Las compañeras de piso
Por  El Vampiro Lestat
 
Bueno, como ya os comenté en mi anterior historia, mi novia estudia fuera del pueblo en el que vivimos. Lleva ya 5 años fuera y durante este tiempo ha estado en 3 pisos diferentes y con varias chicas como compañeras de piso. Yo a menudo voy a verla y paso con ella muchas noches.

El primer año, había dos chicas en el piso además de mi novia. Sandra, era una chica un poco gordita con una cara preciosa y una bonita cabellera rubia y lisa que le llegaba a la cintura. Lorena era todo lo contrario, morena muy delgadita y con el pelo rizo cortado por los hombros. Yo me llevaba muy bien con las dos aunque nunca pensé que llegaría a pasar lo que a continuación os voy a contar.

Una noche de junio, ya a finales de curso, me había quedado a pasar la noche en el piso de mi novia como había hecho muchísimas veces antes. Eran casi las 4 de la madrugada. Habíamos echado un polvo soberbio y ella se había quedado dormida del cansancio. A mi me suele costar un poco más. Tenia sed y me levanté para ir a la cocina a por un vaso de agua. Cuando salí al pasillo y me iba hacia la cocina escuche unos ruidos que venían de la habitación de Sandra. Parecían como gemidos. He de aclararos en este punto que Sandra sufre un poco de claustrofobia y nunca cierra la puerta de su habitación por las noches, sino que la deja abierta de par en par. Me acerqué a su habitación pensando que tal vez se encontraba mal o le pasaba algo. Nunca imaginé que me iba a encontrar aquello.

A oscuras, iluminada por la luz de la farola de la calle que hay frente a su habitación, Sandra estaba tumbada encima de su cama, completamente desnuda con las piernas separadas y mientras una de sus manos magreaba sus enormes tetas, la otra iba y venia entre sus piernas frotando su clítoris e introduciéndose de vez en cuando el dedo medio en el coño. Me quedé alli de pié mirándola anonadado mientras mi picha se hinchaba rápidamente. Oculto en la sombra, o eso pensaba yo, intenté aguantar la respiración y no moverme para que no me descubriera mientras la observaba masturbarse concienzudamente. Casi sin darme cuenta también mi mano bajó hasta mi miembro y empecé a tocarme mientras la miraba.

Estuve así durante unos minutos y cuando ya decidí irme hacia el otro lado del pasillo para irme al baño a aliviarme, ella se  quedó quieta mirando fijamente hacia la puerta. Me quedé quieto pensando que no podía verme. Pasado unos segundos la mano que había entre sus piernas retomó su movimiento y pensé que ya podía irme sin que me viera. Pero mientras se metía un dedo en el coño y sin dejar de mirar hacia la puerta, con la otra mano me apuntó y en silencio me hizo un gesto con el dedo para que me acercara. Yo dudé un poco, pues mi novia estaba a solo unos metros de allí y podría darse cuenta, pero mi calentura no me dejó razonar durante mucho más tiempo y avancé hacia ella. Cuando llegué al lado de la cama, ella se puso a cuatro patas, se acercó y me bajó el pantalón corto que llevaba a modo de pijama. Se metió mi polla en la boca y empezó a chupar con una gran maestría y mientras lo hacia no dejaba de meterse un dedo y acariciarse el coño. Yo la dejé hacer, y lo único que alcanzaba desde la posición en la que estaba era a agarrar de cuando en vez sus grandes y bonitas tetas y a juguetear con ellas un rato y jugar con sus pezones.

Estuvimos así un buen rato. Yo de pie mientras ella chupaba y chupaba hasta que noté que ya no podía mas y me iba a correr. Hice el gesto de apartarme para que ella se diera cuenta, pero en vez de apartarse, me agarró el culo con sus manos llevándome hacia ella y metiendose mi miembro aún más dentro de su boca. Me corrí y ella no solo no se retiró, sino que no dejó de chupar en todo ese tiempo y cada vez chupaba con más fuerza. Es una sensación que no olvidaré en mi vida. Se tragó todo mi semen  y me dejó la polla limpia y reluciente dándole lametazos mientras me miraba en silencio, sonriente. Se vistió el camisón, se dio la vuelta y se durmió.

Yo volví a la habitación y me tumbé en la cama junto a mi novia, con un poco de sentimiento de culpa, pero eso si agotado de placer. Aun así no conseguí dormir en toda la noche preocupado por cómo sería mi relación con Sandra después de aquella noche.

Al día siguiente los dos nos comportamos como si nada hubiese pasado, aunque ella me había proporcionado uno de los más grandes placeres que he experimentado en mi vida.
 
 

Vampiro Lestat
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