Al subir las escaleras
 por Pauline en la playa
Fue él y no otro quien me vio el culo. Todo pasó como a continuación relato.

 Eran las once y media de la mañana, cuando un tipo me ha preguntado que hora era. Yo estaba sentada en bar tomándome una agua.

- He parado mi reloj. ¿ Usted tiene hora?
- Las once y media.
- Pues entonces, hace veinte minutos exactos que me empalmado por ti.

Yo me he quedado sorprendida y sin saber que decir, he parpadeado, sin dejar de mirarle, le he sonreído y he dicho:- tanto?

- si tanto.
- Ya les pasa a otros.
 He dicho yo sin demasiado sentido. Él a contestado:

- No lo dudo; pero la diferencia esta en que no lo te lo dicen.
- Es verdad.
Estaba sin palabras, no sabia que decir, pero quería seguir hablando con aquel moreno, que no estaba nada mal físicamente.

- Me llamo Héctor - se ha presentado- ¿ Y tu?
- Gina.
- ¿Quieres que te acompañe?
- ¿Dónde? ¿ Tu presentación siempre es la misma con las chicas?
- No, solo ha sido contigo. Cuando te he visto subir las escaleras del metro.
- ¡Ahhhh!. Es que se me había metido una piedrecilla en el zapato y me he agachado para quitármela. ¿ y qué has pensado? ¿lo que me has dicho en el bar?
- No estaba pensando en que hay que vestir a los que van desnudos.

He mirado el reloj y él me ha preguntado si vivía por allí y si tenía prisa. He dicho que no. Yo no era de allí, había ido a comprar.

- Pago yo - ha dicho finalmente- ha empezado a caminar hacia abajo, yo le seguía. Se ha parado delante de la puerta de una pequeña pensión. Me ha mirado y sonreído, como esperando mi respuesta. He abierto la puerta y mientras me metía dentro de esa casa he dicho – ¡vamos!

Hemos entrado en la pequeña habitación y Héctor me ha abrazado y me besaba. Me ha recogido los labios con los suyos, con la boca abierta para que nuestras lenguas se unieran, mientras empezábamos a tocarnos por encima de la ropa.

- ¿Me  desnudo o quieres hacerlo tu?

Me ha cogido, me ha sentado en la cama y él se ha sentado entre mis piernas, he empezado a acariciarme los muslos, yo los he abierto aún más invitándole a que me tocará más. Me ha palpado los labios, que los tenia ya muy húmedos, ha subido luego por mi vientre, dándome la vuelta para ver mi culo y darle suaves toques. Yo estaba subiéndome la falda, haciendo su trabajo más fácil, él ha levantado la cara, me ha vuelto a besar, esta vez magreandome el culito, me lo apretaba con sus manos, mientras me besaba. Yo sin dejar de besarle, he cogido su miembro, he desabrochado el pantalón  y se la he recorrido toda, desde el glande hasta los huevos, que se los he recogido con la palma de la mano.

- ¿qué harías ahora Héctor?
- Clavártela, Gina, ¿y tu?
- Dejármela clavar.
- ¿Estas caliente?
- Um, quien sabe, ¿por qué no lo miras tu mismo? Tengo la puerta abierta.
- Muy abierta.
- Para que me folles bien, muy bien. Tu polla me encanta – he dicho mientras no paraba de acariciarle.
- No tanto como a mi tu coñito.
- No me lo creo, no me la tocas.

Entonces me ha pasado los dedos por los labios, y luego se ha ido al botoncito redondito y húmedo que ya estaba inflado. Se ha incorporado y ha empezado a besarme todo el cuerpo, los pechos, el vientre y se ha detenido en mi coñito, ha introducido su lengua dentro de mi, yo apretaba mis muslos contra su cara, y levantaba el culo, para que su lengua me penetrara más a dentro. Ha sacado la lengua pero ha introducido uno de sus dedos mientras me mordía suavemente el clítoris. Yo estaba a punto, a punto de correrme, y él ha subido poco a poco me ha besado en la boca, y he notado como poco a poco iba acercando su polla a mi raja, ha empujado hacia dentro. La vara hacía su camino, yo estaba muy mojada y se movía en mi interior, yo he empezado a vibrar, los músculos de mis piernas creía que se iban a romper. Pasado el primer pasmo, he alzado mis piernas, he rodeado su espalda con ellas, a modo de sentirle más dentro, más profundo, iba empujándole yo misma, se movía rápidamente, como una válvula, dentro, fuera. Mis labios hacían que su polla se perdiera dentro de mi. Estaba muy caliente y me he corrido por segunda vez. Yo me he quedado medio estirada en la cama, él ha ido al baño, al volver, yo aún estaba estirada.

- Te veo todo el coño, Gina.
- ¿te gusta?
- Lo encuentro delicioso.
- Tu polla también lo encuentra delicioso.
- ¿No te pone nerviosa que te toque tanto?
- No. Me gusta.
- Debes estar acostumbrada...
- No de esa forma.
- ¿No te acaricias nunca?
- Todas las chicas nos masturbamos en algún momento.
- ¿ De pequeña ya eras tan bonita?
- Siempre lo he sido.
- ¿Te tocabas ya entonces?, ¿quizás con amigas?
- Que quieres Héctor, ¿qué te cuente mi vida sexual?
- ¿ por que no? Me gustaría mucho escucharla. ¿ te tocabas con las amigas en el colegio?
- No, en el colegio no! Había un chico que siempre se trempaba.
- ¿ Cómo lo sabes?
- Por que se la sacaba, se masturbaba cada día.
- ¿ Cuántos años tenias?
- 14. Éramos tres chicas, nos subíamos las faldas y se nos veían las braguitas. Un día una de ellas vino sin bragas, entonces nosotras también nos las sacamos, nos miramos una a la otra, y el chico se la pelaba en el balcón, mirándonos a nosotras, veíamos como le salía la leche. Un día se la pelo dos veces. Imagínate como nos poníamos nosotras. Estábamos muy calientes.
- ¿Os hubiera gustado que os la hubiera metido?
- Me imagino que si. Ese juego solo duro dos meses, luego ya no le volvimos a ver nunca más.
- ¿ y entre vosotras solo os mirabais o también os tocabais?
- Alguna vez nos tocamos, a mi me gustaba encontrar el clítoris de Teresa, era la mayor y lo tenia mas grande que nosotras.
- ¿Te corrías?
- Si
- ¿Quieres volver a follar Gina?
- Si Héctor –mientras movía las piernas para coger su mano.

Entonces yo he empezado a pajearle, sujetaba el glande, oculto por la piel del prepucio, le he cogido los testículos y se los acariciaba poco a poco. Con un movimiento de caderas me la he introducido en la boca, succionándolo con pequeños movimientos, mientras mi mano seguía recorriéndole el tronco.

 -¿ Por que no te pones encima, Gina?

He dado la vuelta y le puesto mi raja delante de su cara, me ha recorrido con la punta de la lengua, yo movía el culo, el ha vuelto ha introducir su lengua dentro de mi caliente rajita. Yo seguía recorriendo su polla el glande, la vara, los huevos. Él ha sacado su lengua de mi, y con la ayuda de sus manos, ha alzado mi culo hacia arriba y ha empezado a lamer el ano, las nalgas. Héctor ya estaba a punto, así que he parado de mamarle y me quitado de  encima de él. Me he sentado en la punta de la cama, las piernas me colgaban. Se ha acercado y ha acercado la polla a mi vestíbulo, ha introducido un poco su verga dentro de mi y luego  ha entrado dentro de mi con un golpe seco, luego ha vuelto a retroceder hasta que solo había un o dos centímetros dentro de mi, para nuevamente empujarla dentro con otro golpe. Así repetidamente, mirando él desde arriba como su polla iba desapareciendo entre mis labios. Me tocaba los pechos y después de la cuarta embestida, he empezado a gemir y a moverme, volvía a tener un orgasmo. Héctor seguía bombeando, yo temblaba, mis piernas ni las notaba, pero él seguía empujando fuerte, y no paraba de provocarme placer, estaba sudada y gemía. Me ha cogido de las manos y me ha abrazado a él. Yo movía las caderas y él seguía empujando, me besaba.

- No, no,...Héctor, no puedo, no. Me muero. Ai, Héctor, que ai...

Entonces él la ha sacado.

- No... Héctor!
- ¿Pero no dices que no puedes aguantarlo?
- No... si, no lo se...no se qué me pasa!

Hacia tres o cuatro entradas, se paraba y luego me la clavaba tan a dentro como podía. Yo con mi mano, ayudaba a que entrara. Luego se ha quedado quieto dentro mío un rato, y luego ha vuelto a salir y ha entrado una vez más de golpe, le he recogido con mis piernas y segundos después de mi segundo orgasmo, Héctor, ha llenado mi vagina con su semen.

  Nos hemos quedado dormidos, al cabo de dos horas nos hemos despertado, duchado y vestido. Yo he sacado de mi bolso unas braguitas y me las he puesto, él se ha quedado mirándome, y me ha pedido que me las sacara y se las diera. Lo he hecho.

- Te vas de la misma forma que has venido – ha dicho ya en el portal y con la mano en el bolsillo.

He sonreído, le he dado un beso en la mejilla y sin decir ni una palabra he empezado a caminar calle abajo.
 
 

por Pauline en la playa
 
 

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