|
|
Esa noche había salido a buscar algo, eso estaba claro, lo que no sabia era que, si diversión, sexo o solamente distracción. Deja que me presente: Me llamo Yaire, y aunque no lo parezca por mi nombre soy un hombre, quizás un cabron como diría mi hermana. Tengo los ojos marrones, mido un metro ochenta y peso 82 kilos. He trabajado mucho y eso se nota en mi cuerpo al que cuido y mimo como nada en este mundo, al fin y al cabo solo tengo este y tiene que durarme, quizás por eso pese a estar cerca de los treinta nadie me echa mas de 23.Pues como iba diciendo esa noche salí de marcha, como es normal en mi solo. No es que no tenga amigos, alguno tengo pero cuando no sabes lo que quieres es mejor ser un poco lobo, y a ser posible solitario para no fastidiarle la noche a nadie.
No soy animal de costumbres así que nunca voy al mismo sitio, empiezo en una zona y dependiendo de la noche me voy moviendo, a veces a otro garito, a veces a casa y otras veces al ultimo sitio que pensaba que iría, como esa noche.
Así que empecé mi noche de marcha en un pequeño garito, oscuro, con las paredes pintadas de un color que todavía no acierto a reconocer, tomándome mi bebida preferida, tónica con lima. Yo nunca bebo alcohol, lo cual es un inconveniente cuando quieres olvidar algo, porque simplemente no puedes echarle la culpa al alcohol, pero eso hace que la vida sea mas interesante y mis sentidos no se adormezcan a la hora de disfrutar de mi juego favorito: El sexo.
Y sobre todo esa noche por nada del mundo me hubiera gustado perderme lo que sentí. Todo empezó cuando me iba. Si, aunque parezca mentira, harto de oír las mismas canciones de siempre ya me iba de aquel antro cuando me pare en la puerta a observar un culo, yo soy así, me paro a mirar ese tipo de cosas, sobre todo cuando ese culo solamente va tapado por una pequeña minifalda que deja entrever mas de lo que en ese momento a mi me hubiera gustado. Enfrente de mi, justo al cruzar la calle una chica se peleaba con el candado de su moto que para mi deleite se resistía a cerrarse. Con una media sonrisa en la boca me acerque por detrás y viéndola sofocada, no se si por el esfuerzo o por el mal rato que estaba pasando me ofrecí a ayudarla.
- Perdona, puedo echarte una mano.
Se giró y con sus dos enormes ojos marrones me miró como asombrada de que alguien se ofreciera a ayudarla, ya que si es cierto que más de uno miraba la escena todos esperaban que se acabara de ver lo que se prometía ante tanto trajín. Me dio las gracias y se aparto mientras se recolocaba aquella especie de cinturón, cerré el candado mas fácilmente de lo que cabía esperar tras haberla visto a ella pelearse con el y le entregue las llaves. De nuevo me dio las gracias y se giro como para marcharse pero sin llegar a ser brusco la sujete del brazo y le dije que después de eso que mínimo que aceptara tomarse una copa conmigo.
Acepto así que volvimos a entrar a aquel pequeño antro de oscuridad que ahora ya no me parecía tan malo incluso la música estaba bien. Tengo que decir que cuando estoy con una chica dejo que sea ella la que lleve el ritmo del momento, menos cuando estoy en plena faena que me gusta controlar a mi, pero realmente ella era especial, tras dos copas su cuerpo empezó a pegarse cada vez mas al mío, sus piernas buscaban mezclarse con las mías, empezó a moverse lentamente, mi muslo acariciaba su entrepierna y poco a poco note como el pantalón comenzaba a mojárseme, mientras, yo me dedicaba a besar su largo y dulce cuello que olía a perfume y me introducía por su nuca mientras mis manos se aventuraban a acariciar sus nalgas y su pecho por debajo de la camiseta. ¡Y pensar que yo me iba! ¡Cada vez me gustaba mas ese sitio! Porque pese a estar rodeados de gente la luz era tan tenue que nadie veía lo que estábamos haciendo.
De repente se cogió muy fuerte a mi cuello y mientras me besaba note como se estremecía y al mismo tiempo note que algo chorreaba en mi pantalón, y no era yo. ¡Se había corrido en medio de todo el mundo solamente con acariciarse conmigo! En ese punto yo ya no podía mas y mi sexo que amenazaba con salirse de los pantalones, estaba esperando el premio a tan buen trabajo.La cogí de la mano y me la lleve a los baños que por suerte eran mixtos, entramos en uno de los baños que era de obra y seguimos besándonos, la acaricie y le levante la falda, ella empezó a desabrocharme los pantalones y a acariciar mi pene y mis testículos con una mano mientras con la otra se apartaba un minúsculo tanga lila para dejarme el camino libre. Llevaba su sexo depilado hasta el ultimo pelo y se sorprendió al ver que yo también, me dijo que era la primera vez que veía a un hombre depilado y me dijo que le gustaría que entrara en ella desde atrás, así que se sujeto al baño de pie y yo me coloque detrás de ella, ni que decir tiene que a la primera embestida entro entera y hasta el fondo con un gemido de ella de placer y mi consecuente exhalación, empecé a moverme dentro de ella primero despacio para llenarla, y tocar todas las partes de su interior y al cabo de un rato note como otra vez chorreaban sus piernas, para mi era extraño ya que nunca antes había estado con una mujer que eyaculara, pero al mismo tiempo era excitante y me hacia embestirla con mas fuerza. Ella entre jadeos y grititos me decía que la follara fuerte que me dejara de mariconadas, y a cada impelacion de ella mi pene se enervaba y me excitaba mas, seguí aumentando el ritmo, solté sus caderas y me aferré fuerte a sus pechos y seguí embistiéndola sintiendo como poco a poco mi semen iba subiendo de temperatura y poniéndose a punto para ser derramado. El ritmo era frenético y sus gritos ahogados por la música llegaban a mis oídos:
- Dime quien es tu puta, dímelo, dime quien te folla mejor que nadie, ¡oh dios mío! ¡que me estas haciendo!, que placer, me voy, me corro, por favor no me dejes ahora, córrete conmigo.
Así que tras la ultima embestida note como mi semen salía inundándolo todo y llenándola por dentro al mismo tiempo que ella se corría por tercera vez y nos quedábamos los dos sin fuerzas en las piernas nada mas que para limpiarnos como buenamente pudimos y salir fuera para que nos diera el aire.
Salimos a la calle el garito estaba a punto de cerrar, la gente se agolpaba en la puerta, y entre la gente la perdí, me gustaría deciros su nombre, pero no me lo dijo, y no la he vuelto a ver.
Yaire
Volver al Indice