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¿ Cuánto tardaría en pintar esa habitación de rojo? Pienso esto, mientras me estoy pintando las uñas. Rojo. Primero me pinto la mano izquierda, empiezo por el meñique, intento no salirme de la uña, ya que cuesta mucho deshacerse de los restos de “diamond sensations”.He terminado también con la mano derecha. Estiro los brazos hacia delante, veo mis manos, finas, dedos largos, uñas rojas. Giro la silla hacia el espejo, me enciendo un piti, me miro. Mis dedos presionando el cigarro, acercándose a mis labios, le doy un calo y vuelvo a apartar la mano, para apoyarla, dejarla caer sobre mi cintura.
Me levanto, voy al armario a por mis zapatos. Vuelvo al espejo. Vestido rojo atado al cuello, por debajo de las rodillas. Las sandalias rojas, del 38, sin demasiado tacón, de esas del dedo en medio. Solo dos finas tiras. Ando hasta la puerta. La cierro de golpe.
La puerta de la calle esta de nuevo abierta. El portal es antiguo, de hierro, pintado de negro, y cristal. En la calle, hace calor. Ando hacia su coche. Camino segura, abro la puerta y le doy un beso. Huele bien. Me gusta. Tejanos y camiseta roja. Le miro de nuevo, mientras maniobra para salir del hueco.
Vamos a una cafetería, al salir del coche, el me coge la mano, yo me presto a su caricia. Le sonrío. No nos decimos nada. Entramos y nos sentamos. El lugar tiene varias mesas, con sillas y sofá para sentarse. Optamos por el sofá. Encima de la mesa hay unos focos, la iluminación es suave. Busco en el bolso mi paquete de tabaco, enciendo de nuevo un piti y al expirar me fijo en como el humo se dispersa bajo el foco. Empezamos a hablar, me cuenta cosas sobre su trabajo, sobre él. Yo estoy cruzada de piernas, baja su mano y me acaricia el tobillo, yo subo un poco más la pierna, para poder gozar más de sus dedos.
Salimos del “Schilling” y cogidos, de nuevo de la mano, vamos caminando, sin rumbo fijo. Noto su mano por mi espalda, le cojo por la cintura, meto mi mano por debajo de su camiseta. Nos besamos. Estamos en una plaza, le abrazo y le beso de nuevo, le rodeo con mis brazos, subo mi mano a su nuca, le acaricio suavemente, mientras noto que se eriza, la otra ya ha salido de la camiseta y ahora la apoyo en su culo, justamente donde tiene el tatuaje. Un diablo rojo.
Seguimos andando, por la callejuelas, abrazados, juntos, haciendo que nuestro deseo crezca, nuestras pieles se desean, anhelan estar unidas. Ardo. Deshacemos nuestros pasos, para llegar de nuevo a su coche. Saca la llave del bolsillo y entramos. Abre la guantera y saca la radio. Suena La Habitación Roja. Estamos de camino a su casa.
Su portal también es de hierro y cristal. Vive en cuarto piso. Llamamos el ascensor.
Es pequeño, de color beige, se parece a un pequeño vestíbulo. La puerta de entrada es granate, pesa al abrirla. Es estrecho, más de lo que recordaba. En el fondo hay un espejo, nos vemos reflejados en él. Yo a pocos centímetros del espejo, él detrás mío, sus manos en mi cintura, mi cuello ladeado, sus labios perdidos entre mi clavícula, entre mi cuello, detrás de la oreja, en mi mejilla. He cerrado los ojos, le siento muy tierno.
Mis manos siguen en su trasero. Se como le gusta que se lo toquen. Su erección empieza a ser notable. Me doy la vuelta. Quedamos pelvis con pelvis, labios con labios, sus manos deshacen el nudo de mi vestido. Ha tocado mis pequeños pechos por encima de la tela. Con la mano derecha pulso “stop”. La situación me ha puesto muy caliente. Con las dos manos empiezo a desabrocharle el cinturón. El primer botón del jean, el segundo, el tercero...meto mi mano dentro de sus calzoncillos. Tengo el vestido medio subido.
De espaldas al espejo, el vestido apoyado en las caderas, sus manos presionando mis nalgas. Me quito el vestido, él con sus manos me hace girar 180 grados. Unas pequeñas braguitas y las sandalias, cabeza hacia atrás, espalda arqueada. Una de sus manos está en mi pezón, la otra de viaje hacia el sur. Con un dedo pasa la barrera, sigue accediendo a mi, toca mi sexo, esta húmedo. Le digo que tenia muchas ganas de verle y que mi coño da la bienvenida a su mano. Las braguitas son minis, rojas, con dibujitos. Aunque me las baja un poco, sigo con ellas puestas, presionándome los muslos, a medida que voy abriendo más mis piernas. Sus dedos buscan en mi el deseo, el placer. Noto uno de sus dedos, esta dentro de mi. Disfruto del placer que me da. Me apoyo en una de las cuatro paredes, él no se despega de mi, con una mano sigue jugando con la humedad de mi sexo, con la otra se ha bajado el slip.
Noto su sexo duro, se lo miro. Lo toco, le acaricio suavemente mientras clavo mis ojos en los suyos. Tenemos cara de placer, estamos calientes y no vamos a esperar más. Me doy de nuevo la vuelta, me quedo de espaldas a él, sus manos recorren mi espalda, me erizó. Luego noto como su sexo va entrando en mi, poco a poco, noto esos centímetros, noto como van entrando en mi.
Explosión de colores mientras el sigue bombeando dentro de mi. Gimo, suspiro, grito. Susurra que va a terminar. Yo también estoy a punto. Sus embestidas han empezado a ser más enérgicas, más rápidas. Se ha corrido dentro de mi. Yo he cerrado los ojos, mi cabeza apoyada en la pared del ascensor, su lengua buscando el camino. Ha empezado con besos por el cuello, mordiscos, ha subido hacia mi mejilla y luego, ya en mi comisura ha introducido su lengua, solo la puntita, me muerde el labio. Sale de mi y noto como el ascensor vuelve a funcionar, unos segundos y se para, las puertas se abren. Con el vestido medio puesto salgo arrapada a él.
Entro en su piso, puedo ver la cama solo al entrar. Sábanas rojas, almohadones grandes. Unas pequeñas lámparas encendidas. Voy al baño. Salgo y le encuentro estirado en la cama, desnudo. Le observo, me desnudo con sus ojos fijos en mi. Voy a quitarme las braguitas. Dice que no. Que me acerque. Lo hago. Voy hacia él. Su cabeza queda a la altura de mis ingles. Mi desnudez le excita. Su boca encima del algodón me pone a mil.
En el suelo esta mi vestido rojo, mis sandalias, una cerca de la mesa de cristal, la otra en la esquina de la cama, en un lado veo mis bragas y sus slip, tirado por el suelo. Viene a mi mente un trozo de canción “...solo espero que algún día, tus ropas y las mías se encuentren esparcidas por la misma habitación...”.
Dentro de las sábanas, su cuerpo a escasos centímetros del mío, mi mano en su tripa, la suya en mi pecho. Mi cabeza hundida entre los grandes almohadones. Le oigo hablar. Disfruto de este momento. Disfruto del silencio, el instante antes de cerrar los ojos y dormir.
por Pauline en la playa
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