La tetería
Por  Yaire
Siempre habíamos ido a esa tetería cuando necesitábamos hablar, o estar solos un rato o tan solo intimidad, era un sitio especial para nosotros donde si bien yo no dejaba de pensar que en cualquier momento alguien iba a entrar por la puerta y a reconocerme, me sentía mas libre de hacer ciertas cosas que nunca haría en publico como acariciarle la espalda, jugar con sus manos, o jugar a intentar excitarnos mutuamente con nuestros pies rozándonos por las zonas mas sensuales con los consiguientes viajes al baño para aliviar tensiones, nos gustaba pensar que el otro estaba en el baño masturbándose mientras que  el que se quedaba allá afuera seguramente intentaba relajarse, y ya en varias ocasiones se nos había ocurrido comentar la idea de que ese era un buen sitio para pegar el polvo que tanto estábamos deseando los dos. No porque fuera la primera vez, que no lo era. Mas bien porque era un sitio especial para nosotros y lo único que deseábamos era amarnos hasta el final sin preocuparnos de si nos teníamos que ir o no, de si alguien iba a entrar o de si alguien nos iba a reconocer.
 

Pero esta vez era diferente, la tetería no era un negocio boyante sobre todo porque la conocíamos muy pocos, así que con la confianza que me confería el haber ido durante tanto tiempo y dejar buenas propinas me lance a proponerle algo diferente a la dueña, Rosa, que si bien era una mujer ya madura, su aire hippie, un poco rasta, dejaba entrever un cuerpo que seguramente se conservaba prieto y con unas formas que debajo de aquellas túnicas que llevaba se dibujaba apetitoso todavía.
 

- Rosa, quiero que me alquiles la tetería por unas horas, no mucho, tampoco quiero perjudicarte quitándote de dar un servicio a tus clientes, solo tendrías que retrasar el horario de apertura un par de horas, lo suficiente para poder llevar a cabo mi plan.

- Tu no traes nada bueno, ¿que te traes entre manos?, además no voy a perder dos horas de venta porque tu quieras estar a solas con esa gatita con la que sueles venir todas las tardes, a saber que iréis a hacer aquí los dos solos.
 

- Vamos Rosa no hay que tener un master para saberlo, y no seas injusta, no haces ni 20€ de caja seguro, además esa gatita como tu la llamas es solamente una amiga, y la tetería saldrá ganando algo también no te preocupes.

- Saldrá ganando el tinte porque cuando acabéis seguro que tengo que llevar todas las alfombras y los cojines al tinte, ¿ O crees que no os he visto acariciaros allí en vuestro rincón y luego ir a los baños? Venga Yaire que soy vieja en esto, tengo una tetería y vendo sustancias afrodisíacas como la canela, la fruta de la pasión, ¿Tu crees que tengo una tetería por capricho? A mi lo que de verdad me gusta es veros ahí tomando el te que yo os preparo, y ver como os ponéis calientes en las tarimas, como disimuláis las caricias entre los cojines, y como al final os quedáis los unos encima de los otros. Me recuerdan mis tiempos en la comuna, los hippíes, la maría, el amor libre. Los buenos tiempos.

Entonces lo comprendí, mirando sus ojos que ahora brillaban y sus mejillas sonrosadas comprendí lo que ocurría, ella lo sabia, claro que lo sabia, ella sabia que nosotros nos poníamos calientes todas las tardes allí en su tetería y salíamos calientes y frustrados de no poder cumplir nuestras fantasías allí en medio de aquella tetería, tirados encima de la tarima cubierta por alfombras suaves y mullidos cojines que nos acomodaban y nos hacían sentir como en un harén en medio de la ciudadela de la Alhambra. Y ella sabia que si yo quería quedarme a solas con mi gatita, como ella la llamaba,  durante dos horas allí era para hacerle el amor como tantas veces habíamos imaginado. Y ella que tantas veces nos había observado acariciándonos entre los cojines y las alfombras ahora veía que se iba a perder el final obvio de ese ritual de roces y caricias prohibidas, y eso le molestaba. Era eso, ella quería verlo, quería ser la espectadora de lujo de nuestros gemidos y nuestros goces.
 
 
 

- Pon tu las condiciones, te pagare 30€, y no me digas que tu en dos horas facturas mas, que se lo que hay aquí de cinco a siete, cuatro gatos, y yo y mi gatita somos dos de los fijos.

- Quizás no aceptes si te digo cuales serán mis condiciones pero te diré como lo veo yo, no voy a dejar mi negocio solo durante dos horas con dos desconocidos dentro, y que conste que a ti te conozco algo mas Yaire....pero no lo suficiente. Así que yo también estaré, os preparare el te, porque tomareis te como siempre, cerrare la puerta y correré las cortinas, y acto seguido me meteré en la cocina.
 

- Sabes que desde la cocina se ve todo.

- Pero vosotros  a mi no me veréis y será como estar solos, yo controlo mi negocio y el vuestro de paso- sonrió – y vosotros hacéis lo que tanto tiempo venís soñando.
 

- No se si ella aceptara. Hacerlo sabiendo que hay gente mirando.

- Mira cariño, yo de esto creo saber mas que tu y si ella es el tipo de chica que yo creo, no creo que le disguste. Es mas yo diría que le va a dar un punto de morbillo que a ella le va a encantar. Podría ser el polvo de tu vida Yaire, yo ya te he dicho mis condiciones. Tu decides.

Esa tarde salí de la tetería consternado ante la idea de que al proponerle las condiciones a mi amiga esta se echaría atrás, cual no fue mi sorpresa al decirme que esa circunstancia era la que la excitaba tanto cuando nos acariciábamos entre algodón, el saber que Rosa nos miraba desde su silla, mientras preparaba esas maravillosas delicias, y que un día mientras pasaba por la puerta de la cocina para ir al baño la había visto acariciándose por debajo de la túnica mientras miraba a una pareja. De repente me sentí como en el centro de la tela de una araña, una araña experta  que había tejido una complicada telaraña para llevarme a su centro. Y en el centro estaba, y además no estaba solo, había arrastrado conmigo a mi mejor amiga y hacedora de mis fantasías, o eso es lo que yo creía al principio.

Así que aquella tarde me la pase cuidando un poco mi aspecto, quería que fuera perfecto todo, me duche, acaricie todo mi cuerpo con cremas y perfumes, mi pecho, mis abdominales, mi costado, mis hombros, los recorría lentamente como si quisiera extender esa sensación de paz de mi piel por todo mi cuerpo, mi vientre, recién depilado, solo con un hilo de pelillo que llevaba desde mi ombligo y el centro de mi vientre hasta abajo, así parecía mas larga, y aunque no era enorme cuando se ponía en faena era mucho mas grande de lo que pudiera parecer que seria al verla así, tímida, empecé a acariciarla con movimientos lentos hasta que cogió algo de tamaño y entonces me pare a pensar  en lo que iba a pasar aquella tarde, intente planear lentamente como la iba a desnudar, mi erección se hizo tremenda y entonces creí conveniente  que quizás seria mejor descargar un poco de tensión antes de ir a esa cita, pues aunque sabia que a mi compañera le valen mas tres cortos que uno largo, tampoco quería que el primero fuera visto y no visto,  así que empecé a acariciarme el vientre y con una mano me sujete los testículos para con la otra empezar a masturbarme, la excitación subía y me vi abriéndole la camisa, mi mano acariciaba maestramente mi glande, besando sus dos pechos duros, se movía arriba y abajo, blancos como la nieve, con dulzura pero con firmeza, sus pezones, mis manos navegaban por mi cuerpo acariciando mi pecho y mi pene parecía que iba a estallar de un momento a otro, fue cuando me imagine mi lengua dentro de su coño cuando salió un chorro de esperma blanco que llego hasta la pared, me encogí sobre mi mismo viendo como la leche blanca resbalaba por mis manos y llegaba hasta el suelo con las piernas temblando y caí de rodillas.
 
 

Cuando me recupere me limpie con una toalla suavemente y me puse a vestirme, ropa interior ceñida de la que insinúa, un tanguita blanco comprado para la ocasión,  me coloque un collar de plata y mis anillos, uno en el pulgar y otro en el anular, esa tarde estaba comprometido y una camisa blanca abierta hasta el pecho y que me excitaba con su movimiento al acariciar mis pezones, total lo que importaba era lo que había debajo, pero no iba a descuidar mi apariencia, y si podía insinuar mi excitación con la erección de mis pezones mejor, así que me enfunde en mis vaqueros recién lavados y planchados que estaban rotos del desgaste justo a la altura de mi culo lo cual hacia mas excitante sentir el roce del pantalón directamente sobre mi piel y el aire acariciándome de vez en cuando, me coloque mis botas, me arregle el pelo y me puse un poco de perfume. Para quien no lo ha probado todavía, no sabéis el estrago que suelen hacer los componentes aromáticos de los perfumes  entre los sentidos sensitivos dela mayoría de  las mujeres. Y ya estaba preparado para lo que me deparaba aquella tarde, así que cogí el coche y me dirigí hacia el lugar de la cita.  Como  siempre, habíamos quedado en llegar cada uno por nuestra cuenta, unos  minutos antes de que abriera normalmente, para que si a la hora de abrir ya estábamos dentro nos evitáramos de dar explicaciones a los clientes que estuvieran esperando.

El ENCUENTRO

Así que cuando me acerque a la puerta no me extraño ver a Rosa y a mi amiga hablando en la puerta, me miraron, se miraron entre ellas y una sonrisa se reflejo en sus caras, no había caído hasta ese momento iba a estar en un local encerrado con dos mujeres. Algo empequeñeció en mi de repente, y no eran las ganas de estar hay dentro precisamente, pero al recibirme las dos y notar el contacto de sus cuerpos calientes, el de Abigail, que es como se llama mi amiga, mucho mas, la cosa volvió a su sitio. Todo se desarrollo con la mayor normalidad, como si fuera cualquier otro día que íbamos a tomar el te, nos colocamos donde siempre al fondo del local en la tarima que estaba al lado del pasa platos que hacia de ventana a la cocina, dejamos nuestras chaquetas, nos quitamos los zapatos y nos pusimos cómodos. Mientras Rosa había ido a la puerta había colocado un cartel a los clientes indicándoles la hora de apertura excepcional de esa tarde y había echado un par de cortinas improvisadas sobre el escaparate y la puerta de cristal para que el interior no se viera desde fuera, a su regreso nos indico que iba a ir a por el te, y al momento apareció con dos teteras de barro y dos tazas indicándonos que la azul era para la primera hora, mientras que la lila era para la segunda.

- Y aquí comienzan vuestras dos horas.

- Gracias Rosa- acerté a decir con dificultad.

Acto seguido serví la primera tanda de te, mientras Rosa se recluía en la cocina, donde no podíamos verla, era un te oscuro, lo tomamos sin azúcar, su sabor casi amargo y su calidez parecía preparar nuestras bocas para las tareas que íbamos a realizar. Brindamos chocando las tazas y bebimos la primera  despacio, conversando de cómo había sido nuestro día y los nervios que teníamos los dos en el estomago.

- Lo que no es normal es lo de Rosa- dije – me impone un poco, que este ahí escuchando todo lo que hagamos, ¿que sacara con todo esto?

- No se- contesto Abi- pero a mi me gusta pensar que alguien se puede estar acariciando mientras nos oye a nosotros hacer el amor.
 

- Entonces no la hagamos esperar mas - dije y mientras apartaba los cabellos de su cara la bese fuertemente en los labios  y    la abrace a mi.  Las dos horas habían comenzado realmente.

continuara

Yaire
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