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De un pequeño pueblo del sur salió un hombre en busca de su futuro, como la mayoría, era una
persona de escasos conocimientos de la vida, con poco mundo y poca experiencia, por la
imposibilidad de adquirirla en su pueblo, aunque por otro lado era muy desenvuelto y resolutivo,
físicamente era más bien delgado, de ojos marrones, ni alto ni bajo, aproximadamente 1,75, y lo que si tenía eran unas ganas locas de conocer.Cuando llegó a la estación para cojer el tren hacia
la gran ciudad, quedó sorprendido por la gran bellaza de una mujer, ella era de marcadas
curvas, más bien rellenita, lo que se conoce castizamente por una maciza, ya en ese momento se le empezó a poner tontorrona y de manera sorprendente se sintió ruborizado, pero en su interior algo le decía que debía llegar a conocerla, como si el destino se te apareciera.Cuando llegó el tren, ya pasados unos cuantos minutos en la estación bajo un sol de justicia, subieron al tren, primero ella y después el, ya le advirtió el destino, el revisor lo puso en el mismo compartimiento de ella, el compartimiento era una estancia de tres asientos en fila frente a otros tres, encontrándose ellos solos en el compartimiento de seis asientos, el pasillo por el que se accedía se encontraba lleno de ventanas abatibles y por contra la del interior de la estancia era fija.
El tren se puso en marcha, y ellos siguieron ordenando sus respectivos equipajes, como el calor era sofocante el se había quedado en camiseta y unas bermudas, ella por contra seguía con su vestido y una pequeña chaqueta, de un tejido parecido al hilo y de un color crema o marfíl.
El hombre se había quedado más cerca del pasillo que la mujer, y esta al ponerse contra la luz de la
ventana fija dejaba toda la hermosura de su cuerpo perfectamente definida, lo que venía provocando la consiguiente erección del hombre, hasta el punto de quedar este paralizado por el temor a ser descubierto, lo que no imaginaba él es que el tanga rojo intenso, que llevaba ella como única ropa interior, con el trajín del equipaje se le había ido introduciendo y la tela le rozaba su clítoris de manera continuada, lo que le estaba provocando mas calor aun si cabía, y una autentica erección de sus pezones, pensando ella en que si se sentara la situación iba a cambiar, se sentó sobre la tapicería de plástico del asiento, esta como estaba expuesta al sol lo que hizo no fue más que calentar aun más la entrepierna de ella, lo que le estaba provocando
que el tanga se empapase de los jugos que su coño le producía, por lo que optó en salir al
estrecho pasillo y bajar la ventana y que le diera el aire, despojándose de su pequeña chaqueta,
lo que dejo al descubierto unos pezones que luchaban por atravesar el traje, como ultimo
elemento que se interponía entre ellos y la libertad.Al dejarse caer sobre el alfeizar de la ventana
y describir con su cuerpo un ligero escorzo, no se percató que dejaba su trasero prácticamente a
la altura de la cara de él, y seguía estando al contraluz, el conocimiento del hombre fue cegado
por el instinto, y sin pensarlo levantó el vestido de la mujer, dejando al descubierto su rojo tanga,
la atacó desde atrás tirandose al suelo empezó a chupar sus jugos, su culo, su coño, mientras a
ella le venía uno de los espasmos que provocan los orgasmos, el se decidió a bajar el tanga y
quitárselo, como no sabia que hacer con el, lo guardo en uno de sus bolsillos, y se sacó su polla,
y sin que ella ni siquiera se volviese la introdujo por su vagina.No fue difícil puesto que ya se encontraba llena de fluidos, en ese momento el cuerpo de ella fue recorrido por innumerables sacudidas, se corría sin parar, hasta que el hombre estalló en su interior, los dos exhaustos por la corrida, ella aun tenia temblores, se fueron recomponiendo hasta volver a quedar sentados cada uno en su sitio, el tiempo fue pasando y el viaje se terminaba sin que se dirigieran una palabra.
El hombre estaba aterrorizado por lo que había sido capaz de hacer, y ella no quería conocerlo
pensando en su entorno familiar, así que el tren llegó a la gran ciudad y con una mirada
comprensiva se alejaron el uno del otro.Hoy mucho tiempo después él sigue conservando ese tanga rojo, aun lo huele, y se le pone dura, pensando en esa extraordinaria mujer que se retorció en sus brazos.
M.G.
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