¿Y te siguió?
TOM
-¿Y te siguió?
-Sí, el muy cerdo.
-¿Te pilló meando, dices?
-A mitad del pis. Llamó. No estaba segura de que fuera el “profe”. Me costaba creer que se atrevería a entrar al aseo de las tías.
-¿Y qué hiciste?
-Abrir el pestillo. Mientras lo hacía pensaba: será Sandra, será Leticia, o será él de “mates”?
-¿Ese pitagorín?
-El mismo. Asomó tímido, con las gafas caídas y me miró nervioso con las pupilas negras de deseo.
-¿Y qué hiciste?
-Esclame: ¡uy!, llevándome la mano a la boca. Con la otra sujetaba la puerta para que no entrara del todo.
-¡Qué fuerte!
-Y tanto. Aunque es enclenque tiene nervio el “condenao”. Consiguió entrar (tampoco yo puse mucha resistencia, estaba pasmada)
-¿Y qué, y qué?
-Me mandó callar con el índice formando cruz con los labios y agarrándome con la otra la muñeca. Después me susurro: “tránquila, no te pongas nerviosa”
-Ostras. Con lo “panoli” que parece.
-¿Panoli? Lanzado a tope. Apenas respiré un poco y ya tenía su trasto en la cara, como te digo.
-¿Le empujarías...?
-Me apretó la cara contra su cosa cojiéndome del cogote mientras suspiraba: “por favor Marta, déjame, no te separes, llevo soñando con esta situación desde el principio del curso”
-Yo le hubiera dado un “bocao”.
-Olía bien. Se notaba se había duchado a fondo. Era la primera clase del día por lo que percibía aún todos los agradables olores que emana el cuerpo después de un buen baño.
-Entonces, ¿te gustaba lo que hacía?
-No sé. Pensaba en el diez que me iba a plantar en “mates”, en que era confortable notar su miembro en mi cara, en que era buena gente... en fin, no sé que más decirte.
-Bueno, ¿y que pasó? Me tienes en ascuas.
-Al principio su... bien, la llamaré por su verdadero nombre, su polla estaba blanda. Pero giro un poco y rozó mis labios. Advertí como se agrandaba, y de que manera. Susurraba: “Marta, Marta. Eres tan... Me gustas tanto. Te deseo. Hazlo cariño, vamos”.
-¿Y tú qué? Esto se pone al rojo vivo.
-Le contesté: “Si, si”, sin saber bien que me quería decir.
-Vamos, ¿a qué esperas? No ves que me muero porque me lo hagas.
-¿Chupártela?
-Pues claro, mi vida. Mámamela ya.
-Sepárate un poco.
Y se separó. Tenía ante mí algo grande, grueso, erecto, que miraba hacia arriba. Yo que estaba aún sentada sobre la taza con las bragas bajadas y goteando pis no llegaba a la punta. Al ver mi torpeza se agachó hasta dejar a la altura de mi boca entre abierta la cabeza de su polla. Yo me la engullí con avidez y me cupo toda en la boca, cosa que me sorprendió por la enorme que lucía. Noté todo su capullo en la garganta, y tantas veces me daba en la campanilla, que de repente tuve ganar de vomitar. Ante la mueca, Fernando la retiró sintiendo yo un gran alivio. Dejé de dar arcadas mientras él la meneaba con maestría moviéndola de un lado para otro y bajando y subiendo la piel sin parar. Estaba atónita ante semejante espectáculo. Tan alucinada me vio que con los ojos desorbitados me quitó del todo las bragas, me abrió las piernas, me las estiró hacia arriba de tal manera que quedé con ellas en alto, de par en par, y con los riñones encajados en el hueco del water. Con una mano me cogí del rollo de limpiarse y con la otra sujete el toallero. Se inclinó con la polla y exclamando: “dios mío, que coño tienes, Marta”, me la metió pero como nunca me la habían metido: fuerte, honda y tan caliente. En un periquete me corrí con él. Madre mía, jamás lo olvidaré. Sabes... de los que más me acuerdo es de sus testículos pegando en mi culo abierto. Que huevos tenía.
-¿Y así acabo todo, maldita cabrita?
-Yo creía que si pero nada mas extraerla del coño se agacho y con la lengua afuera me explicó lo que sigue:“mira, Marta, has sido tan buena conmigo que ahora, antes de que te levantes, te la voy a chupar como nadie te lo hará jamás, mi vida”.No te quiero contar, con sus grandes manos abiertas me abarco todo el culo y se lo llevó a la boca con tal fuerza que mi coño sé pego en su lengua. Comenzó a moverla, a metérmela en la vagina, a lamerme los labios mayores, luego los menores, el clítoris con la puntita y hasta el mismísimo culo. Yo me volvía loca, de verdad, tan loca que solo de pensarlo y contártelo me encantaría hasta que tu me lo hicieses y eso que sabes que a mis las mujeres, nada de nada.
-Joder, que suerte tienen algunas. Repetisteis.
-No.
-El año que viene imagino tendré a Fernando también de profe de matemáticas, ¿no?
-Si, ya lleva varios años dando el mismo curso.
-Esperaré con ansiedad para que me haga a mí lo mismo.
-Tú insinúate y ya verás.
-Que guay.
-Por otro lado el diez lo tienes así asegurado.
-Qué bien. Bueno, chao
-Hasta luego, María.
TOM