Quiero saborear
 por Pauline en la playa
Quiero saborear el carmín de sus labios. Ruth, Ruth, mi querida Ruth. Te llevo hasta el rincón más apartado de la terraza, descuelgo las ropas que hay apoyadas en la hamaca. Tus bronceadas piernas se meten entre las mías y mi falda. Nos besamos suavemente primero, pronto nos quitamos la ropa, con brusquedad, casi con urgencia.

Es un orgasmo largo, que arde por dentro de nuestros cuerpos, nos abrasa y nos une. Me tumbo hacia arriba mirando el cielo, me apoyo en tu hombro, huelo tu piel, me gusta tu olor Ruth. Hueles a limpio, tu piel sabe dulce. Te levantas y andando muy despacio vas hacia la cocina, no has dicho nada, te sirves una copa de vino blanco y te sientas en el comedor, mirándome. Estoy relajada, pero sigo teniendo ganas de ti, quiero que te acerques a mi, quiero que vuelvas a besarme, quiero tu cuerpo Ruth.

Me acuerdo de esas mañanas, las primeras que compartimos, mañanas felices, noches agitadas y nuevas, recorriendo nuestros cuerpos. Al amanecer siempre dormida, boca abajo, la sabana blanca cubriendo solo una parte de ti, tu espalda, tu fina espalda al descubierto, mi dedo rozándote, mis labios perfilando tu figura, tus nalgas redondas, perfectas al tacto, perfectas a la vista, deliciosas, tapadas con la sabana, a veces levantaba la sabana para poder contemplarlas, la piel blanca y tersa. Nunca me contenía, siempre acababa acariciándote hasta que te despertabas, sonreías, y aún con los ojos medio cerrado me besabas.

Desde el momento en que vi a Ruth, supe que tenia que besarla, supe que tenía que acariciar la curva de sus caderas, supe tenía que abrazar su cintura, besar sus pechos. Supe que sus pezones tenían que estar entre mis dedos. Nos habíamos conocido en la fiesta de Fidel, casi no habíamos hablado, pero el deseo era mutuo, aunque esto lo supe días después.

Aquella noche, la primera noche, coincidimos en La Bolsa, un pequeño pub, en el centro de la ciudad. Sorprendidas, ella grito mi nombre, y se sentó en la mesa que compartía con dos amigos. Cómo esta esa chica pensé, te miraba descaradamente, quería que me dieras una señal, solo una. Dos vodkas más tarde, tu seguías allí, jugando conmigo, yo me encendía. Nunca me había pasado. No sabía que hacer, mi cabeza decía que estuviera quieta, pero mi pie rozó tus piernas, estaban cruzadas, yo creía que llevabas medias, pero me sorprendí al comprender que esas piernas bronceadas perfectas no eran una ilusión. Tus manos descansaron encima de la mesa. Te levantaste y fuiste al baño. Creí morirme, pensé que la había cagado. Al volver te sentaste junto a mi.  Respire hondo al notar tu mano en mis muslos. Empezaste a hablar con los dos chicos, queriendo disimular.  Apartas tu mano de mi muslo y te enciendes un cigarro mientras descruzas las piernas. No hace falta que nadie me indique el camino. Mis dedos rozan la parte interna de tus piernas, me demoro antes de llegar a mi destino, tu hablas con ellos, yo finjo estar mirando un punto fijo. Mi mano va subiendo por ti, tu has cedido y yo gozo de este momento. Tu coño me espera, el coño que me ha quitado el sueño estos días. Sigo subiendo, ahora noto el suave vello de tus muslos, sigo subiendo, tu sigues hablando. De repente bajo mi mano hasta tu rodilla, te quedas callada, como extrañada por mi gesto, inmediatamente vuelvo a subir. Noto la barrera de algodón. Puedo sentir tu palpitar, tu coño palpita contra mi mano, subo aún más, y toco tu pubis. Me retiro.

Vuelvo a la conversación. Ahora te rozo la mano al pedirte que me pases un calo de tu piti. Ese es mi mensaje. Te levantas y me coges de la mano, vamos a la barra y pagas la consumición. Ni siquiera hemos dicho adiós.

En la calle, en el callejón, pones tu dedo encima de mis labios. Apoyas tus labios en él. Silencio, silencio, silencio. Repites. Yo siento el alboroto de mi corazón. Palpitó de deseo. Siento en tu suave aliento el olor a champán. Me besas, te beso. Me besas, me besas, me besas. Tus manos me buscan, me tocan y empiezo a sentir miedo. Miedo a ser descubiertas por alguien en el momento en que Ruth apoya su lengua en mi clítoris. Mi coño se estremece, sabe y anhela lo que esta por venir.

Me llevas y me dejo llevar. Tengo tus piernas a la altura de mis ojos. Puedo adivinar tus bragas sobre tus nalgas. Siento tus pechos, tu vientre, tu sexo. Te tomo por la cintura, te abrazo, tus pechos se apoyan contra los míos, mi coño busca el tuyo. Te aparto el cabello y te beso en el cuello, tu buscas mi boca. Nuestros labios se abren para dar paso a nuestras lenguas, húmedas. Vuelves a besarme. Adoro esa sensación. No me canso de sentir tu lengua. La siento entre mis dientes, entre mis pechos, sobre mis pezones, entre mis piernas, dentro de mi, sobre mis nalgas. Me quemas, poco a poco, trozo a trozo, mi piel se abre ante ti. Dominas mi cuerpo, arrancas suspiros, gemidos. Creo enloquecer.

Ahora estoy relajada, te miro, vas dando pequeños sorbos de vino, pareces ausente, quiero tenerte una vez más hoy, quiero volver a saborear tu carmín.
 
 
 
 

por Pauline en la playa
 
 

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