Lujuria sucia
Nightfall

 
 
Mi novio Euri y yo somos uña y carne y ahora que por fin estamos juntos soy la persona más feliz del mundo. Los dos somos heavys y siempre nos reunimos en un bar con el resto de los amigos.  Tanto él como yo hemos estado tras la barra del bar en varias ocasiones, pero el viernes pasado nos hicimos la gran fiesta nosotros solos con motivo de mi cumpleaños.
 
Primero llegamos al bar sobre las ocho y media porque había concierto; tocaba el grupo de una amiga nuestra y no podíamos faltar a la cita.  A eso de las nueve y media terminó el concierto y teníamos mucha hambre a esas alturas de la noche, con lo cual fuimos a cenar a un restaurante japonés cercano al bar. A los dos nos gusta mucho comer con palillos porque es todo un arte. Después de la cena volvimos al bar a tomar una copa y charlar con los amigos, que están todos muy contentos con lo nuestro. Así pasaron las horas hasta que llegaron las tres, hora de cerrar el bar. Mari, la chica de la barra y amiga cómplice nos dejó las llaves del bar al tiempo que se iba la gente, para dejarnos solos y así pasar Euri y yo una noche llena de pasión y de lujuria.
 
Una vez  solos serví dos copas mientras que Euri hacía del escenario del bar un altar rodeado de velas y con incienso. Mi novio es un chico muy romántico e hizo de esa noche la mejor de las noches de mi vida. Nos sentamos los dos en la barra para bebernos las copas pero era tanto el deseo que teníamos que ardíamos como dos llamas en el infierno, así que empezamos a desnudarnos. Yo fui desnudándole lentamente mientras él hacia lo mismo conmigo.     No dejé de demostrar que por amor puedo ser la mujer más sexy les mundo, así que me quedé en medias de liga y con las botas altas de tacón puestas.  Acerqué un par de botellas de licor de frutas de fresa y de piña para una vez sentada encima de él le fui dando de beber como en la peli "El bar coyote" mientras no dejaba de frotar mi sexo con el suyo. Lo hice todo lentamente para hacerle sufrir de placer.
 
Poco a poco iba besando sus irresistibles labios y le mordisqueaba el cuello le iba echando licor de fresa por el pecho y le iba lamiendo su piel dulce y el piercing de su pezón izquierdo al tiempo que nos restregábamos como dos posesos. De vez en cuando también le peinaba su precioso pelo largo y liso. Pero nuestros cuerpos pedían todavía más así que fui bajando mi lengua y mis manos a zonas más eróticas. Con mis manos le acariciaba y jugaba con sus testículos y con mis labios y mi boca jugueteaba con su verga, que segregaba ya líquidos que sabían a gloria, tan dulces como la miel. Nos íbamos mirando ciegos de amor.  Al cabo de poco rato estaba cabalgando encima del mientras le susurraba al oído y con lágrimas de felicidad en mis ojos:

" Déjame morir en tus brazos y así un instante tal vez podré ser feliz quiero ver tu rostro otra vez, ahora sé que siempre estaré junto a ti aunque vaya a morir ".
 

Nightfall
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