Orfeo et euridice
 por Pauline en la playa
Tengo un amigo, un amigo mayor que yo. Congeniamos, nos llevamos bien. Pero hay algo que siempre me pregunto, una duda que me hace pensar que él quiere algo más. Es 13 años mayor que yo. Él a mi no es que me atraiga demasiado, pero tengo que reconocer que provoca en mi una sensación antes no conocida. Morbo.

Siempre me dice que le encanta mirarme. Hace ya unos meses, pose para él. Iba  con un vestido blanco, largo hasta los pies. Descalza. El pelo suelto y liso. Pose en la playa para él. Notaba mis pies descalzos por la arena, la brisa me provocaba algún escalofrío, estaba segura de que mis pezones se marcaban. Estuvimos casi dos horas, luego nos sentamos y se lió un peta , él todo de negro, con americana incluida y yo con el vestido blanco de tirantes anchos, de algodón. Hacíamos un bonito contraste.

Sentados en la arena, hablando sobre “pauline en la playa”, filosofando sobre mi subconsciente, muy traidor, muy revelador. Hablábamos de pequeñas perversiones mientras me pasaba el peta.

Comimos en una terracita, sillas metálicas muy incómodas, sombrilla a rayas verdes y blancas, servilletas de papel y las típicas copas, la pequeña de vino, la grande de agua. Pedimos un vino blanco y paella. Con las mejores de mis sonrisas, pedí al camarero un cenicero. Comentamos la sesión de fotos mientras brindábamos. Al terminar yo me noté algo embriagada, la cabeza me daba vueltas y en mi cara había una sonrisa.

Dimos un paseo, yo continuaba descalza, notaba los granitos de arena en mis plantas, de vez en cuando daba un pequeño salto para aterrizar de golpe sobre la arena. Notaba su mirada, me observaba, le gustaba mi forma de sonreír, la boca abierta, entonces sale la carcajada, no muy sonora, pero si enfática...jajajaja...cuando estoy nerviosa sonrío, me toco el pelo. Cojo una pequeña mecha ( de las del cogote) y empiezo a deslizarla por mi anular, una vuelta tras otra.

Nos sentamos en unas rocas, y metí los pies en el agua fría. Mis pies sienten casi más que yo. Me ericé toda. El agua estaba “helada”, me pareció notar una punzada directa al cerebro. Los saqué y me los cubrí con el vestido.

Él me pidió que le enseñara uno de mis pies, recalcando que le parecían preciosos. Saqué uno del vestido y lo apoyé en sus piernas. Noté como su mano cálida abrazaba el pie y empezaba a masajearlo. Tocaba en el medio de la planta, me hacia cosquillas, bajaba por el empeine y secaba las gotas que habían entre mis dedos. Seguía hablando, yo apenas podía asentir con la cabeza.

- el viernes voy a ir a la opera. “orfeo et euridice”, me gustaría poder compartirla contigo, aunque se que no es posible. Se que no soportas la opera. No, no digas nada.

Sus manos llegaban hasta la pantorrilla, me masajeaba, me tocaba, notaba sus dedos en mi talón, se inclinó y me beso los dedos, muy rápidamente.

- deja amenos que te cuente la historia. Orfeo encuentra el cuerpo, sin vida, de Euridice en un bosque, rodeada de hadas. Ellas están llorando por ella. Orfeo pide a los dioses que le permitan ir a buscar a su dama. Le ponen una condición: podrás bajar al infierno, pero no intentes sacarla ni mirarla a la cara. Él acepta y desciende al mundo rojo en busca de Euridice.

Sus palabras llegaban a mi cabeza, disfrutaba del placer de sus dedos en mi pie, entre mis dedos, disfrutaba al oírle hablar, explicarme aquella historia, solo paraba su relato para acariciar con sus labios mi empeine.

- Orfeo esta en el infierno, te acuerdas pauline? En un momento de confusión, Orfeo coge la mano de Euridice y se la lleva al mundo de los vivos. En el camino de regreso, en los laberintos de los jardines de Versalles, se da la vuelta y la mira...

Tacto al máximo, estaba excitada. Sonido, totalmente absorbida por sus palabras, por sus dos protagonistas. Olor a sal, a deseo. Visión azulada, horizonte in blue. Gusto,...el impulso de tener su lengua en mi boca, la necesitaba pero quería saber el desenlace.

Orfeo mira directamente a los ojos de Euridice, la abraza, la desea, toca su cuerpo por encima del camisón, le acaricia las piernas, aprieta sus muslos, baja los tirantes, besa, lame, come de sus senos, mordiendo el erecto pezón. Gimo de placer. Euridice susurra al oído de Orfeo, que esa será la última vez. Le enciende, con sus manos explora una vez más el cuerpo de su amado, llega al falo erecto, empiezan las caricias. Orfeo sentado en el suelo, apoyado en un rudo muro de piedra, ella sentada encima de él, cabalgando poco a poco, encima, arqueándose hacia atrás, sintiendo toda la dureza dentro de mi. Una pierna estirada y acariciada por la mano de Orfeo. Respiración acelerada, ojos abiertos mirándose, caras de placer, sonrisas a medias. Un beso largo y húmedo al final.

- Ella es arrastrada hacia el abismo...así que Orfeo llega al mundo solo. Su final será a manos de una tribu de mujeres a las que rechaza sexualmente. Las divas le cortaran la cabeza para tirarla al río...y bueno, así termina. No es preciosa?

¿No es preciosa? Si, bueno la historia es bonita. Pero que es lo que había pasado ¿había sido mi imaginación? Él me miraba, tenia una mueca extraña en la cara, parecía excitado. Mire hacia abajo, el vestido no se había ni movido, sus manos seguían en mis pies. El sol, la hierba, el vino nublaban mi cabeza, mi excitación era notable. IMPULSO, tener su lengua, morder sus labios.

Días después de la sesión de fotos, comprobé la grandeza de la opera, mi fotógrafo me llevo de la mano,  como a una dama, a ver “Orfeo et Euridice”. Al terminar, aún sentados en las butacas, bastante cómodas del Liceo, le pregunté si podía besarlo, no espere su respuesta.
 

Me gusto poder ver su cara, le cogí por la nuca, la otra mano en el cuello, le miré desde arriba y le besé, junté los labios, noté el breve calor, pasé la punta de la lengua por su labio inferior. Mordí una de sus comisuras, sin hacerle daño, muy suave. Luego me encontré con su lengua, noté la rápida reacción. Ahora el también estaba excitado, fue una sorpresa el notar la ausencia de ropa interior. Seguimos besándonos mientras nos desnudábamos. Dio un pequeño mordisco en mi cuello y lentamente bajo por la clavícula, paso su lengua entre mis pechos, siguió bajando y en el ombligo, jugo con el piercing, estiro con los dientes una de las bolitas plateadas, con su lengua y sus labios empezó a bajar por las ingles, toco el botoncito y deslizo su lengua por mis labios, cerré las piernas, le apreté contra mi sexo, lamió durante unos pocos segundos, pero con sus manos volvió a separarme las piernas, y siguió bajando, a mordiscos grandes, por los muslos, las rodillas, el gemelo, un mordisco un poco más fuerte en el talón, su legua a través de las plantas del pie. Le follé, como lo habían hecho O & E, lentamente introduciéndome dentro de él, moviéndome muy poco a poco, acariciándole y arqueándome hacia atrás. No fui arrastrada al abismo, me quede apoyada contra su pecho, sonriente, mientras mi fotógrafo entonaba notas sueltas.
 
 
 

por Pauline en la playa
 
 

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