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Nada estaba siendo como yo había imaginado en un principio aunque no por eso fue menos excitante, enseguida me dedique a recorrer su cuerpo sin prisas, teníamos todo el tiempo del mundo, desnude sus largas piernas de aquellos pantalones que tantas veces había rozado, hoy con tiempo y con la luz de las velas que Rosa había colocado alrededor de aquella, nuestra tarima, pude ver por primera vez lo que otras veces ya había sentido, la suavidad de su piel se correspondía con su blancura y una exquisita textura, eso unido a que ella también había echo los deberes, pues de su piel manaba un fresco y al mismo tiempo embriagador perfume, la habitación se antojaba un poco fría quizás para pasar a estar desnudos de golpe así que decidí esperar a que se caldeara un poco el ambiente para seguir despojándola de sus ropas, en ella la decisión fue totalmente a la contra, me abrió lentamente la camisa besando cada poro de mi piel, mis pechos, el contorno de estos, acariciaba mi vientre marcado, y que se estremecía con solo su aroma y su contacto, con sus manos recorría mis sienes y mi nuca haciendo que se me erizara el pelo de esta. Sus manos eran dulces y suaves, como las de una amante-amiga-compañera, de esas de las que ya quedan pocas. Sus labios recorrían los míos perdiéndose de vez en cuando su lengua entre mi cielo y mi infierno. Lamía cada milímetro de mi cuerpo como si quisiera absorber todo el aroma que desprendía entre suspiros de creciente excitación. Entonces pensé que si el calor de su cuerpo era la mitad del mío haría ya rato que no estaría sintiendo frió, por lo que comencé a besar su cuello y a deslizarme hacia sus pechos, los cuales me esperaban firmes como dos soldados que guardan su posición a la espera de algún acontecimiento. Los besaba suavemente retirando al principio un precioso sujetador de encaje lila y al final desabrochándolo para poder acariciarlos en plenitud, eran lo suficientemente grandes como para poder jugar con ellos, y los pezones pese a no sobresalir mucho estaban duros como dos piedras, me los metí en la boca con suaves besos y empecé a darles pequeños mordiscos, notando como cada vez la excitación de ella iba en aumento, mis besos pasaron a sus caderas y de ahí a su vientre, con cada cambio de dirección era un nuevo estremecimiento por sus parte. Dios mío tenia un cuerpo maravilloso, y deseaba amarlo toda la vida, pero solo tenia dos horas, así que seguí bajando acariciando sus piernas, cada poro de su delicada piel y mientras lo hacia empecé a acariciar su sexo con mi boca, todavía no le había quitado el tanga lila de encaje, que a juego con el sujetador era el único muro que se interponía entre mi boca y su sexo.Poco a poco entre caricias mis manos comenzaron a aventurarse por debajo de la tela descubriendo un maravilloso sexo depilado, no soportaba el sexo oral cuando había mucho pelo por en medio, ya que me producía arcadas, y sin duda ella lo sabia, había venido tan bien preparada como yo, o quizás mas. Así que retire delicadamente aquel diminuto tanga lila y separe sus piernas para ubicarme entre ellas, comencé besando su entrepierna que ardía, y poco a poco la cogí por debajo de las caderas dejándome caer en medio de su fuego, ella acariciaba mi espalda desnuda dejando de vez en cuando alguna marca de uñas en ella, debido no a un deseo de hacerme daño, sino a los espasmos de placer que le producían mis cambios de ritmo, el succionar con fuerza su clítoris e introducir toda mi lengua en su vagina bebiendo de sus jugos, los cuales me parecían en ese momento mejores que cualquier vino de la mejor reserva, no imaginaba un sitio mejor o algo mejor que hacer o que estar en ese momento, solo quería estar ahí, dándole ese placer que tantas veces me había dado ella a mi.
Poco a poco fui cambiando de postura, ella se encontraba sentada , semi tumbada con la espalda en los cojines y la ayude a acomodarse mientras con la otra mano empecé a introducir mis dedos dentro de su vagina, primero uno, despacio, tocando todas las paredes, notando como poco a poco se mojaba entera y se abrían a mi sus paredes para introducir el segundo y el tercero. Una vez dentro los movía mientras mi lengua y mis labios seguían besando y acariciando sus labios y el interruptor de su placer, dando pequeñas embestidas a veces para acrecentar el ritmo en su interior y parando cada vez que ella se estremecía presionándolo dulcemente. No tardo en llegarle el primer orgasmo el cual me lleno la boca de sus jugos y la hizo arquearse de placer cerrando las piernas sin darme tiempo siquiera a sacar la mano de su interior, mano que parecía ser en parte la culpable de aquel tremendo placer que la recorría. Un par de suspiros delataron que aquello duraba mas de lo que había esperado.
Me detuve por un instante consciente de que sin duda aquellos últimos suspiros se había oído con claridad al otro lado del pasa platos de la cocina y agudice mi oído incorporándome un poco y poniéndome de rodillas para ver si llegaba a mis oídos algún tipo de indicio de que aquello estaba teniendo algún significado para la tercera persona en aquella historia, pero fue inútil, a mi oído solo llego el sonido del silencio primero y de la cremallera de mi pantalón después , que cayo entre caricias de mano de mi acompañante que ya dedicaba su atención y sus caricias al bulto que se notaba bajo el slip, los besaba suavemente, como con miedo de dejar algún tipo de marca en ellos, pero era precisamente aquel roce tan suave lo que estaba haciendo que me excitara como nunca lo había echo en mi vida. Me incorpore y me quede de pie ante ella que de rodillas había rodeado mi cintura con sus brazos y bajando aquel tanga blanco, había empezado a acariciar todo mi sexo con su lengua, metiendola hasta las partes mas profundas de su garganta, como si esta no tuviera fondo y llenándola con su saliva transparente y dulce que la hacia resbalar entre sus dientes y sus labios como si tuviera vida propia. Al principio no sabia donde colocar mis manos, si en su cabeza, en sus hombros, en mis caderas, era como si no las necesitara porque todo lo que necesitaba estaba ahí, entrando y saliendo de su boca, recorriendo su garganta y creciendo, creciendo como no había crecido jamás. No se como, pareció adivinar mis pensamientos en ese momento, quizás como lo hacia en muchas otras ocasiones, y cogió mis manos poniéndolas en su cuello y en su pelo, era como una insinuación a que la dominara, o como una demostración de que me pertenecía, ella era mía, igual que unos minutos antes yo había sido suyo. No sabia si era por el te o quizás por la maravillosa forma de acariciarme que tenia ella pero yo estaba hirviendo, no podía mas, sabia que de un momento a otro acabaría por tener un orgasmo, y ella también lo sabia porque llevaba un rato acariciándome la piel de los testículos y jugando con ellos como si dijera:
- Esto ya esta listo.
Así que se lo dije, y ella sacándola de su boca y mientras me miraba a los ojos sonrió y lanzándome una mirada de aprobación le dio un ultimo lametón diciendo: - Acaba mi amor.- Y acto seguido la volvió a meter hasta el fondo sin dejar de mirarme ni un segundo a los ojos, dándole dos empujones mas hasta el fondo de su garganta a los cuales yo no pude resistirme ni un segundo mas y tuve mi primer orgasmo con ella, el segundo del día, llenando su boca de mi caliente leche, de la cual no se derramo ni una sola gota ya que ella siguió bombeando y proporcionándome mas placer incluso después de haber acabado ya. Mis piernas se doblaron y me quede acurrucado a su lado sin mas fuerzas que las justas para conseguir decirle gracias, gracias por aquel tremendo placer que me había echo sentir, y por haber sido mía ese día.
Nos tapamos con unas túnicas que Rosa había dispuesto al lado de la tarima y nos relajamos dispuestos a disfrutar de nuestra segunda taza de te. La mezcla de sabores y olores, de nuestros sexos y de las velas, del nuestros cuerpos y del incienso y de nuestra piel y los deliciosos brebajes que nuestra, hasta el momento, discreta invitada nos había preparado nos mantenían en un estado constante de excitación, sin duda esa era la intención de todo lo que había en aquel momento allí preparado, y sin duda estaba dando resultado, pues no hacia ni diez minutos que habíamos acabado de hacer el amor cuando empezó la segunda hora.
Yaire
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