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Ruth, mi amiga de universidad, y yo, somos muy diferentes. Ella trabaja en una oficina, como secretaria. Yo, aún estoy con unas asignaturas de económicas.Y fue precisamente en la universidad, dónde yo, una chica muy tímida, descubrí la sensación de placer que te produce el sexo femenino. Recuerdo aquellos pequeños toqueteos, nos rozábamos los pechos, nuestros pezones erectos, se posaban contra nuestras espaldas, nuestros dedos, rozaban los muslos, debajo de las faldas o entre jeans muy apretados. Ruth y yo, dormíamos en la misma residencia, y cada noche en mi habitación, hablábamos, fumábamos, nos reíamos, y nos tocábamos. Ella era preciosa, tenia unos pechos fascinantes, me encantaba acogerlos con mi mano y mientras la besaba con la lengua, se los apretaba para luego soltarlos, acariciarle los pezones, comerme aún más su boca, y terminar abrazándome a su cintura para que ella me acariciara toda la espalda. Me besaba y me besaba y no se cansaba de mi boca, mordía los labios, jugaba encantadoramente con su lengua, besaba mis dientes, y me apretaba contra ella para notar mis pechos.
Todas las chicas que estaban en la residencia, sabían lo nuestro, y aunque algunas ponían mala cara, nos respetaban. La residencia era femenina y religiosa. Ninguna de nosotras pensamos que esa seria la última noche que pasaríamos allí. Fue como las anteriores, solo un detalle cambió.
Estábamos encima de mi cama, liándonos un peta, con las piernas en cruz, hablado y riéndonos. Llamó mi madre por teléfono y algún de sus muchos pretendientes. A las doce, cerraban la cocina, eran menos cuarto, y se levantó de la cama, salió del cuarto y al cabo de muy poco volvía a estar allí con una botella de agua, chocolate y helado de yogurt, a mi me encantaba el helado, y siempre tenia en el congelador. Cerró la puerta con llave y volvió a sentarse. Se remangó un poco el pantalón que llevaba, y dejo su pelusilla al aire.
- pásame el porro, please!, me dijo mientras se quitaba la camiseta y dejaba a mi vista sus pechos.
Le pase el peta y deje mi mano sobre sus pechos, empezaba a cogerlo entre mis dedos, lo cogía, lo apretaba muy poco, y ella me miraba mientras jugaba con mi pezón, por encima de la camiseta. Bebí un poco de agua. Y dispuse a comerme el helado, mientras ella seguía fumando, se acariciaba, rozándose, las ingles, y mojándose los labios con la lengua. Me quité antes, la camiseta, y la falda, y me senté a horcajadas en la cama.
- quiero helado! -dijo- alzando con una mano su teta y mostrando, casi apuntando y con el pezón muy durito.
Llevé mis dedos, dentro de la tarrina de helado y suavemente lo esparcí por sus senos, poniendo trocitos de helado encima de los pezones. Entonces restregué mi cuerpo desnudo sobre ella, y bese sus labios, mientras con las manos bajaba su pantalón y su tanguita, ella me ayudo moviendo las piernas hacia mi y estirándose hacia atrás. Me acerque directamente a sus pechos, y empecé a lamer, con lametones largos y exagerados el helado, relamiéndome los labios. Me la estaba comiendo, bebiendo de ella, ella empezaba a mover sus caderas, me tocaba la espalda, y su mano ya estaba apretando, casi amasando mis nalgas. Las apretaba en su mano, me cogía desde dentro hacia fuera, con su mano, solo rozando mis labios, ya mojados. Yo estaba mordiendo sus pezones, cuando ella quito mi mano de mi culo, la puso entre las suyas, cerro los muslos y empezó a agitarse. Se dio media vuelta, y mientras ella se corría yo veía toda su rajita, desde atrás, sin pensármelo, acerque mi boca y con la lengua separé un poco sus labios, estaba suspirando y gimiendo, moviendo las caderas de aquí para allá, se movió un poco más y separo sus piernas, las inclino un poco y dejo que mi cabeza desapareciera entre sus piernas. Yo le lamía, ella no paraba de moverse, yo movía la lengua dentro de la rajita, haciendo círculos por encima de su clítoris rojito, muy sensible a cualquier roce de mi lengua.
Se incorporó dejando me a mi sentada contra la pared, me cogió de las caderas y me empujo hacia el borde de la cama, donde ella apoyada en la alfombra, empezó a untar mi raja con nocilla. Tenia la mano llena de chocolate, y con pequeños toques iba recubriéndome. Fue directa a mi clítoris, lo sorbía, lo chupaba, y este reaccionaba a su lengua, pasaba su lengua desde el ombligo, chupando mis inglés, abriéndome los labios, y con la mano levantaba un poco la nalga, para poder chuparlo todo.
Fue entonces, cuando Sor Aurelia, abrió la puerta y al vernos dio un grito, que estuvo seguido del mío. El mío fue de placer, el de ella fue de horror.
Esa fue nuestra última noche allí.
por Pauline en la playa
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