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A las 8:00 a.m., estaba en casa de mi mejor amigo, hora en que me habían invitado a cenar. Mi amigo Héctor me saludó con la efusividad que le caracteriza. Somos amigos desde el colegio. Es guapo, alto y con los ojos claros mas bellos que había visto. No conocía a sus padres, pero siempre dije que por lo guapo que era, sus padres debían ser muy atractivos cosa que comprobé al ver a su padre. Era un poco mas alto que Héctor y tenía mas de cincuenta, pero bien puestos, es decir, atractivo, elegante, con algunas canas en la sien y con una seguridad apabullante. No lo pude evitar, al darle la mano me sentí nerviosa. Lo que me extrañó fue no ver a su madre, sin embargo, di tiempo para que me comentaran que la señora no estaba porque tuvo imprevistos laborales.Así fue como los tres nos sentamos en la sala a charlar animadamente, sobre nuestros estudios universitarios y las diversas actividades que compartíamos. Claro está que mencionando que nos unía una amistad real por lo cual la visita no significaba ningún tipo de noviazgo. Yo no dejaba de admirar a Don Justo, siempre tan atento e inteligente y solo me pasaba por la mente cómo sería en la cama, podía leer en su frente que era ardiente y que sabía todo con respecto al sexo, además al pasar cerca de mí, hasta podía oler que era todo un semental, bien cuidado y con mucho camino por andar.
Así pasaron unos minutos hasta que mi amigo Héctor tuvo que salir unos momentos buscar a su madre que había llamado para decir que había salido antes del trabajo por lo cual nos podía acompañar. Así fue como me quedé a solas con Don Justo.
No puedo negar que la situación me inquietó verme en la sala de semejante casa, a solas con el padre de mi amigo, quien para remate me hacia mojar con solo mirarle. Don Justo muy despreocupado se sentó cerca de mí. Yo nunca pensé lo que me diría. Tranquilamente se acercó a mi oído y dijo:
“quiero que con toda la dureza posible introduzcas mi palanca en tu boca, lamas todos los rebordes de mi polla con meticulosidad, pero con una lasciva animal”.
No lo podía creer ese hombre tan serio me había dicho una vulgaridad semejante, y yo en lugar de sorprenderme solo sonreí. Al ver mi reacción, continuó:
“quiero que me hagas el mejor lavado de verga que hayas realizado, disfrutando de mis flujos y que me hagas correr y te lo tomes todo”.
Al escuchar esas palabras, sentí que automáticamente mi chucha comenzó a mojarse y sin ningún control me abalancé hacia sus pantalones, quitándole el cinturón y desbotonándolo para así sacar su polla. Era hermosa, grande y estaba en su máximo esplendor. De inmediato hice lo que me dijo, me la metí a la boca de un solo golpe, casi ahogándome, su sabor era exquisito y olía aun mejor, a hombre. Recorrí cada centímetro de esa bella polla, relamía, succionaba, chupaba era divino ver como él se retorcía y me decía que lo hacía de maravilla, que era una buena chica.
En un instante me levantó del cabello y me quitó la camisa casi con rabia. Tomó mis tetas y las chupaba con un deseo loco, las mordía hasta gustarme, la ropa nos estorbaba, como pudimos nos desvestimos y Don Justo me acostó en el sofá para meterse profundamente en mi chucha, se la comía con furia incontrolable, mientras lo hacía me pellizcaba los pezones, mordía mi clítoris, el dolor y el placer eran indescriptibles, yo me mojaba a cantaros y él no paraba de morderme. Cambió de posición y me mordía el cuerpo, el cuello, las tetas los muslos, yo le pedía que siguiera que no parara, hasta que le pedí que me cogiera. Estaba tan excitada y llena de ardor por las mordidas que grité, a lo que Don Justo inmediatamente respondió con una cachetada, ordenándome que me callara. Así lo hice, pero ahora encontraba placer en acariciarme donde me había golpeado.
Me tomó en brazos y me colocó detrás del sofá, donde me inclinó sobre el respaldar, mis nalgas quedaban elevadas y las masajeo y me golpeo fuerte, esta vez no grite, pedí mas. Los hizo dos veces mas y luego me abrió aun mas las piernas. Me metió su verga de un golpe, agarrándose de mis muslos.
Fue delicioso, así me tuvo un buen rato moviéndose exquisitamente, rozando esa verga por todos los rincones de mi chucha, yo no podía mas, hasta que me golpeó otra vez haciendo que me corriera, pero sin mas, me tapó la boca para ahogar mis gritos. Así con la boca tapada, me dijo nuevamente al oído, supe lo que querías desde que entraste a esta casa, ahora te irás completamente adolorida.
Don Justo sacó su verga de mi chucha y me comenzó a comer el culo, me lamía toda la raja y se detenía en el orificio donde hacía el intento de penetrar, yo no aguantaba mas, luego me golpeo otra vez, pero en el mismo agujero, fue así como puso la cabeza de su verga en mi culo y empezó a introducirlo poco a poco, solo en ese momento me preguntó si lo utilizaba. Yo le respondí que no y allí se convirtió en un hombre tierno, empezó a acariciar mis nalgas y a decirme que me relajara que después me gustaría.
Fue una sensación dolorosamente rica. Se movía suavemente, demostrando que era experto en la materia, así cuando estuvo metido hasta la mitad, me tomó por la cintura y empujó quedando totalmente pegado a mis nalgas y con su nabo totalmente en mi culo, el dolor era increíble, pero me levantó del sofá y me dio que me tocara mi clítoris. Este fue un acto maravilloso, el dolor desapareció convirtiéndose en la lujuria mas grande que había sentido, mi culo se movía casi sin control, le pedía que me lo hundiera mas, que me diera hasta sus huevos. El me decía que me lo rompería mas, que ya era su puta, su putita, que de allí en adelante solo me miraría y le daría el culo. Yo no sabía ya mas que hacer, él bombeaba sin parar y yo lo acompañaba con mis movimientos hasta que ambos nos corrimos sudorosos y jadeando de tanto placer…. Allí por primera vez me besó y me dijo que sabía que sería así… yo le dije que también sabía…. ¿Que cuánto tiempo pasó? 25 minutos, Justo lo que tardaron su esposa y mi amigo Héctor en llegar a la casa. Desde ese día soy la “putita” de Justo, pero nuestros encuentros son mas largos y mucho mejores.
por Viudita
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