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Llevábamos tiempo planeando ese fin de semana, aburridos por nuestra tediosa rutina sexual, nos planteábamos buscar nuevos caminos que nos hiciesen recuperar la pasión irrefrenable del principio, de ese momento en que sólo una caricia nos trasladaba al más enorme de los placeres.Teníamos una fantasía común que nunca habíamos hecho realidad, abandonarnos a nuestros instintos en una playa deshabitada, bajo un cielo azul confundido en el horizonte con un mar tranquilo y cristalino.
Por fin llegó tan ansiado momento, decidimos desconectar e irnos un par de días a disfrutar de nuestros cuerpos sedientos de ese placer que sólo se goza cuando desaparece el obligatorio cumplimiento diario. La sola idea de abandonarnos durante horas, lentamente, sin la subyugante condena del reloj, nos ponía cachondos.Nada más llegar a la lujosa habitación, futura testigo de todas nuestras marranadas, nos desnudamos apresuradamente para disfrutar de un baño de espuma y champagne, con la intención de calmar nuestros agotados cuerpos. Lo que en un principio iba a ser un baño tranquilo, se transformó en tan solo unos segundos en la más tórrida de las escenas de pasión. Mientras ella se agachaba a colocar el tapón, mostrándome su generoso culo yo me sorprendí manipulando mi mango sorprendentemente erecto por la repentina necesidad de penetrar hasta el fondo la cuevita húmeda y olorosa que inconscientemente me ofrecía.
Ella, al girarse, y percatándose de mi grado de excitación, sintío el deseo de sentirse penetrada con urgencia y secamente. Ante una situación de tan excitante complicicdad, me decidí a satisfacer nuestras ansias de placer.
Casi sin pensarlo me encontraba agarrándola fuertemente por sus voluptuosas caderas para introducirle, mi miembro, que para entonces estaba rígido y palpitante, arqueando mi espalda empecé a lamerle el cuello y a pellizcar sus erectos pezones.
Mientras ella trataba de encontrar mi enorme instrumento para colocarlo frente a su cuevita, la sorprendí con una brutal embestida a la que ella respondió con un profundo gemido de placer. Me hizo salir de ella con un gesto igualmente brusco, y dedicándome una lasciva mirada, abrió su enorme y deliciosa boca acercó su boca a mi henchida polla y se dispuso a lamerla vorazmente, casi con gula, al mismo tiempo que me acariciaba, en contraste, de manera muy suave y sin penetración, mi ano. Yo estaba a punto de regalarle toda mi leche, cuando ella, conocedora de mi excitación, se sacó mi falo de su boca caliente y acogedora y, asiéndome,me llevó hacia la cama.
Me resultó un tanto desconcertante, pero mis dudas se disiparon en el momento en que señalándome el espejo, me impulsó hacia la cama, hasta que nos sorprendimos contemplando nuestros húmedos y libidinosos cuerpos que parecían no pertenecernos. A partir de ese momento no hicimos mas que observar cómo esos cuerpos inertes en tantas ocasiones, daban rienda suelta a más primitivos deseos, y esas sensaciones eran nuestras. Eran nuestros cuerpos los que estaban experimentando toda esa serie de sensaciones maravillosas, casi olvidadas.
Por un momento fui consciente de la situación y dirigiéndome hacia la cueva que tantos momentos de intenso placer me ha proporcionado, me puse a lamer con inusitada fruición su cerecita roja y abultada, deseosa de caricas. Mi lengua vagaba por todo su pubis húmedo y caliente, que despedía un intenso aroma a hembra cachonda. Fui trepando por el monte de Venus, deteniéndome en cada uno de los recovecos de su cuerpo, mientras notaba cómo su respiración se acelaraba. De pronto nuestras lenguas se encontraron y ella se estremeció al notar cómo mi verga empujaba, quería entrar y cobijarse, y luego salir para volver a entrar, sentía una necesidad imperiosa de depositar mi leche lo más dentro posible, mientras contemplaba en el espejo como su culo buscaba una nueva embestida, sus caderas danzaban en un movimiento sensual. Así es como entre las sensaciones provocadas por el contacto de nuestros cuerpo y la imagen que observaba, y sintiéndome protagonista y espectador a un tiempo me sorprendí sumido en el más grande de los orgasmos que jamás había experimentado.
Shakti y Shakta
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