrieron ansiosamente saboreando cada centímetro de boca.
Notó cómo los pechos de ella se apretaban contra los de él y notó como su erección crecía esta reacción no pareció sorprender a Natalia la cual parecía incluso satisfecha de haber excitado así a su chico Jaime introdujo sus manos por debajo de la camiseta de Natalia. Ella lanzó un gemido al aire y arqueo la espalda para facilitarle el que la quitara el sujetador.
Se cruzaron una mirada, como buscando una mutua aprobación para lo que ambos deseaban, sus cuerpos habían reaccionado ante el contacto del otro, Natalia miro fijamente a los ojos de Jaime mientras se despojaba de su ajustada camiseta, dejando ver los encantos que ocultaba tras ella, eso excito aun más a Jaime, quien se dispuso a ayudarla en su labor
La quitó el sujetador y se abalanzó sobre su pecho izquierdo mientras que con la mano pellizcaba el pezón derecho.
Las manos de Natalia buscaron la cremallera del pantalón de su chico el cual, tras un pequeño forcejeo, cayó a la arena.
Natalia se agachó y quitó el slip a Jaime.
El pene de Jaime saltó de un golpe. Natalia lo miró con deseo. Jaime tenía los ojos entrecerrados, se acerco y lo tomo entre sus manos haciéndolo crecer aun más, miro a los ojos de Jaime pícaramente, mientras le masturbaba con sus manos, Jaime estaba cada vez mas excitado, le estaba volviendo loco cuando pensó que no iba a soportar tanto placer noto como la lengua de Natalia lo rozaba suavemente, tan solo un roce pero eso le hizo temblar de placer, ella en ese instante paro para dirigirle una mirada y noto en su rostro que el estaba disfrutando realmente, entonces siguió masajeándolo hábilmente con sus manos acompañándolo en ocasiones por sus labios y por su lengua, no dejándolo acostumbrase a ningún ritmo
Jaime arqueó su vientre mientras que Natalia aumentaba el ritmo de su masturbación. Estaba muy cerca de correrse y ambos lo sentían.
Los gemidos de Jaime se hicieron más continuados. Natalia se había metido su mano derecha por debajo de las bragas y con dos dedos se masturbaba con fuerza, notando ella como el orgasmo acudía a ella
Los gemidos de Jaime se hicieron más continuados.- ¡Oh, Dios mío! Es magnífico.- gritó Jaime.
De repente, Jaime se abrazó con fuerza a Natalia y se corrió con los ojos en blanco y gimiendo de placer.
Natalia sintió el semen caliente de su chico sobre ella y arqueando la espalda también ella tuvo un orgasmo. Tembló por la fuerza de éste y cayó tendida al suelo, agotada.
- Ha sido maravilloso.- consiguió susurrar Jaime.
- Sí.- no pudo contestar nada más.
- Y aún quedan muchos días.
Natalia sonrió picaramente. Era verdad. Aún quedaban muchos días. Y noches. Noches como aquellas. Cerró los ojos y sonrió feliz.
por The Jack Frost
Volver al Indice de The Jack Frost