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Desde aquella perspectiva la entrada al valle esta flanqueada por dos columnas inclinadas que se abren hacia el cielo dibujando una “V”. Un inicio escarpado se transforma en una superficie ondulada suave y sedosa. Dos pequeñas colinas simétricas se levantan antes de llegar al final. Allí en la lejanía una mirada deliciosa me observa. En primer termino y en el vértice angosto de las columnas una pared se levanta horadada por una cavidad húmeda y resbalosa.Al primer contacto de mi lengua el paisaje toma vida. Tiemblan las columnas, tiemblan las llanuras y hasta la mirada que me observa se pierde en el espacio. Me aferró con mis manos a la geografía viva y hundo de nuevo mi cara en aquella cavidad cálida y húmeda. En mi cara noto el temblor telúrico de un cuerpo que responde a cada uno de mis estímulos. Mis manos recorren las llanuras sedosas. Mi boca bebe en su cascada carnosa. El olor oceánico deleita mi olfato. A cada acometida de mi lengua las columnas se cierran y tiemblan contra mis mejillas.
Cuando el temblor aumenta me retiro para observar el paisaje. Mi apéndice carnoso deja de acariciar tu clítoris. Incorporas la cabeza y lanzas una mirada interrogatoria. Vuelvo a tu interior recorriendo de abajo arriba, mordisqueando la piel rugosa, arrastrando mi lengua hasta rodear el pequeño abultamiento donde aflora el clítoris. Lo beso, lo chupo, lo lamo. El paisaje se ha hecho mujer. El viento gemidos. Las columnas muslos de seda.
Me aferró a tu cintura. Y de nuevo paro mis movimientos esperando tu desconcierto. Vuelves a mirar, vuelves a pedir que no pare. Vuelvo a tu interior hundiendo mi lengua en tu vagina. La penetro, la lamo. El sabor ácido metálico de tus jugos se extiende por mi lengua. Tu pubis se restriega en mi cara. Me quedo quieto e inmóvil. Me pides que no pare. Tu sexo abierto y dilatado palpita. Te agarro con las dos manos por debajo de los glúteos y calmo mi sed de nuevo en tu sexo. Tu joven cuerpo se contorsiona. Tensas la espalda, Alzas el vientre. Intento separarme. Ya no me dejas. Agarras mi cabeza con las dos manos y la estrujas contra tu sexo que empieza a explotar. Mi lengua no para mis manos te aprietan con fuerza en los glúteos. Giras el cuerpo mientras te tengo asida por la cintura. Gimes, soplas., te relames, te muerdes los labios. Te dejas caer derrotada sobre la cama mientras me incorporo y disfruto de tu joven cuerpo de ninfa.
Hace unas horas no podía imaginar que aquel cuerpo juvenil y hermoso me ofrecería tanto placer. Tendré que contaros como empezó todo.
Esta mañana entre en la biblioteca. Había quedado con mi amiga Julia. Una mujer de mi edad (casi los cuarenta), en ese estado de madurez donde la pasión esta siempre a flor de piel. Desde hacia muchos meses yo esperaba este día. Deseando que se atreviera a dar el paso. La fantasía parecía que se iba a cumplir. Ella estaba sentada en una mesa larga en un rincón de la gran biblioteca. Me senté a su lado. Ella estaba esperándome.
Los dos trabajamos para la misma institución, pero el día que descubrimos que teníamos aficiones similares, dejamos de ser compañeros de trabajo para convertirnos en cómplices del mundo virtual.- Ya esta todo listo.- le dije con un tono eufórico
- Él que? Me replico
- Todo, todo esta listo. Insistí
- No, no puede ser. Dijo con rotundidad
- ¿Qué? ¿Cómo que no? El apartamento, ya lo pagué. Es aquí al lado a dos manzanas. Dentro de una hora estará preparado.
- No puedo.
- ¿Cómo que no puedes?
- No me atrevo
- ¿Como? Pero si fuiste tú quien lo planteó
- Ya, pero me asusta
- No digas eso, no digas tonterías
- No puedo.
- ¿Cómo que no?
- No es lo mismo
- ¿Cómo que no es lo mismo?
- Cuando me he levantado cuando he salido a la calle he pensado que no lo podía hacer.
- No digas eso. Dije entre enfadado y sorprendido en un tono un poco más elevado.
- Chissssssssssssssssssssssssssstt .
Levante la mirada y la joven que estaba sentada enfrente al otro lado de la mesa nos pedía con el dedo en vertical contra sus labios que bajáramos nuestro tono.
- No puede ser, no me hagas esto, ayer por la noche lo deseabas y me lo hacías desear a mí. Le dije esperando doblegar su decisión.
- Si pero es diferente, ayer cada uno estaba al otro lado del monitor. Cada uno estaba compartiendo una fantasía. Tengo miedo.
- ¿Miedo de que?
- De perder la fantasía, ya no es hacerlo con un desconocido, ya no es el anonimato. No me lo pidas por favor
- ¿Cómo que no te lo pida? ¿Lo deseas o no lo deseas?
- Sí, pero no. Por favor no me lo pidas.
- Chissssssssssssssssssssssssssstt
La joven de largo cabello que estaba enfrente no era ajena a nuestra conversación. Me sonrió mientras me hacia bajar el tono de voz.
- Oye, eso no me lo puedes decir ahora.
- Si en algo deseas mi bien, por favor ayúdame y no me lo pidas.
- Es que..... Dije sin acabar la frase. Mire al frente y unos ojos vivaces esperaban mi replica. La joven no se perdía detalle. Tendrá veinte pocos años. De amplia frente de rasgos suaves y juveniles. De amplia sonrisa.
- Por favor....no me lo pidas. Me dice Julia mientras me apretaba la mano.
Yo desconcertado callo, pierdo mi vista entre las estanterías y el techo.
- Me voy y no me digas nada. Me dice Julia mientras se apresura recoger las cosas de la mesa.
No puedo articular palabra. La sigo con la mirada. Una sensación de frustración. Una sensación de abatimiento. Busco en mi bolsillo, saco una llave y una pequeña tarjeta. Levanto la mirada y la alegría de una sonrisa me hace parar atención. Me mira como esperando que le diga algo. Me desconcierta su descaro. Al final me atrevo.
- Los mayores somos muy complicados.
- Si, os coméis mucho el coco. Musita sin dejar de sonreír
Le devuelvo la sonrisa
- Yo también tengo esa fantasía.
- ¿Qué? Le digo sin salir de mi asombro
- El del anónimo, el del desconocido.
- ¿Como?
- Que todavía podrás utilizar el apartamento
- ¿Qué? Le digo mientras mi corazón se desboca en mi pecho. Ella tampoco me habla con soltura, se le nota nerviosa pero no deja de sonreír.
- Si, que tengo la mañana libre.
- ¿Y estas dispuesta ah..?
- Siiii , no preguntes, ni insistas, venga dime donde ese, voy a mi casa y 30 minutos estoy donde me digas.
Nervioso y sin creerme lo que estaba pasando le acerco la tarjeta. Se la mira y me la devuelve
- 3º 2ª , el numero 33.Esta en esta misma calle. En 30 minutos me tienes ahí
Me guiña un ojo coge sus cosas se levanta y se va.
Allí me quede sentado sin dar crédito a lo que me estaba pasando. Una cita fallida y el ofrecimiento de una joven casi desconocida. Aquella joven ya hacia tiempo que la había visto por la biblioteca de magisterio.. Era esbelta y, delgada, solía llevar el pelo recogido dejando su frente despejada. Era generosa a la vista de los demás. Con camisetas cortas y pantalones bajos mostraba un piersing en su ombligo. Mi mirada la siguió fijándome en la cintura azul celeste de unas braguitas que escondían bajo unos téjanos ajustados. ¡¡Tiene un bonito culito!!, pensé para mí mientras notaba como en mi vientre el calor se convertían en palpitaciones de un miembro excitado. ¡¡Soy lo peor!! pensé mientras sonreía.
Al cerrar la puerta del apartamento sonó el interfono.
- ¿Anónimo?
- Si, tu anónimo. Le conteste
Me la imagino subiendo. Oigo la puerta del ascensor. La observo por la mirilla. Le abro la puerta. Allí esta ella. Sonriente como siempre. El suelo recogido. Una camiseta roja bastante ceñida y que se le acaba a la altura del estomago. Su sonrisa..Siempre su sonrisa. Los pantalones también se quedan cortos. Su cintura deja al descubierto. Su piel esta morena. La hago avanzar. Es un pequeño el apartamento. Ella deja un bolso pequeño encima del sofá. Y mirándome con picardía se acerca ...y me dice:
- Déjame hacer a mí, es la única manera de dejar de estar nerviosa.
Me quedo quieto, ella se pone a mi altura, me deja un beso en la boca, y se agacha poniéndose de rodillas ante mi vientre. Torpemente desabrocha el cinturón de cuero negro. Desabrocha el cierre del pantalón y baja la cremallera. La miro asombrado y un poco desconcertado. Tiene unos 22 años, pero parece todavía mas joven. Deja que mis pantalones bajen hasta mis pies. Con las manos palma mi miembro erecto dentro del calzoncillo. Y la boca dibuja su contorno. Me hace que todo mi cuerpo se tense. Ella me mira a los ojos pidiendo mi consentimiento. Y de un tiro arrastra los calzoncillos para que hagan compañía a los pantalones. Mi miembro sale como un resorte. SE retira un poco. Lo mira, Lo agarra con las dos manos. Y empieza acariciarlo. Lo pone vertical y pasa su lengua en toda su longitud. Cierro los ojos. Noto su aliento en mi glande. Primero son los labios, después la lengua y al final su boca es la que acaricia mi miembro. Con la mano agarra el pene y lo mueve con certeza. Mi glande permanece dentro de su boca. Noto la presión de su lengua, noto los dientes que me mordisquean mi verga. No me quiero correr tan rápido. Le agarro por las sienes y la retiro. Con las manos apoyadas en sus hombros la hago subir y la beso en la boca. Su boca entreabierta, cálida y muy mojada. Huele a mi polla.
- Vamos ha estar más cómodos en la cama.
- Vale..... Me dice obediente.
Al lado de salón esta la habitación, una amplia cama de sabanas de algodón oscuras. La habitación esta casi en la penumbra. Ella intenta quitarse los pantalones. Le cojo las manos y le dijo:
- Ya lo haré yo.
Me pongo detrás de ella. Con las manos le presiono el estomago y le hago notar mi verga en su culito. Le levanto los brazos y antes de subir la camiseta le beso en el oído. Deja los brazos levantados. Se deja hacer. Le subo la camiseta hasta que sale por su cabeza. Ella se suelta el pelo. Su cabellera cubre parte de la espalda. Le beso un hombro. Desabrocho un sujetador blanco transparente. Y ella lo agarra con delicadeza y lo dobla dejándolo encima de la cama. Le doy la vuelta. Le beso de nuevo en la boca y presiono su culo . Su vientre entra en contacto con mi vientre. El pantalón ya estaba desabrochado. No tarda en caer a sus pies. Da un paso y se deshace de él. Se queda con un diminuto tanga a juego con el sujetado. De nuevo le doy la vuelta y me pongo a su espalda. Nos ponemos ante un gran espejo que hay en la pared. Su cuerpo esta fresco, lozano, joven. Desprende un olor embriagador. Con una mano le acaricio un pecho, con la otra bajo hasta el tanga. Introduzco primero la punta de los dedos.
Ella separa las piernas un poquito bajo despacio por un pubis casi sin vello. Alcanzo su sexo. Y abriendo toda la mano la acaricio desde abajo hasta arriba. Un pequeño gemido se escapa de u boca mientras deja su cabeza recostarse hacia un lado
No dudo en besarle el cuello. La miro ante el espejo: Ella se mira, cierra los ojos y se concentra en seguir los dibujos de mis dedos.
La traigo hacia a mi, me siento en la cama. Le bajo el tanga... y empiezo a pasar mi lengua por su pecho, entre sus dos senos,,,bajo por el estomago, sigo hasta el ombligo y beso su vientre. Ella me mira y empujándome, me hace que caiga de espaldas sobre la cama.
Mi verga mira al techo. Ella se sube encima de mí, poniéndose a horcajadas sobre mi vientre. Restriega su sexo sobre mi miembro mientras con las puntas de sus cabellos acaricia mi pecho. Mi piel de nuevo se eriza con las cosquillas que me produce. Me incorporo lo suficiente para besar sus pechos. Acomoda sus piernas, agarra mi pone y de nuevo lo frota en su sexo. Se deja caer y lo entierra en su vagina. Empieza a moverse. A subir y bajar por mi verga. El placer me nubla la vista. Es delicada, es suave. Pero es del todo sensual. Aumenta el ritmo. Su respiración son sonidos cada vez más claros, gemidos intensos. Se muerde la lengua. Y se concentra. Yo me voy a correr...no puedo mas...con las manos se lo indico. Me descabalga en el momento que mi verga lanza un chorro cálido de semen. Ella agarra la verga con su mano y la mueve acompasadamente dejando que el semen se acumule sobre mi cuerpo.
Esta encendida. Esta deseosa de seguir. Yo no dudo en levantarme de la cama tumbarla sobre ella. Con las piernas abiertas y flexionadas por las rodillas. Sus brazos extendidos encima de su cabeza. La observo la miro.
- Ahora me toca a mí, déjame hacer. Le digo.
No solo pensando en ese momento, sino en todos los días que espero llenarla de fantasías. A mí hoy ya esta llenado de juventud.
Me postro ante Ella y agarrandole el pie izquierdo lo acerco a mí cara. Como en un ritual. Observo el pie, lo acaricio, lo beso. De reojo leo en el rostro de la joven su expresión de placer y me dejo guiar por sus gestos. Mordisqueo cada uno de los dedos. Gime. Abro la boca y succiono el dedo gordo. Ella se contorsiona. Sin dejar de mirarla alcanzo el otro pie y repito la operación. Sus piernas son delgadas, su cuerpo esta moreno, dibujandose en su pubis el triángulo de su bikini. En su ombligo una pequeña bola metálica. En su ingle una fresa roja de hojas verdes.
Su cuerpo es frágil, esbelto, suave.
Me coloco entre Tus piernas y empiezo a adorarte. (continua al principio del relato)
por Alatriste
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